Por Darío Fiori
Hace algunos meses atrás, el Gobierno aceleró la devaluación del peso, cuando el tipo de cambio mayorista en la apertura experimentó un sorprendente salto del 21,8%, alcanzando un valor de $350,05. Lo que sucede en el país no está exento de lo que ocurrió hace un par de horas en el fútbol santafesino a la hora de los clásicos. El clásico se encuentra en una situación de devaluación evidente. Tanto la moneda nacional como el clásico más parejo del fútbol argentino perdió valor en términos de calidad y prestigio. El miedo a perder es evidente. Por algo, más del 50% de los partidos culminaron en empate. Una derrota en un clásico siempre tiene repercusiones a largo plazo, como la pérdida de prestigio, el descontento de los hinchas y la presión sobre el cuerpo técnico y los jugadores. Este temor a las consecuencias puede ser abrumador.
El segundo clásico del año terminó en tablas nuevamente, el cuarto consecutivo. ¿Se podría decir que al Kily le salió el partido que fue a buscar? Sí, porque Unión no sufrió más que un enganche de Wanchope y un remate de Batallini que despejaron al córner. El que peor se expuso en el clásico fue Gorosito. No supo leer el partido y pobló de centros el área de Unión, que lo mejor que tiene es el juego aéreo. Lo mejor de Colón fue la dupla central. Fue flojo el doble cinco. Wanchope Ábila no debió salir. Moreyra entró bien. Cuando se llegó a los 30 minutos del segundo tiempo, todo Santa Fe se dio cuenta de que iban a empatar de nuevo. El punto le cayó bien a Unión porque hace rato se olvidó de lo que era perder el clásico. Se fastidia Colón porque no demuestra regularidad y de local, estos partidos tienen que mostrar más. Lo único que no sonríe es la tabla de posiciones. La soga está apretando a los dos. Unión debe mostrar que puede salir adelante de local ante Sarmiento. Y Colón debe dar un giro y mostrar que puede ser protagonista del torneo ganándole a Barracas de visitante. Fue otro 0-0 que será olvidado rápidamente.
Hablar del fútbol es hablar de Argentina y sus enfrentamientos clásicos. El fútbol no es simplemente un juego, es más bien una pasión convertida en religión. Cada hincha se enorgullece de difundir su fe, la cual seguirá y propagará incansablemente, a pesar de que algunos herejes puedan traicionarla de vez en cuando. Como dice la frase icónica de la película «El secreto de sus ojos», con Guillermo Franchella: «El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión.. pero hay una cosa que no puede cambiar.. no puede cambiar de pasión»
Dentro de la vasta esencia del fútbol, que gobierna el mundo, existe una verdad innegable que a veces cobra vida de manera lamentable en las imágenes de violencia que, desafortunadamente, se vuelven cada vez más comunes durante los fines de semana en los estadios. Palos, petardos, cobardes enmascarados y peleas masivas son lamentables consecuencias.
En Argentina, el fútbol es todo. Ni los supuestos creadores de este hermoso deporte, los insulsos ingleses, ni los cinco veces campeones del mundo y maestros del juego bonito, pueden igualar la pasión desbordante de los argentinos en un campo de fútbol. Antes de que Colón ganara el campeonato, la ciudad era una verdadera olla a presión. Encender un fósforo habría sido suficiente para desatar el caos. No se hablaba de otra cosa en los bares, en las calles, en cualquier lugar: la tensión estaba en el aire. La derrota de tu equipo de toda la vida, el que heredaste de tus padres, era inaceptable. Era como mencionar una palabra prohibida. Era como hablar del cáncer.
Desde temprana edad, se inculcó la idea de que perder ese partido tendría consecuencias devastadoras para miles de niños. Serían una o dos generaciones de personas derrotadas ante los rivales. Tendrían miedo de salir a la calle, de mostrarse en público. Y eso era absolutamente cierto. Quizás algún hincha de Colón recuerde cómo, en 1989, cuando perdió ante su eterno rival y lo condenó a un año más en el Nacional B, no pudo levantarse de la cama, sabiendo que no se atrevería a ir a la escuela. Lo mismo sucedió con el hincha de Unión hace 23 años, cuando perdió 4-0. Los jóvenes pueden ser crueles con las burlas y las cargadas.
Es verdad que, aunque sea una frase gastada, los clásicos son «un partido aparte». Debido a la tensión, la ansiedad, los nervios, la presión y otras muchas razones que tienen más que ver con factores externos, la gente puede pensar que el fútbol pasa a un segundo plano. De que «los clásicos no se deben perder», de que «los clásicos hay que ganarlos», de que «los clásicos no se juegan, se ganan»; y muchas más afirmaciones se escuchan antes de cada clásico, especialmente en esta fecha, caracterizada por la disputa de todos los clásicos del fútbol argentino.
