Darío Fiori
Este momento de Unión ya no tiene ni pies ni cabeza, y lo más aterrador de todo es que parece que cada partido que pasa, la situación empeora aún más. Aquella luz al final del túnel que se encendió con la clasificación a la Copa Sudamericana, que nos llenó de esperanzas a todos, hoy se apagó casi por completo. El arranque de este 2025 es decepcionante, especialmente con lo que pasó en La Plata, donde ya se empezó a ver la fragilidad del equipo. Pero lo peor de todo vino con la derrota ante Argentinos Juniors, un equipo que no ganaba en Santa Fe hace más de 21 años y que arrastraba 17 partidos sin ganar en condición de visitante, a pesar de ser uno de los mejores equipos que juegan al fútbol en la República Argentina. Esta derrota fue un mazazo: Unión no tiene rumbo. Y el entrenador, el Kily González, por más buena voluntad que tenga, se nota que está perdido, sin saber cómo sacar al equipo de este pozo. Ya no hay más excusas. El 2025 arrancó y la preocupación es gigante. Esto ya no es solo una mala racha, son señales de una crisis que está tomando forma rápidamente.
Es cierto que hubo algunos destellos de lo que podría haber sido un mejor rendimiento, como el segundo tiempo contra Tigre o las ocasiones desperdiciadas ante Argentinos. Pero cuando uno mira el panorama general, es imposible no ver la verdad: un equipo que sigue sin saber a qué juega, que sigue desperdiciando oportunidades, sin claridad en su funcionamiento. Con un solo punto de 12 posibles, está clarísimo que no estamos compitiendo. Y no se trata solo de la calidad del plantel o de los jugadores, esto tiene que ver con algo mucho más profundo: la falta de carácter y de identidad. Este no es solo un mal momento, es una campaña de descenso. Y no es exageración, los números son fríos y aterradores. De los últimos 21 partidos, el equipo perdió 11. No hay reacción ante la adversidad, no hay respuesta. Los partidos se repiten, con errores, frustraciones y ausencias tácticas y emocionales. Es como si el equipo hubiera olvidado lo que significa luchar por la camiseta, por la historia del club, por el honor de los hinchas, que sufren viendo cómo se derrumba lo que alguna vez fue un equipo competitivo.
La frustración de los hinchas es comprensible, pero también el enojo. Este escenario es el resultado de una pésima gestión, de un mal planteamiento táctico y, sobre todo, de la falta de actitud de los jugadores. El Kily, por más que haya tenido el respaldo para armar el equipo como quería, tiene la responsabilidad total de este desastre. Le trajeron todos los refuerzos que pidió, se le dio apoyo, y el equipo no mejora. Lo peor es que parece que involuciona. Cada jornada, el equipo da un paso atrás en su rendimiento. La incomodidad en el juego es evidente, la incomodidad en el cuerpo técnico también, y el hincha ya no sabe a quién culpar, porque las expectativas puestas en el Kily no solo no se han cumplido, sino que cada vez parece que se van desmoronando más. Este es el momento en el que el club tiene que pensar seriamente. No puede cometer el mismo error que con Munúa, renovándole a un técnico que ya demostró que no puede sacar al equipo de este abismo. En cuanto a lo táctico, cambiar esquemas puede sonar como una solución, pero si no hay una idea clara de juego, no va a cambiar nada. El problema es mucho más profundo, y la falta de un horizonte claro tiene al equipo perdido, sin brújula.

Unión parece haberse perdido a sí mismo en todos los aspectos del juego. No hay fútbol, no hay idea, no hay intensidad, no hay lucha, y lo más alarmante de todo, no hay capacidad mental para sobreponerse a la adversidad. Cuando todo parece derrumbarse, los equipos suelen encontrar una respuesta, una muestra de rebeldía, pero Unión está lejísimo de conseguir eso. Lo peor de todo es que no se ve ninguna señal de mejora a corto plazo. Este equipo está jugando un fútbol lento, predecible, sin ideas y, sobre todo, sin energía. El luto por lo que está pasando está tan presente que no hay reacción. El equipo está en un estado de apatía que parece imposible de revertir. No hay rebeldía, ni fortaleza, ni ánimo. Es un equipo derrumbado que arrastra su impotencia y frustración de un partido a otro. Cada jornada se convierte en una tortura interminable, y los hinchas ya no lo pueden soportar más. La desesperanza se apodera de todos. El futuro no tiene respuesta y lo único que queda es ver cómo la crisis se profundiza cada vez más. Unión no solo está perdiendo partidos, está perdiendo su alma.
Ni el hincha más pesimista habría imaginado que el arranque de esta temporada sería tan desastroso. Apenas un punto de 12 posibles es una estadística que refleja lo que está pasando: Unión no compite, y eso es lo más grave. Pasaron 360 minutos de este nuevo torneo y es más de lo mismo. Un equipo que no responde en ningún aspecto del juego. Ni en lo futbolístico, ni en lo anímico, ni en lo físico, ni en lo estratégico, ni en lo táctico, ni en lo psicológico. La crisis no es solo de resultados, es mucho más profunda, abarca todos los aspectos de un equipo que se preparó para ser protagonista, para pelear el campeonato pasado, pero que ahora se arrastra sin rumbo. Entre aplausos y silbidos, el plantel tatengue se despidió hoy. La desilusión invade a cada hincha, y lo que parecía un mal arranque de temporada, ahora se transformó en algo mucho peor: una crisis que amenaza con dejar cicatrices difíciles de sanar.
Es incomprensible que después de un receso, de un período de trabajo con un plantel al que se le trajeron refuerzos, y con una pretemporada que se suponía debía haber servido para cimentar las bases de este 2025, el equipo no haya mostrado ninguna mejora. ¿Qué hicieron en la pretemporada? Es la pregunta que resuena en todos los rincones de Unión. No puede ser que, con tiempo para prepararse, el equipo haya vuelto a la competencia tan desorientado y sin respuestas claras. La hinchada, que se bancó la frustración del 2024, no tiene más paciencia para esperar que todo se acomode. El tiempo de promesas vacías y proyectos sin resultados ya pasó. La gente necesita ver acción, necesita ver una reacción inmediata, porque esto ya no es solo una mala racha, es una descomposición que se convierte en una bola de nieve.
