Por Darío Fiori
“Estos rivales no te perdonan. Si queremos comparar a Union con Boca estamos equivocados” dijo el Kily González una vez consumada la derrota de Unión ante Boca en la Bombonera. Nadie compara a Unión con Boca. No se puede comparar de ninguna manera. De hecho, Boca es el segundo equipo con mayor presupuesto del fútbol argentino, y tiene jugadores de muchísima jerarquía, que en uno o dos movimientos pueden resolver jugadas, caso Miguel Merentiel o Valentín Barco. Para el lector que lea estas líneas: imagínese que sea el Kily Gonzàlez. Estar entre 10 o 15 días preparando un partido, ante Boca, nada más y nada menos que ante Boca en La Bombonera, ante el finalista de la Copa Libertadores de América, semifinalista de la Copa Argentina. Y antes de la media hora de juego, estar cayendo 1-0 y quedar con un jugador menos. Tenemos que empezar hablando por el desenlace antes del inicio, porque fue el punto de inflexión.
Pareció una jugada inofensiva en el lado derecho del campo, con Edinson Cavani intentando seguir a un compañero antes de controlar el balón a toda prisa en la banda. Sin embargo, Franco Calderón no pareció medir las consecuencias, lanzándose para intentar recuperar el balón y terminando por golpear el tobillo del delantero de Boca ¿El resultado? Tarjeta roja directa.
A los 27 minutos del primer tiempo en la Bombonera, el equipo local ya estaba arriba en el marcador luego de que el defensor Marcos Rojo marcara antes de los 10 minutos de acción. El central de 25 años fue tras el delantero uruguayo, se barrió y golpeó con sus tacos el talón de Aquiles derecho del delantero uruguayo de 36 años.
No esperó indicaciones ni recomendaciones del VAR el árbitro Yael Falcón Pérez. De inmediato corrió al área de faltas y le sacó tarjeta roja directa al hombre del Tatengue, en una decisión que desató la furia de todo el banco del equipo visitante, en especial de su entrenador Cristian Kily González. La falta, por acción u omisión, debe medirse por el punto de contacto (Aquiles) y con lo que lo hace (los tapones), por lo que esa combinación derivó en una acertada decisión del juez de mostrar la tarjeta roja.
Luego de las protestas de los jugadores de la Unión, el partido se reactivó con un tiro libre desde esa área que derivó en otro gol de Marcos Rojo. Pero Falcón Pérez y su juez de línea acertaron de nuevo: estaba en posición adelantada cuando se produjo el pase. Desde ese momento, el Kily González estaba muy disgustado. Claro que su equipo estaba haciendo un gran partido del mediocampo en adelante, a pesar de la derrota parcial, y estuvo cerca de marcar, pero con un hombre menos, se le hizo difícil. Indudablemente, fue una irresponsabilidad del chaqueño, ya que el experimentado delantero, con experiencia internacional en el Valencia y el PSG, estaba de espaldas. Lo tenía bien controlado. En ese momento uno se preguntaba, ¿era necesario ir a barrer el balón de esa manera?
Desde el principio, Unión planteó una estrategia definida: presionar arriba para cerrarle las opciones de avance a Boca. Llegó a situar a seis jugadores en el campo de los Xeneizes. Boca se encontró sorprendido por la manera en que Unión abordó el partido. El equipo dirigido por Jorge Almirón no lograba cruzar la línea de mediocampo, ya que Unión inclinaba el juego hacia el sector de Medina y Blondel, ganando terreno en el ataque. Durante la Copa del Mundo de Rusia 2018, el ex director técnico Jorge Sampaoli hizo una controvertida declaración al afirmar que «las jugadas de pelota parada no son determinantes». Esta afirmación generó una considerable controversia en la sala de prensa del estadio Luzhniki, donde Francia se consagró campeona. Esto llamó la atención, sobre todo en el mundo del fútbol, donde la táctica y la estrategia son aspectos fundamentales y muchos entrenadores son ávidos seguidores de la planificación minuciosa.
El Zurdo de Casilda quedó en una situación incómoda una vez más, ya que no solo había sobrevalorado a algunos de los jugadores históricos de la Selección, quienes terminaron teniendo un protagonismo excesivo en las decisiones del equipo, sino que también conformó una lista con notables ausencias. Además, planteó los partidos con notables deficiencias, como el caso del doble cinco contra Islandia o el falso 9 ante Francia. Mostró limitaciones en la toma de decisiones durante los partidos. Sin embargo, lo más relevante es que subestimó un recurso válido y crucial para desequilibrar en la Copa del Mundo.
