Por Darío Fiori
Son las 11:15 de la noche del viernes 1 de noviembre. El 15 de Abril es una fiesta. Todos agitan las camisetas. Jugadores y hinchas se unen en la celebración. Los brazos se mueven como hélices, y, al final, es un vuelo hacia la ilusión. El fútbol argentino es tan dinámico y cambiante que Unión logró ganar en casa después de dos derrotas consecutivas; no solo no sufrió en términos numéricos, sino que se mantiene en la cuarta posición de la Liga Profesional, a solo dos puntos del último equipo que clasificaría a la próxima edición de la Copa Libertadores. Como suele ocurrir cuando juega de local, Unión intenta imponer su juego. Aunque no exhibe un fútbol vistoso, busca ser compacto en todas sus líneas y no necesita tener la pelota por mucho tiempo para ser efectivo en los últimos metros. Antes de los diez minutos, al igual que en el partido reciente en La Plata, Unión ya estaba en ventaja. Lautaro Vargas (7) complicó desde el inicio a la Lepra con una estrategia simple: lanzar centros desde el costado derecho. Uno de sus centros fue cabeceado por Orsini, pero pasó por encima del travesaño, lo que sirvió como advertencia. En la siguiente llegada del local, llegó el gol: un envío de izquierda a derecha, Vargas tocó hacia la medialuna y Mauro Pittón, sin la presión de su marcador Valentino Acuña, disparó de derecha desde fuera del área y la colocó en la parte alta del arco. En defensa, no pasó apuros; se enfrentó a Mateo Miljevich y casi no lo dejó pasar.
Sin duda, el agónico gol de Unión en el Bosque contra Gimnasia revitalizó al equipo dirigido por Cristian González en varios aspectos: 1) rompió la sequía de goles; 2) puso fin a tres derrotas consecutivas; 3) volvió a sumar tres puntos; 4) se posicionó nuevamente entre los cuatro mejores del torneo; 5) en la tabla acumulada, ocupa uno de los puestos de clasificación automática para la próxima Copa Conmebol Sudamericana 2025. Si consideramos que en la temporada pasada Unión estuvo al borde del descenso, que perdió a dos titulares indiscutidos (Federico Vera y Mauro Luna Diale), que estuvo seis meses inhibido y que no se incorporaron refuerzos, lograr la clasificación copera sería un gran logro para este grupo.
A partir de este viernes quedan siete fechas finales con 24 puntos en juego y muchos se preguntaron si había una cantidad aproximada de puntos que aseguraran a Unión su lugar en la próxima Copa Sudamericana. Lo único que se podía considerar como cierto, en cuanto a referencias, era la clasificación de la temporada pasada. En ese aspecto, el último equipo que ingresó directamente a la actual Sudamericana fue Lanús, con 57 puntos y una diferencia de gol positiva de seis. Luego, por liberación de cupos, se sumaron Belgrano de Córdoba, también con 57, y Argentinos Juniors con 54. Si se aplicara la misma «tablita», partiendo de la base de que Unión tenía 50 puntos en la mano, con siete unidades más debería asegurar su participación en el torneo de Conmebol. Hay que recordar que el equipo del Kily recibió a Newell’s ese viernes, visitará Independiente en Avellaneda el martes y luego recibirá a Atlético Tucumán en el 15 de Abril. Después, en la fecha 23, visitará a Boca en La Bombonera; en la 24 recibirá a Talleres de Córdoba; en la 25 visita a Platense en Vicente López; en la 26 recibe al mejor equipo del campeonato como es Vélez Sarsfield en el estadio rojiblanco de López y Planes; y finalmente, en la 27 cierra el año visitando a Defensa y Justicia en Florencio Varela.
Volviendo a la tabla acumulada y al bono copero, los equipos que estaban clasificando para jugar la Copa Conmebol Sudamericana 2025 eran: River Plate y Estudiantes de La Plata con 54 puntos; Racing Club de Avellaneda con 52; Huracán con 51; Boca Juniors y Unión con 50; mientras que el último que se metía era Independiente con 49 unidades. A la hora de hacer cuentas, el equipo del «Kily» debía seguir sumando lo más posible, con siete fechas por jugar y 24 puntos en juego. Según la temporada pasada, con siete puntos más debería asegurar su ticket continental para el año siguiente.
