Ganó Newell’s. Y no es poca cosa. Porque el partido contra Independiente, en la previa, era para temblar: la visita al Coloso con carteles de reprobación por todos lados, las críticas a los jugadores y dirigentes en su punto máximo, y la presión de que, si no se sacaba un buen resultado, la historia podía ser distinta. Pero el rojinegro, con todo lo que tenía a favor y en contra, terminó dándole vuelta la historia, metiendo un 2 a 1 que cortó una racha de seis partidos sin ganar y que vino como anillo al dedo para que Mariano Soso, que vio desde el palco la primera muestra de lo que podría ser una transformación, además de ser el broche perfecto para el homenaje a Diego Maradona, que puso un toque especial la noche.
¿Y por qué ganó Newell’s? Bueno, algunos dicen que fue el aura de Diego, que estuvo presente en cada rincón del Coloso: el homenaje en la previa, la camiseta de la 10, ahí, cerca del banco de suplentes, como una especie de presencia que inspiró a los jugadores. Y si nos ponemos un poco místicos, no sería descabellado pensar que, de alguna manera, el espíritu del Diez se metió en la jugada del gol de Banega, ese penal tan caliente y tan temprano, que el pibe ejecutó con una calma y jerarquía que sólo un jugador de su calidad puede tener en esos momentos de tensión. Y después, podría ser que alguien haya empujado esa pelota que rebotó en Juan Manuel García, metiéndola rápido detrás de la línea antes del manotazo de Rodrigo Rey. Y si fue así, que ´lindo sería pensar que Diego estuvo mirando, y que esa pelota entró por él, ¿no?
Ahora, si nos olvidamos un poco de las energías cósmicas y vamos por lo más racional, la explicación del triunfo pasa por la presencia de Mariano Soso. El nuevo DT estaba en el palco, mirando con atención cómo sus jugadores reaccionaban ante una situación límite. Los futbolistas sabían que este partido era clave, que un buen rendimiento podía sumarles puntos para ganarse la confianza del entrenador y mejorar la imagen del equipo. Y esta vez se notó otra actitud, algo completamente distinto a esos seis partidos sin victorias. Había más concentración, más ganas de pelearla. Y, sobre todo, se vio una mejoría defensiva, con un Velázquez más seguro y un Salcedo que tuvo un partidazo. Ni hablar de las atajadas de Hoyos, que estuvo gigante frente a tres disparos que si no fuera por él, terminarían en gol. Y adelante, Silvetti, el pibe, fue una máquina, con Banega, Juanchón y Miljevic siendo un apoyo constante.
Casualidad o causalidad, Newell’s mostró otra cara, y poco a poco los aplausos fueron reemplazando a los silbidos y los reproches. No es que el hincha se olvide de todo lo que pasó antes, ni de un año entero de frustraciones, pero una actuación como la de hoy hizo que, al menos por un rato, la bronca se guardara y la sonrisa volviera a asomar entre los hinchas. Al fin y al cabo, en la vida del hincha leproso, estas pequeñas alegrías también cuentan, aunque sea por un rato. Obviamente, no podía faltar el suspenso al final. Porque, como suele pasar, Newell’s no puede tener una noche tranquila. Se lesionó Hoyos, entró el resistido Macagno, y encima Merlos nos regaló diez minutos de descuento, como si necesitáramos más nervios. Y en esos minutos finales, llegó el descuento de Independiente, lo que hizo que los hinchas, ya con el corazón en la boca, empezaran a pensar lo peor. Pero, por suerte, esta vez no pasó. Tal vez haya sido Diego, tal vez la presencia de Soso, o tal vez fue simplemente el momento. Lo cierto es que, por una vez, el hincha leproso tiene derecho a disfrutar. Aunque la bronca por el pasado reciente siga ahí, esa no se borra de un día para otro. Pero hoy, al menos, el Coloso estuvo lleno de esperanza, y eso vale mucho.
⚠ UNITE AL CANAL DE SOY DEPORTES haciendo click aquí y mantente informado‼




Colón
Unión


Comentarios de post