Darío Fiori
El impacto fue total. Novak Djokovic, quien estuvo en duda hasta el último momento sobre si se presentaría a disputar las semifinales del primer Grand Slam de la temporada, terminó abandonando ante Alexander Zverev. Dejó en shock a los fanáticos que se acercaron al Rod Laver Arena. Después de haber perdido el primer set en el tie-break, el serbio se retiró de la cancha por molestias físicas. Durante el partido de los cuartos de final ante el español Carlos Alcaraz, Nole mostró dolencias y llegó exigido al enfrentamiento de ese viernes. Tras más de una hora de batalla en la que no se sacaron ventajas, el máximo ganador de Grand Slams en la historia del tenis perdió el tie-break y decidió abandonar la pista de cemento. El exnúmero 1 del mundo apareció en la cancha con una venda en la zona del aductor izquierdo y, durante el partido, perdió la mayoría de los puntos largos ante Zverev. En conferencia de prensa, aseguró: “Si ganaba el primer set, tampoco sé si hubiese continuado, porque demandaría un esfuerzo físico muy grande”.
Este mismo cronista, en la segunda ronda ante Faria, había declarado que «el árbol no tape al bosque». Sigue estando lejos de su mejor versión. En estos primeros dos partidos, se vio lo que ya todos pensábamos, pero nadie se animaba a decir: parece un jugador más agobiado, como si le faltara el aire en algunos momentos del partido. Su nivel, aunque sigue siendo altísimo, ya no tiene la fluidez de antes, como si sus fuerzas no llegaran con la misma intensidad. Sin embargo, a pesar de este cansancio evidente, su tenacidad le permite seguir adelante y superar a sus rivales, sin importar que su juego ya no luzca tan arrollador como en sus mejores días. Como mencionaba hace algunos días, este Djokovic es lo más terrenal que se puede ver en una pista: un ser humano que, aunque sigue siendo competitivo, muestra signos claros de desgaste físico y mental. La posibilidad de que logre su 25º Grand Slam está ahí, es indiscutible, pero a este ritmo y con esta falta de frescura, lo veo mucho más complicado. Un ejemplo claro fue en el quinto game del primer set, cuando tuvo que luchar para mantener su servicio. Con un saque abierto y una devolución de revés de Faria que se fue desviada, Djokovic pudo salvar ese momento, pero la sensación de esfuerzo palpable estuvo presente, y eso, quizás más que su victoria, refleja la realidad de un campeón que ya no es el mismo de antes.
Djokovic está atravesando una fase en la que ya le cuesta encontrar el ritmo y la fluidez que lo caracterizaron a lo largo de su carrera. Sus movimientos en la cancha ya son cada vez más lentos de lo habitual, y aunque sus desplazamientos siguen siendo eficaces en ciertos momentos, la rapidez y agilidad que solía mostrar en cada punto parecen ausentes. Esto era evidente en los intercambios más largos, donde la falta de velocidad y precisión en sus desplazamientos lo dejaban un paso detrás de Faria. Este retraso en su juego lo obligaba a tomar decisiones rápidas y a adaptarse constantemente a una dinámica que no controla completamente. A pesar de estos inconvenientes, Djokovic intentó contrarrestar la situación de manera inteligente, buscando acortar los puntos siempre que era posible. Su primer servicio fue su principal arma, y sacó provecho de ello al ganar casi el 70 por ciento de los puntos con ese golpe en el primer set. Otra de las cosas que llamó la atención es que se encontraba en un terreno desconocido, casi fuera de sí. Se le notaba en los gestos, en los gritos que lanzaba al aire y en las miradas de frustración que dirigía hacia su equipo. Está claro que algo no encajaba, que no le encontraba la vuelta al juego como solía hacerlo con una facilidad casi inigualable. Cada punto perdido parecía una herida que calaba más profundo, y cada error no forzado era un recordatorio de que está lejos, muy lejos, de esa versión imponente que alguna vez dominó el circuito. Djokovic lució como un hombre atrapado en su propio laberinto, incapaz de desplegar esa precisión quirúrgica que solía desarmar a sus rivales. Sus movimientos, antes fluidos y elegantes, ahora parecen un poco más pesados, y su lectura del partido, que tantas veces fue su arma más letal, estaba empañada por una nube de desconcierto. No es solo el físico; es la mente la que pareció jugarle una mala pasada, y por primera vez en mucho tiempo, el aura de invulnerabilidad que lo rodeaba parece haberse desvanecido.

