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SOY Deportes » Noticias Deportivas » Con garra, corazón y sufrimiento: ¡Vamos, Argentina!

Con garra, corazón y sufrimiento: ¡Vamos, Argentina!

3 diciembre, 2022
en Noticias Deportivas
Con garra, corazón y sufrimiento: ¡Vamos, Argentina!

DOHA, QATAR - DECEMBER 03: Lionel Messi of Argentina celebrates at full time during the FIFA World Cup Qatar 2022 Round of 16 match between Argentina and Australia at Ahmad Bin Ali Stadium on December 03, 2022 in Doha, Qatar. (Photo by Ian MacNicol/Getty Images)

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Por Darío Gabriel Fiori

Y la Scaloneta va. Esta es la Selección que estábamos esperando. La que los cientos de miles de argentinos que viajaron a Doha fueron a buscar, los que dejaron a su familia a 14.000 kilómetros de su tierra natal, los que «no tienen un mango y vienen igual». La que millones de argentinos se reunieron a ver en sus domicilios particulares, en un club, transformando a todo un país en una fiesta de hinchas. Pocos equipos en la historia han generado una identificación tan tremenda como el pueblo. Una de ellas fue el equipo que comandó el profesor Alejandro Sabella en Brasil 2014, donde el seleccionado argentino disputó una final después de 24 años. Por eso el golpe contra Arabia fue tan duro. Un golpe a la esperanza, una quimera. En una noche de Qatar, Argentina volvió a ser definitivamente Argentina. Una Argentina auténtica y absoluta, arrolladora, por momentos, sólida, entera, madura, desequilibrante. Paciente.

Ahora bien, ¿por qué esta selección ha logrado tan buenas sensaciones con la gente? Tal vez porque tiene la tarea que le gusta al apasionado promedio del fútbol argentino. La jerarquía de sus nombres eternos –Messi, Lautaro Martínez, Di María que estuvo relegado para este partido por un problema físico, Otamendi, el sacrificio de sus soldados -Acuña, Montiel-, la sangre que bombea en sus venas –De Paul, el empuje de la juventud- Enzo Fernández, Julián Álvarez, el cerebro de MacAllister reemplazando de la mejor manera posible a Gio Lo Celso.

La fuerza de Argentina está en el grupo y en la gestión de la autoimagen del entrenador. El compromiso y el bien común, la ilusión por el último gol, están por encima de las tareas. Esto se entiende dentro y se nota fuera.

Argentina está donde debe estar. En la fase de las definiciones mano a mano. De hecho, fue la primera en llegar allí por aquel tropiezo contra Arabia, que finalmente resultó ser lo que fue: un castillo de campaña, un espejismo en el desierto. Esa necesidad de ganar desde la segunda jornada -y haberlo conseguido- le da a la Selección la ventaja de la experiencia para el partido de la próxima semana ante Países Bajos.

Argentina llegó de la mejor manera posible: precisamente cuando se lo pedíamos a gritos, volvió a ser, a pleno, el equipo que prometía. El que ilusiona. El que se identifica tanto. La que tiene enamorada a la gente que le gusta el buen fútbol.

Este deporte necesita orden, pero como punto de partida y no como absoluta prioridad, porque el orden tiende a prohibir. Se pueden construir conjuntos equilibrados y solidarios sin resignar atrevimiento. No se puede jugar -menos ganar- desde el sufrimiento. Allí surge el técnico en su máxima dimensión: el arte de convencer. Él es el dueño de los mensajes que entrega un equipo. Algunos eligen presionar y atacar inmediatamente después de recuperar la pelota porque eso les demanda menos elaboración. Otros entienden que para avanzar hay que jugar hacia los costados. Algunos apuestan por él vértigo y otros creen en la pausa. Pero siempre hacia adelante.

Ojalá fuese contagioso. Aún desde escuelas diferentes, defender una propuesta que no rechace los recursos estéticos siempre va a reivindicar el placer de jugar. Hoy en Argentina-Australia se vieron dos escuelas totalmente distintas. Por el lado, la de un equipo con mucha paciencia, con posesión de pelota, triangulando, tocando y esperando el momento justo para poder golpear. El equipo argentino va para adelante, ataca, es protagonista, domina y tiene una forma de jugar, un estilo que la caracteriza.

Si algo ha sucedido en este Mundial es que la situación y las actuaciones individuales han cambiado las posibilidades de quién sería titular en cada partido. Y contra Australia esto no fue una novedad. Ante la ausencia de Di María que terminó con una distensión en el cuádriceps en el partido frente a Polonia, Scaloni optó por poner al Papu Gómez. ¿Qué fue lo que quiso implementar? Sabemos que Gómez es un jugador dinámico y con una tendencia a ocupar posiciones de 3/4 de campo, siempre partiendo desde el sector izquierdo del terreno de juego. Puede descender unos metros para ayudar en el momento de creación de juego.

