Por Darío Fiori
Equivocarse es humano, perdonar es divino, dice un viejo refrán. En lo personal, siempre creo en la posibilidad de superar los malos momentos que suceden, ya sea por errores propios o ajenos. La dificultad es cuando se instala la duda de la intencionalidad y la dimensión del error se convierte en otra. Sólo es fútbol, y puede decirse que no merece la pena perder el tiempo cuando nuestros problemas mundanos son enormes y muy graves, donde la vida y la muerte se juegan a cada instante. Pero quizás, porque el mundo en que vivimos es así, la tristeza y la frustración de ayer sean mayores que la rabia.
Y es que el fútbol sigue siendo ese espacio único que produce ilusiones y genera sentimientos muy difíciles de explicar. Suceden. Cada encuentro lleva al hincha a aislarse en sus pensamientos y en su existencia y a esperar obligado hoy en la distancia, un momento de alegría que lo saque de sus preocupaciones y temores. Algo que ponga una sonrisa en su rostro. Pero no. Es la realidad de una institución que a fuerza de irrespetarse y descuidarse a sí misma logró ser irrespetada y maltratada y es la que permite que la ira nos invada y la frustración se profundice.
Unión hace tiempo que no es Unión en la cancha, y no es porque primero haya dejado de serlo en el mundo de la dirigencia. Desde hace mucho tiempo, por acción u omisión, dejó de pensar en sí mismo como una gran institución y en su gente, para hacerlo sólo en términos de intereses personales y dimensiones lógicas de poder. Así fueron los últimos 16 años. Nada cambió en ese tiempo y siguen en escena los mismos actores de siempre. En la Argentina adormecida, como la define un excelente periodista, es lógico pensar que no pasará nada. Solo se agrega una mancha más al fútbol, de esas que no se pueden quitar. La opinión pública es sólo espectadora. Seguro que, con el paso de los días, las semanas y los meses, llegarán las disculpas de Luis Spahn. Y dirá con gesto de preocupación y con risa cómplice. El periodismo o el público en general también se equivoca.
El daño ya está hecho. Y no es sólo un resultado. Es que al fútbol, al juego, se le roba su belleza y la alegría de su espontaneidad. ¿Qué le importa a la gente? No nos engañemos más. Ya es hora de mirar hacia dentro. En la vida de las instituciones nada es casual. Los resultados son consecuencia de la acción de los hombres, siempre fue así y lo será en el futuro. En ellas no puede haber lugar para el pensamiento mágico. Por el contrario, debe prevalecer el pensamiento crítico, la búsqueda y aceptación de diagnósticos y una gestión proactiva y de alto nivel.

Hoy en día no hay respuestas correctas en el campo en un partido porque no las hay en el exterior. No hay conductas y actuaciones que inspiren y motiven en cada partido porque no las hay en los espacios de gestión y toma de decisiones. La alegría de la pasión a la que los hinchas quieren dar rienda suelta cada semana se opone a la realidad que es muy dura, pobre y triste. Que el club tenga la valentía de reconocer las debilidades y flaquezas. A los socios, que son los dueños del club le tomaron el relevo una mediocridad que amenaza con quedarse por mucho tiempo todavía y es preocupante que no esté claro quién y cómo intentará evitarlo hoy. Quedan poco más de dos años para las elecciones y Unión camina entre la niebla. Las soluciones mágicas no existirán, no puede insistir con las mismas fórmulas y no puede seguir improvisar líderes. En la cancha hay un equipo sin alma y hay una institución cuya alma está dormida esperando que alguien la despierte.
Restan dos fechas para el final de la Copa de la Liga y Unión está a un punto del descenso (depende de lo que haga Sarmiento esta noche ante Newells). Y, a esta altura, no quedan dudas de que el principal responsable de que el Tate atraviese esta angustiante situación es el presidente Luis Spahn, quien en los últimos tiempos hizo todo mal en la gestión deportiva. La desidia mostrada por la dirigencia encabezada por Spahn hizo posible que Unión viva este oscuro presente, jugando a la ruleta rusa todos los fines de semana. Al margen de lo que pueda suceder en las dos fechas que restan, no era necesario exponer tanta incompetencia para dejar al club al borde del abismo.