Sabido es que lo que se dice en la previa del partido muchas veces no sirve para nada, por eso los protagonistas rara vez se arriesgan a no expresar siquiera un deseo, todos son cuidadosos en sus declaraciones, y tanto es así, que si no fuera por lo programado, ni siquiera habría conferencias de prensa un par de días antes del partido (este año no hubo ninguna).
Ante un partido como el que se avecina, todo puede tener su lado positivo, por supuesto, de antemano, al que agarrarse. La actualidad futbolística de Colón es positiva. Comenzó a encontrar un estilo que antes no tenía. El de Pipo es un equipo con recursos, ya que cuenta con jugadores que manejan bien la pelota y que además tienen experiencia. Por eso, cuando tienen la pelota, son capaces de marcar la diferencia, en cambio, cuando el partido está trabado o disputado, les cuesta hacer pie.
Por eso, el segundo tiempo contra Argentinos fue tan positivo, no sólo por el resultado, sino también por la actitud. Está claro que Argentinos facilitó un poco las cosas, dando ventajas defensivas que no eran comprensibles para un equipo que va ganando. Sin embargo, el Sabalero supo aprovechar las debilidades del equipo de La Paternal. De esta manera, Colón llegó al Clásico de la mejor manera, con la confianza por las nubes, en el segundo puesto de la Zona A, fuera de la zona de descenso y con plantel completo. El triunfo ante Argentinos fue sanador, ya que un traspié lo hubiera sumido en una situación muy compleja.
Por lo tanto, el equipo apareció en el momento justo para desactivar las alarmas. Generar tranquilidad y confianza, despejando las muchas dudas que dejó el partido ante Instituto y el primer tiempo ante Argentinos. Hoy el panorama es muy diferente. A este Clásico, Colón llegó con la obligación de ganar, pero con la tranquilidad de haber salido del último puesto y también de haber alcanzado a Unión. No es poco y además cuenta con la ventaja de ser local, lo que sin dudas es una ventaja, según las últimas estadísticas. Cabe destacar que el Sabalero dio la cara cuando tenía que darla y ahora puede venir lo mejor.
Tenía mucho mérito el buen momento de Colón a lo que propone Gorosito, más allá de que muestre su mejor versión con un plantel más calificado, algo que no pudo hacer en la competencia anterior, donde la realidad indica sin embargo que no tenía menos jugadores en cuanto a jerarquía y calidad que otros, como Instituto, Central Córdoba, Barracas Central, Unión, Banfield, Sarmiento y Platense.
En esta ciudad, los clásicos adquieren muchos significados, tienen efectos multiplicadores. Enaltecen a los buenos y no ofrecen compasión a los malos. Para muchos han sido auténtica cuna de amores, de relaciones que se convirtieron en llaves de templos sagrados y pactos tácitos de eterno retorno. Y, para otros, han sido verdaderos tormentos, vínculos llenos de angustia y condena, contaminados por la desmesura que el fútbol suele inyectar a todo lo que lo rodea. Del lado de Unión, comenzaban a escribir su gran historia contra Colón en el Centenario. Ese referente ineludible, esa espesura apasionada envolvía el desafío de este domingo. Kily González lo sabía y estaba ante una oportunidad valiosa para construir la señal de despegue que buscaba su proceso.
Por ahora todo transcurría en un campo de intenciones, de insinuaciones, de avances y retrocesos, por eso una victoria en el Brigadier podía darle el impulso deseado, una recompensa de mayor nivel, que afirmara su carrera como entrenador en el universo tatengue y que ampliara los créditos y reconocimientos que supo ganarse como jugador. Y conseguir ese halo victorioso a domicilio, con todo lo que le ha costado a este equipo lograr grandes cosechas en esa condición a lo largo de este 2023, representaría otro aval convincente, más que oportuno, irrefutable, una ratificación de pautas y rumbos.
Estaba claro que es imposible que este partido pase desapercibido en Santa Fe. Una ciudad que venera esta práctica, tan distinta a sus preferencias, y la convierte en tema de conversación y cruce de acusaciones en cada esquina, en cada mesa de bar, en cada escritorio de trabajo durante semanas. Y, si el acontecimiento lo merece, puede convertirse en un recuerdo imborrable.
Este momento concreto de Unión brindó a Kily una oportunidad extraordinaria. Igual de importante que el propio clásico. Con ese poder tremendo de reverberación que podía derivar en un guiño al clásico. Y González lo sabía, por eso no quería que fuera uno más. Debía aprovechar esas características y efectos especiales, tan propios de la pasión santafesina.
