El eco del clásico todavía retumba en Alberdi. El gol de Francisco González Metilli, el desahogo de años y una Córdoba pintada toda de celeste. Pero el fútbol no espera a nadie y en Belgrano lo saben mejor que nadie. Por eso, este domingo por la mañana, mientras la ciudad seguía masticando la victoria histórica, el plantel volvió a entrenarse en Villa Esquiú con una consigna clara: bajar la espuma y seguir.
Porque el triunfo 1-0 ante Talleres no fue uno más. Fue de esos que marcan generaciones, que se cuentan durante años. Pero también puede ser una trampa si se lo deja crecer más de la cuenta. Y ahí aparece la mano de Ricardo Zielinski, con su libreto conocido: perfil bajo, foco corto y cabeza fría. La flecha está para arriba, sí. El ánimo, por las nubes. Pero el objetivo mayor todavía está lejos.
Porque lo que viene no da respiro. Este martes, el Pirata recibirá a Unión de Santa Fe en el Gigante de Alberdi por los cuartos de final del Apertura. Otra final. Otro todo o nada.
El entrenamiento matutino fue una muestra de esa dualidad: sonrisas, bromas, clima liviano… pero piernas en movimiento y cabeza en el próximo desafío. No hubo descanso. Apenas tareas regenerativas para los que más corrieron en el clásico. Porque el margen es mínimo y el calendario aprieta.
Cambio obligado
En lo futbolístico, el “Ruso” empieza a armar el rompecabezas. Ya sabe que no tendrá a Lucas Passerini, expulsado en el cierre ante la “T”. Una baja sensible. En ese lugar, asoma como opción Nicolás Fernández, el “Uvita”, que estuvo a punto de ingresar justo antes de la roja.
Belgrano, entonces, se mueve en ese equilibrio fino. Porque el clásico ya es historia. La película sigue. Y el próximo capítulo se juega ante el Tate en Alberdi.
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