Hubo muy pocos partidos en los que superó sin problemas a sus rivales (Lehecka y Machac), sin embargo, esta estadía en Australia fue un parto. Dio señales de que algo no iba bien cuando declaró que todavía siente «un poco de trauma» cuando viaja a Australia, el país que lo vio diez veces campeón del Abierto que se juega allí. ¿El origen? Su controvertida deportación en 2022, debido a que no estaba vacunado contra el Covid-19. “Las últimas veces que aterricé en Australia, al pasar por el control de pasaportes y la inmigración, tuve un poco de trauma por lo de hace tres años”, dijo Djokovic en una entrevista con el periódico Herald Sun de Melbourne, antes del Abierto de Australia que comenzaría en la noche argentina del domingo. “Y algunas huellas todavía permanecen cuando estoy pasando el control de pasaportes, nada más pendiente de si alguien de la zona de inmigración se acerca”, amplió. Djokovic, quien ha ganado 10 de sus 24 campeonatos de Grand Slam en el Melbourne Park, prosiguió: “La persona que revisa mi pasaporte, ¿me llevarán, me detendrán de nuevo o me dejarán ir? Debo admitir que tengo esa sensación”. En 2022, Djokovic buscó y obtuvo inicialmente una exención que le permitía participar en el Abierto de Australia, a pesar de que había reglas estrictas que requerían vacunas para protegerse contra el coronavirus. Pero después de que su vuelo aterrizó, fue detenido en el aeropuerto, su visa fue cancelada y fue enviado a un hotel de inmigración. Más tarde, un juez restableció la visa y ordenó la liberación de Djokovic, dictaminando que no se le dio suficiente tiempo para hablar con sus abogados. Sin embargo, poco después del comienzo del torneo, el ministro de Inmigración de Australia revocó la visa nuevamente, basándose en el “interés público”. La apelación de Djokovic de esa decisión fue denegada por un panel de tres jueces, y fue deportado sin poder llegar a participar en el primer Grand Slam de esa temporada. El serbio se enfrentó incluso a una posible prohibición de tres años del país, como sucede con alguien cuya visa fue revocada, pero Australia tuvo un cambio de gobierno, sus reglas fronterizas de la pandemia cambiaron y un nuevo ministro de inmigración le otorgó a Djokovic una visa en 2023, año en el que se coronó campeón. «No guardo ningún resentimiento, para ser honesto», le dijo Djokovic al Herald Sun sobre aquella saga. “No guardo rencor”, insistió.
“Solo espero, antes de retirarme, conseguir al menos un título más allí”, dijo Djokovic, de 37 años, cuya única consagración en un torneo en 2024 fue su medalla de oro individual para Serbia en los Juegos Olímpicos de París en agosto. Este año, Djokovic abrió 2025 en el torneo de la ATP en Brisbane la semana pasada, donde perdió en los cuartos de final ante el estadounidense Reilly Opelka. En Australia, jugará su primer torneo junto a su nuevo entrenador Andy Murray, su antiguo rival en la cancha y tres veces campeón de Grand Slam que se retiró como jugador después de los Juegos Olímpicos. Murray y Djokovic han dicho que se reunirán durante el primer Grand Slam de la temporada. Luego del partido ante Carlos Alcaraz, el serbio perdió el primer set y lucía físicamente agotado. Sin embargo, un tiempo médico que tomó no solo mejoró su condición, sino que también desconcentró a Alcaraz, siendo una estrategia que le ha funcionado en contra de muchos de sus oponentes en el pasado. A pesar de que esto dejó a su oponente visiblemente molesto y desató cierta controversia con respecto al uso de los tiempos médicos, Djokovic probablemente no estaría demasiado preocupado. A los 37 años, superó a uno de sus principales rivales, 16 años menor que él, en un partido de cuartos de final de alto riesgo, logrando aprobar la primera prueba importante junto a su nuevo entrenador, el ex número 1 del mundo, Andy Murray.