Lo más preocupante es que ni el entrenador, ni los jugadores parecen tener una respuesta. Es como si el equipo se hubiera quedado sin ideas, sin confianza, y sin alma. No hay liderazgo dentro del campo, ni una estrategia clara de juego. El mensaje que el cuerpo técnico les transmite a los jugadores, o mejor dicho, la falta de mensaje, se refleja en el desorden táctico que estamos viendo. Y, para colmo, esa falta de estructura se acompaña de una floja actitud que termina por sellar la inoperancia en cada partido. Si se analiza lo que ocurre dentro del campo, es difícil encontrar algo positivo. ¿Por qué, con un plantel que a priori parecía competitivo, el equipo no compite como debería? ¿Por qué los jugadores no se entregan como en otras épocas, cuando el corazón y la entrega parecían ser las características principales del equipo? Este comienzo de 2025 está siendo más que una mala campaña, se está convirtiendo en una verdadera crisis existencial para el club. No solo están en juego los puntos, sino la credibilidad de los que dirigen el destino de Unión. La pregunta que sigue rondando es: ¿hasta cuándo se puede seguir tolerando esta situación? ¿Hasta cuándo se puede esperar una reacción que nunca llega? La paciencia está a punto de agotarse, y cada vez es más difícil ver cómo se puede cambiar este panorama. ¿Qué tanto más debe esperar el hincha para que vea una respuesta clara? La presión está en aumento y el futuro inmediato, por ahora, se ve incierto y oscuro. La hinchada está esperando algo más que palabras, está esperando hechos. Y si esos hechos no llegan pronto, este 2025 puede terminar siendo una de las peores temporadas de la historia reciente de Unión.
En la última columna de opinión del año pasado (0-0 ante Defensa y Justicia), había redactado que la renovación era una clara muestra de conformismo, ya que el Kily demostró que es capaz de tener un rendimiento limitado, pero constante. Todavía le falta para ser un DT consagrado. Quizás en los próximos años, sea un técnico de elite, dirigiendo a los mejores equipos del mundo, pero la realidad es que todavía está haciendo sus primeras armas en Unión, y el club no se puede dar el lujo de darle las llaves del club a un aprendiz.
Cuento no menos de tres momentos en que el ciclo de González al mando de Unión, ya dio muestras de que estaba terminado. El primero fue el año pasado, donde ganó solamente cuatro partidos de los 18 que dirigió, y uno de ellos fue la salvación ante Tigre el 25 de noviembre.. El segundo fue este año, cuando quedó afuera de la Copa Argentina ante Gimnasia de Mendoza, que, hasta ese momento, no era el equipo sensación ni que daba muestras, meses más tarde, de jugar la final por el ascenso a la máxima división del fútbol argentino-. En el segundo semestre, los síntomas de fin de ciclo en Cristian González se agudizaron. Entre agosto de este año y diciembre, perdió 8 de los últimos 13 partidos. Luego de la derrota ante Platense, hacíamos un análisis minucioso de los que ganó durante los primeros 13 de la tabla anual. ¿A qué rival importante le ganó? A Godoy Cruz y a Vélez. Entre un Cristian González que siempre miró desde arriba al Mundo Tatengue sin sobrarle nada como técnico (y faltándole demasiadas cosas) y una dirigencia sin poder de autocrítica, Unión, 7 de diciembre, está pidiendo por favor que lo mejor que le puede pasar es que termine el año, rasguñando un puesto por la Copa Sudamericana dentro de los primeros ¡13!, cuando en un principio se habló de que el objetivo era ir por la Libertadores. No es casualidad. Perpetuarse en el poder casi siempre termina saliendo mal. Es natural en el ser humano achancharse, aburguesarse, sentirse cómodo y empezar a hacer de menos. El poder es difícil de manejar y más cuando se está acostumbrado a recibir sólo afirmaciones sin sentido. Por eso González es responsables del momento que vive Unión. Que el árbol no tape el bosque. Unión debe ir por más. No se puede conformar con ingresar a la Sudamericana, donde no lo hizo por mérito propio, sino que dependió de muchísimos factores como la liberación de cupos. A favor: la realidad es que logró meter a un plantel muy limitado en la Copa Sudamericana, lo cual, desde ese punto de vista, le otorga un mérito bien merecido. Si la dirigencia decide reforzar el equipo con nuevos jugadores, espero que el Kily deje de ser tan conservador con la elección del once inicial y, además, que sea más flexible a la hora de hacer cambios durante los partidos cuando algo no está funcionando como debería, ya que eso podría mejorar el rendimiento y las posibilidades del equipo en el próximo torneo.
El hincha se dio cuenta de que con un poco de maquillaje difícilmente las cosas cambien en serio, hay que tomar decisiones y no quedarse en la cómoda de dejar fluir. Desde la llegada de Cristian González al cargo de entrenador, han pasado tres mercados de pases en los que el club se encontró en situaciones comprometidas, casi siempre inhibidos hasta el último momento, sin la capacidad para reforzar el equipo de manera adecuada. En el más reciente mercado, incluso, la venta de jugadores clave fue inevitable, pero en contrapartida no se sumaron piezas importantes para sostener el proyecto. Esto genera una interrogante fundamental: ¿en qué fundamentos se basa el Kily para depositar su confianza en el presidente Spahn y sus promesas de que ahora sí la situación será diferente? La gestión en estos mercados no solo ha demostrado una falta de planificación estratégica, sino también una incapacidad para reforzar la estructura deportiva de cara a objetivos mayores. Por este motivo, cualquier promesa de cambio resulta poco confiable, especialmente cuando los resultados recientes no han sido satisfactorios y el equipo sigue dependiente de soluciones momentáneas en el esquema. Otro de los puntos críticos en la discusión es el estilo de juego que ha impuesto el actual cuerpo técnico. A lo largo de su gestión, el Kily González ha sido rígido con sus planteos, basándose casi exclusivamente en el esquema de línea de cinco defensores. Esto es preocupante, especialmente cuando los esquemas se vuelven predecibles y no se exploran variantes para adaptarse a circunstancias adversas. Por ello surge la pregunta: ¿está realmente el entrenador dispuesto a flexibilizar su sistema para responder a los desafíos competitivos que se presenten? La falta de alternativas en la estrategia podría convertirse en un punto débil que limite las posibilidades de éxito en el futuro próximo.
También, en la derrota ante Platense en Vicente López (1-0), me había preguntado si Luis Spahn iba a cumplir en este mercado de pases. Finalmente, debo reconocer que, a pesar de mis diferencias con Luis Spahn, me sorprendió en este contexto. Aunque no es uno de mis favoritos y su gestión ha sido objeto de muchas críticas, es cierto que tomó decisiones importantes para garantizar que este sea un año electoral clave. A menos que ocurra algo inesperado, todo indica que seguirá en el poder hasta 2028, el tiempo límite que él mismo había señalado años atrás. No obstante, toda la responsabilidad de lo que ocurra en el club recaerá en el director técnico, quien, tras insistir y criticar las inhibiciones que afectaron al club en el último mercado de pases, finalmente ha recibido a nueve nuevos jugadores, de los cuales pocos han sido titulares. En particular, la inclusión de Fragapane, quien recién en el cuarto partido jugó como titular, pone de manifiesto una planificación cuestionable que, al final, sigue afectando el rendimiento global del equipo.