Por el lado de Australia, todo lo contrario. Ejecutó un plan de juego grabado en la memoria y lo cumplió a rajatabla: se trató de un equipo que apostó por una o dos jugadas por partido. Un contraataque, un tiro libre o un córner. El resto: correr y marcar. Una y otra vez. Con estos argumentos, los Socceroos dejaron fuera del Mundial a Dinamarca, que llegaba a Qatar 2022 como posible equipo revelación.

La gesta australiana tiene nombres propios. El principal es el de Graham Arnold, el entrenador de un componente de jugadores cuya mayor virtud es no tenerle miedo a nada.

Tuvo miedo de jugar con la pelota. Volvió en bloque y sustituyó la falta de jerarquía individual por el espíritu de equipo. Cuatro de sus once titulares contra Dinamarca juegan en equipos ascendidos. Ni siquiera están en la élite de los países donde se ganan la vida como futbolistas profesionales. Sin embargo, corren, se arriman, se desviven por sus compañeros y son un equipo solidario. ¿Talento? Escaso. Australia lo tuvo en Aaron Mooy, un volante central que, en lugar de pelo, tiene un mapa del campo en la cabeza. De sus pies salen los (pocos) pases verticales. Australia, de hecho, perdió la batalla por el balón en los tres partidos que jugó. Contra Argentina el equipo oceánico tuvo el balón sólo el 39% del tiempo.

Arnold planteó su formación pensando que Argentina no sería capaz de descifrarla. La defensa es un muro, con Harry Souttar y Kye Rowles, de 1,93 metros de altura. Evidentemente, lo que Argentina tuvo que evitar durante gran parte del partido fue profundizar por las bandas y enviar centros a la cabeza del «9».

Australia fue un equipo tan compacto y rocoso que Dinamarca, repleta de talento y de jugadores que juegan en las mejores ligas de Europa, no pudo vulnerarlo. Así, con el esfuerzo como bandera y una formación 4-4-2 que en realidad se convirtió en un 4-1-4-1 más defensivo, la idea era ocupar los espacios, y presionar con el balón cerca del centro del campo. Gestionar la energía para contraatacar con mucha gente, y aprovechar el gol de Irviene para romper líneas.

En el comienzo del partido, Australia mordió en todas las jugadas y presionó muy arriba. Los australianos les impidieron a Argentina desplegar su juego. El elenco de Scaloni tocó y tocó para encontrar espacios esperando el error en las marcas, que de momento no llegaba. Defendía con los 11 jugadores en propio campo el conjunto oceánico.

Argentina no consiguió tener profundidad en ataque con el juego corto. Impreciso en la entrega de los pases Rodrigo de Paul, asimismo en los cambios de frente. Interesante Enzo Fernández en la recuperación tras pérdida, para luego incrustarse entre los centrales. Julián Álvarez se tiró a la banda derecha, como un viejo wing, mientras que Messi partió como un falso 9, con el objetivo de atraer o fijar a los centrales para generar superioridades numéricas, luego descendía hasta la mitad de la cancha para hacer dudar a los dos marcadores y liberar al 9 del Manchester City.

La dificultad de Argentina fue a la hora de construir. No consiguió conectar con Messi y Enzo Fernández. Australia estuvo bien organizado, pero si no podía conseguir romper en el último tercio de la cancha, el partido se le podía transformar en una verdadera pesadilla.

Australia planteó un partido similar al de México, dejando que Argentina tome la posesión y compromiendo el campo, esperando a que los albicelestes se pongan nerviosos. La diferencia fundamental es que los australianos si estaban jugando con delanteros, dándole más opción al contraataque. Hubo lapsos en los que Australia le robó la pelota a la Argentina, donde no arriesgó en el pase, mientras que el seleccionado local no salía a presionar bien arriba.

Al estar Papu Gómez, Argentina no inclinó tanto su ataque a la izquierda y tapó las subidas de Acuña y las asociaciones con Mac Allister. Fue muy previsible la primera media hora el equipo de Scaloni con la pelota, de hecho, por tercer partido consecutivo, volvió a rotar de extremos: el de Sevilla pasó a la derecha para tener mayor participación y Julián a la izquierda.

Messi es la figura de Qatar 2022. Incluso, más que las otras dos figuras del PSG, Neymar y Mbappé. Y como si fuera poco, justo en este Mundial, y más especialmente en este partido contra Australia, Leo dejó en estas tierras un registro histórico: jugó su partido 1000, desnudó un partido que era sumamente complicado, y quedó a un récord del goleador histórico albiceleste en Mundiales.

Messi es sinónimo de récord. Le cayó el rechazo, que tras triangular con Mac Allister y Otamendi, le cayó al rosarino para que le pegue al primer palo raso para marcar el primero de Argentina en el primer tiro al arco. Por si fuera poco, marcó su primer gol en definiciones mata a mata. Un distinto…

Así culminó los primeros cuarenta y cinco minutos. Un primer tiempo muy pobre de ambos equipos. Fue una partida de ajedrez, excesivamente tácticos. Más allá del gol de Messi, Argentina no remató al arco, y su circulación de pelota fue excesivamente lento. Por el momento, le ganaba con lo justo, pero tenía que mejorar y bastante.