Con respecto a la victoria contra Argentinos, Pipo optó por un 4-3-1-2. Antes de que la pelota comenzara a rodar, el parado táctico de la televisión marcaba un 4-3-3 con Botta como extremo derecho, aunque una vez que Tello dio el pitazo inicial, se ubicó como media punta. Lo más distintivo de este Colón fue el manejo de la pelota en el mediocampo, basado en la presencia de jugadores con buen pie, pero que no son tan dinámicos. Así, cuando el Sabalero tuvo la pelota, asomó como un equipo peligroso, pero cuando no la tuvo le costó retroceder. Porque Colón es un equipo con la pelota y otro muy distinto cuando no la tiene, teniendo en cuenta las características de sus jugadores.
De allí los jugadores que colocó en cancha para formar un mediocampo que asegure el resguardo de la pelota en detrimento de la dinámica, apostando a Favio Álvarez en la que no logró tener un impacto positivo en la zona central del juego. Lateralizando de izquierda a derecha, pero sin desmarcarse nunca de la línea de volantes para tener más libertad de pisar el área de Campisi con criterio y perdiendo la referencia de marca, Cardozo Lucena fue el jugador más claro en el sector central, siendo el eje del equipo. Cuando combinó con Botta y Batallini, consiguieron sortear el mediocampo de Unión, que tenía a Mosqueira como único volante central en desventaja numérica.
En una de las jugadas más claras del primer tiempo, Batallini recibió la pelota sobre la izquierda del área de Unión, remató de zurda, pero Calderón, de manera formidable, evitó el 1 a 0 a favor del Sabalero. Por su parte, Botta, que se ubicó detrás del único volante central del Tate, Joaquín Mosquiera, estuvo lejos de su mejor versión. No fue un jugador desequilibrante y no fue quien manejó los hilos del ataque. Batallini estuvo mejor en el primer tiempo que en el segundo. Daba la sensación de no estar en su mejor momento físico, le costaba arrancar y encarar en ataque, parecía jugar condicionado y no conseguía imponerse en el uno contra uno. Siempre estuvo con una marca férrea entre dos o incluso tres jugadores del Tate. Wanchope pivotaba, se movía por todo el frente de ataque. En algunos momentos complicó a la zaga central entre Paz y Calderón, participó en la gestación del juego, pero no estuvo fino en la definición.
Desde que asumió la conducción del equipo, el Kily no retocó nada. La línea de cinco, que en ataque se transforma línea de 3 dependiendo en gran medida de lo que pueda hacer los laterales volantes. Luna Diale empezó desde atrás, ya que era el jugador que tenía más claridad y podía jugar un papel importante en el manejo de la pelota, sin olvidar que retrocedía y ayudaba en la banda izquierda. No tuvo Roldán esa dinámica para intentar cambiar el ritmo en las transiciones ofensivas. A bordo del 5-3-2, intentó inyectarle dinámica y presión. Por eso, tanto en Rosario como en Santa Fe, apostó por jugadores jóvenes, dispuestos a correr y adaptarse al estilo de juego que pregona. Contrariamente a Pipo, el primer objetivo del Kily no era tener la pelota, de hecho, las estadísticas señaló que Colón tuvo el 67% del control del balón, sino progresar en campo contrario, pero de una manera más vertical y directa. Buscó recuperar la pelota más arriba y de manera más directa. En realidad, Unión no contó con jugadores de tenencia, sino con futbolistas más dispuestos a jugar y disputar la pelota.
Nuevamente, la pelota parada no tuvo éxito. Generó varios tiros de esquina, no obstante, no logró marcar la diferencia, a pesar de tener varias jugadas ensayadas. A diferencia del partido ante Platense, Unión se mostró como un equipo intenso y con mucha actitud. Pese a las atajadas de Campisi, mantuvo la disciplina táctica y el orden que había mantenido en varios partidos. El encuentro se desarrolló como imaginábamos, con dos estilos muy marcados. De entrada, el Kily entendió que el negocio estaba en atacar la espalda de Alberto Espínola. Cuando se proyectó, dejó muchos espacios y no fue fiable en la marca. De hecho los relevos los tenían que hacer Goltz o Cardozo Lucena, que se metían entre los centrales para dar equilibrio
Lo negativo de esa primera etapa fue que abusó mucho de los pelotazos largos. Una vez que transcurrieron los primeros minutos, Unión intentó ser prolijo con la posesión de la pelota, pero no pudo hacer cambios de ritmo ni transiciones de defensa a ataque. Todo se hizo a un ritmo lento y cansino. Si no encontraba espacios, optaba por atacar con envíos largos en profundidad a Zenón o Vera. El Tate no conseguía asentarse en el centro del campo y no lograba avanzar con claridad en campo enemigo. Muy poco de Vera por la banda derecha, que estuvo mucho más pendiente de la marca que de atacar al tándem de Más y Álvarez. Chicco comenzó a destacarse como la figura de Colón. El Tate atacó menos, pero cuando lo hizo fue peligroso. Un centro de Vera encontró un cabezazo de Toro Morales, que fue atrapado por el arquero oriundo de Córdoba.