Es importante destacar que los tres primeros goles de la final se originaron en jugadas de pelota parada. El tiro libre de Antoine Griezmann que resultó en el gol en contra de Mario Mandzukic, el penal convertido por el delantero del Atlético de Madrid y la jugada que comenzó desde un tiro libre ejecutado por Luka Modric, culminando en el empate provisional de Iván Perisic. En total, durante el torneo se marcaron 73 goles a partir de jugadas de pelota parada, lo que representa un 43% del total de goles anotados. De estos goles, 26 surgieron de tiros de esquina, 23 de penales, 16 de tiros libres, 6 de tiros directos y 2 de saques de banda. El Mundial de Rusia 2018 batió récords en este aspecto, con más del doble de goles de pelota parada que el Mundial de Alemania ’74, que registró la menor cantidad de goles de esta naturaleza (27). También superó a ediciones pasadas como Francia ’98 (61), Corea-Japón 2002 (56), Alemania 2006 (55) y Brasil 2014 (49). La introducción del VAR (Video de Asistencia al Referí) desempeñó un papel crucial al reducir los errores arbitrales, como se evidenció en el penal otorgado a Perisic después de la revisión en el monitor.
Una vez más, se confirmó la importancia innegable de las jugadas de pelota parada en el fútbol argentino. Cuando un equipo cuenta con un lanzador preciso y un receptor astuto y ágil, y estos aspectos se entrenan sistemáticamente, es posible convertir goles y ganar partidos que, en ocasiones, el equipo no merecería ganar. Aunque algunos puedan calificar erróneamente estos goles como resultado de una falta de concentración, la realidad es que las jugadas de pelota parada bien trabajadas pueden vulnerar a cualquier defensa, incluso a la mejor organizada. Incluso los equipos con un lanzador experto en disparar directamente al arco obtienen una ventaja significativa. La precisión de estos lanzadores implica que la defensa y el arquero deben lidiar con desmarques, bloqueos sólidos y pantallas efectivas, recursos estratégicos tomados del baloncesto, que el equipo que recibe la falta utiliza para liberar a sus receptores.
Sin embargo, es fundamental destacar que, a menos que se realice una lectura precisa de la jugada de pelota parada, siempre prevalecerán aquellos que conocen el tipo de balón que se va a lanzar, generalmente a través de señales que codifican el movimiento. En ese momento crucial, se determina quién controla la situación y quién se ve obligado a correr detrás de la pelota, es decir, todos los que intentan evitar el gol. Ante una ejecución perfecta, ninguna cantidad de concentración o atención máxima puede evitar que la pelota termine en el fondo de la red.
Fue una pena lo que le sucedió a Unión. Porque en la primera ocasión en que Boca se instaló en el campo de Moyano, ganó un tiro libre. El centro lo ejecutó Valentín Barco, una de las grandes promesas del fútbol argentino, que seguramente no tardará en continuar su carrera en Europa. Hay una axioma futbolero que dice «dos cabezazos en el área es gol», y en este caso se ratificó este viernes por la noche en La Bombonera. Unión defendió en zona, Cavani cabeceó, Moyano atajó el primer intento, pero el segundo cabezazo fue gol de Roja. De esta manera, Boca tomó la delantera desde el comienzo del partido.
Además de las diferencias presupuestarias y de calidad entre ambos equipos ¿Cuál era la diferencia entre Boca y Unión? La principal disparidad radicó en que Boca aprovechó su única oportunidad de pelota parada, mientras que Unión no lo hizo. El equipo santafesino respondió con un pase de Luna Diale, uno de los jugadores más destacados de Unión en la primera mitad, gracias a su movilidad y capacidad desequilibrante. El disparo de Morales lo dejó mano a mano con Romero. En la segunda oportunidad, Roldán intentó con un remate de zurda. En esta jugada, intervinieron tres exjugadores de Boca, pero no lograron atrapar el rebote.
Boca identificó la debilidad principal de Unión: la espalda de Vera. Por lo tanto, Paz tuvo que relevarlo constantemente. Con el paso del tiempo, Unión pudo ajustar su defensa en esa zona, pero aún tenía dificultades en el sector izquierdo, a pesar de que el gol de Boca se originó por ese lado. Al minuto 46, Boca sorprendió a Unión con una jugada preparada en la que Medina disparó al arco, pero el tiro salió desviado.