Por ese mismo motivo, la idea del entrenador era regalarle una alegría a los hinchas y socios que reventaron el 15 de Abril. Y con esa misma actitud, el único que se destacó en ese primer tiempo fue el equipo de López y Planes. Se metieron en campo rival, imponiendo condiciones desde el primer minuto. Trataban de organizarse con la pelota, pero alternaban entre combinar y dar pases, y a veces buscaban siempre a Adrián Balboa, que retrocedía hasta la mitad de la cancha y se fajaba con los centrales de La Lepra. A los 4 minutos, Unión era mucho más dominante; Newell’s no podía salir del asedio y no lograba tener la pelota. El uruguayo hizo un trabajo físico notable, apoyado por Lautaro Vargas, que tiró un centro, y el cabezazo de Orsini se fue por encima del travesaño. Sin embargo, en el segundo tiempo se lo notó con dudas en la velocidad; se movía por los costados, pero le faltaba el punch final cada vez que se enfrentaba a Ramiro Macagno. Newell’s intentaba atacar las espaldas de Mateo del Blanco. El profe Lunari, en el entretiempo, se dio cuenta de que le costaba el retroceso, ya que era un volante por izquierda ofensivo por naturaleza, y no sentía la obligación de marcar.
Un primer tiempo de mayor a menor
En esos primeros minutos, Unión era muchísimo más. Newell’s no podía salir del asedio. No lograba tener la pelota. La Lepra corría de un lado a otro, perdido y confundido, sin poder recuperarla. Pero el Tate fue cediendo el balón, ya no era tan profundo y la visita pasó a tener más tiempo. Con poco juego asociado, eso sí. Intentos muy livianos. Los centros de Leonel Vangioni no tenían destino. Francisco González estuvo muy poco presente, no pudo desbordar en ningún momento. Impreciso en los pases, Juan Manuel García fue absorbido por los tres centrales de Unión, que no le permitieron recibir pelotas claras y solo se dedicó a lucharla. El único que dio la cara por el equipo, incluso cuando la pelota quemaba, era Matko Miljevic. El croata al menos buscaba llevarla y avanzar, aunque no fuera muy efectivo, pero en este Newell’s anémico desde la generación de fútbol, era un bálsamo, un poco de agua en el desierto.
A bordo del 4-2-3-1, la idea de Ricardo Lunari era darle fútbol, pero nunca lo logró. La estadística del primer tiempo indicaba que el equipo de Rosario había tenido el 66% de la tenencia de la pelota, pero fue muy estéril. Newell’s no podía salir de su campo, mejor dicho, de su área. Fue un calvario jugar de doble cinco para Valentín Acuña. Nunca encontró la posición de Mauro Pittón (7) El trabajo del hermano mayor como interno por izquierda fue notable. No solo por la gran definición al ángulo superior izquierdo de Ramiro Macagno, sino porque no se estacionó en ningún lugar, rotó por todo el mediocampo y hasta el frente de ataque, buscando conectarse con Nicolás Orsini y Adrián Balboa. Estuvo muy cerca de convertir una segunda vez, justo cuando la podía empujar para poner el 2-0, pero Augusto Schott, de Newell’s, la sacó en la línea. Despliegue, sacrificio y recuperación. Impuso condiciones en la mitad de la cancha, y por eso fue uno de los puntos altos que tuvo la victoria tatengue.
A veces, el fútbol no es simplemente sumar. Invertir en jugadores costosos reduce el margen de error, pero claramente no es lo único necesario. La continuidad de Lunari es un deseo del presidente Ignacio Astore, pero para ello la Lepra necesita elevar su rendimiento, y por ahora no mostró síntomas alentadores, más allá de la aparición de juveniles que respondieron al desafío. Astore invirtió dinero en los últimos dos años como no sucedía en Newell’s desde hace tiempo. Sin embargo, quedó claro que despilfarró esos fondos y, a fin de año, se encontró con los leprosos en una situación muy comprometida. Astore solo podrá mantener a Lunari si el equipo logra triunfos en las últimas fechas. Con expectativas bajas, el presidente deberá buscar un entrenador que renueve ilusiones, pero sin recursos disponibles. Newell’s no solo dejó de pagar sueldos a tiempo, sino que tampoco cumplió con los empleados, quienes deben facturar como monotributistas. Además de las frustraciones deportivas acumuladas, la dirigencia leprosa sufrió bajas en su composición, siendo la última la del vicepresidente Pablo Allegri, quien se cansó de no tener influencia en la toma de decisiones. En Central, Gonzalo Belloso concentra la mesa directiva en tres o cuatro dirigentes, mientras que en Newell’s todo depende de Astore, minimizando el papel del resto de los miembros de la dirigencia. Cuando el poder se concentra en un solo dirigente, los resultados suelen ser negativos, como saben en el parque Independencia y en Arroyito.
