Por Darío Fiori
Cuando la emergencia y sus temblores se instalan, es difícil desalojarlos. Las oscilaciones del estado de ánimo crean nuevos escenarios casi en un abrir y cerrar de ojos. Jugadores de fútbol que impresionan como leones y ronronean como gatitos un día después. ¿Se les olvidó jugar? No, los aplastó la presión. La carga psicológica los asfixia. Perder les arrincona porque no aprieta el botón de la rebeldía. Salir adelante les hace sentirse acomplejados, así que renuncian a su ambición y aceptan ser sometidos. El resultado parcial deforma la personalidad de los equipos de un momento a otro. Diego Fernando Latorre lo dijo en su momento: «Faltan líderes, faltan hombres que se atrevan a sacar al equipo del fondo».
Colón no tiene capacidad de reaccionar. Saltó al Estadio Humberto Grondona, comprendiendo que se jugaba una final más luego de lo que había sido hace unos días atrás en el Barrio Centenario ante Tigre, volvió a mostrar las mismas falencias en las áreas, y Arsenal que tiene mucho menos plantel, lo ganó simplemente por un solo concepto: actitud.
Cuando uno obtiene un éxito rutilante, generalmente se halla entre dos caminos: 1) el primero, que yo considero erróneo es “dormirse en los laureles” con la tranquilidad de haber logrado algo importante. 2) al cual yo adhiero es utilizar dicho éxito como punto de partida, como combustible para aumentar la corta brecha que poseía a su favor ante el último de la tabla del descenso frente a Huracán. Pero Colón tiene la falta de convicción de los equipos que están yéndose al descenso. Hay una resignación a la hora de atacar, que se nota en el arranque de las jugadas. Eso es mental, además del técnico. La única verdad es la realidad. El sabalero jugó por nada ante Arsenal, más allá de solo tres puntos.
¿Hasta cuándo resistirá la tormenta en Colón? Colón se encuentra en una encrucijada, y la figura del entrenador Néstor Raúl Gorosito es el epicentro de las incertidumbres y desafíos que acechan al equipo. Con un contrato vigente hasta diciembre de 2023, la situación plantea un dilema para los dirigentes del club: ¿qué hacer con Pipo? El cierre del semestre para el equipo del Barrio Centenario fue pésimo. Dos técnicos sentados en un año, la partida de elemntos titulares clave y un rendimiento futbolístico paupérrimo lo metieron en una crisis deportivo. Ocupar la posición 26 de 28 equipos en un torneo tan limitado, donde el campeón aventajó al segundo por 12 puntos, es una señal inquietante que no puede pasar desapercibida.
El presente de Colón es preocupante, y gran parte de esa responsabilidad recae en los hombros del director técnico, Néstor Raúl Gorosito. La falta de una idea de juego clara, los planteos erróneos y la incapacidad para corregir el rumbo durante los partidos dejaron al equipo a la deriva, vulnerable ante todos los rivales posibles.
El plantel también debe asumir su responsabilidad. El mercado de pases no fue el más acertado y que algunos jugadores han dejado el club, la realidad indica que el conjunto sabalero cuenta con elementos de calidad que deberían situarlo en una mejor posición en la tabla. La ausencia de un líder que tome las riendas en los momentos difíciles fue notoria, y eso dejó al equipo sin esa chispa de rebeldía necesaria para dar vuelta situaciones adversas.
Es fundamental evitar buscar chivos expiatorios y caer en excusas para justificar el bajo rendimiento. Si bien es cierto que Colón enfrenta dificultades, otros equipos con planteles más modestos consiguieron posicionarse de manera más favorable en la tabla, lo que demuestra que la capacidad está presente, pero debe ser canalizada de manera efectiva.
La pregunta que surge es inevitable: ¿a qué juega Colón? La falta de una línea de juego definida fue evidente. No por la derrota de hoy, sino desde hace 23 partidos. Es un conjunto de individualidades en lugar de una unidad cohesionada y trabajada. Cuando los jugadores están más o menos en su día, pueden mostrar un mejor rendimiento, pero cuando no lo están, el desempeño se desploma, y está a la vista de todos. Hace falta una estructura sólida.