«Entiendo que no es cómodo jugar contra alguien cuando no estás seguro de si se va a retirar o no. ¿Se está moviendo? ¿Está corriendo? Sentí que estaba más concentrado en mí, que en su juego», dijo Djokovic después de su satisfactoria victoria. Con ese partido ya en el pasado, existen dudas sobre la gravedad de la lesión de pierna de Djokovic y su estado físico actual, ya que no pudo entrenar el miércoles ni el jueves. Queda por ver cómo afectará esto a su desempeño en las semifinales. En medio de las frases «fin de una era» y «pasar el testigo» del año pasado, alimentadas por sus inusuales inconvenientes para ganar títulos en el Circuito ATP, el ex número 1 del mundo buscaba desesperadamente asegurar el trofeo de campeón en Melbourne al comienzo de la temporada para silenciar esas dudas. Independientemente de sus problemas recientes, sigue siendo un rival sólido en esta etapa de los Grand Slams, gracias a su enorme experiencia al más alto nivel y la ventaja psicológica que posee sobre el resto de jugadores. Se trataba de la aparición número 50 de Djokovic en semifinales en Grand Slams (37-12), una cifra tan asombrosa que el total combinado de todos los cuartofinalistas ni siquiera se acerca. Lo que refuerza aún más su caso es su impecable récord en el Abierto de Australia, donde es diez veces campeón y ha perdido solo uno de sus últimos 39 partidos en este evento: una derrota ante Jannik Sinner en las semifinales del año pasado.
Del otro lado estaba Alexander Zverev. El alemán sobrevivió a una difícil batalla de cuatro sets contra Tommy Paul en los cuartos de final del Abierto de Australia, en un partido que fácilmente podría haber perdido en sets corridos, ya que estuvo abajo 5-6 en el primer set, 2-5 en el segundo, mientras que perdió el tercer set por 2-6. Si bien el desempeño fue poco convincente, puede haber sido el mejor resultado posible para él antes de las semifinales, ya que el alemán ha sufrido duras caídas en los Grand Slams. Este cambio de suerte podría servir como un importante refuerzo a su confianza. El mayor obstáculo del Principito para asegurar un primer título de Grand Slam había sido su incapacidad para vencer a jugadores del Top 10. ¿Tenía chances realmente de ganarle? Y si. El alemán está en un momento clave de su carrera, y es hora de que pueda lograr dar el golpe y lograr lo que ha estado persiguiendo con tanto esfuerzo y dedicación durante los últimos cinco años (final del Us Open 2020 estando dos sets arriba ante Dominic Thiem y Roland Garros 2024, dos sets a uno ante Carlos Alcaraz). Es un jugador con un talento enorme, que demostró ser capaz de estar al nivel de los mejores, pero, a veces, el tenis no solo depende de la habilidad técnica, sino también de la capacidad para aprovechar esas oportunidades cuando se presentan. Ya eran nueve semifinales de Grand Slam, algo realmente muy bueno, considerando que ha estado en una generación donde siempre dominaron figuras como Novak Djokovic, Roger Federer y Rafael Nadal. El tenis, como bien sabemos, no es solo cuestión de talento, sino también de tener la valentía para dar ese paso extra cuando llega el momento decisivo. Y es que, para un jugador como Alexander Zverev, la clave estaba en poder mantener la calma y la determinación a la hora de enfrentar situaciones críticas. Si lograba hacerlo, el título que ha estado buscando durante tanto tiempo, podría estar al alcance de su mano, porque las cualidades las tiene, solo le faltaba ese pequeño empujón de confianza y madurez mental para dar el salto definitivo.
Novak Djokovic encendió las alarmas
En una movida inesperada, a horas de la semifinal del Abierto de Australia, Novak Djokovic sorprendió al anunciar que cancelaba su sesión de entrenamiento programada para ese jueves. El serbio, quien buscaba su undécimo título en Melbourne, se preparaba para enfrentar el viernes al alemán Alexander Zverev, en lo que prometía ser uno de los duelos más emocionantes de la jornada. La decisión de Djokovic de suspender el entrenamiento a tan solo un día de su partido se debió a las secuelas físicas que sufrió tras su tenso encuentro de cuartos de final contra Carlos Alcaraz. Durante ese partido, Djokovic sufrió molestias en su muslo izquierdo y fue asistido por el equipo médico en varias ocasiones. A pesar de las dificultades, el serbio logró superar al español, aunque no sin antes haber recurrido a antiinflamatorios para aliviar el dolor. El entorno de Djokovic no especificó si la cancelación del entrenamiento fue una medida preventiva o si existió algún problema de salud más grave. Sin embargo, la atención médica que recibió durante su partido contra Alcaraz y la necesidad de tomar medicamentos para controlar las molestias generaron dudas sobre su estado físico. Esta incertidumbre puso en duda si Djokovic podría rendir al máximo nivel en la semifinal contra Zverev, el segundo favorito del torneo.