La Comisión Fiscalizadora de Newell’s expresó oficialmente su preocupación por la deuda y exhortó a la dirigencia que preside Astore a iniciar un proceso de reducción del pasivo para evitar una crisis. Ante los repetidos fracasos deportivos, la directiva leprosa adoptó el hábito de endeudarse cada temporada como solución para encontrar el éxito del primer equipo. Gastó los fondos sin incrementar recursos, ni siquiera por la venta de jugadores, y la masa salarial del primer equipo creció, llegando a una situación crítica. “Hay preocupación por la capacidad de la institución para seguir funcionando sin incumplir sus obligaciones”, advirtieron los socios.
La Comisión Fiscalizadora cumplió con su tarea de diagnosticar y analizar los aspectos económicos y contables de la entidad, presentando un resumen inquietante sobre la administración rojinegra tras el nuevo Balance y Memoria. En primer lugar, la Comisión aclaró que “el auditor independiente no encontró detalles sobre los plazos estimados de créditos y pasivos. Esta información es absolutamente necesaria en un Balance que muestra un notable aumento del pasivo”. Al comparar los números con el Balance del año anterior, los resultados fueron concluyentes: el club enfrentaba un aumento vertiginoso e insostenible de la deuda. En particular, la deuda en moneda extranjera aumentó en 4,2 millones de dólares y la deuda total en dólares creció en 5,1 millones. “La tendencia al endeudamiento no solo no se ha revertido a lo largo de estos años, sino que se ha acelerado, alcanzando un aumento del 30% anual y más del 40% en dólares en los últimos tres períodos”, informó la Comisión Fiscalizadora. “El endeudamiento ha superado el 20% del Capital Social y debió ser aprobado por Asamblea”, advirtieron.
El análisis de los números se profundizó: el aumento de las deudas financieras fue del 122%. La deuda con acreedores financieros ascendió a 5 mil millones de pesos, aumentando en 2,8 mil millones en este ejercicio. La emisión de cheques diferidos pendientes de cancelación creció un 58% y las deudas del fútbol profesional subieron un 20%. La situación con las deudas fiscales fue similar. Al finalizar, la Comisión Fiscalizadora solicitó: «Encomendamos a la Comisión Dirección una gestión responsable de la institución, con especial énfasis en reducir el pasivo actual». Los efectos colaterales de la caída en el clásico frente a Rosario Central se profundizaron esta semana, cuando Central Córdoba eliminó a Newell’s de la Copa Argentina. Esta eliminación desencadenó un enfrentamiento entre la dirigencia y el cuerpo técnico del Gallego, quien, a pesar de todo, considera que “no es el momento” para renunciar y afirma tener “fuerzas para seguir” y buscar que su equipo “salga de esta situación” lo más pronto posible.
¿A qué se debe esto? A que Newell’s, a pesar de contar con jugadores de jerarquía como Gustavo Velázquez y Saúl Salcedo, así como un Ever Banega que apenas juega, no logró encontrar la forma de superar a un Unión que no incorporó nuevos jugadores para la segunda parte de la temporada. El problema más grave, que conduce a la resignación y desesperanza de los hinchas, es que el Newell’s de Lunari parece un equipo desorganizado en el campo, actuando con lo que puede: inconexo, con jugadas aisladas, sin un patrón de juego colectivo, sin orden en la salida y sin recuperación en la mitad del campo, con acciones previsibles que parecen reflejarse en el entrenador. No entiendo cómo se decidió salir a jugar el segundo tiempo con los mismos once, cuando a los 30 minutos debió haber realizado cambios.
Cada año, Newell’s se convierte en un calvario. Este periodista no está en el día a día del club, pero con ocho partidos por delante, parece que diciembre está demasiado lejos para este Newell’s. La idea era llegar a ese momento del año con el consuelo de una clasificación a copas, pero por cómo se desarrollan las cosas, ese objetivo parece inalcanzable. La ecuación actual es prácticamente la misma que se hacía hace algunas semanas. Si no hay un cambio radical, algo que conduzca a una rápida mejora, Newell’s no podrá alcanzar lo que tanto desea. Imaginar un giro de 180 grados en cuanto al fútbol y los resultados es simplemente un acto de ilusionismo, más relacionado con la esperanza que con la realidad. Poco a poco, este equipo comienza a ver que la recta final de la temporada será un mero cumplimiento del fixture, sin estímulos.