Hasta el momento, el paso de Gorosito fue decepcionante. Los números hablan por sí mismos: 5 victorias, 12 empates y 7 derrotas en 24 partidos dirigidos. La eficacia del 37% deja en claro que, a cinco meses de su llegada, no colmó las expectativas iniciales y no logró mantener un funcionamiento sostenido en el tiempo.
Es cierto que el tiempo corre y que el mercado de pases no fue el más favorable, pero esto no exime de la necesidad de encontrar una idea de juego definida y trabajar en la cohesión del equipo. Néstor Raúl Gorosito tiene una trayectoria que lo respalda, pero su experiencia no puede ser la única carta bajo la manga. La continuidad del proyecto debe ser revaluada en base a resultados y rendimiento.
El futuro de Colón está en juego, y los dirigentes deben tomar decisiones valientes y con visión a largo plazo. La permanencia de Gorosito no puede ser una decisión inamovible si no se ven cambios concretos en el equipo. La pasión de los hinchas, la historia del club y el deseo de superación exigen una reflexión profunda y una apuesta firme por un cambio que revitalice al equipo.
Hablando más en sí del partido, Gorosito tomó una decisión arriesgada al apostar por Nardelli en la titularidad. Además, cambió el sistema táctico a bordo de un 5-3-2 con el objetivo de fortalecer la defensa y tener equilibrio. Incluyó a Picco y Moreyra en la mitad de la cancha, junto con Pierotti y Benítez. Su intención fue brindar un poquito de solidez defensiva, cerrando espacios y mejorando la contención en el sector central.
Con tres defensores centrales (Garcés-Goltz-Nardelli) y dos laterales (Meza y Delgado), Gorosito buscó cubrir mejor el ancho de la cancha. El primer cuarto de hora fue un reflejo de lo que muchos esperaban en la previa: un partido intenso, luchado y con mucha fricción. Desde el inicio, ambos equipos demostraron una voluntad férrea de no ceder espacios y se presionaron mutuamente en cada sector del campo de juego. Lo positivo de Colón en otro primer tiempo para el olvido, fue la actitud que había llevado a cabo. Estaba dispuesto a no dejarse avasallar por el elenco de Federico Vilar. Si bien la lucha y el empuje estaban presentes, el juego fluido brillaba por su ausencia. Hubo una falta de creatividad y escasez de chances de gol, lo que llevó a que la mayoría del partido se disputara en la mitad de la cancha.
Un aspecto que generó preocupación en Colón fue su dificultad para marcar por el sector izquierdo, donde defendía Delgado. En reiteradas ocasiones, Arsenal explotó esta vulnerabilidad y logró enviar centros peligrosos al área. Uno de esos centros terminó en un intento de rechazo de Goltz, quien perdió la marca en el área chica otorgó el 1-0. A partir de ese momento, el dominio del balón empezó a inclinarse en favor de Arsenal con Brian Rivero como estandarte, que encontró en la espalda de Delgado un punto débil para progresar en el campo. Aunque Arsenal no mostraba un juego espectacular, poco a poco fue tomando las riendas del partido y se mostraba más sólido en su accionar que el conjunto de Gorosito.
Ese primer tiempo fue el reflejo de una temporada plagada de dificultades y desaciertos. Ante un panorama desalentador, Gorosito realizó dos cambios y modificó el esquema táctico para intentar una reacción que parecía esquiva. Aunque la mejoría se vislumbró en el inicio del segundo tiempo, el equipo no pudo evitar la derrota ante un Arsenal que supo aprovechar sus oportunidades. La mejoría fue apenas un espejismo. Lo único bueno para destacar fue el esfuerzo individual de algunos jugadores como Silva y Galván, intentando remates desde afuera del área, ante una defensa de Arsenal que se replegó, apostó por un contraataque y no dejó espacios.
Colón evidenció una clara falta de profundidad en su juego y dependió en gran medida de acciones individuales. Arsenal supo aprovechar los espacios que dejó el equipo sabalero y generó ocasiones de gol que, afortunadamente para ellos, no terminaron en el fondo de la red gracias a las intervenciones defensivas oportunas de Colón.
El gol de Pons en el último minuto de descuento fue un duro golpe para el equipo, que había buscado resistir hasta el final, pero no pudo evitar la pena máxima que sentenció el resultado. Esta temporada fue un calvario para Colón, y es evidente que se necesita una reinvención urgente para evitar futuras campañas tan decepcionantes como esta. Gorosito tiene un desafío por delante: encontrar la fórmula que permita al equipo recuperar la confianza y volver a ser competitivo.