Es una sensación compartida por muchos hinchas, esa misma que llena de preocupación y frustración al ver que, después de tantas promesas y expectativas, los jugadores que supuestamente iban a «dejar la vida» en cada partido parecen haberse desvanecido. El Kily González, cuando asumió como entrenador, habló de un equipo que se entregaría al máximo en cada encuentro, que mostraría actitud, garra y compromiso, lo cual se esperaba que se viera reflejado en la cancha. Sin embargo, la realidad es otra. En este arranque del torneo, se nota la ausencia de esa energía, de esa entrega que se había prometido, y no se puede dejar de preguntarse dónde están esos jugadores que iban a dejar todo por la camiseta. Es especialmente doloroso ver cómo, con un plantel que, por lo menos sobre el papel, tiene la calidad necesaria para competir en la liga, los jugadores parecen no encontrar la motivación, el hambre o, lo más preocupante, la identidad de lucha que caracterizó al equipo en otros momentos. El desgaste es palpable y no hay excusas que puedan justificarlo. Los hinchas, que son los que siempre están en las buenas y en las malas, sienten que algo no está bien, que algo ha cambiado en el vestuario. La falta de carácter es evidente y, lamentablemente, ya no se puede seguir buscando excusas afuera. El problema está dentro del equipo, en lo que pasa entre los jugadores, en cómo se presentan en cada partido y en la mentalidad con la que salen al campo.

El presidente, aunque pueda ser un foco de críticas en muchas ocasiones, en este momento ya no es el principal responsable de lo que está sucediendo. Las decisiones que se toman en la cancha y la actitud que los jugadores demuestran dependen exclusivamente de ellos, y si no están siendo capaces de cumplir con lo mínimo que se les exige, es ahí donde deben ser llamados a la reflexión. Los jugadores tienen que entender que, más allá de los resultados, más allá de los nombres y de la calidad técnica, lo que no puede faltar es el corazón, la entrega y la energía en cada partido. Lo que se está viendo es un equipo que parece haber olvidado todo eso. La energía del año pasado, esa fuerza que, en momentos difíciles, les permitió dejar todo por la camiseta, ya no está presente. La pasión que antes se reflejaba en cada jugada, en cada corrida, en cada duelo, ha desaparecido. Y eso genera una sensación de vacío y desconcierto que es difícil de comprender. ¿Qué pasó con esos jugadores que juraron dar lo máximo? ¿Dónde quedó ese ímpetu que llevó al equipo a dejarlo todo en la cancha, sin importar el contexto? La falta de actitud y compromiso hoy es uno de los mayores problemas, y la hinchada empieza a perder la paciencia.
El Kily tiene mucho trabajo por delante si quiere recuperar esa mística que parecía tener el equipo en otros momentos. No es suficiente con los discursos ni con las promesas. Los jugadores deben reaccionar con hechos, y si no lo hacen, este inicio de torneo puede ser solo un presagio de una temporada más para el olvido. Los flojos resultados obtenidos por Unión al inicio del campeonato son el reflejo de un rendimiento futbolístico que, en general, ha dejado mucho que desear. Los primeros tiempos en los tres partidos disputados fueron decididamente malos, mientras que la recuperación se produjo en los segundos tiempos, aunque, lamentablemente, solo fue suficiente para sumar un único punto, que llegó con el empate frente a Boca. Si analizamos los resultados por tiempo, podría decirse que Unión fue derrotado por sus tres rivales en los primeros tiempos, pero logró dos «victorias» y un empate en los segundos tiempos. Sin embargo, un análisis de un partido no puede basarse únicamente en este parámetro, ya que resulta inútil señalar que el equipo «ganó» o «empató» en los segundos tiempos si el balance final solo arrojó un punto de nueve posibles.
Lo que sí deja este análisis parcial es algo revelador: los cambios implementados por el técnico en los segundos tiempos parecieron dar resultado. Al menos la imagen mostrada en esos 45 minutos fue notablemente distinta a la de los primeros tiempos, y los resultados también reflejaron una leve mejoría. Sin embargo, si nos centramos exclusivamente en este dato, podríamos caer en la trampa de pensar que el Kily González tuvo la virtud de cambiar a tiempo. Esto sería una visión parcial que solo destaca «la mitad del vaso lleno», dejando de lado una lectura que podría ser igualmente válida: el diagnóstico inicial del entrenador podría haber sido equivocado en cuanto a la conformación del equipo y la elección del esquema táctico. Mientras que los segundos tiempos (con los cambios) mejoraron la producción del equipo, los primeros tiempos (con el once inicial elegido por el técnico) dejaron una imagen preocupante y necesitada de modificaciones urgentes. El mercado de pases de Unión, que fue destacado por el propio técnico como «muy bueno», tuvo un énfasis particular en reforzar el mediocampo y la delantera. La intención inicial era modificar el esquema y abandonar la línea de cinco defensores para poblar más el mediocampo y dotar al equipo de nuevos elementos de juego. En cuanto al armado del plantel y la actividad en el mercado de pases, tanto el técnico como la dirigencia tenían muy claras las prioridades. Desde el mediocampo hacia atrás, solo llegaron Tagliamonte y Arturia, mientras que del mediocampo hacia adelante se incorporaron siete jugadores, sin contar con la apuesta de Diego Armando Díaz, proveniente de Las Parejas, por quien Unión tiene dos ventanas de compra para adquirir el 80% de su pase, dejando el 20% a la institución de origen. Esto muestra un claro enfoque en dotar al equipo de variantes para el armado del juego y la definición, en sustitución de futbolistas que se fueron, como los delanteros mencionados. Es comprensible que los jugadores se sientan más cómodos con un esquema que han venido sosteniendo durante más de un año y medio. No obstante, esa no era la idea inicial del técnico al conformar el plantel, pues existen futbolistas que permitirían al equipo intentar una variante táctica. Esta percepción, al menos desde afuera, se ve reflejada en el claro mensaje que ha dejado la cancha y los resultados: cuando se hicieron cambios de intérpretes y se modificó el esquema, el rendimiento en el segundo tiempo mejoró significativamente.
Las dudas del entrenador sobre la modificación del esquema quedaron expuestas luego del partido con Tigre, cuando el Kily González mencionó que había probado una nueva disposición táctica en los entrenamientos previos, pero no le convenció, por lo que decidió mantener la base de la formación tradicional. Es probable que se deba dar un descanso temporal a la línea de cinco y probar con una configuración más parecida al rendimiento de los segundos tiempos, alejándose de la apatía que se observó en los primeros 45 minutos. Es urgente que el técnico logre encontrar un funcionamiento colectivo adecuado, y para ello es esencial que tenga un conocimiento profundo de lo que cada jugador puede aportar, sacándole el máximo provecho a sus características. La clave será encontrar el equilibrio que permita a Unión, finalmente, sumar victorias consistentes en lo que resta del torneo.