Seguramente más de un simpatizante leproso se lamenta los puntos perdidos en partidos clave y la escasa capacidad de reacción que mostró el equipo en la mayoría de los encuentros de visitante, lo que le ha pesado enormemente y no le permitió crecer. Sin embargo, lamentarse ya no tiene sentido, aunque pueda servir para aprender de los errores y intentar corregir antes del final, siendo conscientes del escaso margen de error. Que aún se hable de posibilidades para lograr el objetivo se debe puramente al guiño de los números. Así funciona el mundo del fútbol: mientras la matemática no condene, siempre habrá un mínimo de esperanza. ¿Puede Newells aferrarse a ella? No hay nada ni nadie que lo impida.
El descontento generalizado con el desempeño futbolístico se mezcla con cuestiones internas que salieron a la luz tras la renuncia de Michaloutsos, quien se retiró por supuestas diferencias con el entrenador. El caso de Nahuel Losada fue el gran detonante: aunque Newell’s mostró interés en contratarlo, terminó firmando con Lanús, a pesar de que las negociaciones estaban avanzadas. ¿Por qué se estancó todo? “Para el entrenador, Hoyos y Macagno son titulares y está conforme. No podemos traer un arquero solo para que sea suplente”, explicó Ignacio Astore, presidente de la Lepra, refiriéndose al fichaje inconcluso. Esto provocó la bronca del ex manager hacia el DT.
Newell’s es un equipo sin líderes, soldados dispersos en el campo de batalla, impulsados por su coraje. ¿Dónde están los líderes, dentro y fuera de la cancha? Son abrumados por un bombardeo de mediocridad. En el fútbol argentino, a veces un cambio puede traer resultados, pero en el fondo queda la esencia: Newell’s levanta edificios sin cimientos. Y todavía no ha terminado el año. Siempre se puede estar peor, como decía El joven Frankenstein, pero tendrán que tomar una decisión. Cada vez entra más agua en la habitación. En diciembre, mágicamente, fin de año, todo cambiará. ¿Qué te hace pensar eso? «El lunes empiezo la dieta», mientras comes rodeado de siete platos de comida. ¿Qué hace pensar que Newell’s encontrará el rumbo ahora? Lo de hoy fue una de las actuaciones más bajas en la historia moderna del club, porque se puede jugar mal, pero ¿a qué juega Newell’s? Abro un concurso: ¿a qué juega Newell’s? Cada derrota revela que está todo desgastado, que no se ha consolidado nada, que los que llegaron por un peso no rinden y los que llegaron por 4 millones de dólares tampoco.
Por otro lado, quizás para este Newell’s fue la última oportunidad que tuvo para ilusionarse con jugar alguna competencia internacional el año pasado. Sin embargo, salió a ver qué pasaba. Desde lo táctico, cuando Newell’s tomó marcas individuales, eso obligó a Unión a intentar jugar un fútbol más directo, buscando alargar el juego y conectar con sus delanteros lo más rápido posible. Este enfoque pudo parecer sencillo, pero tuvo su complejidad. La idea fue alinear las líneas, tratar de romper la presión alta que ejerció Newell’s y, al mismo tiempo, buscar el espacio que dejó la defensa. Unión tuvo que ser astuto; necesitó encontrar esos huecos para lanzar pelotazos a sus delanteros, que eran rápidos y podían hacer la diferencia en un abrir y cerrar de ojos. Si lograron hacerlo, pudieron poner en aprietos a la defensa leprosa, que suele ser sólida pero también puede quedar expuesta si no mantiene la concentración.
Sin embargo, Newell’s no se quedó atrás. Su estilo de juego agresivo y de presión constante los obligó a estar siempre atentos. Las marcas individuales crearon un escenario donde cada jugador tuvo que estar muy concentrado en su rival. La defensa de la Lepra tuvo que anticipar esos pases largos y cortar la conexión entre el mediocampo y los delanteros de Unión. Pero nunca encontró solución a las transiciones de defensa-ataque de Unión. Augusto Schott fue irregular para cerrar su lateral y nunca acompañó en ataque. Otro de los que tuvo una noche complicada fue Gustavo Velázquez, donde ganó y perdió con Adrián Balboa. Por último, Saúl Salcedo tuvo complicaciones con Nicolás Orsini. Al igual que hace un par de días en La Plata, Unión volvió a golpear de entrada. Mauro Pittón (8) tuvo un gran trabajo como interno por izquierda. No solo por la excelente definición al ángulo superior izquierdo de Ramiro Macagno, sino porque no se estacionó en ningún lugar; rotó por todo el mediocampo y por el frente de ataque, buscando conectarse con Nicolás Orsini y Adrián Balboa. Estuvo muy cerca de convertir por segunda ocasión; justo cuando podía empujarla para poner el 2-0, Augusto Schott, de Newell’s, la sacó en la línea. Despliegue, sacrificio y recuperación impusieron condiciones en la mitad de la cancha. Por eso, fue uno de los puntos altos que tuvo la victoria tatengue. En la primera que llegó, fue efectivo.
