Por Darío Fiori en especial para SOY Deportes
Si bien el DT Lionel Scaloni alternó en su puesto con Nahuel Molina, el entrenador confió en la experiencia del ex lateral millonario para ser el encargado de patear el último penal que culminó con la consagración del tricampeonato de Argentina en Qatar ante Francia.
Oriundo de Virrey del Pino, en el límite con González Catán, partido de La Matanza, desde chico soñó con el admirable presente que hoy disfruta. Su padre, Juan, es albañil, mientras que su madre, Marisa, es empleada doméstica. Tienen dos hijos: Jaqueline Soledad, policía, y Gonzalo, futbolista, que ha seguido el camino personal y profesional que le marcaron desde muy joven.
Como quedó de manifiesto en la cancha en la final del domingo, los valores de Gonzalo Montiel siempre encontraron su base en su barrio, Virrey del Pino, a la hora de luchar por la pelota con el corazón. «Yo viajaba todos los días desde Virrey del Pino, en González Catán, hasta Villa Martelli, donde entrenaban las inferiores de River. Al principio me acompañaba mi mamá, pero como ella trabajaba y tenía que pedir horas, me las ingeniaba para venir solo», contó en diálogo con Diario La Nación, hace algunos años.
Solo, tomaba todos los días el colectivo 620, uno de tránsito hasta Liniers, y desde ese punto el 28. «Lo hice durante casi dos años, hasta que me cansé. Les dije a mis familiares que no podía más y pedí vivir en la pensión de River. Los extrañaba y los necesitaba, aunque me hacía la difícil. Pero también valoraba y sabía que allí había más de lo que tenía en casa», explica.
Tras varios años de sacrificio y entrenamientos a full, el 30 de abril de 2016 Gonzalo Montiel pudo debutar en Primera División con la camiseta de River. Con el paso del tiempo, aquel juvenil principiante se convirtió en un jugador clave para el entrenador Marcelo Gallardo.
Jugó de volante y defensor en las inferiores de River. Llegó a ser capitán y campeón en la sexta división, campeonato que hizo que el entreandor de la Primera División lo tuviese en cuenta. 90 días después, Gallardo ya lo consideraba titular indiscutido.
No solo cumplió su sueño de ganar la copa más importante de la historia de River, sino que también pudo terminar la casa de sus padres. Desde que se convirtió en jugador profesional, sus dos objetivos fueron la casa y terminar el secundario para darle el título a su madre.
Por último, Marisa, su madre, nunca había viajado fuera de la provincia de Buenos Aires hasta 2018, cuando en diciembre Gonzalo los invitó a Madrid para ver la final. Ayer estuvieron en Qatar y volvimos a ser campeones.
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