Yefferson Soteldo, el talentoso número 10 de Venezuela, actualmente dirigido por Fernando Batista, rompió el silencio y habló tras la discusión que tuvo con Lionel Messi en el empate de la fecha 9 de las Eliminatorias rumbo al Mundial de Estados Unidos 2026. Mientras atendían a un venezolano en el campo de juego, varios futbolistas de la selección se pusieron a discutir con los rivales porque consideraban que estaban haciendo tiempo. En ese instante, el astro argentino se acercó al 10 rival para hablar del mismo tema.
No obstante, lejos estuvo de recibir una buena reacción. Cuando Messi lo acarició, Soteldo le apartó rápidamente la mano de su rostro para mostrar su disconformidad. Con este panorama en puerta y varios focos de conflicto alrededor, un jugador del elenco local intervino para separarlos. «Yo no le dije nada. Lo manoteé para que sea serio. Él era el que no paraba de hablar», aseguró entre risas. Y agregó: «Él cree que yo nací en la urbanización ‘El Muertico'». Segundos después, la mujer que le hacía las preguntas sentenció que al capitán argentino «le regalaron el Mundial» de Qatar, situación que generó bronca, incluso, entre sus propios compatriotas.
La gran actuación que tuvo Leo ante Bolivia
Todos hacen como si fuera la última vez. Él, que se toma el juego en serio, como si realmente lo fuera. Lautaro Martínez le grita el gol en la cara, tras una gentileza espectacular. El árbitro, que intenta justificar las tarjetas que no mostró, o tal vez no las trajo desde Perú. El pibe, que se sube a los hombros de su viejo para ver mejor por encima de la reja que separa la tribuna del campo. Un plateísta, que en un momento de silencio le grita desde 20 metros y logra lo inesperado: ¡se da vuelta y le levanta la mano! Federico, que invirtió —no gastó— 339 lucas en tres entradas para que sus chicos lo vean por primera vez. ¿Quién puede saber cuál será la última? Entonces, mejor vivirlo así, para hacer eterno cada instante. Los que critican el fútbol deberían rendirse en noches como estas: este tipo llamado Lionel Messi genera la electricidad del amor. El amor que le brinda el mundo del fútbol, representado en esta ocasión por los privilegiados que llenaron el Monumental, entregados a su talento inmenso.
Carlos Bianchi decía que la mejor manera de respetar a un rival inferior es hacerle todos los goles que se puedan. El capitán argentino le da una vuelta a esa idea en los últimos tramos de su carrera. ¿Cómo seguir rezando después de haber llegado a la cima? ¿Cómo levantarse al otro día tras una noche intensa? ¿Cómo seguir jugando al fútbol cuando ya no hay medallas que colgar? Quizás se nutre del himno de Fito Páez y se hace suyo el mensaje de «el amor después del amor». Cada vez que le preguntan, repite que no se pone plazos, que para el Mundial falta un montón, que es mejor ir día a día, que el cuerpo le habla, que quién sabe. Y entonces va y se regala un partido lleno de joyas de su talento. Vale la pena recordar ese rush de los tres goles del primer tiempo, como un simple recordatorio de lo que aún es capaz de hacer. Su recital comenzó con tres toques: uno para controlar el rebote de Lautaro Martínez, otro para ajustar el tiro y uno más para colocar la pelota pegada al palo de Viscarra, que un rato después hará una atajada que contará —y mostrará— a sus nietos alguna vez. “Sí, yo le atajé un tiro libre al ángulo a Messi”.
Y sí, es como el vino: cuanto más viejo, mejor. Cuando el 10 agarró la pelota, se volvió una máquina imparable. Aguantó la redonda con una calma impresionante, la controló con el pecho y, en un giro rápido, dejó atrás a los defensores como si nada. Su habilidad para cambiar de dirección y mantener el equilibrio en situaciones complicadas era alucinante, siempre siendo una amenaza para el rival. Cada vez que tomaba la iniciativa, la gente se levantaba, sabiendo que podía pasar algo mágico en cualquier momento. Aprovechó un error de Suárez y metió el 1-0. En los primeros quince minutos, dio tres pases de gol, uno a Julián Álvarez. A los 33, tiró un libre a pocos metros del área grande, pero Viscarra se estiró y la sacó del ángulo. A los 42′, quedó mano a mano, pero, siendo generoso, vio a Lautaro Martínez y le pasó la pelota, dejándolo definir sin marca. Aunque no tuvo tantas llegadas, Argentina selló el triunfo con ese gol. Un par de minutos después, Julián Álvarez jugó rápido un tiro libre y quedó mano a mano con Viscarra para poner el 3-0. Goleada justa. En el segundo tiempo, no aflojó en ningún momento. Cada pelota pasaba por sus pies, y no era casualidad; hacía que el juego fluyera, dándole sentido a cada movimiento de sus compañeros.
Con cada toque, parecía tener un mapa mental del campo que le permitía anticipar lo que iba a suceder. Estaba en todos lados: aguantaba la pelota, buscaba el espacio, y cuando aceleraba, era como si el tiempo se detuviera. Su visión y creatividad lo convertían en el motor de esta selección, y a medida que avanzaba el partido, se notaba que cada jugada pasaba por su magia. El cuarto llegó a los 42, cuando encaró por el medio, dejando a dos defensores en el camino con una facilidad impresionante, y cuando tuvo la oportunidad, definió cruzado de derecha para poner el 5-0. Fue un gol espectacular, propio de un capitán que siempre aparece en los momentos decisivos. La forma en que se sacó a los defensores y la precisión de su remate dejaron a todos boquiabiertos. Y por si faltaba algo más, cerró con un triplete en una noche única.
Cuando vuelve a jugar la Selección Argentina
Luego de haber acumulado 4 de 6 unidades en esta doble jornada de Fecha FIFA, lo que prácticamente lo dejaría virtualmente clasificado para la próxima Copa del Mundo que se desarrollará dentro de un año y medio, el elenco de Lionel Scaloni volverá a jugar el 14 de noviembre ante Paraguay a las 20:30. Luego cerrará el 2024 ante su gente en el Monumental el 19 de noviembre a las 21 horas frente a Perú.
⚠ UNITE AL CANAL DE SOY DEPORTES haciendo click aquí y mantente informado‼




Colón
Unión


Comentarios de post