El Kily en su hora mas crítica
El entrenador rojiblanco se convirtió en el centro de todas las miradas, pero lo que muchos no ven es que, en realidad, está completamente perdido. Se rodea de un grupo de personas que lo respaldan, pero no parecen tener ni idea de lo que está haciendo. Los jugadores, por su parte no logran descifrar a lo que quiere jugar Unión. Y esto no es casualidad; la culpa recae directamente sobre un técnico que no sabe cómo manejar al grupo. Que es un gran motivador, y que por ahí será un gran entrenador en 10 años, pero que no está capacitado. «Soy el primero en irme si siento que le hago mal a Unión», declaró en la derrota ante Belgrano y posterior eliminación de la Copa de la Liga en abril del 2024. Es necesario que González se dé cuenta de que no es el protagonista de la historia, que lo importante es el equipo y no su propio ego, que lo está hundiendo. Unión necesita un cambio, un giro de 360 grados, y ese cambio pasa por hacer una reestructuración sería, donde saquen a los jugadores que ya no pueden aportar más al equipo. Que se le de paso a los jóvenes que tienen el potencial para darle un aire nuevo a la institución. Unión no puede seguir bajo la conducción de alguien que no tiene la capacidad de motivar a sus jugadores ni de hacerlos jugar. Si no se toma una decisión, van a seguir perdiendo puntos en el camino, y lo más preocupante es que sabemos que esto va a seguir sucediendo mientras el técnico no cambie su manera de pensar. Es hora de que los verdaderos responsables se pongan a trabajar, porque Boca tiene que empezar a levantar vuelo, no puede seguir jugando de esta manera. Así lograse la clasificación entre los primeros ocho, su gestión es un fracaso. Tiene mas derrotas que victorias y el porcentaje de puntos logrados se desvanece. La historia de Unión no puede seguir siendo dirigida por alguien que no tiene ni la menor idea de lo que significa este club, y que en cada conferencia de prensa habla o ve fantasmas donde no los hay. Siempre hay que hablar con el diario del viernes, sino sería fácil. Lo hechos no hacen más que confirmar las sospechas: el Kily es un lastre para Unión, y si no se toman decisiones rápidas, seguirá hundiéndose, pegándose un tiro en cada pie. No soy una persona que opina sin fundamento, yo les dije a todos, incluso antes de que comenzara la temporada, que Gago sería un problema para Boca. Ya lo había advertido, y ahora los hechos me dan la razón. No es pesimismo ni exageración, es simplemente la realidad. Nadie parece dispuesto a enfrentarse a la verdad, a ver lo que está pasando y decirlo en voz alta. El consejo de fútbol, los dirigentes, los jugadores, todos parecen estar tragándose la mentira de que González es la solución, cuando en realidad él es la raíz del problema Unión necesita un cambio urgente en su dirección técnica, pero más allá de eso, lo que realmente hace falta es un cambio de mentalidad. Un equipo como Unión necesita estar liderado por alguien que entienda lo que representa el club, lo que significa ponerse esa camiseta y lo que está en juego. Gago no tiene esa capacidad. Él no entiende lo que es Boca, y está muy lejos de comprender la magnitud de un club como este. Ya basta de excusas, de hablar de «proceso» y de «tiempo». Unión no está para eso, Unión está para jugar bien y ganar. Siempre lo estuvo. Si los jugadores no están a la altura, deben ser cambiados, pero González (ya ni le digo Kily) no tiene la capacidad ni el coraje de tomar esas decisiones.

Unión está para eso, Unión está para ganar. Siempre lo estuvo. Si los jugadores no están a la altura, deben ser cambiados, pero González no tiene la capacidad ni el coraje de tomar esas decisiones, ¿Qué está haciendo González? ¿Realmente cree que puede seguir con este tipo de decisiones y que todo se va a resolver solo? Es lamentable. Les está tomando el pelo a los hinchas tatengues, y lo que el club necesita es una gestión seria, que entienda lo que es Unión, lo que significa para su gente y lo que implica estar al mando de un equipo de esta envergadura. No puede hipotecar el presente, sino que también estará condenando a CAU a una mediocridad que no se merece.
Unión se encuentra en el rincón más oscuro de su laberinto futbolístico. La derrota sufrida este viernes ante Argentinos, en condición de local, demostró la difícil situación que atraviesa el club. Un equipo sin brújula, sin rumbo, que solo parecía moverse empujado por la inercia de la bronca de los hinchas, quienes colmaron el estadio con la esperanza de ver algo distinto. Este es un momento crítico para la institución, ya que la oscuridad que atormenta a los jugadores. Cuando los hinchas despidieron al equipo con silbidos, es señal de que algo no anda bien. El criterio parece ser el de «tiempo al tiempo», lo cual es razonable. Ninguna evaluación apresurada tiene sentido. La cuestión es que Unión dio menos respuestas de las esperadas desde que comenzó el año. De momento, es un equipo que tiene intenciones, pero que no ha logrado plasmar en la cancha lo que se planifica durante la semana, convirtiéndose en un conjunto que no refleja agresividad ni ambición, como supo ser el Unión del Kily en el 2024. A Unión le cuesta tanto generar jugadas de ataque que se acerca peligrosamente al arco rival en muy pocas ocasiones por partido. Incluso, los remates de media distancia se han convertido en uno de sus pocos recursos ofensivos.
Los resultados obtenidos por Unión, en un torneo donde predomina la falta de precisión, es preocupante. Sin embargo, recién está comenzando, y esto no es algo que haya comenzado hoy, sino que arrastra problemas desde antes. El fútbol es un deporte de resultados, y cuando los goles no llegan o el juego no cumple con las expectativas, comienzan los cuestionamientos. Esto siempre ha sucedido, y no cambiará, por más peso que tenga un jugador o un entrenador, como en el caso de Cristian González al frente de Unión. El técnico rosarino llegó con la aceptación popular y buenas referencias tras su paso por Central. En un principio, no hubo reproches ni dudas, ya que el consenso sobre su llegada fue absoluto, luego de que varios entrenadores anteriores solo trajeran penurias al club. Sin embargo, todo apoyo o apuesta disminuye cuando los resultados no llegan, y más aún cuando el estilo de juego propuesto no satisface a los hinchas. Lo que está ocurriendo con González actualmente es un claro reflejo de este fenómeno. Se puede argumentar, sin lugar a dudas, que fue la mejor opción para dirigir al equipo. No obstante, surgieron algunas voces discordantes cuando los resultados comenzaron a volverse esquivos entre octubre y febrero de este año. Ese amor que parecía eterno se fue desvaneciendo cuando el equipo no ofreció las respuestas que se esperaban. Siempre se dice que las victorias «tapan» las situaciones, y eso es una verdad incuestionable. El juego que promueve el técnico y la idea que intenta implementar aún no logran entusiasmar al equipo, y, además, no está ganando lo suficiente como para disimular la crisis. Esta combinación de factores está creando una situación insostenible en términos de análisis deportivos, donde los hinchas exigen soluciones rápidas y milagrosas.