El comienzo del partido
Desde el comienzo del partido, Djokovic buscó tomar la iniciativa desde el inicio del partido, presionando con su juego agresivo y moviendo a Zverev de un lado a otro de la cancha. El alemán, por su parte, se posicionaba muy atrás de la línea de base, buscando atacar con su revés, y manteniendo un estilo de juego más centrado, con tiros a lo largo de la pista. En el segundo punto del partido, se convirtió una batalla de 27 golpes, destacando la resistencia y la precisión de ambos jugadores. En ese intercambio, Djokovic demostró su dominio, abriendo la cancha tanto por la derecha como por la izquierda, entrando en diagonal hacia adelante y finalizando con tiros ganadores por la paralela. Sin embargo, en ningún momento se sintió cómodo con el primer saque. Enfrentó complicaciones. Estuvo al borde de cometer una doble falta. No obstante, con su segundo saque, Djokovic ejecutó un buen servicio a la T y Zverev respondió con una devolución floja. A pesar de algunos altibajos, como un error no forzado con la derecha en el que no conectaba bien la pelota, Djokovic mantenía su concentración y seguía presionando. Iban 5 minutos del primer game y el partido prometía ser largo y emocionante. El revés de Zverev pegó en la faja, y el slice de Djokovic cruzado le cayó en el centro del cuerpo, provocando una gran defensa de Nole y culminando con un error del alemán, quien le pego la pelota en la red (1-0).
En los 90 minutos que duró el set, Alexander Zverev se sintió más cómodo cuando pudo imponer su agresividad desde el fondo de la pista, dictaminando los intercambios con su potente saque y golpes de fondo. Novak Djokovic, por tanto, tuvo que ser paciente, jugar con un ritmo variable y asegurarse que Zverev no pudiera encontrar fluidez en su juego Además, Djokovic aprovechó su increíble capacidad de devolución, una de sus principales armas. El servicio de Zverev, aunque potente, no era invulnerable, y Djokovic estuvo listo para devolver con precisión y profundidad. Si lograba devolver los primeros servicios con solidez, Zverev se sentía presionado, lo que lo llevaba a cometer errores no forzados, algo que Djokovic aprovechó al máximo. La devolución profunda y con ángulos sacó a Zverev de su zona cómoda, forzándolo a jugar de forma menos efectiva, lo que le permitió a Djokovic tomar el control. En este tipo de duelos, la mentalidad jugó un papel esencial, y Djokovic, con su vasta experiencia, mantuvo la calma en los momentos tensos, mientras que Zverev, en ocasiones, mostró signos de nerviosismo bajo presión, algo que Djokovic pudo explotar para sacar ventaja. Otra estrategia fundamental que Djokovic implementó fue enfocarse en el revés de Zverev. Aunque el alemán tenía un revés potente y efectivo, no era tan sólido cuando se le exigía jugar bajo presión, especialmente en situaciones de break point o en los momentos clave del partido. Djokovic, con su excepcional anticipación y lectura de juego, forzó a Zverev a golpear su revés en posiciones incómodas, haciéndolo correr de un lado a otro de la pista. Esto no solo desgastó físicamente a Zverev, sino que también aumentó las posibilidades de que cometiera errores o se viera obligado a jugar de forma más arriesgada de lo que normalmente le hubiera gustado. Además, Djokovic no subestimó la importancia de mantenerse bien posicionado en la cancha. Su capacidad para cubrir la pista con eficacia, moviéndose rápidamente de un lado a otro, fue crucial cuando se enfrentó a un jugador tan físico como Zverev. El dominio del centro de la pista, junto con su capacidad para anticipar los movimientos de su rival, le permitió desgastar a Zverev y, en muchos casos, encontrar oportunidades para imponer su propio ritmo de juego.