En el comienzo de la segunda etapa, Scaloni sorprendió con un cambio táctico que ya es habitual entre nosotros: línea de 3 con tres marcadores centrales, los dos laterales en ataque para ganar amplitud, espacios y profundidad. Ingresó Lisandro Martínez y se retiró Papu Gómez de flojo encuentro.

5-3-2 fue el dispositivo táctico. Martínez es más rápido que la mayoría de los defensores centrales. A esa virtud le agrega una buena orientación corporal defensiva y un cambio de ritmo particularmente veloz. Le ayuda a llegar a la marca de los delanteros que se alejan de los centrales para buscar la pelota en diagonal.

Argentina estaba robando muy rápido la pelota cuando perdía el balón. Dio un paso adelante en la presión el equipo de Scaloni. Australia estaba esperando de que Argentina cometa errores no forzados. Se complicaba solo jugando pelotas innecesarias a Dibu Martínez en vez de poder resolverlo más fácil y antes, ya que Otamendi dio muy corto para Martínez. El arquero albiceleste logró despejar con lo justo ante la presión de Duke.

No obstante, la suerte, o el destino, llamalo como quieras, le dio un guiño a la Argentina, porque un minuto después de esa jugada, presionó De Paul y Álvarez, el pibe de Calchín la recuperó, giró rápidamente para el segundo y el delirio de todo el pueblo argentino. Sacrificado partido en todo sentido del ex River. Molestando en la salida. No había tenido mucho contacto con la pelota, jugó de espaldas al arco, pero de tanto insistir, anotó su segundo gol mundialista.

El segundo gol de Argentina le trajo más tranquilidad. Lo “durmió”. Tuvo tiempo para darle rodaje a Tagliafico y Lautaro Martínez. No modificó el sistema táctico. Por parte del ex Independiente, intentó brindar amplitud aprovechando los espacios libres que hay en el campo del rival. Tiene claro como ubicarse en las zonas libres. Por el lado del bahiense, mucha versatilidad dentro del terreno de juego que ha logrado desarrollar una coordinación y lateralidad muy fina cuando se trata de manejar la pelota en situaciones de resolución rápida o poco espacio.

Pero, si no se sufre no vale. Cuando Argentina estaba teniendo un desarrollo del partido demasiado tranquilo, a falta de quince minutos Australia descontó. Goodwin y un remate que se desvió en Enzo Fernández, descolocando a Dibu Martínez. Tras el descuento, Scaloni dio la orden para que ingrese Montiel por Molina (refrescó la banda derecha ante el ida y vuelta constante) y Exequiel Palacios por MacAllister, de interesante partido.

Australia gestó la mejor jugada individual de todo el partido. Una jugada maradoniana de Behich que empezó a eludir a todos los argentinos, remató en el mano a mano, pero cortó providencial Lisandro para mandarla al córner. Se salvaba Argentina en un partido que no había sufrido altibajos pese de ir de menos a más.

No en una, ni en dos, si no ¡en cuatro ocasiones!, Argentina lo tuvo para liquidar el pleito, y en tiempo de descuento: 1) excelente quite de Palacios, le cedió la bocha a Messi, que le dijo “tomá y hacelo” a Lautaro Martínez, pero la tiró por encima del travesaño. 2) nuevamente Messi volvió a dejarlo mano a mano y esta vez fue Ryan el que se quedó el duelo. 3) lo intentó Messi en la individual. Le pegó desde la frontal buscando el palo izquierdo del arco de Ryan, y se fue muy poco. 4) otra doble ocasión que tapó Ryan, primero a Lautaro y el rechazo le cayó demasiado precipitado a Messi que no pudo dirigirlo.

Será que sentimos el fútbol de una manera tan especial, que no podemos estar sufriendo en cada partido. Los 40.000 hinchas en Qatar, los 47 millones de argentinos. Más de un corazón se habrá paralizado en ese instante en que Dibu Martínez se vistió de héroe en la última del partido. Un giro de Kuol que tapó el ex arquero de Independiente de manera espectacular.

Así como Argentina lo ganó, se lo pudo empatar Australia. Una muestra más de que el fútbol es increíble. Tenía el partido ganado Argentina después de haber encontrado el gol de Julián Álvarez, pero en el primer tiro al arco de Australia, un desvío de Enzo puso el 2-1 en el marcador. A partir de ese momento se vino el caos. Pudo matarlo Argentina en tres ocasiones, lo dejó vivo a los australianos que tuvieron en el empate en un mano a mano de Koul. Messi y Argentina está en los cuartos de final. El próximo partido será el día viernes 9 de diciembre a las 16 horas de nuestro país cuando Argentina se enfrente a Países Bajos en busca de sellar el pasaporte a las semifinales.
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Tags: ArgentinamessiNoticias DestacadasScaloneta

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