El partido
El viernes no arrancó bien. En la previa, Agentes del Comando Radioeléctrico fueron comisionados a López y Planes al 3600, donde hallaron una bandera con una amenaza explícita, atada en las rejas de ingreso al club sobre avenida López y Planes El mensaje, escrito en grandes letras, decía: «Entramos todos o no entra nadie», acompañado por el dibujo de un arma de fuego. Ante esta situación, efectivos policiales se hicieron presentes en el lugar. Luego de analizar la escena, las autoridades se comunicaron con el fiscal en turno, Dr. Jorge Apullán, quien ordenó la intervención de la Policía de Investigaciones (PDI). Personal especializado procedió al secuestro de la bandera para su análisis y peritaje. Hasta el momento, no se informó sobre posibles responsables ni el contexto exacto de la amenaza. Sin embargo, la presencia del mensaje en la sede del club genera preocupación en el ámbito deportivo y entre los hinchas. La Justicia continuará con la investigación para determinar el origen de la bandera y si se trata de un hecho vinculado a disputas internas o amenazas externas. Según lo que comenta el colega Gustavo Grabia en el portal Infobae, la barra está en una interna feroz. La manejan hace más de una década los hermanos Galeano, del barrio Sargento Cabral, pero el año pasado sus rivales del barrio Roma, del ex líder Daniel Cantero, se propusieron regresar. Por eso se aliaron a los del barrio Alto Verde que maneja Jorge Peto Altamirano y armaron frente común que terminó con tres hechos a puro balazo, el último de ellos en octubre pasado. Y todos aseguran que lo que se viene será peor.
En lo futbolístico, por cuarta vez consecutiva, Unión disputó un primer tiempo desastroso, en el que mostró una alarmante falta de respuesta en diversas áreas del juego. El equipo corrió mal, marcó peor y, para colmo, lo poco que generó no tuvo la fortuna de concretarse en goles. A lo largo de estos partidos, sigo observando a un conjunto con serias dificultades físicas, al que le falta mucho trabajo tanto en lo táctico como en lo físico. El retroceso defensivo, que ya venía siendo una preocupación, se ha ido desmejorando de fecha en fecha, dejando expuesta la fragilidad del sistema defensivo. Es evidente que el equipo no está alcanzando el nivel necesario para competir con la intensidad que requiere la competición, lo que genera dudas sobre la capacidad de recuperación a corto plazo.
En los partidos más complicados, en aquellos donde el marcador está cerrado o cuando la presión es máxima, los detalles se hacen aún más evidentes. Un remate fallido, una mala colocación en una jugada a balón parado, un pase que no llega a destino, pueden ser momentos decisivos. Pero igualmente, un control impecable en el área, un desmarque preciso o una intervención en defensa salvadora pueden ser igualmente decisivos, a menudo sin que el espectador lo perciba en el instante exacto. Son detalles que marcan la diferencia entre un equipo que pierde por un gol o aquel que finalmente se lleva la victoria. Los equipos más exitosos suelen ser los que no solo tienen jugadores talentosos, sino que saben identificar y explotar esos pequeños momentos, esos detalles que surgen durante un partido. Es como un juego de ajedrez en movimiento, donde los jugadores deben leer las jugadas y reaccionar de manera rápida y certera. Cada pase tiene un propósito, cada movimiento tiene un sentido. La clave está en lograr aprovechar esas situaciones, tanto cuando el balón está en tus pies como cuando está en los de un adversario. Los equipos que entienden esto son los que logran mantener su nivel durante toda una temporada, porque saben que el fútbol, más allá de ser un juego de goles, es un juego de momentos, y en esos momentos, los detalles marcan la diferencia.
Por lo tanto, a la hora de analizar partidos, hay que dejar de centrarse solo en el marcador final o en las jugadas más vistosas. A menudo, un equipo puede no haber sido el más dominante, pero si ha sabido ser más eficaz en los momentos claves, si ha aprovechado los detalles, esos pequeños instantes que otros equipos pueden haber dejado escapar, es el que logra llevarse la victoria. El fútbol es una combinación de esfuerzo colectivo, estrategia y sobre todo, de saber manejar esos detalles que, aunque a menudo invisibles para el ojo inexperto, son los que verdaderamente deciden el destino de un partido. Este momento ya cansa y desgasta, y cada segundo que pasa parece más insoportable. La rutina de los desengaños, los fracasos y la falta de reacción nos ha dejado atrapados en un ciclo interminable de mediocridad. Es una sucesión constante de promesas rotas y expectativas defraudadas. Cada partido parece ser una repetición del anterior, con la misma falta de intensidad, la misma carencia de ideas y una innegable ausencia de carácter. El desgaste mental y emocional que esto provoca es profundo, como una sombra que se alarga cada vez más. Cada partido es un martillo que golpea la paciencia de los hinchas, y la esperanza parece esfumarse con cada minuto transcurrido.

En ese primer tiempo, la diferencia estuvo en la eficacia. Aunque es cierto que Argentinos Juniors fue el equipo que salió a tomar la iniciativa con un juego asociado, Unión no logró concretar las ocasiones que generó debido a su falta de puntería. Lo de Agustín Colazo (3), en particular, fue preocupante. En estos dos partidos, sin exagerar, habría errando al menos seis goles. El conjunto de La Paternal demostró estar decidido a controlar el partido, pero Unión no se quedó atrás, presionó alto con Estigarribia también cumpliendo un rol importante en la presión. Sin embargo, en una de las jugadas más claras del primer tiempo, Colazo, estando prácticamente en el punto de penal, erró un disparo que pudo haber cambiado por completo el rumbo del partido. Unión también tuvo sus oportunidades. A tan solo un minuto de haber comenzado el encuentro, Colazo volvió a fallar un mano a mano increíble. En una buena jugada colectiva de Estigarribia, el exjugador de Aldosivi quedó en el borde del área con la oportunidad de marcar, pero Diego Rodríguez, con una intervención que recordó la famosa acción de Emiliano Martínez ante Kolo Muani en el Mundial de Qatar 2022, evitó lo que habría sido otro gol fallido. Colazo no estuvo preciso y no aprovechó las oportunidades que el equipo le brindó, dejando una sensación de frustración por un rendimiento muy por debajo de lo esperado.