¿Cuál fue la idea de juego de Zverev? Plantear un partido que combine agresividad, variedad táctica y solidez mental. En primer lugar, el saque de Zverev es una de sus armas más letales, y debía utilizarlo al máximo para incomodar a Djokovic. Del otro lado de la red estaba uno de los mejores defensores en la historia del tenis, capaz de devolver prácticamente todo, incluso en situaciones desfavorables. Por eso, el alemán de 27 años no solo necesitaba pegar fuerte, sino también colocar las pelotas con profundidad y jugar cerca de las líneas para abrir la cancha y generar espacios. Si caía en el error de jugar al medio, Djokovic iba a tomar el control y manejar los puntos con su consistencia y capacidad de cambiar de dirección.
Otra de las estrategias que implementó fue subir a la red. No es el punto más fuerte de Zverev, pero servía para cerrar los puntos rápidamente y evitar largos intercambios -ganó el 50% de los puntos en la red 9/18. Luego de un game que duró más de 5 minutos, fue fundamental para el Principito mantener por primera vez el servicio. Para estar a la altura y tener chances de ganar este partido, tenía que estar por encima del 80% (ganó el 83%, perdiendo apenas cinco puntos. Por primera vez en el partido, era el que tomaba la iniciativa, dejando atrás su estilo más conservador al jugar muy por detrás de la línea de base. El alemán cambió el ritmo y comenzaba a atacar de manera más agresiva, dirigiendo los tiros hacia la derecha de Djokovic.. Zverev, con su revés potente y preciso, lograba mover a Djokovic por la cancha, y aunque el serbio trata de mantener su dominio, es claro que el alemán está buscando generar más presión, jugando más cerca de la línea y acelerando el ritmo de juego. Algo que llamó poderosamente la atención es que Djokovic no había logrado meter el primer saque en los primeros minutos del partido. Era sorprendentemente, y especialmente viniendo de un jugador considerado por muchos como el mejor de todos los tiempos. En los primeros 11 minutos de juego, Djokovic registraba un porcentaje de ¡0%! de efectividad con su primer servicio, una cifra completamente atípica para él. Zverev logró presionar el segundo servicio, devolviendo con agresividad y colocación, llevándolo a cometer errores o a jugar bolas más cortas que él pudiera aprovechar.
Desde un principio se sabía que este partido tenía chances de durar un par de horas. Djokovic intentó reaccionar con una jugada agresiva, buscando hacer saque y red con su segundo servicio, un recurso que le había dado buenos resultados en el pasado. Sin embargo, Zverev no se dejó intimidar y respondió con un gran revés por la paralela, golpeando la pelota con una precisión impresionante. El alemán aprovechó la oportunidad para desequilibrar a Djokovic, que no pudo llegar a tiempo para interceptar el tiro. Este golpe de Zverev fue un claro mensaje de que, aunque el serbio intentara tomar la iniciativa con su estrategia de saque y red, el alemán estaba más que dispuesto a responder con agresividad y precisión, manteniendo la presión sobre su rival. Recién en el 1-1, con 15-30, Djokovic logró sumar el primer punto. Una vez que agarró confianza, logró su primer ace del partido para colocarse 30 iguales. En el tercer game del set, llegó la primera oportunidad de quiebre para Zverev; sin embargo, no la pudo capitalizar, ya que su disparo de derecha se fue a la red. El alemán debía jugar más con la derecha, cambiar el ritmo. Logró meter un revés invertido que colocó bien y cambió el contrapié de Djokovic. Era la tercera oportunidad, sin embargo, un gran saque de Djokovic abierto, la derecha paralela de Novak y Zverev, que quiso responder con un passing cruzado, quedó en la red. 40 iguales. El sobrepique fantástico de Djokovic, contestando con un slice cruzado. Cuarta oportunidad para el alemán, pero no logró enganchar bien la pelota. No se tenía confianza con el golpe de derecha. Le adelantó la vista a la pelota antes de tiempo. Djokovic ya había adivinado la intención y ahora le jugaba a la derecha. Esas oportunidades luego son consecuencias que se terminan lamentando. Nole pudo sostener su servicio (2-1) tras un blooper -una vez más- de derecha de Zverev cuando estaba en la red.

