Surgido en Colón de Santa Fe, donde también jugó su padre Angel; Juan Manuel Leroyer comenzó su travesía en el fútbol en el 2012 tras pasar de la reserva del Sabalero a la de Unión: «Entrené algunas veces en la primera con Mohamed pero encima estaban Goux, Garce o Alexis Ferrero. Se tenían que bajar varios para poder estar. Cuando llegó Gamboa me comentaron que iba a ir a la pretemporada, pero al final no y por eso me terminé yendo«, y eligió el Tatengue. Ahí estuvo solo un puñado de meses y con 19 años decidió dar el salto al ascenso de Ecuador.
Si bien la idea inicial de la entrevista a Juan Manuel Leroyer era hablar sobres sus experiencias en el extranjero y seguir conociendo las vivencias de los argentinos en el exterior, es inevitable realizar este apartado para recordar una insólita experiencia que tuvo en el fútbol argentino; más precisamente en Mandiyú de Corrientes.
Al defensor santafesino le tocó vivir un momento realmente insólito. Según relató en una entrevista con Bolavip Argentina, el plantel de Mandiyú recibió una visita no tan especial cuando jugaba los playoffs para ascender del Argentino A a la B Nacional: «Jugamos algunos partidos mal y nos vino a apretar la barra. Nos terminamos agarrando a trompadas», comentó recordando un momento totalmente increíble.
Una situación en la previa a un partido en la que «más o menos doce personas» fueron a presionar al plantel sin mucho éxito: «nosotros éramos entre 18 y 20, los concentrados, y terminaron huyendo». Todo esto después de recibir algunos ladrillazos por parte de los hinchas.
Una acción que según Leroyer «estaba armadita» ya que los barras de Mandiyú «tenían algunos permisos especiales». Además, algunas semanas después y como el equipo quedó eliminado un mes antes de finalizar los contratos, los jugadores recibieron nuevamente la visita de los barras pero en sus casas.
En un hecho sin precedentes, al menos en los tiempos modernos, la dirigencia mandó a que le roben a los jugadores: «Como teníamos cheques por cinco meses, pero quedamos afuera al quinto, la presidencia mandó a la barra para que nos robe los pagos en nuestros departamentos«, comentó Juan Manuel sin todavía creerlo del todo.
Este momento de locura llevó a los jugadores a huir por las ventanas de las habitaciones para poder quedarse con su dinero: «golpeaba y derribaban las puertas, todo mal«, soltó uno de los exceptuados ya que desde el club querían que continúe.
Pese a todo esto, Juan Manuel también se llevó cosas de Mandiyú: «Era increíble el apoyo de la gente. Jugamos partidos con casi 25 mil personas en el estadio», recordó impresionado por la representación y el amor por los colores que rige en el interior del fútbol argentino.

Un tiempo después, Leroyer dejó el equipo correntino y conoció el país de Guatemala, que lo acoge hoy en día y en el cual ya tuvo tres equipos: «En cuanto a la economía, es de los más correctos, pagan siempre, pero el problema es la infraestructura. Hay canchas que son un desastre», comentó con una cara que denota la veracidad de sus dichos.
Además, y siguiendo en esta línea, Juan Manuel comenta que, durante su paso por Deportivo Malacateco, jugaban en un césped tan gastado que los rivales escracharon al equipo por las redes sociales criticando las condiciones de juego.
Habiendo defendido la camiseta del Honduras Progreso y de Platense, el defensor encuentra en Honduras «un fútbol muy competitivo, pero en donde solo podes estar tranquilo en cuatro equipos». Vale destacar que con Progreso le peleó mano a mano el título al Olimpia de Pedro Troglio.
Leroyer, un verdadero «trotamundos» del continente, también defendió los colores de San José de Oruro en Bolivia y Ayacucho y Atlético Braun en Perú
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