En contrapartida, el equipo de Almirón cometió numerosos errores tanto al salir desde la defensa como al mantener la posesión del balón. Unión debía ser astuto y aprovechar estos errores defensivos. A pesar de las dificultades, el equipo debía jugar de igual a igual, siempre tomando precauciones en la última línea. El aspecto negativo de la primera mitad, además de la expulsión de Franco Calderón, fueron las jugadas de pelota parada en contra, que se convirtieron en una verdadera pesadilla. Promediando la primera etapa, Boca tuvo una oportunidad con un cabezazo de Cavani que dio en el poste. Luego, Moyano realizó una atajada espectacular ante un disparo de Pol Fernández. Fue una jugada muy clara.
A pesar de que Boca dominaba gran parte del partido mediante la posesión del balón y la influencia de Valentín Barco (un jugador que sobresalía en todos los aspectos del juego, tanto con como sin el balón), Romero comenzaba a destacarse y perfilarse como la figura del partido. Demostró su valía al enfrentar a Morales en un mano a mano y más tarde al detener un potente disparo de Zenón que se dirigía al ángulo superior derecho. Tras la expulsión de Calderón, Unión no cambió su estructura y continuó jugando con un esquema 4-3-2, con Vera, Paz, Corvalán y Zenón en la línea defensiva, Roldán y Mosqueira en el centro del campo, y Luna Diale acompañando a Morales y Domina en la delantera. La ventaja numérica se hizo sentir en el partido, especialmente en un enfrentamiento especial como este contra Boca.
En función de lo que fue el partido de hoy, pero también abarcando los encuentros anteriores contra Colón y Sarmiento, son varias las preguntas que los hinchas se hacen a la espera de una respuesta. Y no es para menos, teniendo en cuenta la difícil situación que atraviesa el Tatengue. La primera podría ser: ¿Por qué lo sacó a Enzo Roldán y a Luna Diale? El primero es indispensable para la estructura del mediocampo del equipo rojiblanco. Su ausencia se siente enormemente, ya que es irreemplazable en esta estructura. En el partido, demostró su valía al correr incansablemente, contribuir en la creación de juego y participar en una jugada clave que llevó al empate parcial 1-1. Por parte de Luna, a pesar de sus altibajos en el rendimiento, es otro futbolista que se destaca por su entrega y versatilidad en el campo. Su capacidad para recuperar balones y buscar desequilibrios en situaciones uno contra uno es valiosa. En el partido, lo dejó mano a mano al Toro y mostró clase al definir con precisión al palo derecho de Romero, igualando el marcador 1-1. Su determinación y esfuerzo a lo largo del partido son características que no deben pasar desapercibidas.
Otras de las preguntas es ¿por qué el primer cambio siempre es Gonzalo Morales? Resulta mucho la atención que siempre lo reemplace al goleador que tiene Unión en ese segundo semestre, dado que es el delantero que más cerca estuvo del gol y que siempre se anime a rematar al arco. Siempre se la ingenia para recibir en soledad. Es cierto que los jugadores jóvenes como Dómina a veces pueden sentir la presión de partidos importantes o difíciles, lo que podría afectar su rendimiento. Es importante recordar que la madurez y la experiencia en partidos de alto nivel suelen desarrollarse con el tiempo. Dominar un partido de fútbol, especialmente contra un equipo de la envergadura de Boca, puede ser un desafío para cualquier jugador, especialmente para uno joven de 20 años. En estos casos, es responsabilidad del cuerpo técnico y del jugador trabajar en el desarrollo de su confianza y habilidades para enfrentar partidos difíciles. Es posible que el chico del IPEI necesite más experiencia y tiempo para adaptarse a situaciones de alta presión. Con el apoyo adecuado y la oportunidad de aprender de estos desafíos, es posible que pueda mejorar su rendimiento en el futuro.
Muchos futbolistas en privado reconocen que un gol en los últimos minutos de la primera parte es llamado «gol psicológico». El refrán dice que la tercera siempre tiene que ser la vencida. Y así fue para el elenco rojiblanco. De una doble pared que no pudieron terminar Cavani y Equi, llegó la contra de Unión. Y fue letal. Porque Luna Diale ingresó con pelota dominada, cerró los ojos, el puntinazo al palo derecho de Chiquito Romero para dejar en silencio a la Bombonera. El pedido de disculpas y todo volvía como en el principio: 1-1.