Era verdad que el partido aún estaba en los rounds de estudios, pero la tensión de los momentos decisivos y la importancia de los puntos claves pareció pasarle algo de factura a Zverev. Y esto tendrá que servirle de experiencia el domingo ante Jannik Sinner o Ben Shelton. Si quiere dar el verdadero salto de calidad y consolidarse como un contendiente serio frente a rivales de jerarquía, tiene que aprender a aprovechar sus oportunidades cuando se le presentan. A lo largo del primer set, tuvo hasta cinco chances de quiebre, situaciones que son oro puro en un encuentro de esta magnitud. Sin embargo, lo que resultó más alarmante fue que esas oportunidades no se generaron por las virtudes de Djokovic, sino por errores no forzados de Zverev. Falló tiros importantes, desajustó su ritmo y no logró capitalizar los momentos en los que podría haber presionado a su rival. Esto no solo refleja una falta de ejecución, sino también una pérdida de confianza en los momentos cruciales, que es precisamente lo que distingue a los grandes campeones. En cuestión de minutos, Djokovic, quien estaba apenas ajustando su juego, ya se encontraba con tres chances de quiebre. Esta vez, no fue por la superioridad de su saque o por una gran jugada, sino por la constancia en su estilo de juego y una táctica inteligente basada en el slice. Los tiros de Djokovic, al parecer sencillos, tomaron una profundidad que Zverev no pudo manejar del todo, con una parábola que dificultaba su anticipación y respuesta. Estos detalles parecían estar afectando la moral del alemán, quien a pesar de su capacidad, no logró resolver esas situaciones. Aun así, Zverev mostró una notable fortaleza mental al salvar esas tres oportunidades de quiebre, utilizando un ace impresionante y un smash que, más allá de la ofensiva, fue una defensa pura contra el dominio de Djokovic. Es ahí donde Zverev muestra destellos de su potencial, aunque con un costoso desgaste emocional (2-2).
Lo de Zverev con el saque continuamente siendo impresionante. Ya llevaba cinco aces en lo que iba del partido, lo que habla de la potencia y precisión de su servicio. Con un 82 por ciento de eficacia, estaba alcanzando un número ideal para sentirse más confiado y sólido en esa parte de su juego. El saque, a menudo, es una de las armas más poderosas para un jugador, y Zverev lo estaba mostrando con creces, logrando tanto primeros saques rápidos como segundos con mucha variabilidad y profundidad. Estos números no solo le daban un respiro en los puntos, sino que también le permitían recuperar la confianza en momentos clave. Un servicio tan eficiente podía ser fundamental para mantener la presión sobre Djokovic y evitar que el serbio se hiciera con el control del ritmo del partido. Si Zverev continuaba con este nivel de saque, podría empezar a jugar con mayor tranquilidad, sabiendo que tenía una de las armas más peligrosas del tenis en sus manos. Sin lugar a dudas, un 82 por ciento de efectividad era un porcentaje que le daba confianza para seguir atacando con su saque y, con suerte, tomar el control de los puntos en los que se encontrara bajo presión (3-3).
En un momento crucial del partido, con el marcador 30-15 y el peligro latente de un posible quiebre, Alexander Zverev demostró su temple y capacidad para mantenerse firme en situaciones difíciles. Había sufrido una doble falta poco antes, lo que aumentaba la tensión, pero supo reaccionar con inteligencia. En su siguiente servicio, Zverev ejecutó un saque a la T que le dio un respiro, seguido de un saque abierto por el lado de la derecha que le permitió ampliar su ventaja. No conforme con eso, volvió a utilizar un saque abierto, esta vez con más precisión, y aprovechó el slice de Novak que se fue ancho, lo que le permitió sostener su servicio y mantener el empate en 4-4, entrando en el terreno de definición del set con renovadas energías, En el noveno game (5-4) a favor de Novak Djokovic, la tensión alcanzó niveles insostenibles. Zverev se encontraba a las puertas de romper el saque del serbio y con ello igualar el marcador, una oportunidad que podría haber cambiado el rumbo del set. Sin embargo, el tenista alemán vio cómo se le escapaban dos oportunidades de quiebre que habrían sido decisivas. En primer lugar, cuando Djokovic estaba en apuros con un 15-40, el serbio respondió con un revés espectacular por la paralela que dejó sin opciones a Zverev, un golpe que reflejó toda la clase y la capacidad de Djokovic para ejecutar jugadas bajo presión. Esa respuesta fue solo el primer de los dos grandes momentos que tendría en ese game. Posteriormente, en el siguiente punto de break, el número uno del mundo sacó un servicio abierto con una precisión milimétrica, colocando la pelota en el lugar exacto para evitar que Zverev pudiera realizar un buen retorno. Con esta acción, Djokovic no solo levantó la amenaza de quiebre, sino que reafirmó su dominio mental en el momento clave del partido.