Se deben tomar decisiones acertadas, reforzar el plantel en las posiciones que lo requieran y trabajar en una estrategia que potencie el juego colectivo y el trabajo en equipo. La identidad y la actitud son fundamentales para el éxito de cualquier equipo, y Colón debe encontrar la suya para salir adelante.
A pesar de los obstáculos y las dificultades, este es el momento para una reflexión profunda y una reestructuración que encamine al equipo hacia un futuro más alentador. Si bien el camino no será fácil, con trabajo, dedicación y un liderazgo sólido, Colón puede dejar atrás esta etapa oscura y volver a brillar en la Copa de la Liga, donde no hace falta explicar porque el Sabalero ama este formato.
Bajo la lupa
Si bien la gente se va a quedar con la imagen del final con el penal que cometió sobre el final y la poca resistencia que opuso cuando ejecutó desde los doce pasos Facundo Pons, Chicco (5) fue el menos responsable de la derrota. En el primer tiempo se convirtió en el salvador de su equipo al detener un mano a mano tras un error defensivo. Cuando el marcador se encontraba 1-0 en contra, Meza cometió una falla inexplicable que dejó a Toloza frente al arco rival. En ese momento crucial, el arquero cordobés mostró su temple y detuvo el remate, que hubiera profundizado el pésimo momento que vive Colón. A lo largo del partido, también se mostró seguro en el juego aéreo aplicando algunos rechazos con los puños. Le ahogó el grito de gol a Brochero. Le tapó un buen remate a Guzmán por izquierda. Si bien es innegable que el penal cometido sobre el final y su falta de resistencia en la ejecución de Facundo Pons dejaron un sabor amargo, sería injusto culpar únicamente a Chicco por la derrota. Una vez que finalizó el partido, se conoció que la dirigencia de Colón busca un arquero para la Copa de La Liga.
Fue desconcertante lo de Meza (3). Perdió la disputa de la pelota con Santiago Toloza, y en lugar de reaccionar rápidamente para recuperarla, se quedó protestando y levantando la mano al aire sin ninguna justificación aparente. Esta falta de compromiso permitió que Toloza quede mano a mano y casi convierta el 2-0 para Arsenal, una situación que habría sido merecida dado el bajo rendimiento de los santafesinos en esos cuarenta y cinco minutos. Posteriormente, protagonizó otra jugada desafortunada al intentar controlar una pelota en el sector derecho, pero la dejó pasar entre sus piernas, lo que terminó en un lateral a favor de Arsenal. La decisión del cuerpo técnico de no hacerlo salir a jugar el segundo tiempo fue una clara señal de la insatisfacción con su rendimiento. Colón necesita jugadores que den lo mejor de sí mismos en cada oportunidad, y Meza tendrá que demostrar que puede estar a la altura de las exigencias si desea mantenerse en el once titular. De lo contrario, es probable que se busque una alternativa más confiable y comprometida para esa posición crucial en el equipo.
Nardelli (4) es un jugador que deja entrever ciertas dificultades en el manejo de la pelota, lo que se tradujo en un rendimiento irregular durante los encuentros. Si bien ha mostrado algunos cierres interesantes, principalmente en la segunda mitad de los partidos, no se puede ignorar su falta de solidez en ciertos aspectos del juego. El control, pase y conducción son aspectos esenciales para cualquier central.
Goltz (2) vivió una tarde para olvidar. Estuvo muy por debajo de las expectativas y lejos del nivel que se esperaría de un jugador de su experiencia y trayectoria. Desde el enfrentamiento con Independiente, no se veía al ex Boca y Gimnasia de La Plata con un desempeño tan malo como el que presenciamos en el último encuentro. Sufrió especialmente frente al delantero Lodoño, quien lo superó en el juego aéreo una y otra vez, anticipándose en cada disputa. La tarde negra continuó cuando, en un intento de despeje, la mala fortuna lo llevó a enviar el balón al fondo de su propio arco, otorgando el 1-0 a favor de Arsenal. Un gol en contra que no solo afectó el resultado, sino que también mermó la confianza del equipo y dejó al defensor sumido en la autocrítica. En el inicio del segundo tiempo, intentó ser salida desde el fondo, pero su entrega imprecisa a Lodoño generó otra oportunidad peligrosa para el conjunto rival. Afortunadamente, en esa ocasión, el disparo de larga distancia del colombiano se fue por encima del travesaño.