Era un hermoso clásico que estaban ofreciendo tanto Colón como Unión, ya que a pesar de sus diferentes estilos, ambos equipos se atacaron de manera constante. Botta probó a Campisi desde fuera del área con un disparo hacia su palo izquierdo, pero el arquero de Unión voló, no se complicó y desvió la pelota con éxito.
Así como mencioné la semana pasada que Palermo fue muy inteligente al mantener el duelo táctico, ya que colocó a Ciro Rius como extremo derecho y lo ubicó por detrás de Zenón, esta vez, el duelo quedó en manos de Kily. Muy poquito de Rubén Botta. Un poco más de calidad siempre se le exige a este tipo de jugadores. Hizo todo mal. Fue impreciso con el balón en los pies, siempre se equivocó al pasar o encarar. Se mostró muy contrariado y le faltó rebeldía para intentar ser la manija del equipo. Al sabalero le faltó viveza para manejar los tiempos. Le faltó desobediencia para encarar a Facundo Tello y reclamarle la doble tarjeta amarilla a Paz. La segunda mitad se jugó como Unión quería, entre cortes, sin grandes emociones en las áreas.
En el complemento, Unión adelantó sus líneas y comenzó a tomar la iniciativa. Pero más allá de las ganas y el empuje con el que juegan, la realidad indisimulable es que a Unión le falta jerarquía y variantes de mitad de cancha hacia adelante. Insisto nuevamente en el mensaje. Pareciera repetitivo, pero el mercado de pases no fue para nada bueno. Se buscaron jugadores para completar el plantel, pero ninguno pudo hacer la diferencia. Quienes llegaron fueron todas apuestas, tal vez con la excepción de Nicolás Orsini, que tiene más experiencia, pero un presente muy pobre. En la media hora que jugó, hasta ahora no demostró por qué tiene que ser titular. En ataque no tuvo el impacto deseado. Tampoco tuvo la oportunidad de disparar al arco. Y ese menosprecio que hace al manejo del mercado de pases se está observando en estos partidos. Le cuesta mucho a Unión generar en ataque, el equipo carece de variantes y se repite demasiado en los centros cuando busca el arco contrario. Apuesta casi exclusivamente a lo que pueda intentar Kevin Zenón y alguna que otra aparición de Mauro Luna Diale.
Tampoco se abastecen los delanteros, ya que carecen de juego en la zona media. Hoy fue titular Enzo Roldán y se notó que no está en su mejor nivel por la exigencia de un partido de esta magnitud y por eso no pudo inyectarle dinamismo al mediocampo. En todos los partidos, el Kily se ve obligado a hacer los mismos cambios partido tras partido, ya que cuenta con muy pocos jugadores en el banco. En contados partidos terminó arriesgando, sacando a un defensor e incluyendo a un delantero, como sucedió ante San Lorenzo o Platense. La verdad es que hay muchos juveniles que tienen que hacerse cargo en este momento caliente, ya que es un jugador para mantener la categoría y habrá que decir que más no se le puede pedir. Unión hace lo que puede y no lo que quisiera, porque la ambición del entrenador es marcada, pero choca con sus propias limitaciones.
Por ende, por más buenas que sean sus intenciones, a la hora de resolver en los metros finales, la falta de recursos es evidente. Cada cosa que generó El Tate, salvo en la primera etapa, fue demasiado forzada y si bien el cuerpo técnico puede trabajar sobre circuitos de juego, en la búsqueda de alternativas, el que termina definiendo es el jugador. Hoy los delanteros de Unión tuvieron un promedio de 18,5 -Dómina y Morales, este último el más claro en ataque). Además el equipo no tiene un volante creativo, ni un mediocampista que asuma el rol de conductor. Tiene a Patricio Tanda, que es un jugador con un buen pie e interesante porcentaje de pases efectivos correctamente, a pesar de ello, no es capaz de filtrar entre líneas.
