Tomás Etcheverry dio todo, pero sabía que su excursión por Australia se encontraba ante un dificilísimo obstáculo, acaso el más duro que podía tocarle en la actualidad: nada menos que el número 1 del mundo, Novak Djokovic, que se impuso por 6-3, 6-3 y 7-6 (7-2) en 2 horas y 28 minutos de juego, y que dejó sin argentinos la segunda semana del Australian Open. Por la tercera ronda, el platense (32° del ranking) batalló incansablemente, pero no pudo frente a un serbio que siente este Grand Slam, el primero del año, como su casa, pues aquí conquistó el título en 10 ocasiones, lo que lo convierten en el máximo ganador de la historia.
Hay un dato que refleja claramente el nivel en el que jugó el mejor del mundo: no solo no perdió ninguno de los juegos en los que sirvió, sino que ni siquiera le dio a Etcheverry la posibilidad de un break. Es decir, el saque de Djokovic fue tan bueno que jamás estuvo en discusión.
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