Por Darío Fiori
En 1999, el Pity Álvarez escribió «Todo Sigue Igual», interpretada por su banda Viejas Locas. A través de sus letras, esta composición logró capturar la esencia de un momento cultural y social en Argentina, mientras transmitía una sensación de inmovilidad en medio del cambio constante.
El tema habla de la cruda y honesta realidad que Álvarez percibía en su entorno. Aunque el título pueda sugerir resignación, la canción está impregnada de la agudeza y la irreverencia que caracterizan al rock. En la letra de la canción, Pity Álvarez aborda temas recurrentes en la música rock: el desamor, la desilusión y la lucha contra las adversidades. Sin embargo, lo que hace que «Todo Sigue Igual» sea una composición atemporal es la forma en que combina estos elementos con una sensación de inmutabilidad. La canción retrata una sociedad en constante transformación, pero a la vez sugiere que, a pesar de los cambios, algunas cosas parecen resistirse al paso del tiempo.
Si bien no se limita a ser un lamento pesimista. Más bien, su mensaje puede interpretarse como una llamada de atención para reconocer las problemáticas persistentes y emprender acciones para superarlas. El legado de «Todo Sigue Igual» trasciende el año de su creación y se mantiene relevante en la actualidad. La canción resuena con aquellos que sienten que, a pesar de los avances y cambios en el mundo, ciertos aspectos fundamentales permanecen arraigados. La habilidad de Pity Álvarez para canalizar la frustración y la melancolía en sus letras, combinada con la energía del rock, es lo que hace que esta composición siga siendo una referencia cultural y musical en el repertorio del rock argentino.
Usted se preguntará, ¿Qué tiene que ver con el partido de Unión y Racing? Tiene mucho que ver. Unión se encuentra sumido en una situación crítica que parece haber quedado enmascarada por una breve racha de buenos resultados. Sin embargo, tras analizar con detenimiento los acontecimientos recientes y las decisiones de la dirigencia, se hace evidente que el club enfrenta problemas profundos que amenazan su estabilidad a largo plazo.
La victoria frente a Central Córdoba en Santiago del Estero marcó el inicio de una serie de triunfos que parecían dar un respiro al equipo, pero esta seguidilla de buenos resultados no puede ocultar la realidad interna del club. Una reunión entre el presidente, Luis Spahn, y las agrupaciones opositoras prometió la priorización del plantel y la llegada de refuerzos al término del torneo. Sin embargo, esta promesa se ha desvanecido en el viento, dejando a los hinchas con un sentimiento de traición y engaño.
La rápida salida del técnico Sebastián Méndez después de lograr una notable recuperación en el rendimiento del equipo, seguida por la llegada de Cristian «Kily» González, refleja una inestabilidad en la toma de decisiones. Aunque el Kily ha mostrado valentía al dar oportunidades a jóvenes jugadores, su gestión no logró llenar el vacío por las salidas de figuras claves, empezando por Imanol Machuca, el jugador más desequilibrante de mitad de cancha hacia adelante resaltó la falta de coherencia.
La salida de jugadores, tanto titulares como suplentes, abrió un abanico de interrogantes acerca de la gestión económica y deportiva del club. A pesar de las ventas récord que inyectó dinero a las arcas, no se tradujo en la calidad del plantel. La tesorería encontró alivio, pero los hinchas se preguntan por qué no se invirtió ese capital en fortalecer la columbra vertebral del equipo. La inhibición que pesó sobre el club 5 meses y esperaron hasta la última semana para levantarlas, la preocupación del Kily reforzaron una imagen de un Unión en alerta roja. El presidente, hasta ahora, no parece haber internalizado la gravedad de la situación. Está en el peor momento de su gestión. Ni cuando el equipo estuvo 26 fechas sin ganar y descendió hasta a la B Nacional, porque en ese momento no tuvo oposición que le haga frente. La incertidumbre sobre el futuro de algunos jugadores, el plantel, se creó un ambiente inestable y desalentador. Los hinchas observan un desconcierto como las promesas de estabilidad se desvanecen.
El desencanto de los hinchas se ve agravado por la falta de coherencia entre las palabras y las palabras de la dirigencia. No cumplió con la promesa de retener a jugadores hasta fin de año, y el club vio como fueron reemplazados de manera inadecuada. Unión se enfrenta a una encrucijada crítica que exige un liderazgo comprometido y una estrategia coherente. Las decisiones tomadas hasta ahora han dejado a un equipo frágil, con una columna vertebral debilitada y un futuro incierto. A menos que la dirigencia tome medidas concretas para abordar los problemas internos, la caída en picada del equipo es una posibilidad real y alarmante. El presidente debe reconocer la urgencia de la situación y actuar de manera decisiva para evitar que el club se hunda aún más en la crisis deportiva y organizativa.