En el segundo tiempo, Boca fue superior, producto del cansancio de Unión -lógico- por tener un hombre menos. Almirón armó un rombo y Taborda (enganche) ingresó muy bien. Merentiel pescó un rebote y los xeneizes se fueron felices. La bestia fue la figura, pivoteando y volviendo loca a la defensa. En una parte de la conferencia, Kily González aseguró que «jugar ante un rival con mucha jerarquía no es fácil, pero si hubiéramos estamos 11 contra 11 pudo darse de otra manera. Pero ya es otra cosa. En el segundo tiempo no tuvimos espacios. Trabajamos en todo, incluso en las pelotas paradas y el rival justo nos terminó marcando». Y algo de razón tiene, porque con el clásico 5-3-2, que jamás trastocó desde su llegada, Unión lo incomodó. Durante toda la parte complementaria, el conjunto santafesino apostó a aguantar el 1-1 parcial. El Kily cedió mucho la pelota e intentó rezarle a Dios, en alguna jugada, ya sea aislada o de contra como le conviene a este equipo. A Unión se le dificultó avanzar en la cancha y le llegaron por todos lados. Solo, pero solito se metió en el «baruyo» (quedó a 3 del descenso a 5 fechas del final).
Antes de la segunda parte, Boca realizó la primera modificación. Hizo peón por peón. Lo sacó a Marcos Rojo, el autor del gol y lo introdujo a Nicolás Valentini. Seguramente para que el rubio empiece a tener rodaje para la final de la Libertadores en el Maracaná dentro de 15 días. Por el lado de Unión, apostó por el mismo once. Con el aliento de su gente, Boca empezaba a tomar la iniciativa como lo hizo gran parte del primer tiempo. Triangularon por el medio, buena combinación entre Equi, Medina y Merentiel. El pibe de Moreno buscó el ángulo y se fue muy cerca. Almirón no modificaba el sistema. Adentro Darío Bendetto con el objetivo de sumar mucha más gente en ataque. La idea del DT era contar con un finalizador efectivo. El Pipa tiene una buena capacidad para anotar goles en diferentes situaciones, ya sea con un potente disparo o un remate preciso, o la movilidad. Es un delantero que se desplaza por todo el frente de ataque y buscó espacios para recibir balones o hacer movimientos que generen oportunidad de gol.
Así como el punto de inflexión se dio con la expulsión de Calderón, el segundo punto de inflexión sedio a la hora de los cambios. Después de quince minutos en la segunda mitad, el entrenador realizó una modificación táctica para reforzar el mediocampo. Lo puso a Banega en la mitad de la cancha de doble cinco con Mosqueira. Salió un delantero (Morales). Se adelantó un poco Luna Diale. Aunque esto duró apenas unos minutos, porque tanto Roldán como Luna Diale salieron e ingresaron Del Blanco y Orsini, antes de los 20. Luego, entraron Gerometta y el Rayo González por Vera y Domina. Quedó con un 4-4-1. Siempre mantuvo dos delanteros en el campo, incluso durante el tiempo en que Banega reemplazó a Morales. Luna Diale se posicionó más adelante, y poco después entró otro delantero.
¿Por qué digo que los cambios en vez de mejorarlo lo empeoraron a Unión? Porque con la entrada de Banega, sacrificó toda la posibilidad de tener un contraataque con la salida de Morales ante la entrada del ex hombre de Patronato y Arsenal para darle una mano a los volantes rojiblanco, jugando un poco mas suelto. La única verdad es la realidad y Banega cada vez que le toca ingresar no logra marcar presencia. Desde su llegada nunca fue solución. Cada vez que ingresa, pasa desapercibido, y más en un partido de hoy que le tocó entrar en un contexto sumamente desfavorable. Sería injusto evaluar el desempeño de Orsini, ya que la pelota no le llegó nunca. Le costó entrar en ritmo del partido. El arco de Romero le quedó demasiado lejos, y cuando se tuvo que enfrentar a la defensa boquense perdió tanto en el juego aéreo (su especialidad) y en el mano a mano. Del Blanco se estacionó por la banda izquierda en ese 4-4-1 y no participó del juego. No logró explotar su velocidad, y en un par de ocasiones se resbaló en salida y le regaló algunas aproximaciones al dueño de casa.
