El diagnóstico es claro y no admite maquillaje: el Colón de Medrán es un equipo partido en dos. Fuerte, confiable y hasta intimidante en Santa Fe; frágil, previsible y con pocas respuestas cuando cruzasale de la ciudad.
Con 17 puntos en 9 fechas (62,96% de efectividad), el arranque del 2026 puede parecer sólido en la superficie. Pero al rascar un poco, la realidad muestra una grieta profunda que explica por qué el equipo no termina de despegar ni consolidarse como candidato firme.
En el Estadio Brigadier López, el rojinegro se transforma. Invicto en lo que va del año, con 4 triunfos y 1 empate, construyó una fortaleza casi inexpugnable: 13 puntos sobre 15 posibles (86,67%), 8 goles a favor y apenas 2 en contra. A eso se le suma la racha heredada de 2025, que ya estira a siete partidos sin perder en casa. Ahí, Colón impone condiciones, juega con autoridad y encuentra respuestas futbolísticas y anímicas.
Pero fuera de Santa Fe, la historia es otra. Muy distinta. Preocupante. En cuatro salidas, apenas un triunfo, un empate y dos derrotas: 4 puntos de 12 (33,33%). Números de equipo de mitad de tabla para abajo. Y no es solo una cuestión de resultados: son apenas 3 goles convertidos y 5 recibidos, con saldo negativo y una imagen que se desdibuja lejos de su gente. Salvo con Patronato, los otros tres jugó muy feo (Central Norte, San Telmo y Morón).
El contraste es tan marcado que expone una problemática estructural. No parece casualidad ni racha: es un patrón. El equipo pierde intensidad, claridad y, sobre todo, personalidad cuando sale de casa. Una misma formación, dos actitudes distintas según la condición.
Le cuesta sostener la presión, se repliega demasiado y, cuando tiene que asumir protagonismo, carece de ideas. Ahí es donde aparece el foco sobre el trabajo de Medrán. Porque si bien logró hacer del Brigadier un bastión, todavía no encontró la fórmula para que su equipo compita con la misma fiereza en cualquier cancha. Y en un torneo largo y exigente, esa irregularidad se paga caro.
Colón hoy es rehén de su propia dualidad: un equipo casi perfecto de local y uno vulnerable de visitante. Y mientras esa brecha no se reduzca, el sueño de pelear arriba tendrá techo. Porque los números no mienten: este Colón suma como candidato en casa, pero deja puntos como equipo común cada vez que arma la valija.
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Por Gustavo Mazzi para SOYDeportes
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