Por esa razón, el que tuvo que tomar la pelota y jugar fue Kevin Zenón, que arrancó desde atrás. Y a veces, cuando Mauro Luna Diale pudo desmarcarse, está claro que Unión generó muy poco a lo largo de los 96 minutos a pesar de que fueron las más claras. Entregó más de lo que pudo. Cuando el hincha de Unión tenga que poner la cabeza en la almohada, no podrá reprocharles a los jugadores la actitud y la determinación con la que salieron a jugar el partido. Lejos estuvo de meterse en su propio arco. La palabra indisciplina no está en el diccionario de este equipo. Estos atributos por sí solos no bastan para ganar partidos. Se requiere un elemento adicional, algo conocido como calidad o categoría, que Unión carece.
Entonces este equipo termina chocando con la realidad mostrada en los últimos partidos. Jugó mal contra Newell’s, regularmente abajo contra Godoy Cruz, no pateó al arco contra Platense. Todos los encuentros que afronte Unión serán, como se dice, un martirio. No tiene absolutamente nada que hacer el Tate. Y si este equipo no tuviera el corazón que tiene, otra sería la historia. Si el presidente Luis Spahn hubiera encarado el mercado de fichajes de otra manera, no cabe duda de que la realidad sería muy distinta.
La oportunidad más clara de la segunda parte fue de Enzo Roldán. El oriundo de Villa Mercedes rompió líneas y ganó un tiro libre. Zenón remató por debajo de la barrera, la pelota rozó el pie de uno de los jugadores sabaleros y se fue al tiro de esquina. En ataque, Colón cometió muchos errores con la pelota en los pies y le dio la posibilidad a Unión de salir con mucha gente en ataque. En la segunda parte, Morales se posicionó como una especie de extremo por la derecha, mientras que Dómina fue el único delantero por detrás de Garcés y Goltz.
Antes de los diez minutos, Gorosito hizo tres cambios en uno. Moreyra reemplazó a Cardozo Lucena para darle algo de equilibrio al mediocampo, ya que el sector central era una autopista. El paraguayo fue el mejor jugador del primer tiempo. En cuanto a la entrada de Stefano, Colón comenzó a tener un poco más de contención en la zona medular. Trató de recuperar la pelota y luego intentar salir rápido con Botta, Galván o Batallini. Si bien Pierotti tocó algunos balones, no pudo dar frescura y desequilibrio por la banda derecha. Fue muy contenido por los cierres de Zenón y Corvalán. Yo particularmente no entendí la apresurada sustitución de Wanchope por parte de Gorosito. Venia de hacer dos goles seguidos, contra Instituto y Argentinos Juniors. Estaba dulce en cuanto a goles, sin embargo, también en su mejor momento desde el punto de vista físico, en una etapa de su carrera donde nunca pudo obtener regularidad en partidos y goles, y donde se caracterizó por su mal rendimiento físico y hasta situaciones extra futbolísticas, como no llegar a tiempo a la pretemporada porque se quedó en Qatar para el Mundial, entrenando con un rival directo por el descenso como Instituto, al que también fue a ver a Alta Córdoba, como sucedió con Huracán en el estadio Tomás Ducó. Pivotó estratégicamente, desplazándose de manera fluida a lo largo de la línea de ataque, generando en ocasiones dificultades para la sólida defensa central que conformaban Paz y Calderón. Participó activamente en la configuración y desarrollo de las jugadas, si bien su precisión en la fase de finalización no estuvo a la altura de su contribución en la construcción del juego.
A Colón no le sentaron bien los cambios. Todo el mundo sabía que este partido era ideal para Wanchope y Gorosito lo sacó. Benítez tiene mucha voluntad, hace de todo, es una rueda de auxilio, pero no está donde tiene que estar, que es en el área. Fue increíble que los mediocampistas no pudieran meter la pelota en el área porque Conejo estaba en el mediocampo. Del lado de Unión, el Kily realizó modificaciones. Mandó a Orsini a jugar por arriba, con experiencia sobre Domina, que no pudo imponerse en velocidad a los dos centrales. Garcés anuló todos sus movimientos. Era infranqueable por arriba. Fue la figura de Colón, al igual que el arquero en la primera etapa. Goltz es imprescindible en este equipo. Jugó un partido correcto, cumpliendo en la marca y relevando a Espínola.