La solidez defensiva y la contundencia ofensiva fueron clave para ganar este partido. Unión jugó con firmeza y marcó las diferencias cuando tuvo las oportunidades. Franco Pardo (8), con su seguridad y firmeza habitual, tanto por arriba como por abajo, se convirtió en una muralla en el fondo tatengue. Con su presencia, anuló a los delanteros leprosos y transmitió seguridad en todo momento, sobre todo al cortar avances rivales ante desatenciones del equipo en el medio y la defensa. Siempre estuvo muy bien ubicado, atento para los cruces. Por momentos actuó como volante central y fue el que inició las jugadas, tratando de romper líneas con algún pase filtrado para abastecer a los centrodelanteros. Otro gran partido del marcador central proveniente de All Boys, que, de sostener ese rendimiento, seguramente atraerá la atención de muchos equipos, sobre todo de los grandes del fútbol argentino y algunos del exterior. Por otra parte, Claudio Corvalán (7) buscó combinar siempre con las subidas de Bruno Pittón, también con Mateo del Blanco por el sector izquierdo. Newell’s lo perdió muy rápido, quedando desarmado y sin capacidad para frenar los avances intensos del conjunto tatengue. En un nuevo centro, el capitán tatengue recibió por el segundo palo, sin que nadie se percatara, y su disparo fue interceptado por Macagno. Luego, fue él quien inició la jugada del 2-0 con un golpe de cabeza que Mateo del Blanco terminó filtrando para la definición de Nicolás Orsini.
La táctica de Unión de tirar centros con Lautaro Vargas (7) complicó desde el arranque a la Lepra, que se perdía en las marcas con facilidad. Un centro de él fue cabeceado por Orsini, pero se fue por arriba del travesaño. Fue una advertencia. Al igual que hace un par de días en La Plata, Unión volvió a golpear de entrada. La jugada arrancó por izquierda con un pase cruzado de Claudio Corvalán, luego se movió hacia la derecha donde el ex lateral de Defensa y Justicia llegó y la metió al centro. Antes del misil de Mauro Pittón, el amague de su hermano Bruno descolocó a toda la defensa de Newells, abriendo el camino para el volante con despliegue, que la clavó con una pegada perfecta, sorprendiendo a Ramiro Macagno. Un golazo, de esos que quedan en la memoria. En la primera que llegó, fue efectivo. En cuanto a su rendimiento individual, en defensa no pasó sustos. Le tocó bailar con la más fea, que fue Mateo Miljevich, y casi nunca lo pudo pasar.

Newell’s sintió el impacto. Estuvo realmente aturdido en la cancha. Daba la sensación de que no podía conectar dos pases consecutivos. Cada vez que intentaban armar una jugada, la pelota se les escapaba entre los pies. La presión del rival les estaba jugando en contra, y la falta de conexión entre el mediocampo y la delantera era evidente. El equipo de Ricardo Lunari se mostraba desorganizado en todas sus facetas. Unión recuperaba la pelota y aprovechaba para armar un contraataque. La defensa de Newell’s también se veía comprometida, ya que, al no tener la posesión, no podía mantener su línea sólida. Era como si les faltara ese empuje necesario para levantarse y meterse en el partido. Otro buen partido de Simón Rivero (6). El exvolante ofensivo proveniente de Boca manejó los tiempos, fue astuto y, por momentos, realizó algunos quiebres de cintura y cambios de frente fantásticos. Cada partido demuestra la calidad que tiene. Le dio un pase genial a Nicolás Orsini, que lo dejó frente al arco. El delantero de Unión quiso cruzarla al segundo palo, pero justo cuando Mauro Pittón podía empujarla para poner el 2-0, Augusto Schott, de Newell’s, la sacó en la línea. Por otra parte, el cumpleañero Joaquín Mosqueira (6) metió y corrió a lo largo de todo el partido. Ganó siempre la segunda pelota y estuvo bien plantado en el medio. Supo ubicarse por el centro y recuperar varios balones.