Esta crisis que atraviesa Unión se veía venir desde hace mucho tiempo. Lo más preocupante es que Spahn no hizo nada para evitarla, al contrario, contribuyó mucho para que se produjera. Desmanteló un plantel competitivo para formar otro al que su entrenador llamó «Reserva Mejorada» y no hay más, la sensación es que ni a propósito se pueden hacer las cosas tan mal. Resulta inconcebible que Unión haya vendido cuatro jugadores en el último año, por cifras millonarias que el club informó, y que se haya reforzado con jugadores de la reserva y suplentes en otros equipos.
En esta 2023 el club transfirió a Juan Ignacio Nardoni, Juan Carlos Portillo, Lucas Esquivel e Imanol Machuca. El dato informado por Unión indica que le quedaron US$ 4.750.000 por Nardoni, US$ 2.000.000 por Esquivel y US$ 3.125.000 por Machuca por el 50% del pase. Por lo tanto, y según la información proporcionada por el directorio, Unión recibió 9.875.000 dólares por estas tres operaciones, a lo que habría que sumar la venta de Portillo. Aunque no se oficializó esta transferencia, se informó que el monto de la transacción fue de 1.800.000 dólares.
Así, este año, Unión vendió por una cifra cercana a los 16 millones de dólares. A hoy $ 5.555.101.600 Y cabe recordar que a pesar de esto, el club fue suspendido por la FIFA durante un par de meses debido a las deudas que mantenía por los préstamos de Mele, Álvez, Castrillón -este último colgado sin tener minutos, como si no le sobrara nada a este plantel-. El monto aproximado que debía Unión por el incumplimiento de esos préstamos era de casi 300 mil dólares, monedas en relación a lo que habían vendido. Y más allá de los impedimentos legales para transferir dólares al exterior, es claro que el conflicto se agravó más de lo previsto y la solución llegó mucho más tarde de lo esperado.
En agosto de este año tuvo cheques rechazados sin fondo por 66 millones de pesos. Cuando se levantó la veda, el mercado de transferencias de Unión se cristalizó con la llegada de: Gonzalo Morales, Nicolás Orsini, Tiago Banega, Patricio Tanda, Franco Pardo y Nicolás Campisi. Y en ese aspecto, es clave analizar el presente con el que llegó cada jugador para entender por qué el Tate está con la soga al cuello. Respecto de los delanteros, Morales fue el 9 de la reserva de Boca y Orsini fue suplente en el Xeneize, sin ser tenido en cuenta por el entrenador Jorge Almirón. Por su parte, Tanda fue el 5 de la reserva de Racing y Banega fue suplente en Arsenal, equipo que descendió. Mientras que Campisi venía de ser suplente en Huracán y Pardo quedó libre en All Boys.
Cualquiera que sepa un poco de fútbol supo que el mercado de pases estuvo lejos de ser el esperado y a tenor de los jugadores que se vendieron en los últimos meses. Es que en lo que va del 2023 el Tatengue transfirió a Juan Ignacio Nardoni a Racing, a Juan Carlos Portillo a Talleres, a Lucas Esquivel al Atlético Paranaense y a Imanol Machuca a Fortaleza. Aunque todavía falta mucho dinero por recaudar de estas transacciones, está claro que este será un año histórico en cuanto a ventas, y el ingreso en dólares será enorme, todo esto potenciado por la disparada de la moneda extranjera en los últimos meses.
En sus declaraciones, el entrenador mostró un cambio notable con el paso del tiempo. Si en julio enfatizaba la importancia de traer refuerzos que sumaran al equipo, más que incorporaciones que sólo complementaran el plantel. El 26 de agosto, más de un mes después, expresó su satisfacción por las incorporaciones realizadas. Y el 24 de octubre, tras un empate sin goles contra Defensa, utilizó la expresión «somos una reserva mejorada». Claramente, el plantel había sufrido una baja sustancial en jerarquía, calidad y temperamento respecto de la primera parte del año, con las salidas de Santiago Mele, Luciano Aued, Yeison Gordillo, Ezequiel Cañete y Junior Marabel, entre otros.