Como reza el dicho, “el que pega primero, pega dos veces”. Sin embargo, esa ventaja inicial que podría haber tenido Unión duró muy poco. Aunque el equipo salió con buena disposición, metido y con la intensidad necesaria en los primeros minutos, pronto se disipó. Cuando el marcador aún estaba 0-0, Unión parecía estar bien parado, pero como ya ocurrió en otros partidos, esa intensidad inicial pronto desapareció. Nuevamente, antes de los 10 minutos, el equipo se vio sorprendido. La situación se repitió: la falta de reacción en los momentos claves acabó siendo perjudicial. El equipo estuvo mal posicionado y, como en encuentros previos contra Estudiantes y Boca, cuando la presión fue mal ejecutada, Argentinos Juniors rompió las líneas defensivas rápidamente. Oroz se quedó mano a mano con Tagliamonte y definió cruzado para poner el 0-1. Una vez más, Unión se encontró obligado a remar contra la corriente, intentando reaccionar a una situación adversa. Es difícil de entender cómo el cuerpo técnico, que debería ser el primero en detectar los problemas, no se da cuenta de lo que es evidente para todos. El equipo sigue cometiendo los mismos errores: una presión mal ejecutada y una fragilidad defensiva que siguen siendo puntos débiles, afectando el rendimiento global del conjunto. La falta de solidez en la estructura del equipo y la incapacidad para sostener un rendimiento constante siguen siendo los grandes desafíos a superar si se quiere encontrar una mejora significativa.
A bordo del 4-3-2-1, Federico Fattori se metió entre los centrales para ser el encargado de la salida, ejerciendo un rol fundamental como eje del equipo y distribuyendo el balón de manera efectiva en cada zona del campo. El equipo de Argentinos Juniors se destacó por darle un buen destino a la pelota, algo que, por contraste, exasperaba la lentitud con la que Unión salía jugando. Los visitantes armaban un cuadrado en el medio, con la intención de obstaculizar y neutralizar a los volantes con buen pie que dispone el Tatengue. En cada jugada, todas las segundas pelotas y rebotes parecían ser propiedad de los Bichos Colorados, quienes no se replegaron en ningún momento, sino que le jugaron de igual a igual. Cuando no tenían la pelota, los jugadores de Argentinos fueron intensos en el repliegue, saliendo a presionar en bloque con tres o cuatro jugadores. Daba la sensación de que los dirigidos por Nicolas Diez tenían una marcha más en cuanto a lo físico, y ni hablar desde lo futbolístico. En contraste, Unión no lograba hilvanar dos o tres pases consecutivos. La mitad de la cancha se veía desordenada, sin un mínimo volumen de juego. En ese contexto, Argentinos Juniors hacía de la tenencia del balón un culto, convirtiéndola en un monólogo. El Tate corría detrás del balón, había sentido el golpe, y estaba claramente incómodo, con la sensación de estar a merced de la intensidad y el orden del rival.

Lo de Unión fue completamente ordinario. No se le caía una idea, y el equipo mostró una falta de respuesta colectiva que preocupó desde el primer minuto. El rendimiento de Mauro Pittón (3) en la mitad de la cancha fue paupérrimo. No pudo aportar juego ni creatividad, siendo casi inexistente en la generación de jugadas. Su desempeño fue deficiente, pues no solo le costó progresar en ataque, sino que la mayoría de sus pases terminaron siendo hacia atrás, sin claridad ni ambición. En varias ocasiones, cometió errores evidentes al fallar pases simples que terminaron en el lateral, lo que generó descontento en la hinchada, que comenzó a murmurar con cada fallo. Su actuación fue completamente por debajo de lo que se espera de un jugador en su posición, y lo peor fue que jugó apenas 45 minutos, lo que hace aún más evidente la magnitud de su bajo rendimiento. Sin lugar a dudas, fue un encuentro para olvidar, especialmente para un mediocampista de su calidad, que no estuvo a la altura de las expectativas ni del contexto del partido.
El nivel de juego de Claudio Corvalán (2) también dejó mucho que desear. Desde hace dos temporadas, el capitán no está cumpliendo con las expectativas y ha dejado de ser el jugador confiable que solía ser, tanto en las coberturas defensivas como en los anticipos en los duelos individuales. Su incapacidad para asociarse con los laterales, como Bruno Pittón y Franco Fragapane, fue otro de los aspectos que afectó gravemente al equipo. En una jugada destacada, una maniobra interesante dejó habilitado a Molina, quien intentó un enganche, pero Corvalán le cometió una infracción. Aunque la jugada no terminó en gol, esa falta evidenció la falta de ritmo y concentración del capitán. A pesar de algunos buenos momentos defensivos, la fragilidad del equipo volvió a quedar expuesta en su falta de solidez y capacidad de anticiparse a las jugadas del rival. Su rendimiento también fue un reflejo del bajón general del equipo, y un recordatorio de que el nivel del capitán ya no está a la altura de las exigencias del club.
La situación de Unión continuó empeorando a medida que pasaban los minutos. A pesar de que algunos jugadores intentaron levantar al equipo, la realidad es que los problemas estructurales en el campo eran evidentes. Argentinos le dio vida a un equipo que no tenía alma, que se arrastraba en la cancha y no mostraba las respuestas que se esperaban. Hasta la media hora de juego, las aproximaciones de Unión fueron todas forzadas, con poca claridad y sin la capacidad de generar jugadas de peligro real. Franco Fragapane (3), quien debía ser uno de los jugadores clave, fue inexistente. En el esquema 4-4-2 propuesto por el entrenador, comenzó como volante por derecha, pero a medida que avanzaba el partido, se fue desplazando hacia el costado izquierdo sin lograr marcar diferencia en ataque. No fue capaz de desequilibrar ni de tomar la iniciativa que se esperaba de él. Su participación en el juego fue nula, sin intervenciones destacadas, y la única aproximación que tuvo al arco fue un disparo que terminó impactando en el pecho de Fattori, lo que hizo aún más evidente su falta de claridad en los momentos clave. No aportó nada al juego ofensivo del equipo, y su bajo rendimiento solo contribuyó a la desesperación que ya se sentía en el campo.
Ezequiel Ham (3) tampoco estuvo a la altura de las circunstancias. Flojo partido del Turquito, quien nunca pudo darle la fluidez que el equipo necesitaba en el medio campo. En muchas ocasiones, se le vio errático, fallando pases y tomando decisiones incorrectas que lo alejaron de su mejor versión. Unión depende mucho de él para la generación de juego, pero hoy estuvo completamente sobrepasado por los volantes de Argentinos Juniors. No logró imponer su ritmo, y mucho menos marcar la diferencia que se esperaba de un jugador de su calidad. La sensación general fue que no fue capaz de liderar el juego del equipo como lo ha hecho en otras ocasiones, y su bajo rendimiento fue otro factor más que afectó al rendimiento colectivo. Al igual que sus compañeros, Ham no estuvo a la altura de las expectativas, y su desempeño dejó claro que el equipo necesita una mejora urgente en su nivel de juego si quiere competir en condiciones. Fue un partido para olvidar, y más aún, una actuación que no debe repetirse si Unión quiere recuperar la confianza de su hinchada y encontrar el rumbo en la competencia.