Garcés (5) fue un ejemplo una vez más que su compromiso con el juego va más allá de las ofertas económicas y que su prioridad es mantener sus valores y principios en el fútbol. Al rechazar el ofrecimiento de Vélez, dejó en claro que su objetivo principal es jugar en el exterior y que no estaría dispuesto a «ayudar» a un rival directo en la lucha por mantener la categoría. Esta decisión habla de su ética y de su pasión por el deporte, algo que merece reconocimiento y admiración. En cuanto al partido de hoy, fue el único punto destacado en una defensa que, en líneas generales, no brindó seguridad en ningún momento. Desde el inicio del encuentro, se mostró aguerrido, sabiendo que una tarjeta amarilla condicionaría su actuación durante el resto del partido. Sin embargo, eso no le impidió desplegar su juego y estar firme en la marca, especialmente contra Pons, quien encontró en él un obstáculo difícil de sortear. Firme en el mano a mano y en el juego aéreo. Si bien los minutos finales del encuentro estuvieron marcados por la imprecisión generalizada del equipo, es importante destacar que el joven defensor mostró una actitud luchadora hasta el final. A pesar de las dificultades, no bajó los brazos y buscó mantener su rendimiento en un partido complicado.
En el fútbol, es común escuchar el refrán «la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer», y parece que esta frase se aplica perfectamente a la situación de Delgado (2). Pese a que el defensor es un jugador con experiencia y habilidades en su posición natural (marcador central), que Gorosito lo haya puesto como carrilero por izquierda fue un error táctico que quedó evidenciado en el campo de juego. Es verdad que en el Colón campeón su desempeño fue muy bueno, pero utilizarlo en esa posición implica un desgaste físico mayor al que ya no está acostumbrado, y esto se vio reflejado en el partido. Durante el primer tiempo, sufrió con las proyecciones de Souto y el buen pie de Rivero, quienes encontraron espacios y vulnerabilidades por su sector. El gol de Arsenal llegó precisamente por esa banda, dejando al descubierto la dificultad para cumplir con esa función específica. Se lo vio desbordado y superado en varios momentos del encuentro, y su rendimiento en esa posición fue cuestionable. Sorprende aún más que el jugador haya disputado los 90 minutos completos, considerando las dificultades que presentó en su función de carrilero.
El tridente ofensivo de Arsenal, compuesto por Rivero, Muscia y Toloza, le complicó la vida a Picco (3) a lo largo de todo el encuentro. Se mostró lento en el traslado del balón. Facilitó que los rivales lo anticiparan constantemente y le ganaran en la disputa por la posesión. Dio ventajas en la marca y cometió varias infracciones. Los volantes del Arse encontraron espacios por detrás de su espalda. Por su parte, Moreyra (3) pasó desapercibido, jugando solo el primer tiempo en una actuación en la que el equipo fue ampliamente superado por Arsenal. No tuvo participación en la recuperación del balón y tampoco pudo contribuir en funciones de ataque. La superioridad mostrada por Arsenal durante la primera mitad del encuentro limitó las oportunidades del chico para destacar en el campo de juego. La falta de presencia en la zona media y la falta de conexión con el resto del equipo dejaron al mediocampista sin incidencia en el desarrollo del partido. En un juego en el que Colón necesitaba una respuesta colectiva para hacer frente a la presión rival, la actuación desapercibida de Moreyra fue un reflejo del bajo rendimiento general del equipo.
Galván (4) entre chispazos y desencantos. Sigue buscando su lugar en el equipo, pero hasta el momento no logró aprovechar completamente las oportunidades que se le han presentado. Ante Arsenal, se observó momentos en los que mostró su habilidad y destreza, recibiendo el balón detrás de la mitad de la cancha y tratando de aportar cambios de ritmo y desequilibrio. Se cansaron de bajarlo con falta. Sin embargo, al igual que en encuentros anteriores, estos chispazos de talento fueron efímeros y se desvanecieron rápidamente. El ex River demostró tener una gambeta corta interesante y capacidad para generar ocasiones desde afuera del área, como lo llevó a cabo con su remate que se fue cerca del palo derecho de Medina, pero estos destellos de calidad no son suficiente para mantener un ritmo de juego productivo.