Luego de la derrota ante Central Córdoba, quiso amortiguar el impacto generado por esa frase, pero desató otra polémica: ¿Unión no quiso o no pudo reforzarse? Lo cierto es que el Kily dijo que fueron a buscar jugadores que no quisieron venir, como consecuencia de priorizar otros destinos, lo que agrava aún más esta situación, porque está claro que vestir la camiseta de Unión no es importante para algunos jugadores, que prefieren otro tipo de desafíos, no sólo económicos sino también deportivos.
Unión había terminado el Torneo de la Liga en una situación comprometida y lo que venía ameritaba mucho esfuerzo y responsabilidad. Pero Spahn y el resto de la comisión directiva no entendió el momento, ni mucho menos lo que estaba en juego. Terminó subestimando el mercado de pases, apostando a la improvisación y al destino. De ninguna manera se buscó achicar el margen de error, al contrario, se hizo todo para generar mayor incertidumbre, conformando un plantel falto de jerarquía y sin el recambio necesario para afrontar una competencia decisiva. Y las consecuencias están a la vista.
En fútbol nunca se pueda dar nada por descontado y está claro que Unión puede mantener la categoría, como así también perderla. Pero más allá de lo que vaya a suceder y antes del desenlace, es bueno tratar de entender los motivos que llevaron al Tate a vivir esta angustiante realidad. Teniendo a mano los recursos para apostar a conformar un equipo más competitivo, Spahn decidió no hacerlo, contradiciendo sus propias palabras. Y es que en mayo y junio, luego de reunirse con la oposición habló de no vender ningún jugador y endeudarse si era necesario para reforzar al plantel.
No pasó ni una cosa ni la otra, Unión siguió desprendiéndose de futbolistas y no se endeudó en nada para traer todos jugadores que llegaron sin cargo. No invirtió cuando debió hacerlo y ese doble discurso se relaciona con el presente deportivo. La falta de ambición y la desidia manifiesta de Spahn dejaron a Unión en manos del destino.
En Unión, la historia vuelve a repetirse. Se repite como una canción del momento. Es siempre la misma. Es un círculo vicioso del que no se puede salir. Se quedan en una rotonda, girando sin sentido, viendo pasar ante sí todas las posibilidades. De vez en cuando, intentan tomar una salida, pero pronto están de nuevo en la rotonda. No progresan y la ambición parece desvanecerse. La situación de Tate se arrastra desde hace años. Actualmente, con una gran responsabilidad por lo que está sucediendo, Kily González y los jugadores que atraviesan esta etapa. Sin embargo, la historia sigue siendo la misma. Muy poco y nada cambió.
No alcanza con tres clasificaciones a competencias internacionales en los últimos cuatro años. El problema de Unión va más allá de la situación actual. Quizás el futuro de González sea incierto, así como el de otros jugadores clave. Pero está demostrado que siempre pasa algo, y si no hay cambios, seguirá pasando. A excepción de la Copa Argentina en 2016, cuando llegó a cuartos de final pero fue derrotado por River, y la clasificación a octavos de final de la Sudamericana en 2022, casi nunca compitió. Es más, sufrió varias derrotas que rozaron el ridículo, como la eliminación ante Sarmiento de Resistencia en 2018, la caída ante Dock Sud en 2020, la derrota ante Barracas Central y la eliminación ante Almagro desde el punto penal, pese a tener una ventaja de dos goles. No obstante, los problemas persisten y la historia se repite. Parece que el conformismo se instala desde el mensaje y la mentalidad, incluso por encima de las cuestiones financieras. Por supuesto, la capacidad también es un factor clave.Cuando tu discurso sugiere que estás entre los cinco equipos del país con los salarios más bajos, estás marcando una pauta. Pero para dar un salto real, hay que centrarse en igualar o superar a los dos clubes más ambiciosos del interior del país.