Estas palabras no son una crítica a los opositores, sino una expresión sincera de muchos que confiaban en una gestión que demostró ser más frágil y desgastada de los que muchos imaginaban. Lo nuevo se desvanece, mientras lo antiguo se deteriora sin remedio, como una metáfora de una gestión que parece haberse estancado. Los proyectos a medio realizar y la subestimación de recursos dejan a los seguidores preguntándose si el futuro será tan incierto como el presente.
Las frases como «no podemos hacerlo», «no es viable» y «no estamos preparados» son más que un reflejo de las circunstancias adversas, también transmiten un sentimiento de abandono y postergación que la gestión actual ha perpetuado. La falta de acción y la abundancia de excusas han sumido al club en una parálisis, mientras las promesas de cambio y avance se desvanecen como ilusiones efímeras.
Esa sensación de «mala energía» no es solo producto de un entorno difícil, sino que revela una gestión que perdió el rumbo. La pasión y la emoción que alguna vez caracterizaron al club de la Avenida López y Planes dieron paso a decisiones frías y calculadores, en detrimento de los que realmente importa: los sentimientos y los sueños de los miles que apoyan y pagan la cuota diariamente.
El modelo de y gestión personalista y cerrado, que quizás tuvo su brillo en el pasado, se desvanece ante la crítica y el descontento. Las palabras grandilocuentes y las promesas incumplidas han debilitado la confianza dejada un rastro de cansancio, en el medio de esta tormenta de desilusión, la pasión fue reemplazada por un enfoque meramente financiero, que parece haber olvidado la esencia del club: su gente.
Este modelo que antes generaba admiración y aplausos, hoy se encuentra en declive. Los ciclos llegan a su fin y los liderazgos se confunden, dejando un eco de desencanto. A pesar de sus esfuerzos por mantenerse, es claro que este modelo está llegando a su fin. La llamada a una gestión más inclusiva y centrada en los valores y la pasión del club resuena con fuerza.
En última instancia, no es el «mundo» el que está equivocado, sino un enfoque de gestión que perdió su brújula y sacrificó la esencia de Unión por intereses más estrechos. El tiempo avanza implacablemente y el descontento generalizado es un llamado urgente al cambio. El futuro de Unión radica en la capacidad de su dirección para adoptar una nueva visión que restaure la pasión, el compromiso y la esperanza que en su momento elevaron al club a lo más alto.
La tendencia a desarmar planteles todos los años, comprar refuerzos que no rinden y perder talentos sin un beneficio propio es una narrativa constante y hasta frustrante. El presidente dice que falta dinero, a pesar de las ventas récord y la participación en competiciones internacionales en los últimos tres años. Este contraste genera dudas sobre cómo se manejan los recursos y el liderazgo del club.
Las promesas de mejorar el estadio y las instalaciones, aunque alentadoras, no se cumplieron. En el aspecto financiero, la situación también es preocupante. El club tiene deudas, pero también le deben dinero, y cuando debe un poco, lo inhiben. La falta de interés de los jugadores en vestir la camiseta rojiblanca, excepto Brítez, es alarmante. Esto refleja un distanciamiento preocupante entre el equipo y el espíritu del club. Se necesita revitalizar la identidad del club para atraer talento y renovar la pasión del hincha.
El partido
En cuanto al partido, el empate fue lo más justo en el 15 de Abril. Después de la igualdad de Morales, más el aporte de Luna Diale en el segundo tiempo, terminó redondeando un buen partido. Lo pudo haber ganado, como haber perdido. El 1-1 reflejó una realidad en la que el Tate osciló entre la victoria y el riesgo de la derrota. A medida que el partido transcurría, el bloque defensivo pareció tambalear. Es cierto que desde la asunción del Kily González, Unión mostró una mejoría progresiva en el rendimiento. Pero por primera vez, la defensa mostró fisuras. La confianza que previamente había construido de mitad de cancha hacia atrás pareció tambalear con los ingresos de Jonathan Gómez y la de Gabriel Hauche la jerarquía que implementó Gago en el complemento, se vio comprometida.
Fueron 25 minutos donde el escenario de un monólogo que parecía estar completamente ensayado por los jugadores de Racing. Poseyó la pelota con ritmo y gracia. La Academia dictó los términos del juego y llevó a Unión a un estado de constante reacción defensiva. Excepto por Vera, quien se paró como volante central, lo mejor de Racing surgió cuando se juntaron Almendra y Juanfer Quintero. El equipo de Gago necesitó de ellos para volver a mostrar momentos de buen juego. Los internos no tenían posiciones prefijadas. La falta de presión y la incapacidad para generar juego por parte de Unión dejó al descubierto sus carencias. La ausencia de Gordillo, el líder indiscutible en la mitad de la cancha, fue un vacío que hoy no lo supo reemplazar. Sintió la ausencia de un conductor capaz de desequilibrar el partido como una melodía sin su nota clave en una sinfonía incompleta.