El hincha de Newell’s que estuvo observando el partido desde el sillón de su casa o en un bar seguramente se autoconvencía de que la Lepra era un equipo sin líderes, como soldados dispersos en el campo de batalla, impulsados solo por su coraje. ¿Dónde están los líderes, dentro y fuera de la cancha, de este plantel? Se los aturde en un bombardeo de mediocridad. Entonces, en el fútbol argentino, a veces, como sucede, termina sacando un 9 por un cambio de aire, porque entra la pelota. Pero en el fondo queda la sustancia: Newell’s levanta edificios sin cimientos. Y todavía no ha terminado el año. Siempre se puede estar peor, decía El joven Frankenstein, pero van a tener que tomar una decisión. Cada vez entra más agua dentro de la habitación. En diciembre, mágicamente, fin de año, va a cambiar todo. ¿Qué es lo que te hace pensar? «El lunes empiezo la dieta», mientras me lo estás contando rodeado de siete platos de comida. ¿Qué es lo que hace pensar que ahora Newell’s va a encontrar el rumbo? Lo de hoy fue una de las expresiones competitivas más bajas en la historia moderna de Newell’s. Podés jugar mal, pero el problema es cuando no jugás a nada. Lo reitero: podés jugar mal. Cualquier equipo del mundo puede jugar mal, pero ¿a qué juega Newell’s? Abro un concurso: ¿a qué juega Newell’s? Entonces, la derrota es el ejemplo que uso siempre: ¿Cuándo te enterás de que el techo está rajado? Los días de lluvia. Cada vez que Newell’s pierde, te das cuenta de que todo está rajado, que no se ha consolidado nada, que los que vinieron por un peso no rinden y los que vinieron por 4 millones de dólares tampoco rinden.
Newell’s trató de reaccionar siempre por el costado izquierdo; no obstante, lo de Unión comenzaba a ser un monólogo. Tenía dinámica, llegada, buena circulación de pelota, acumulaba pases en campo adversario y presionaba bien alto. De la única manera que Newell’s podía aproximarse al área de Unión era a través de algunos errores no forzados del Tate o de fallos arbitrales de Silvio Trucco. Unión continuó con el dominio, y Augusto Schott salvó sobre la línea tras un toque de Orsini. Newell’s tardó media hora en patear al arco rival. Sin embargo, los corazones rojiblancos se paralizaron por un instante. Sin lugar a dudas, lo único negativo de la noche fue la lesión que sufrió el lateral izquierdo Bruno Pittón (-). Transcurrían apenas 20 minutos de juego y Unión ganaba por la mínima tras la gran definición de su hermano, Mauro. En una disputa dividida, chocó fuerte con Nicolás Orsini y, automáticamente, terminó pidiendo el cambio. Al inicio del segundo tiempo se confirmó que sufrió una fractura del maxilar inferior, y seguramente será baja para lo que resta del campeonato. Lo reemplazó Mateo del Blanco. Desde lo táctico no hubo modificaciones; el Kily decidió mantener el 5-3-2, con Del Blanco partiendo desde más atrás para darle amplitud y profundidad. Primero, tenía que tratar de detener s subidas de Augusto Schott y Panchito González, y luego ser una opción de pase cada vez que se presentara la oportunidad.
Un tiro libre de Matko Miljevic ifue la escasa cosecha de la Lepra en la primera parte. Con Juanchón García sin ganar una, Mateo Silvetti apurado, Miljevic animándose a cuentagotas y Francisco González dejando en claro que su ingreso fue un error, su mal momento no tenía que ver con la gente, quedó claro. Unión comenzaba a ser arrollador en todos los sectores de la cancha ante un Newell’s que no lograba encontrar la vuelta al partido. A diferencia de los dos últimos encuentros como local, donde mostró una imagen preocupante, Unión mejoró. Ganaba de manera cómoda, primero por la superioridad que ejercía el elenco del Kily González, y segundo por la nula reacción del conjunto de Ricardo Lunari. Si bien era cierto que Unión era superior, el partido no tenía ese brillo. Era un encuentro bastante accidentado, con muchos choques y pausado, sin fluidez. Aun así, Unión estuvo más cerca del segundo gol que Newell’s del descuento. Joaquín Mosqueira rompió líneas por primera vez en lo que iba del partido; Simón Rivero, con la libertad de siempre, le dio un pase genial a Nicolás Orsini, que lo dejó frente al arco. El delantero de Unión quiso cruzarla al segundo palo y, justo cuando Mauro Pittón podía empujarla para poner el 2-0, Augusto Schott, de Newell’s, la sacó en la línea.