Francisco Gerometta ingresó por Vera, quien indudablemente tendrá que trabajar en el aspecto físico, porque no puede ser que no logre completar los partidos. Habrá que buscar las estadísticas, pero en el 60 o 70% de los partidos de Unión en este año siempre terminó pidiendo el cambio. Hoy tuvo un partido flojísimo. No le aportó frescura y velocidad por el costado derecho. Cometió la falta en el 1-0. Habilitó tanto a Cavani como a Rojo.Y por último el Rayo González, un jugador que no logró marcar la diferencia hace un par de días por Copa Santa Fe y hoy saltó a la Bombonera en las cuales tampoco pudo hacer algo distinto para cambiar la derrota que era inevitable.
No me enfoco exclusivamente en los resultados positivos o negativos. Prefiero creer en los procesos, en la evolución a lo largo del tiempo, en la película completa en lugar de una sola imagen. Evito los extremos, ya que rara vez alguien es tan brillante como parece en los mejores momentos o tan malo como parece en los peores. El promedio tiende a reflejar la realidad. Por lo tanto, aunque Unión haya perdido 1-2 ante Boca, no significa que sea el peor equipo del torneo, ni hace un mes atrás era tan dominante como el Manchester City.
Sin embargo, algunas preocupaciones merecen atención. Por ejemplo, el banco de suplentes de Unión. La falta de opciones en el medio campo, con un solo volante de marca (Juan Bircher) plantea interrogantes sobre la capacidad del equipo para ser protagonista y salvarse del descenso. Esto no es una excusa, sino una evaluación realista de la situación. Durante mucho tiempo, el plantel siempre estuvo mal armado, y esto es una responsabilidad que debe recaer en Spahn, quién también deberá aceptar que, a pesar de sus declaraciones de que «no hay chances de perder la categoría», Unión cierra la Fecha 9 a solo tres puntos de la zona de descenso, con 15 partidos por jugar. Es fundamental asumir la responsabilidad y no culpar a la oposición por los obstáculos en el camino.
Volviendo estrictamente al partido, Boca lo apretaba. Lo encajonaba a Unión. Al equipo de Almirón le faltaba luminosidad. Hasta que de tanto insistir, Boca volvió a adelantarse en el marcador. De un tiro libre de Taborda que Moyano mandó al córner, el envío de Barco, el rechazo corto y el zurdazo del uruguayo. En este caso no le caben responsabilidad al mendocino ya que estaba tapado. Con los cambios, el Xeneize estaba más cerca del tercero que Unión de la igualdad. Con la variantes, justificaba ampliamente la victoria. A los 29′, gran pase de Taborda a Pipa, que remató a las manos de un Moyano que la sacó con esfuerzo dando rebote hacia el medio.
Hubo mucha bronca a pesar de la derrota, porque en el búnker tatengue sienten que Falcón Pérez los perjudicó. En la primera parte con la expulsión de Franco Calderón, y luego cuando el partido llevaba 27 minutos. Miguel Merentiel, el autor del gol del 2-1 que finalmente le dio la victoria al equipo de Jorge Almirón, le dio un planchazo en el tendón de Aquiles a Nicolás Paz, uno de los pocos jugadores que salvó la ropa en una defensa tatengue que estaba en problemas por todos lados. ¿El resultado? Simplemente una tarjeta amarilla. Automáticamente, las redes estallaron de furia. No solo los hinchas de Unión, sino también los neutrales que estaban viendo el partido, ya que los canales encargados de la transmisión no lo hicieron, como sucedió con la tarjeta roja al jugador tatengue. Tal vez nada podría haber cambiado el resultado, pero Unión entiende que ante Boca el árbitro no midió lo mismo y, claramente, terminó influyendo en el resultado.
Unión físicamente hizo un desgaste tremendo. El equipo nunca se muestra derrotado ni rendido. El técnico emplea un término que repite constantemente y es que los chicos «se vaciaron». Saben del objetivo en juego. Por otra parte, fue un dominio abrumador de Boca. Los minutos finales del partido, trasladó la pelota de izquierda a derecha, tratando de que pase el reloj jugando con la desesperación de Unión, que iba como podía, sin lucidez para tratar de empatar el partido. Sobre el final, le quedó en la medialuna a Banega, la tiró por encima del travesaño, y con ella, el milagro que nunca llegó.
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