En la primera situación de riesgo, Unión tuvo que sacar del medio. En un error en la mitad de la cancha, Roldán intentó controlar el balón, pero terminó entregándoselo a Martinera, quien habilitó rápidamente a Baltasar Rodríguez. La defensa no pudo reaccionar a tiempo, y el joven defensor de Racing definió con precisión. A pesar del dominio de Racing, con el correr de los minutos, Unión logró dividir la tenencia en los minutos finales del primer tiempo. Si analizamos el vaso medio lleno, se vio un cambio de actitud. Es cierto que no generó situaciones claras, más allá de un cabezazo de Corvalán, o de un tiro libre de Zenón, la pelota parada resultó como una luz de esperanza en el medio de la oscuridad. No obstante, esa actitud renovada careció de claridad y la determinación necesaria en los metros finales.
En el inicio del complemento, Racing tuvo la chance de sentenciar la historia apenas a los dos minutos de juego, cuando Martinera una vez más proyectó una brillante jugada en ataque. El centro encontró a Rojas en una posición inmejorable, pero la definición rozó apenas el palo derecho de Moyano. Hace cinco décadas, César Luis Menotti pronunció una verdad que se mantiene inquebrantable en el fútbol: “Los goles que no se hacen en un arco, terminan en otro”. Racing no aprovechó lo que generó, y Unión castigó. Luna Diale mandó un centro desde la izquierda, mala salida de Tagliamonte, y Morales, el goleador de la reserva de Boca capitalizó el rebote y provocó el delirio de la parcialidad rojiblanca.
Luego del 1-1, la mitad de la cancha no existió. Parecía un partido de solteros contra casados. Tanto Racing como el Tate, tuvieron sus oportunidades. Baltasar hizo una buena maniobra personal, pero Moyano estuvo rápido de reflejos y salvó con maestría. Otro error garrafal del Racing en la salida, asistió a Domina, pero el regate se le fue largo al chico del IPEI. Con la entrada del Demonio, generó varios dolores de cabeza. Primero, con un centro de Pillud, alguien de Unión terminó habilitando a todos, y Hauche sacó el pecho. Luego, Piris falló en el salto, el ex Argentinos Juniors en un mano a mano frente a Moyano. El jugador de Racing falló y el gol se fue al palo izquierdo. En la segunda parte, el Tate tuvo una clara ocasión con un centro de Zenón y una gran reacción de Tagliamonte al cabezazo de Calderón, que lanzó el balón a córner.
En el final, estuvo casi se queda con el pozo vacante. Centro de Dómina y Luna Diale en el punto de penal, como si de un penal en movimiento se tratara, la tiró por encima de la Redonda. Sólo el tiempo y la calculadora dirán si fue un punto ganado o perdido. Lo que queda claro es que el «Kily» y la plantilla necesitan la ayuda de refuerzos en estos pocos días que quedan para el cierre del mercado.
Bajo la lupa
La actuación de Moyano (5) fue de menor a mayor. Encerró lo bueno y lo malo, donde los errores y las atajadas se entrelazaron en una sinfonía. Tuvo presencia bajo los tres palos y afrontó los ataques del Racing con coraje y determinación. Mostró su capacidad para mantener la calma en situaciones tensas. Salvó por partida doble un peligroso centro de Martinera que tenía como destinatario a Romero. Participó en el blooper del inicio, nacido de un despeje errático y un pésimo contacto de Roldán en el 1-0 del Racing. Ya en el segundo tiempo, tras una buena maniobra personal de Baltasar, el mendocino respondió rápido y hábil, salvando con maestría, lo que podría haber sido el 2-1.
Mucho mejor defendiendo que atacando. La inteligencia de Vera (5) para realizar cierres precisos y anticiparse a las intenciones del rival fue crucial para contener los ataques del Racing. Brindó seguridad en cada acción. Si bien no se proyectó tanto en ataque como en partidos anteriores, su principal objetivo fue asegurar su zona. Así, en el primer tiempo se anticipó a Quiroz en un intento de enganche, despojándolo del balón con precisión y astucia. No terminó ni en tiro al arco ni en aproximación.
Calderón (5) fue uno de los jugadores que más revuelo generó en la minipretemporada. Al margen de los sondeos de Argentinos e Independiente, tiene un acuerdo de palabra con la dirigencia rojiblanca para renovar su contrato y quedarse en Santa Fe. Mejor en el juego aéreo que en el mano a mano. No logró cerrar a Baltasar en el 1-0. En el final del partido, tuvo un cabezazo que tapó Tagliamonte y mandó al tiro de esquina.