Con la pandemia del COVID-19 (2020-2021) terminó la gestión de Madelón en Unión. Asumió Juan Manuel Azconzábal y el foco pasó a ser jugar con jóvenes talentos. Surgió el conocido «proyecto» impulsado por la secretaría técnica (Battión-Amut). Por malos resultados Azconzábal dejó el cargo, luego llegó Munúa, pero tanto él como la secretaría técnica se fueron después. Así, Unión quedó bajo la dirección de Sebastián Méndez, en medio de una situación caótica. Cuando Unión estaba en su mejor momento, Gallego decidió irse a Vélez con el 50 por ciento de los puntos ganados. En vez de mejorar la calidad del equipo, la venta de jugadores clave como Gastón González, Juan Ignacio Nardoni y Juan Carlos Portillo (estos dos últimos a pocos días del inicio de un nuevo torneo), la falta de jugadores experimentados y los errores de Munúa llevaron a Unión a luchar por evitar el descenso.

Así llegó el Kily, que una vez más envió un mensaje de poca ambición. Mas allá de su interesante proyecto deportivo de apostar a la juventud, la apuesta de ir por un DT al que le había ido mal en Rosario Central, donde era ídolo, dejó en claro que el objetivo no era posicionarse en los primeros lugares, en un torneo en el que si uno mete tres o cuatro partidos seguidos, prácticamente tiene pie y medio en cuartos de final (basta ver a Independiente, que desde que asumió Tévez nadie hablaba de descenso y ahora está segundo con 23). Lo de González es la punta del iceberg. Unión está obligado a ganar porque es un club histórico de Primera División. Y es ahí donde el mandamás rojiblanco se confundió. Una confusión de la que Spahn es responsable cuando repite una y otra vez que el objetivo es tener un plan de obras, mejoras estructurales y no darle bola al fútbol de primera División. Un discurso que carece de ambición. Algún día, Spahn tendrá que entender, en estos dos años de mandato que le quedan, que no es un gasto el fútbol, sino una inversión.
Hoy Spahn se conforma con no clasificar a competencias internacionales para no pagar premios extras. Quizás desde ahí se pueda explicar por qué siempre falta algo o las razones por las que no dio el salto. Mucho más allá de los entrenadores, los referentes o los refuerzos, el discurso desde la cabeza principal carece de ambición. También las actuaciones fallidas en momentos importantes o con contrataciones o renovaciones que también mandan un mensaje. Si se quiere dar el salto, lo primero es cambiar la cabeza, la mentalidad. Hay que pensar en grande y transmitir ese mensaje. Aceptar responsabilidades y obligaciones, sin miedo. Desear ser el mejor y buscar eso, no aspirar a ser el tercero.. Y el que no esté preparado para eso, sea entrenador, jugador o directivo, ya sabe dónde está la puerta.
El partido
Dice un viejo axioma futbolístico que todo equipo debe tener una columna vertebral: 1, 2, 5 y 9, dicen los que saben. Pero sucede que llega Unión y pone en jaque el último término de la ecuación. No tiene un «9», sino dos, y ninguno de ellos es capaz de hacerle un gol al arcoiris. Están muy lejos de eso. La actuación de Nicolás Orsini es muy pobre al igual que la de Dómina (entró en el segundo tiempo), y por eso, en contextos favorables, Unión no puede marcar por la impericia de sus centrodelanteros. Hoy no cambia la fórmula si juega el experimentado o el juvenil. Pareciera ser lo mismo. Como si fuera una moneda al aire.
Cuando durante la semana se barajó la posibilidad de un cambio de esquema, el Kily ratificó la misma línea de 5. Cabe recordar que la semana pasada bajo el agua (llovió casi todo el tiempo) restó minutos reales de pruebas y ensayos. De todas formas, con el 5-3-2, quería que Del Blanco -en reemplazo de Banega- en la mitad de la cancha tuviera más control sobre el sector central, dictando el ritmo del partido, manteniendo la posesión de la pelota y estableciendo el juego ofensivo. Por otra parte, le dio la posibilidad de encargarse de distribuir el balón y crear ocasiones, ya que al estar situado como una especie de doble cinco, tiene más visión de campo. Con Mosqueira volcado a la derecha, trató de tener más despliegue y buen pie (en inferiores jugó en esa posición). Por izquierda, Luna Diale y los arranques con pelota dominada, siempre y cuando colaborando cuando Unión perdía la pelota. Y arriba, los dos 9 para finalizar las jugadas.