A los 25 minutos, nuevamente fue Colazo quien desperdició un mano a mano increíble. Otra vez, Estigarribia realizó una excelente descarga, dejando al exjugador de Aldosivi en el borde del área, solo frente a Diego Rodríguez. El arquero, como si quisiera emular la famosa intervención de Emiliano Martínez ante Kolo Muani en el Mundial de Qatar 2022, evitó lo que pudo haber sido el empate, despejando con el pie izquierdo. Fue impresionante la falta de efectividad de Colazo en situaciones claras de gol. Lo que más llamó la atención, sin embargo, fue la poca resistencia defensiva que mostró Unión. En todas las jugadas, ya sea por abajo o en pelotas detenidas, los jugadores rivales encontraban espacios. La vulnerabilidad en las jugadas a balón parado era alarmante, y en todos los partidos, el equipo dejaba que le cabecearan en el área chica con total facilidad. La mitad de la cancha se convirtió en una autopista para los volantes de Argentinos Juniors, quienes, con uno o dos toques, lograban romper líneas y posicionarse con varios hombres de cara al arco. Después del penal malogrado por Lezcano, Unión empezó a equilibrar un poco el partido. Robó el protagonismo de la posesión del balón, pero sin demasiada claridad en el juego. A pesar de la mejora en el control del esférico, el equipo seguía cayendo en la impotencia. Se veía un conjunto desbordado, “pasado de revoluciones” en ciertos momentos, lo que solo aumentó la frustración. Los hinchas, quienes al principio mantenían la esperanza, empezaron a murmurar en las gradas, mostrando su descontento ante la falta de respuestas en el campo. La ansiedad de la hinchada crecía con cada minuto que pasaba sin una jugada realmente clara o con una reacción contundente del equipo.
Unión mostró una cantidad alarmante de imprecisiones a la hora de avanzar hacia adelante. No generaba peligro real, y aunque conseguía avanzar unos metros, no era capaz de atacar con efectividad. Parecía que había un miedo escénico para arriesgar, para dar ese paso hacia el frente que pudiera generar un cambio en el desarrollo del partido. Mientras tanto, permitía que Argentinos Juniors se organizara bien defensivamente, cerrando los espacios y anulando cualquier intento ofensivo que pudiera surgir. La ausencia de un plan claro y de una transición eficaz entre defensa y ataque dejaba al equipo muy vulnerable y carente de ideas en su ofensiva. Lo único positivo en esa primera mitad fue la actuación de Marcelo Estigarribia (5). Personalmente, me recordó mucho al trabajo sucio que realizaban Nicolás Orsini y Adrián Balboa en etapas anteriores. Es un delantero que sabe jugar de espaldas al arco, con buena capacidad de pivoteo y manejo del balón en situaciones complicadas. Sin embargo, hoy ninguno de los cuatro volantes que alineó el Kily González logró proporcionarle el pase filtrado que le permitiera generar peligro real. A pesar de esta falta de apoyo, Estigarribia no dejó de presionar constantemente, siendo el encargado de generar la primera aproximación clara del partido. Sin embargo, fue él mismo quien desperdició esa oportunidad, con un remate que se fue desviado.
En una jugada destacada, el Chelo se asoció bien con el exjugador de Aldosivi, quien metió un centro desde la banda derecha. El cruce de Álvarez intentó interceptar el balón, pero el esférico terminó pegando en el caño izquierdo y salió fuera del campo. Aunque ganó varias disputas aéreas, no logró concretar en ninguna de esas jugadas, y el equipo, en general, no supo capitalizar los momentos en los que estuvo cerca de generar algo positivo. A pesar de su actitud positiva y el esfuerzo evidente, le faltó la claridad y precisión necesarias para marcar la diferencia y llevar a Unión a un nivel superior en esa primera etapa.
Segundo tiempo
Mauricio Martínez (2) por Mauro Pittón fue el único cambio que realizó el Kily González para los segundos cuarenta y cinco minutos del encuentro. La intención de este movimiento fue reforzar la mitad de la cancha y tratar de neutralizar el primer pase de Federico Fattori, Lescano y Herrera. Martínez es un jugador con buen manejo de la pelota, pero no logra generar la intensidad necesaria para sostenerse de manera efectiva en la marca dentro del mediocampo. Durante el partido ante Estudiantes, sufrió enormemente, y frente a Tigre, el técnico insistió en ubicarlo como volante «5» posicional, aunque sin los acompañantes necesarios para su funcionamiento. Si el entrenador tenía pensado utilizarlo como volante central, debió hacerlo acompañado de otro jugador con características complementarias, que pudiera asumir el trabajo de recuperación de balón y otorgar mayor movilidad al equipo. En este contexto, Martínez no tiene las mismas características de jugadores como Mosqueira, quien aporta el dinamismo necesario para que el equipo tenga más velocidad y fluidez en el juego.
Durante los primeros 20 minutos del segundo tiempo, se evidenció la diferencia entre dos equipos: Unión, que jugaba de manera lenta y sin generar dinamismo en su ataque, y Argentinos Juniors, que lograba realizar transiciones rápidas y atacaba con fluidez. A lo largo de todo el complemento, Unión se vio atrapado en un ritmo pausado y predecible, bien organizado, pero sin la capacidad de sorprender al rival. La ausencia de desmarques agresivos y la falta de ataques verticales dificultaron la creación de situaciones ofensivas. Como consecuencia, el equipo se volvía reactivo, sin saber cómo romper las líneas del adversario. Cuando un equipo no ataca los espacios ni tiene movimientos de desmarque efectivos, pierde la oportunidad de desequilibrar al rival, permitiendo que este se organice con facilidad.
En cambio, Argentinos Juniors destacó por la rapidez y la intensidad con la que manejaba la transición entre defensa y ataque. Al salir rápidamente, no solo aprovechaba el factor sorpresa, sino que también involucraba a más jugadores en los ataques. Las transiciones rápidas, con pases cortos y efectivos, permitieron que el equipo avanzara con fluidez y mantuviera el control del balón en los últimos metros del campo. Además, el hecho de que Fattori fuera el eje central del equipo resultó ser crucial. Como mediocentro, Fattori tenía la responsabilidad de distribuir el balón de manera eficiente, marcando el ritmo y asegurando que las jugadas fluyeran de manera coordinada. Esto proporcionó a Argentinos Juniors un control mucho más dinámico del juego. La capacidad de Fattori para asociarse con otros volantes y cambiar el frente de ataque permitió que el equipo explotara los espacios vacíos y atacara en situaciones de superioridad numérica, aumentando así su eficacia ofensiva.

En estos cuatro partidos, si hay algo que no pudo corregir el DT fue el sector defensivo. Iban seis minutos del segundo tiempo y parecía que el partido entraba en la recta final. Defendía muy mal, en línea. Era cuestión que el Bicho acierte el último pase para asegurar los tres puntos. Franco Pardo (3) está atravesando su peor momento, con la camiseta de Unión mal en las coberturas, saliendo a destiempo y no mostrando la seguirán que lo supo caracterizar. Su mejor acción fue un pase largo, el centro de Estigarribia y el cruce de Álvarez que quiere interceptar el balón, la pelota pega en el caño izquierdo y salió. En este tiempo, Unión extrañó la salida limpia y el primer pase para abastecer a los delanteros. Casi le cometió un penal a Tomas Molina.