De menos a más Corvalán (5). Poco preciso en el manejo del balón, intentó arrancar por la banda izquierda, pero no tuvo éxito. Le resultó difícil formar una buena dupla con Zenón. El aspecto positivo es que estuvo atento al corte e impuso presencia en el uno contra uno. Es indispensable en el bloque defensivo. Metió un cabezazo muy bueno que atrapó el guardameta en la primera etapa.
Lo de Zenón (6) ya no resulta extraño en Mundo Unión. Porque desde que Sebastián Méndez le dio la posición de lateral para que tenga mucho más espacio y una visión más precisa del campo, juega cada vez mejor. Tiene mucho despliegue y mucha dinámica. No fue preciso en sus centros. Le metió un gran centro en la cabeza a Calderón que acabó tapando Tagliamonte. En la primera parte, exigió al arquero académico que terminó rechazando a un costado y mandó la pelota al tiro de esquina. En el complemento, se hizo cargo del mismo, aunque no le imprimió tanta velocidad y atrapó el balón.
La expresión «intermitente» es un adjetivo que a menudo se atribuye a jugadores como Roldán (3). En algunos encuentros, parece que puede dominar el terreno de juego, mostrando la dinámica y la capacidad de pisar el área. Otras veces, en cambio, parece casi inexistente, como si no tuviera ritmo de juego. La mayor crítica que se le hace al ex jugador de Boca es su propensión a perder balones en las zonas centrales del campo. Fue el responsable del 1-0 de Racing. Esta no es la primera vez que sucede, ya que ha tenido momentos de protagonismo en partidos cruciales, como la eliminación ante Unión frente a Banfield en Copa Argentina y la derrota ante Platense el año pasado.
No fue misión fácil para Mosqueira (4). Tenía que lidiar con la movilidad de los mediocampistas de Racing. Por otra parte, el partido también evidenció la ausencia de Yeison Gordillo, un jugador que suele ocupar el papel de voz de mando en el centro del campo. Precisamente, la presencia y la dirección de un líder como lo era el cafetero influyó en la organización y en la comunicación del equipo, algo que se echó de menos cuando hoy no estuvo presente.
Al igual que Federico Anselmo, Junior Marabel en su momento, no es la primera vez que un 9 termina debutando con gol. Las dudas en torno al debut de Morales (7) eran palpables, sobre todo por la falta de reconocimiento previo como refuerzo de jerarquía. Sin embargo, en el fútbol, muchas veces las expectativas pueden ser desafiadas y superadas. Supo aguantar el balón y generar faltas. Fue inteligente al desplazarse entre los centrales y se presentó como un desafío constante. Avisó varias veces con cabezazos que no fueron precisos. Aprovechó el mal rechace de Tagliamonte para la igualdad. Asistió a Domina en un acto de generosidad.
Gran segundo tiempo de Luna Diale (6). Sus ganas habituales de no dar ningún balón por perdido. Se animó a romper líneas y fue decisivo en el gol del empate de Tate ante el Racing. Estuvo activo y se hizo amigo de la pelota. Por último, Dómina (4) tuvo en sus pies la victoria del Tate. Intentó eludir la marca de Tagliamonte, pero el balón acabó saliendo por la línea de fondo. Posteriormente, se produjo otro enfrentamiento directo que fue hábilmente interceptado por Quirós; no obstante, conviene mencionar que la acción previa quedó invalidada debido a una posición de fuera de juego.
Los que entraron: Del Blanco (-) representa la juventud y el coraje. Demostró sus ganas de encarar el uno contra uno y desequilibrar. Además, se animó a pedir la pelota y refleja la confianza que el DT tiene en él. La seguridad y la capacidad de no esconderse, incluso en situaciones difíciles, reflejan una mentalidad esencial para el crecimiento y el desarrollo de un jugador. A despecho de los resultados visibles, su determinación en el campo merece reconocimiento.
Piris (-) venía acumulando algunos partidos buenos luego de no haber atravesado un buen semestre. Sin embargo, falló en un intento de despeje. Habilitó a Hauche, quien no logró convertir la oportunidad. Por su parte, a Juárez (-) le costó involucrarse y encontrar su lugar en el encuentro. A veces, el ritmo del partido y las circunstancias pueden dificultar que un jugador despliegue su mejor juego, pero la voluntad de luchar y adaptarse es un indicador valioso de la mentalidad y la disposición de un jugador.
Cristian González DT (4): Su equipo en cuestión incurrió en numerosas equivocaciones de carácter inocente en su labor defensiva, lo que pudo acarrear consecuencias adversas de consideración. Con el transcurso del tiempo, se revelará si este punto podría ostentar relevancia en lo que concierne a su continuidad en Primera División. Sin embargo, pese a lo anteriormente mencionado, es válido señalar que Unión dispuso de oportunidades sumamente claras para asegurarse la totalidad de los puntos en disputa, aunque una vez más, mostró falencias en la fase de definición.
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