El término mediocre procede del latín mediocris que significa «medio» o «común». Etimológicamente se compone de la palabra medius que expresa «medio o intermedio» y ocris que significa «montaña o peñasco escarpado», por lo que indica algo o alguien que se queda a medio camino, siendo la cima de la montaña el destino final. Mediocre es un adjetivo que se utiliza para indicar algo de poco valor o algo hecho con el mínimo esfuerzo como, por ejemplo, la expresión amor mediocre indica una forma de amor que no vale nada pero que aún así se empeña en llamarlo amor para indicar que existe una relación amorosa. La palabra mediocre, utilizada para describir a una persona, es peyorativa, ya que indica que la persona no posee aptitudes o intelecto. Dentro del catolicismo, la palabra mediocre se utiliza para indicar a aquellos fieles que no practican ni obedecen las enseñanzas de esa religión. El término mediocre se utiliza como sinónimo de: mezquino, mediocre, vulgar y común.
En el ámbito del querer, todo es posible. Es muy fácil que un niño se siente y escriba una carta pidiendo a los Reyes Magos el mejor regalo -mantener a Unión en Primera-. Pero no hay duda de que la situación económica de los padres será decisiva para complacer o no la petición de sus herederos. Lo cierto es que siempre hay un desfase entre lo que se quiere y lo que se puede permitir, que suele ser inevitable en tiempo de crisis. Con esta sencilla línea argumental es posible ilustrar las grandes dificultades que tendrá Unión para conseguir esos seis puntos que quiere y necesita para permanecer en la elite del fútbol argentino, campeón del mundo.
Como siempre que Unión tiene que salir a jugar de local, sale con la misma intensidad. Y esa intensidad, esa energía dura entre 5 o 10 minutos. Algunas veces puede durar más, otras menos, luego decae. El querer no siempre es poder. Unión avanzó, pero no atacó. Se jugó el primer tiempo más en el arco de Acosta que en el de Moyano, aunque la necesidad los llevó a eso. Y es que en el campo del deseo todo es factible. Hasta que llegue el momento de concretar uno de esos deseos para no sucumbir ante la impotencia. Y aparece la realidad en toda su dimensión y presenta dos preguntas de complicada respuesta: ¿Cómo? ¿Con qué?

Por momentos, Lanús se replegó más de lo necesario. Se extralimitó mucho del pelotazo largo sin sentido. Cuando tenían la posesión del balón, y la pelota pasaba por De La Vega, Boggio, Fernández, algunos de los jugadores de buen pie que tiene el Granate, lo complicaron. En esa primera etapa, Unión no tuvo una idea de ataque. Lo poco de fútbol que tuvo el equipo de la Avendia lo hizo Zenón, que no tuvo referencia en la cancha. Apareció por derecha, por izquierda. En ocasiones suelto como una especie de jugador enganche. No lograba desequilibrar en ataque Luna Diale, y todos los pases filtrados, entre líneas eran siempre despejados por Lema, la figura de Lanús en todo el partido. Siempre las únicas vías de ataque del Tate fueron a través de pelotazos horizontales para que Orsini y Morales cabecearan, pero no hubo chances. Poco de Vera por la banda derecha, no aportó el factor sorpresa, no pasó bien al ataque y Lanús siempre prefirió atacar por ese lado, donde tuvo que ser relevado por Paz o por momentos Mosqueira para bajar a Mosqueira y reordenar el equipo.
Segundo tiempo
Ni el Kily González ni Zielinski decidieron hacer cambios para encarar los segundos cuarenta y cinco minutos. Por lo menos para mí, con el correr de los años, me di cuenta que a Unión le faltan jugadores inteligentes para encarar la lucha contra el descenso desde hace mucho tiempo. El ejemplo claro era Orsini. Un delantero con más de 200 partidos en Primera, que caía constantemente en posición de offside cuando Unión intentaba avanzar de mitad de cancha hacia adelante. Además, pierde en los duelos individuales con los centrales. Con estas dificultades, a Unión se le hace muy difícil ganar un partido en el que ni siquiera logró patear al arco durante 60 minutos. Es importante destacar que Lanús se quedó sin algunas de sus figuras, como Acosta, Sand, entre otros.