Newell’s quería, pero no podía. Intentaba adelantar sus líneas para llevar peligro hacia el arco de Thiago Cardozo. El Tatengue proponía un partido de ida y vuelta, de golpe por golpe. Sin embargo, en algunos momentos, Newell’s equilibró el juego, no porque estuviera haciendo bien las cosas, sino porque Unión comenzó a fallar en pases simples. Desde los 30 minutos hasta la finalización de la primera etapa, Newell’s finalmente se despertó y le robó la pelota a un Unión que parecía correr detrás de ella como si fuera una sombra. Con una presión intensa, los leprosos se adueñaron del juego, marcando ahora ellos el ritmo. Unión, que antes tenía el control, se encontraba desorientado, intentando recuperar la posesión sin éxito.
Los jugadores de Newell’s empezaron a tocar la pelota con más confianza, moviéndola de un lado a otro, buscando abrir espacios en la defensa rival. Unión, ahora en apuros, intentaba replegarse, pero la intensidad de la Lepra iba en aumento, aunque sin claridad. Era preocupante que Unión le hubiera entregado el protagonismo a Newell’s. Es cierto que le costó construir juego de mitad de cancha hacia adelante, careció de desequilibrio y de cambios de ritmo, y todo transcurría a un ritmo lento y cansino. Pero el dominio de Unión, como sucedió en La Plata, ya no era tan acentuado. El rojinegro intentaba atacar mucho con centros desde los costados, pero no tenía ideas en sus ofensivas. El partido se jugaba durante mucho tiempo en el área del Tate, pero terminó siendo una trampa. Unión lo llevó a su juego, manejando bien los tiempos. Le entregó la pelota a Newell’s para que se adelantara, buscando encontrarlo mal parado y localizar algún pase filtrado entre líneas.
En el segundo tiempo Unión manejó los tiempos y fue un justo vencedor
Muchas veces se dice que el fútbol se decide por detalles y que las jugadas se definen en las áreas. Así como Unión tuvo el gol en la primera oportunidad que generó con Mauro Pittón, Newell’s también tuvo su chance, pero no supo aprovecharla. El Tate no terminó de arrancar en el segundo tiempo. La pelota y el territorio eran de Newell’s. Thiago Cardozo (7), que venía de un rendimiento deficiente ante Gimnasia en el bosque platense, se redimió ante su gente. Cuando el partido estaba 1-0 y en el inicio del segundo tiempo, Ricardo Lunari mantuvo a los titulares, confiando en que podrían mejorar lo realizado hasta entonces, apenas rotó a Mateo Silvetti y Panchito González. La Lepra tuvo el empate tras una equivocación de la defensa del Tate, pero el uruguayo le tapó un bombazo a corta distancia de Mateo Miljevic y el posterior derechazo de Augusto Schott. Después, no tuvo más trabajo, ya que Newell’s fue muy tibio en ofensiva.
En el mejor momento de Newell’s, Unión lo agarró mal parado y anotó el 2-0. Mateo del Blanco (7) fue de menor a mayor. Le costó en los primeros minutos, otorgando un tiro libre claro a Newell’s y perdiendo dos pelotas en la salida. Sin embargo, se afianzó, retrocedió y ayudó a la defensa con algunos cierres prometedores. Comandó el contraataque para el 2-0, soltando justo la pelota filtrada a espaldas de Salcedo para la definición de Nicolás Orsini (7), quien se sacó la pólvora y volvió a festejar ante su público, que lo reconoció y lo ovacionó desde todos los sectores. Ahí la Lepra se dio cuenta de que no tenía herramientas ni ganas para empatar. A Newell’s le faltó lo que le falta casi siempre: fútbol. No fluyeron los volantes y siempre le costó finalizar las jugadas. Tras el gol de Nicolás Orsini, Ricardo Lunari decidió hacer algunos cambios. Sacó a Juan Manuel García y lo mandó a Juan Ignacio Ramírez, quien había marcado tres goles en su última visita a Santa Fe. Luego, agregó a Juan Méndez para darle experiencia y conducción, pero su rendimiento mostró por qué Lunari no lo tiene en cuenta e improvisa con Acuña; juega sin ganas.