Alexander Zverev esperaba latente su oportunidad. Se aferraba cada vez más a sostener su servicio, ya que su saque es el arma más fuente. Sin embargo, aún retumbaba en el box que haya tenido hasta cinco oportunidades de quiebre a su favor y no haya podido capitalizarlas. Djokovic se aseguraba el tiebreak en el siguiente juego (6-5). Zverev logró sostener una vez más su servicio en cero (6-6), y la definición del primer set se iba a resolver en el desempate, después de una hora de juego en la que ninguno pudo aprovechar sus oportunidades de break. Hubo preocupación en el box de Djokovic, ya que no fue capaz de correr una pelota. Al igual que en los partidos anteriores, el serbio mostró signos de no estar bien físicamente. Le faltaba aire. Además, llevaba una venda en el cuádriceps y el partido se jugaba de día, por lo que las condiciones eran diferentes. Luego de un smash que dejó en la red, Novak se acercó a la red y abrazó a Sasha. El campeón abandonaba por lesión la primera semifinal masculina del Abierto de Australia. Llamativamente, lo hizo entre algunos abucheos. Ante ello, el alemán, que avanzaba por primera vez a la final en el certamen que se disputa en Melbourne, tomó la lanza y realizó una encendida defensa de su rival, que buscaba agigantar su leyenda obteniendo su 25.º Grand Slam.

«Por favor, muchachos, no abucheen a un jugador que se lesiona. Sé que todos pagaron las entradas, pero Novak ha dado todo de su vida al deporte en los últimos 20 años», dijo Zverev en el Rod Laver Arena, instantes después de la salida del exnúmero 1 del mundo tras vencerlo en el tie break del parcial inicial, luego de 81 minutos de juego. De todos modos, esas no fueron las únicas palabras de elogio que le dedicó a Djokovic el actual número 2 del mundo. «Por un lado, estoy feliz de estar en la final. Por otro lado, no hay un jugador que respete más en el tour que Novak, ha sido uno de mis amigos más cercanos en el tour, siempre puedo llamarlo por un consejo, hemos llegado a hablar horas, esperaba un duro partido, pero ha sido así. Solo tengo respeto para él«, manifestó el tenista alemán de 27 años.
Djokovic buscaba seguir a la caza de su 100.º título en el circuito profesional, pero no pudo superar finalmente la lesión sufrida en el muslo, durante la recta final del primer set de su victoria frente al español Carlos Alcaraz (3) en los cuartos de final. De hecho, este viernes había saltado a la pista con un vendaje en la pierna izquierda.
Con este abandono, Zverev, quien había perdido en las semifinales del Abierto de Australia ante Thiem en 2020 y ante Medvedev en 2024, continúa en carrera para conseguir, por fin, su primer major, después de caer en los partidos decisivos del Abierto de Estados Unidos 2020 y de Roland Garros 2024. Las semifinales masculinas del Abierto de Australia se completarán más tarde, desde las 5:30 (hora de Argentina), con el duelo que protagonizarán el campeón defensor y número uno del mundo, el italiano Jannik Sinner, y el pirotécnico estadounidense Ben Shelton. Jugarán por sexta vez como profesionales. El estadounidense ganó el primero, allá lejos por 2023, en Shanghai. Los otros cuatro (Viena en 2023, y Indian Wells, Wimbledon y Shanghai en 2024) quedaron en manos del número uno del mundo.
⚠ UNITE AL CANAL DE SOY DEPORTES haciendo click aquí y mantente informado‼




Colón
Unión


Comentarios de post