Las ganas, el despliegue, pero el poco impacto de Pierotti (4). Desde el comienzo del encuentro, corrió incansablemente por la banda derecha, intentando aguantar la pelota y conectar con sus compañeros, especialmente con Jorge Benítez. Careció de falta de espacios para desnivelar en ataque. Se le reconoce su insistencia y voluntad en el juego. A pesar de pelear en soledad por cada balón arriba y luchar por ganar cada disputa, las oportunidades de generar ocasiones de gol fueron escasas. Es evidente que el «Gringo» es un jugador que se esfuerza al máximo en cada partido y que no se da por vencido fácilmente, pero en esta ocasión, sus esfuerzos no fueron suficientes para acumular méritos destacables. Quizás la falta de acompañamiento y opciones en ataque limitaron su capacidad para brillar en el campo de juego.
Y, por último, la voluntad incansable de Benítez (3) para buscar la pelota y generar algunas infracciones en la mitad de la cancha es digna de reconocimiento. Su generosidad y entrega son cualidades valiosas en un delantero, pero en la tarde de Sarandí quedó claro que no estaba donde realmente debía estar: la referencia del área. El delantero del Sabalero se involucró en el juego, intentó conectar con sus compañeros y buscar espacios para generar peligro en el arco defendido por Medina. Apenas un leve remate que controló el 1 del Arse en el primer tiempo.
En el fútbol, a veces es necesario dar un golpe de timón para intentar cambiar el rumbo de un partido que parece perdido. Y eso fue precisamente lo que hizo Gorosito al cambiar el sistema táctico de su equipo en busca de un poco más de fútbol. Después de un primer tiempo decepcionante, el entrenador sabía que no podían seguir por el mismo camino y decidió arriesgar con una nueva estrategia. El ingreso de Silva (6), el joven proveniente de la reserva de River le cambió la cara. Su tiro libre, que estuvo a centímetros de convertirse en gol, exhibió que tenía la calidad y la determinación para buscar el arco de enfrente. Además, su dinámica, gambeta y manejo de balón le dieron un impulso al medio campo. Se hizo cargo de las pelotas detenidas. Enganchó hacia dentro donde había más gente de Colón para la marca y terminó cometiendo una infracción en la mitad de la cancha. El cambio táctico permitió una mayor predisposición para intentar un cambio de actitud. Aunque el resultado final no fue el esperado, al menos se pudo observar un esfuerzo por generar un juego más dinámico y ofensivo, algo que había estado ausente en el primer tiempo.
Arrúa (5) también tuvo un aporte importante con un gran pase a Troncoso, dejándolo mano a mano con el arquero. Aunque la definición no fue precisa, la oportunidad generada demostró que el cambio táctico estaba surtiendo efecto en el ataque del equipo. Troncoso (5) por su parte, fue protagonista de la situación más clara de todo el partido para Colón. Sin embargo, su remate impreciso y con poca fuerza no logró llegar al arco. A pesar de su esfuerzo y determinación, la falta de precisión en la definición fue un factor determinante en el resultado final.
Por otro lado, Ábila (3) terminó siendo el goleador de Colón con seis tantos, pero su nivel está lejos de lo que puede dar. Es un jugador al que le falta confianza. Está claro que el delantero necesita encontrar su mejor versión y recuperar su instinto goleador para ponerlo al servicio del equipo. Fue anticipado por los marcadores centrales de Arsenal y no marcó la diferencia. La quinta modificación realizada por Gorosito, ingresando a Gonzalvez (-) buscaba evitar la derrota, pero ya para ese momento la producción futbolística era preocupante y el equipo no lograba revertir la imagen del primer tiempo.
Néstor Raúl Gorosito DT (3): Su gestión como DT estuvo marcada por errores y cuestionamientos inentendibles. La falta de una estrategia clara, las decisiones tácticas confusas y la falta de motivación en el equipo han llevado al club a un nivel de juego preocupante y poco digno. Si bien es cierto que el plantel puede tener limitaciones, el rendimiento futbolístico es responsabilidad del entrenador, y Gorosito no supo aprovechar al máximo los recursos disponibles.
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