Había pasajes del partido, sobre todo en el segundo tiempo, que se jugaba como Unión quería. Tanda entró a manejar la pelota, aunque al equipo Tatengue le faltó más audacia. Le faltó presionar más al ataque, que no fue claro en la salida. El que tuvo que retirarse fue Roldán, que duró 69 minutos y venía de una lesión de meniscos. Ya al final del partido, Gerometta fue reemplazado por Vera, un jugador que no consigue acabar los 90 minutos sin molestias físicas. Y, por último, la entrada de Del Blanco, que se ubicó rápidamente en la franja izquierda. De hecho hizo levantar de sus asientos a todos los hinchas de Unión, ya que protagonizó un fenomenal contraataque en el tiempo de descuento. No quedó claro qué quería hacer. El caso es que la jugada no acabó en tiro al arco, ni en nada comprometedor. Gorosito quemó todas sus naves y mandó a Toledo por Batallini, que no tuvo la lucidez de otros partidos. Terminó jugando con dos 9. La idea de Pipo era tener oportunidades para desmarcarse. Al contar con dos delanteros, había más posibilidades de que uno de ellos se soltara y encontrara espacios en el área rival y mayor presencia en el área.
El planteo de Gorosito fracasó. Siempre trató de jugar directo, cuando las mejores virtudes de Unión son la defensa y el juego aéreo. También en los cambios. Guille podría haber ingresado y mantener a Wanchope y Toledo, en lugar de Benítez, aunque obviamente esto es con el diario del lunes. Ya veremos al final del torneo quien sufre el empate, por ahora parece que Colón lo sufre más. El empate termina siendo justo y el punto es victoria para Unión y derrota para Colón. El sabalero hace 11 años que no gana un Clásico de local y hace seis que no puede ganarle al Tate, confirmando que en los últimos tiempos Unión sabe jugar mejor los Clásicos que Colón, dando un plus en este tipo de partidos.
Unión luchó con todas sus fuerzas y mostró una gran determinación en el partido, pero enfrentó sus propias limitaciones. Es un equipo carente de jerarquía y variantes en ataque, lo que se evidencia en su falta de creatividad y profundidad en la zona ofensiva. Pese a su esfuerzo y actitud en el campo, Unión se enfrenta a la dura realidad de no contar con los recursos necesarios para ganar partidos de forma consistente. El empate, en este contexto, es una victoria para Unión y una derrota para Colón. Si quiere revertir esta tendencia en el futuro, el Sabalero necesita encontrar soluciones a sus problemas en los Clásicos.
Bajo la lupa de Colón
Chicco (7): En la primera parte tapó dos pelotas clave, ambos ante Morales, que aseguraron el cero a cero. Un claro mano a mano, que resolvió interponiendo su cuerpo ante el remate del delantero visitante, y un cabezazo que controló en dos tiempos. En estos dos últimos partidos mostró la seguridad y firmeza tras las críticas recibidas en Alta Córdoba.
Espínola (5): El paraguayo es una cosa cuando ataca y otra cuando defiende. En ataque, tuvo la oportunidad de desmarcarse y soltar un disparo que pasó cerca del arco de Campisi. Recuperó una pelota cerca del sector derecho, encaró con pelota dominada y mandó un centro al corazón del área que no llegó a conectar con precisión Galván. Lamentablemente, sufrió una lesión y tuvo que ser reemplazado por Eric Meza.
Goltz (6): Recurrió a su experiencia y se mostró firme en la marca. Relevó en todo momento cuando el paraguayo se fue al ataque. Realizó algunos cierres más que interesantes. Siempre buscó pelotazos largos a Wanchope. Bastante mejor en el juego aéreo que en el mano a mano. No se complicó nunca.
Garcés (8): A mi juicio, la figura del Clásico. Se complementó bien con Goltz. Gran trabajo en la última línea. Ganó casi todos los cabezazos. Siempre le ganó en velocidad a Dómina, dándole experiencia al juvenil. Neutralizó también a Orsini.
Mas (5): En ocasiones su juego fue irregular. Aunque trató de proyectarse por su banda, también tuvo que contener las intentos de zancadas de Vera. Como sus compañeros de zaga, cumplió una tarea correcta.
Álvarez (4): No consiguió incidir positivamente en la zona central del juego. Lateralizó de izquierda a derecha, pero sin desmarcarse nunca de la línea de volantes para tener más libertad de pisar el área de Campisi con criterio y perdiendo la referencia de marca. Bloqueó un disparo de Dómina.
Cardozo Lucena (5): Fue el más claro en el sector central durante el primer tiempo, siendo el eje del equipo. Cuando se combinó con Botta y Batallini, logró superar el mediocampo de Unión, que tenía a Mosqueira como único volante central en desventaja numérica. Terminó pidiendo el cambio por una molestia física.
