Las prioridades estaban claras desde antes de que rodara la pelota. Lanús y Platense jugaron con la cabeza dividida y el 0 a 0 lo reflejó: sumar en el torneo, sí, pero sin perder de vista lo que viene.
La Copa Libertadores está a la vuelta de la esquina y obliga a rotar. En el caso del Granate, además, se le suma el clásico ante Banfield. Demasiado en juego en pocos días.
El equipo de Mauricio Pellegrino estuvo lejos de su mejor versión, muy distinto a aquel que supo levantar la Recopa. Las ausencias pesaron: sin Bou, Aquino ni Marcelino, el peso ofensivo recayó en Valois, quien tuvo su oportunidad tras la salida de Castillo. Pero no logró aprovecharla. Su partido se resumió en una palabra: imprecisión. Las que tuvo, no las resolvió bien, y eso condicionó al equipo.
El calendario no da respiro. El Granate ya cambia el chip: el 8 de abril debutará en la Copa ante Mirassol y, apenas unos días después, tendrá el clásico frente a Banfield.
Del otro lado, el Calamar también se prepara para una cita histórica: el 9 de abril enfrentará a Corinthians en su estreno internacional.
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