El 0-2 fue un mazazo para el conjunto de Ricardo Lunari, que tras un inicio activo en el complemento, se cayó a pedazos. Nunca tuvo reacción anímica, ni siquiera futbolística, para intentar, al menos, mostrar rebeldía. Recién a los 27′ el Kily realizó las variantes, ingresando a Lucas Gamba (-) por Simón Rivero y a Enzo Roldán (-) por Adrián Balboa. El mendocino entró cuando ya estaba todo bastante decidido y se dedicó más a ayudar en la recuperación, mientras que el mendocino intentó generar alguna contra, pero no tuvo oportunidades para definir. De la ilusión de creer que otro Newell’s era posible, a este presente que evoca épocas recientes de malos rendimientos, malos resultados y salidas de entrenadores. Ese es el viaje que está protagonizando este Newell’s de Ricardo Lunari, que comenzó con el pie derecho, pero que de repente se topó con la cruda realidad y comenzó a caminar de la mano con partidos que ponen en duda su futuro como entrenador del primer equipo leproso. Lunari nunca fue nombrado técnico oficial, sino como interino tras la salida de Sebastián Méndez. El DT, que llegó para darle una mano al club de sus amores, mostró señales de haber perdido la brújula cuando realizó un cambio difícil de entender: perdiendo 0-2, sacó a un lateral izquierdo para poner a otro lateral izquierdo, Ángelo Martino por Leonel Vangioni.

Newell’s intentó abrir la cancha por el costado derecho, pero, como sucedió durante toda la noche, todos los centros y finalizaciones de La Lepra no terminaron de la mejor manera. El único que salvó las papas fue Mateo Silvetti, aunque con altibajos. Hizo el esfuerzo, pero fue un gasto estéril; tenía la pelota, pero carecía de profundidad. Unión permitió que Newell’s controlara el juego, replegándose y achicando bien los espacios, moviéndose en bloque medio-bajo, pero Newell’s no encontraba respuestas. A los 34 minutos, el Kily siguió retocando el equipo: afuera Miguel Torrén (6) quien intentó la salida limpia y se complementó muy bien con Franco Pardo, imponiéndose en los duelos individuales. Cometió un solo error, un pase que terminó en un lateral de Newell’s, pero redondeó un aceptable partido. Nicolás Paz (-) entró a jugar los últimos 10 minutos con el equipo metido. En esa misma ventana de cambios, Gonzalo Morales (-) sustituyó a Nicolás Orsini. Entró en los últimos 10 minutos y poco pudo hacer, ya que Unión se dedicó a defender y, cuando tenía la pelota, optaba por algún pelotazo que no pudo aprovechar.
Recién a los 36 minutos de la segunda etapa, Ricardo Lunari rompió la línea de cuatro, quedando con tres defensores. Newell’s agotó variantes con el ingreso de su capitán, Ever Banega. Sin embargo, La Lepra seguía sin hacer pie en la capital provincial, y reemplazó a Salcedo. Resulta incomprensible que el 10 de jerarquía que tiene el rojinegro no sume minutos. En el poco tiempo que estuvo dentro del terreno de juego, mostró destellos de crack. No hubo tiempo para más. Unión se puso a cuidar el resultado, y el Kily González empezó a mover el banco para darle aire al equipo, sin sufrir demasiado, salvo por un tiro de Matko Miljevich que pasó cerca del palo derecho. Justificó el resultado y recuperó la memoria. En solo cuatro días logró su segundo triunfo consecutivo, subiendo en la tabla y quedando tercero en el campeonato y sexto en la general, metiéndose en zona de Copa Sudamericana. Una campaña para aplaudir, sin dudas.
Con un plantel diezmado, tras las ventas de Federico Vera y Mauro Luna Diale, y sin la llegada de Franco Fragapane ni refuerzos, además de algunos fallos de VAR que lo perjudicaron, Unión, de la mano de Cristian Alberto González Perret, mostró una resiliencia casi milagrosa. Ahora, muchos se preguntan si le va a alcanzar el nafta para pelear el sprint final, especialmente ahora que va a perder a Bruno Pittón por varios partidos por una fractura de maxilar. Pero, por ahora, está tercero y en la Sudamericana, lo que genera satisfacción, orgullo y un sueño en su gente, que armó un carnaval sin banderas en las tribunas del 15 de Abril. Y si no había banderas, la fiesta se armó con miles de celulares iluminando el ambiente y marcando el ritmo.
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