Botta (3): Hizo muy poco. A este tipo de jugadores siempre se les exige un poco más de calidad. Hizo todo mal. Mostró falta de precisión al manejar el balón, cometiendo errores tanto al pasar como al intentar gambetear. Se mostró muy contrariado y le faltó rebeldía para intentar ser la manija del equipo. No contó con espacios, y eso se debe a la buena léctura táctica que empleó el Kily González. Probó con un disparo de media distancia que exigió a Campisi. Pateó un tiro libre con mucha displiciencia.
Galván (4): Aunque es uno de los jugadores revelación de este segundo semestre, está lejos de generar juego. El saldo positivo para él es que colaboró en la marca cuando los mediocampistas de Unión intentaron desmarcarse y pasar al ataque.
Batallini (5): En algunos momentos fue desequilibrante y, por eso, sus marcadores debieron recurrir sistemáticamente a las faltas para frenarlo. Cerca de los 15 minutos del primer tiempo, tuvo la oportunidad más clara para Colón, pero su disparo rasante fue despejado prácticamente en la línea de gol por Calderón. Ya en la segunda parte, dio la sensación de no estar en su mejor momento físico, le costaba arrancar y encarar en ataque, parecía jugar condicionado y no conseguía imponerse en el uno contra uno. Estuvo siempre con una marca férrea entre dos o incluso tres jugadores del Tate.
Ábila (6): Resultó desconcertante la salida de Wanchope por Gorosito. Venia de marcar dos goles consecutivos. Estaba en su mejor forma física. En el partido en cuestión, demostró su capacidad para pivotear, moverse por toda la zona de ataque y generar problemas para la defensa central, entre Paz y Calderón. Participó en la construcción de juego, aunque lamentablemente no estuvo preciso en la fase de definición. Por lo tanto, la decisión de su salida puede haberse basado en aspectos tácticos o físicos que el entrenador consideró relevantes en ese momento específico del partido.
Meza (6): En la marca no tuvo problemas, ya que Zenón no tuvo desequilibrio ofensivo desde su ingreso. Lo controló muy bien. Además cuando pudo intentó soltarse y llegar al fondo del campo rival, triangulando por la banda derecha. A los 37 minutos avisó con un disparo de larga distancia y Campisi.
Moreyra (5): Con su entrada, Colón comenzó a tener un poco más de equilibrio en el sector central. Trató de recuperar la pelota y luego intentar salir rápido con Botta, Galván o Batallini. En una de las primeras pelotas que recuperó, hizo estallar a los hinchas sabaleros.
Pierotti (4): disputó algunas pelotas, pero no pudo aportar frescura y desequilibrio por la banda derecha. Fue muy contenido por los cierres de Zenón y Corvalán.
Toledo (4): entró faltando 12 minutos y no pudo ganarle el duelo a los centrales del Tate, que fueron inquebrantables.
Benítez (3): Con su ingreso, la idea de Gorosito fue que apoye en la elaboración y en la definición. Lejos de hacerlo.
Bajo la lupa de Unión
Campisi (6): Había ciertas dudas sobre como iba a responder ante la inesperada lesión de Moyano. Solamente había tenido un puñado de minutos en la Copa Santa Fe ante Libertad de Sunchales. Transmitió seguridad al equipo. Respondió cada vez que fue exigido y aprobó el difícil examen que representaba su estreno en la valla del rojiblanco, y justo en el clásico. Lo más claro fue un disparo de Botta que despejó al córner y un disparo que tomó un rebote de Eric Meza.
Vera (5): Pasó muy poco al ataque. Estuvo mucho más pendiente de la marca que atacar el tándem Batallini y Más. Lo controló bastante bien al volante por izquierda, ex jugador de Argentinos Juniors e Independiente. Si bien es cierto que no tuvo tanta participación ofensiva, colocó un centro desde la derecha para que Morales conectara de cabeza y exigiera a Chicco.
Paz (6): Se complementó bien con Calderón, quien fue la gran figura por parte del Tate. Tenía una tarea díficil de controlar a Wanchope. Durante el primer tiempo, tuvo momentos de buen rendimiento intercalados con algunos errores. Mostró la seguridad en el juego áereo. Fue amonestado en la primera etapa, y llegando al epílogo, Tello le perdonó la vida por una infracción. Tranquilamente lo podría haber expulsado.
Franco Calderón (7): La figura del Clásico. Fue el más firme del fondo de Unión tanto por arriba como por abajo. Salvó en la línea el disparo de Batallini que pudo ser el 1-0 para Colón en el primer cuarto de hora. Además, el jugador chaqueño desempeñó un papel crucial como líder, dando instrucciones a sus compañeros para mantener el arco de Campisi invicto. Sin embargo, recibió su quinta tarjeta amarilla a los 43 minutos del segundo tiempo debido a una falta cometida contra Toledo, lo que resultará en su ausencia en el próximo partido contra Sarmiento.