Unión demostró una pasividad alarmante. Los volantes no generaban juego, los delanteros no presionaban la salida de Lanús y en contra partida, perdía rápidamente la pelota en la mitad de la cancha, como sacándosela de encima. Esto quedó en evidencia en varias ocasiones, dejando entrever que Acosta tenía deficiencias en su juego con los pies. Por otra parte, la actuación de Lanús tampoco fue apabullante. Conservó la posesión de la pelota sin problemas, realizando toques intrascendentes en el mediocampo. El técnico, a pesar de ser considerado por muchos periodistas como un entrenador defensivo, implementó un cambio táctico. Arriesgó con Boggio, uno de los mejores del primer tiempo, por el delantero Augusto Lotti, modificando de un 4-2-3-1 a un flexible 4-3-3.
No se quedó atrás el DT tatengue y entendió que debía arriesgar. Era el momento. Plata o mierda. Paz afuera y Dómina adentro. Otra modificación táctica. Porque con el 4-3-3 buscó tener más amplitud en el juego. Al ocupar los tres delanteros posiciones más adelantadas, intentó estirar la defensa Granate y crear espacios en el sector central. Además, proporcionó múltiples opciones de ataque, ya que los delanteros y los volantes ofensivos podían combinarse en triangulaciones y desmarques. Ello facilitaba la creación de ocasiones de gol.
El encuentro entró en un terreno sumamente peligroso para Unión, ya que por un lado fue la búsqueda del arco rival plagada de nervios, desorden y una absoluta falta de ideas. Por otro, luchaba en su propio campo con un equipo que tenía mucha gente para atacar. La imagen de Unión era la de un equipo maniatado, urgido e impotente, que no daba abasto con la vergüenza deportiva de algunos que empujaban desde atrás (Calderón y Corvalán).
Cerca de los 19 minutos de juego, el partido se detuvo unos minutos porque algunos integrantes de la barrabrava decidieron interrumpir el juego sentándose encima del alambrado. Los futbolistas, entre ellos el propio Kily González, se acercaron para pedirles que se retiraran y así poder reanudar el partido. La atmósfera en el Estadio 15 de Abril se estaba volviendo muy tensa. Era difícil explicar el miedo y la ansiedad que se vivía en el campo. Eso se transfirió rápidamente a los jugadores. Dio la sensación de que Unión se dio cuenta demasiado tarde de la necesidad de intentarlo desde larga distancia. En el clima hostil de Santa Fe, seguía presionando y buscando acorralar al equipo de Zielinski con centros en los últimos metros.
Tanto en el fútbol como en la vida, nada es casualidad. Además de pelear contra otros tres equipos, el once del Kily luchó contra su propio ADN en la larga temporada. 1) Entre los 28 equipos que juegan la temporada del fútbol argentino, Unión es el que menos ganó: sólo 8 victorias en 38 partidos. 2) Entre los 28 equipos que juegan la temporada del fútbol argentino, Unión es (junto con el descendido Viaducto) el que más le cuesta hacer goles: En 38 partidos, 27 goles.
Sin embargo, a los 42′ llegó la más clara de todas. Una buena jugada de Zenón, desborde de Domina por izquierda, centro para Morales, el Toro recibió a la derecha del área y pateó al arco con mucha potencia, pero no pudo darle dirección a la pelota y ésta fue al cuerpo del arquero de Lanús, que la mandó al córner. Así terminó Unión. Presionando, metiendo centros, jugándose la vida con cada pelota pero sin precisión, sin claridad y también sin suerte. Así lo entendió la gente. Olvidaron los insultos a la dirigencia (que los hubo y en varios momentos de los 90 minutos), primero hubo algunos silbidos y luego llegaron los aplausos. El público apreció el compromiso y el fervor. Ellos saben que este es un equipo con limitaciones, que en esta circunstancia extrema de jugar bajo presión extrema no logran algo fundamental en el fútbol, que es jugar libres de esas ataduras y nervios que exponen los defectos de cualquier equipo.
El fútbol, a la corta o a la larga, siempre pone a cada uno en su lugar. El final de campeonato le da un baño de realidad al Tate. Deberá entender que hacer siempre lo mismo nunca puede llevar a resultados distintos. Es más viejo que el portón de 1907.
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