Lo mejor de Unión, además de la gran actuación de Matías Tagliamonte, fue Francisco Gerometta (6). Con errores y aciertos, terminó siendo el mejor defensor de la línea de cuatro. Intentó inclinar la cancha con algunas escapadas, pero no era profundo, no tenía claridad. Alternó buenas y malas en la marca ante Herrera. En el segundo tiempo fue uno de los puntos altos. Se proyectó constantemente, desbordando y llegando hasta el fondo. Le colocó un gran centro a Palacios, que impactó en el travesaño. En todo momento fue una opción, una vía de ataque por el costado derecho. En el complemento, produjo dos o tres ataques interesantes por derecha. Otro gran centro a Estigarribia y el cabezazo que se fue afuera. A los 36′, otro centro atrás que no pudo capitalizar el exdelantero de Atlético Tucumán. Buen partido de Tati. Muy poco de Bruno Pittón (3) por las bandas. Perdió capacidad ofensiva en los últimos tiempos. Su poder de ataque disminuyó considerablemente. en el ida y vuelta, es evidente que su velocidad de desplazamiento ya no es la misma, lo que le impide cumplir con la intensidad que solía mostrar en sus subidas por la banda. Además, su falta de convicción en los metros finales se ha hecho más palpable, lo que afecta tanto a su capacidad para generar jugadas peligrosas como para definir con eficacia en el área rival. Estos factores han condicionado su rendimiento, ya que su implicación en la ofensiva se ha reducido y no parece tener la misma determinación ni precisión que en etapas anteriores
El equipo de Kily González mostró un claro desorden en el inicio del segundo tiempo. Movían la pelota de un lado a otro, pero sin encontrar claridad en los metros finales. Ante la falta de respuestas, el director técnico decidió realizar tres modificaciones a los 13 minutos: Mateo Del Blanco, Lucas Gamba y Lionel Verde ingresaron en lugar de Palacios, Bruno Pittón y Fragapane, quien, a pesar de su esfuerzo, no logró gravitar en el juego ofensivo. Sin embargo, a pesar de los cambios, el conjunto santafesino seguía sin generar peligro real. Además, a los 16 minutos sufrió su primera amonestación: Claudio Corvalán vio la tarjeta amarilla tras cometer una falta táctica para frenar un avance de Argentinos. En cuanto a las actuaciones individuales, Lionel Verde (4) tuvo un partido difícil. Es un jugador con muchas condiciones, pero en este encuentro no logró entrar en acción frente a un rival que lo neutralizó con solvencia. Por otro lado, Mateo Del Blanco (4) tuvo que enfrentar una tarea complicada, ya que Nico Diez lo colocó frente a Alan Lescano en su sector, para luchar en un 1vs1 constante. A pesar de los errores, Del Blanco mostró mayor vitalidad al pasar al ataque, lo que le dio algo más de ritmo al lateral.
A medida que avanzaban los minutos, Unión seguía sin ideas claras cuando tenía la pelota. Intentaban cambiar de orientación, pero carecían de profundidad e ingenio. No lograban encontrar espacios ni claridad en el manejo del balón. Este equipo le cuesta imponerse cuando está abajo en el marcador, y la falta de reacción ante el resultado adverso era evidente. A los 23 minutos, Nico Diez realizó un cambio importante para tratar de equilibrar el partido: salió Oroz y entró Ignacio Sosa, buscando oxigenar la mitad de la cancha.
Si bien el desempeño del equipo fue cuestionable, la figura de la noche fue, sin duda, lo de Matías Tagliamonte (9). Atajó para adueñarse del arco rojiblanco. No tuvo responsabilidades en el único gol de la noche. Atajó el penal que hubiera sido lapidario. Le tapó un cabezazo a Molina. En el segundo tiempo, comenzó el repertorio. Argentinos Juniors combinó por el costado izquierdo, Oroz ingresó en la puerta del área y buena tapada del exarquero de Tigre y Gimnasia de Mendoza. Quizás, el único error que tuvo fue cuando quiso rechazar con los puños y por muy poco no lo pudo anticipar Alan Lescano. Sobre el final, un remate cruzado de Alan Rodríguez -uno de los puntos altos- y la volada para mandar el balón al tiro de esquina.
Unión ganaba metros en el terreno de juego, lateralizaba la pelota en un intento por encontrar espacios, pero sin claridad, sin ideas. La falta de luces era evidente debido a las constantes imperfecciones en el juego. Aunque en ciertos momentos logró emparejar las acciones e inclinar el dominio hacia el arco de Ruso Rodríguez, esto no fue producto de las virtudes del equipo santafesino, sino más bien por el cansancio acumulado por el conjunto de Argentinos Juniors, que ya no lograba mantener la intensidad que había mostrado al principio del encuentro. Lo que resultaba más sorprendente era la falta de opciones de pase en Unión. No se veía a ningún jugador que se ofreciera como alternativa para recibir el balón. El equipo se mostraba estático, y la frustración se apoderaba de la hinchada, que no dudó en estallar al grito de «¡Movete, Tatengue, movete!». Mientras tanto, Argentinos Juniors seguía su juego de toqueteo, moviendo la pelota con total tranquilidad, como si estuviera en el patio de su casa, eludiendo a los volantes de Unión con la facilidad con la que se esquivan conos en un ejercicio. Para graficar lo que fue el partido de Unión, basta con recordar una jugada clave: el equipo tuvo un tiro libre a su favor, pero Gamba quiso jugar rápido, Del Blanco no entendió la jugada y terminó la acción con un saque de arco para Argentinos. A pesar de estar completamente replegado, el equipo de La Paternal no parecía sentirse en peligro. Unión lo tenía contra las cuerdas, pero sin la claridad necesaria para generar situaciones de peligro. La iniciativa la cedió a su rival, sin poder aprovechar las oportunidades que se le presentaban. Lionel Verde intentó un disparo de larga distancia, pero la pelota se fue muy desviada, evidenciando la falta de recursos ofensivos que tenía el equipo. La alarmante escasez de soluciones y la incapacidad de generar jugadas de peligro se hicieron evidentes a lo largo de todo el encuentro, dejando a los jugadores de Unión con la sensación de que el partido se les escapaba por la falta de ideas y determinación. Y sobre el final, en la sexta jugada de gol que tuvo Unión a su favor, el Ruso Rodríguez le tapó una pelota a Gamba (-) adentro del área chica. Hubiese sido una explosión de alegría –si la pelota entraba en ese quinto minuto de los adicionados por Gariano- pero una injusticia: Unión fue superado futbolísticamente y en intensidad por Argentinos, que lo ganó bien.
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