Corvalán (6): Se convirtió en el jugador de Unión con la mayor cantidad de enfrentamientos en clásicos ante Colón sin conocer la derrota, acumulando un total de 8 partidos, con dos victorias y seis empates. La experiencia de «El Mugre» en este tipo de encuentros fue fundamental, aportando determinación, habilidad y confianza al sistema defensivo del equipo. También intentó establecer superioridad numérica en el centro del campo junto a Zenón.
Zenón (6): Es el jugador más creativo que Unión tiene de mitad de cancha hacia adelante. Mostró una constante voluntad de jugar y contribuir al equipo. Inicialmente, arrancó por izquierda, pero después de los primeros quince minutos, pasó a jugar por derecha para perder la referencia de la marca. Siempre buscó superar las espaldas de Espínola. Incluso estuvo cerca de anotar en dos posibilidades, con un disparo que pasó cerca del poste derecho, inquietando a Ignacio Chicco. En la segunda mitad, ejecutó un tiro libre por debajo de la barrera, y la pelota rozó el pie de uno de los jugadores de Colón antes de salir a córner.
Roldán (5): En la primera mitad, le faltó la dinámica necesaria para alterar el ritmo en las transiciones ofensivas. No obstante, mostró una notable mejoría al comienzo del segundo tiempo, destacándose con una corrida impresionante que resultó en la obtención de un tiro libre, como mencionamos anteriormente. Jugó un total de 69 minutos. Dado que venía recuperándose de una lesión, se notó que no estaba en su mejor forma para enfrentar la exigencia de un partido de esta magnitud, lo que limitó su capacidad para imprimirle dinamismo al mediocampo.
Mosqueira (6): Le resultó complicado adaptarse al talento de los volantes sabaleros al principio. Su labor se dificultó aún más dado que tenía que lidiar con la presencia de Botta, quien se posicionó detrás de él. Sin embargo, a medida que avanzaba el tiempo, logró consolidarse en su función defensiva y no tuvo dificultades en la marca. Además, a los 30 minutos del segundo tiempo, intentó un disparo que finalmente se desvió del objetivo.
Luna Diale (6): Empezó desde atrás, ya que era el jugador que tenía más claridad y podía jugar un papel importante en el manejo de la pelota, sin olvidar que retrocedía y ayudaba en la banda izquierda.
Dómina (4): A un jugador del club hay que prepararlo físicamente, futbolísticamente y psicológicamente. Tuvo la responsabilidad de ser el encargado de finalizar las jugadas. Perdió siempre en velocidad ante la experiencia de Garcés y de Goltz. Le dio una asistencia a Morales, en lo que fue la primera jugada clara del partido. Fue reemplazado por Del Blanco.
Gonzalo Morales (6): Dentro de la batalla táctica que ganó el Kily González, hay una cosa que no me quedó claro y la salida de Gonzalo Morales. El delantero que mas cerca estuvo de gol en el clásico. Un mano a mano que disparó al cuerpo de Chicco, y luego un cabezazo que controló el guardameta sabalero en dos tiempos. Encontró la manera de posicionarse para recibir el balón estando solo en varias ocasiones. A pesar de que hace 3 partidos que no logra convertir un gol, es el delantero que mas peligro lleva al área rival.
Orsini (3): Durante los 30 minutos que estuvo en el campo de juego, no logró demostrar por qué el entrenador Kily González debería confiar en él como titular. En el aspecto ofensivo, no tuvo el impacto esperado y tampoco tuvo la oportunidad de realizar un disparo al arco. Esto refleja la falta de refuerzos en el mercado de pases, lo que se evidencia en los partidos recientes. Unión está teniendo dificultades para generar oportunidades de ataque, mostrando una carencia de opciones y una tendencia a abusar de los centros al buscar el arco rival.
Tanda (5): Se ubicó como volante mixto en el eje central de la cancha. Lo liberó a Mosqueira, pasando a jugar por derecha. Es un jugador que tiene un buen pie e interesante porcentaje de pases efectivos correctamente, pero no es capaz de filtrar entre líneas. No es el jugador para que sea el conductor de este equipo.
Del Blanco (-): Reemplazó a Domina a falta de cinco minutos para el final, y casi no tuvo contacto con la pelota. Pasó a jugar de doble cinco con Tanda, un poco tirado a la izquierda. Asimismo, en el descuento se sumó a colaborar en la marca. Desperdició un contragolpe fenomenal en tiempo de descuento. No se entiendo lo que quiso hacer.
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