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SOY Deportes » Unión » Ante Sarmiento, el maestro fue Unión

Ante Sarmiento, el maestro fue Unión

9 octubre, 2023
en Unión
Ante Sarmiento, el maestro fue Unión
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Por Darío Fiori

Todo le cuesta horrores a Unión. Todos los partidos son un calvario. Cada jugada es un parto. Y cada minuto es un sufrimiento para sus hinchas. El triunfo ante Sarmiento fue más que un shock. Fue una explosión. Una descarga de bronca acumulada, de impotencia, de frustración. Los detalles son los que ganan los partidos. Las diferencias se hacen con las formas. Tenemos, por ejemplo, las formas de planificar los partidos y también con los jugadores que podés tener en el banco de los suplentes. El plantel es lo que te da la gran posibilidad de ganar un partido porque no sólo sirven los once titulares, sino también cuando hay variantes.

Si se pudiera describir la victoria de Unión, podríamos describirla como un desenlace, ¿por qué? Porque cuando ingresó Orsini, al rato de estar en la cancha, tuvo el punto de inflexión desde el punto penal, tirando un disparo que atajó Devecchi. El final, la última parte de la película, sirve generalmente para cerrar la historia y dar una sensación de clausura. Aquí es donde se resuelven los principales conflictos y se da respuesta a las preguntas planteadas a lo largo de la película. Puede haber varios tipos de finales, según el género y la dirección de la película. Algunos tienen un final feliz, en el que los protagonistas logran sus objetivos y superan los obstáculos. Otros pueden tener un final triste o ambiguo, en el que los personajes se enfrentan a la pérdida o la incertidumbre en lugar de a una resolución clara. Además, el final puede incluir escenas que dejan entrever el futuro de los personajes o dejan algunas preguntas sin respuesta para la reflexión del espectador.

Pero en este caso hubo final feliz, porque en el cuarto minuto de adicción, centro desde la izquierda de Kevin Zenón, cabezazo de Orsini al poste derecho y delirio de todos los hinchas rojiblancos. Ni siquiera el arquero de Kiwi pudo hacer el intento de despejar. Pudo haber puesto a alguien en el poste y ese habría sido el detalle para evitar el gol. Si, también está implícito que no lo fue, para uno a favor y para el otro en contra. Llegó Cristian González con el apoyo absoluto de la gente y con el paso del tiempo, la sucesión de partidos y la falta de resultados -además de un juego que no convence en absoluto- lo colocaron en una posición más incómoda -a un punto del descenso-, hoy a cuatro con la victoria ante el equipo de Pablo Lavallén. Esa experiencia de haber vivido tantas amarguras como éxitos a lo largo de su etapa como jugador le ha llevado a saber manejar estos momentos, aunque en una ciudad caliente y muchas veces impiadosa en torno al resultado vil es difícil maniobrar con certeza. Y la única vía que le queda es la de los resultados. No le quedan mucho espacio ni tiempo, por eso los próximos partidos serán decisivos.

Es consciente de que su futuro depende de lo que haga su equipo en los próximos partidos. Aún tiene tiempo para levantarse en un campeonato con equipos irregulares, aunque está claro que el crédito del tatengue es un poco limitado. Y eso que el DT fue apuntado y sin margen de maniobra. Hay que tener en cuenta, además, que en esta voracidad y rápidos reclamos planteados con bronca y fastidio -justificados o no- por un cambio de gestión, no hay muchos «salvadores» fuera del club. La inmensa mayoría de los clubes atendieron estas demandas populares con un cambio de aires y casi ninguno consiguió el efecto deseado. Tampoco hay técnicos de alto rendimiento.

En fútbol, se sabe, mandan los resultados y Unión viene fallando en este aspecto. Por eso, todo el peso recae sobre González por decisiones que pueden ser acertadas y otras no tanto. O por declaraciones que alborotaron el avispero de los hinchas. Aunque también hay que recordar que su llegada a la avenida López y Planes fue considerada una de las mejores decisiones y que iba a permitir el ascenso de muchos de los jugadores juveniles.

El aumento de la tensión dramática y del compromiso a medida que pasaban los minutos no era sorprendente. Algunos estudios sociológicos demuestran que cuando se ve un partido de otro equipo, desde fuera, se anima al equipo más débil. Y no tengo estudios que lo avalen pero, al parecer, si están implicados es otra cosa. En el festejo y el pitazo final de Pablo Echavarría, seguramente ya nadie se acuerda de varias cosas, como por ejemplo, que Unión no jugó bien. Para nada bien. Pero qué importa si ganaron, qué importa si lo hicieron como lo hicieron? Debían ganar y ganaron. Y lo merecieron, a pesar de que les faltó claridad, de que tienen muchos problemas para hacer goles, de que cuando les dan la pelota y el campo, se les complica. Pero Unión va. Se trata de un equipo que, como dijo alguna vez el entrenador, «se vacía», deja todo aunque sea poco. Y que transforma, como lo hizo en la excelente tarde santafesina, la angustia, la desesperación, la urgencia y los miedos, en una alegría indescriptible. Orsini lo consiguió. El indeseado villano, que se convirtió en héroe y generó una explosión de euforia incontenible en la avenida.

El 15 de Abril fue una fiesta. Al hincha lo único que le interesa es ver ganar a su equipo, no le importa analizar el desarrollo del juego. Desde lo futbolístico, Unión no avanza ni para adelante, ni para atrás. Es verdad, hubo partidos en los que con muy poco se quedaron con las manos vacías. Esta vez la suerte les guiñó el ojo y con poco (no alcanzan los dedos de la mano para las chances de gol que Unión generó a dos del arco defendido por Nicolás Campisi), les alcanzó para conseguir una victoria muy trabajada desde lo futbolístico, y así llegar a los 41 puntos. No debemos olvidar que el rendimiento del equipo es cada vez más pobre y lo mejor que le puede pasar al equipo es que el final llegue lo antes posible y poder cumplir con el objetivo, que es dejar a Unión en la máxima división de nuestro fútbol. El fútbol es y serán los resultados como primera medida. Luego, será el cómo lograrlo. Prima el exitismo por sobre todas las cosas. En Argentina, si la pelota pega en el palo sos el mejor, y si la misma pelota pega en el palo y se va afuera se tienen que ir todos, ninguno sirve y hay que manejar.

Me cuesta encontrar momentos donde Unión haya tenido momentos de buen fútbol. Seguro hay que remontarse al segundo tiempo contra Estudiantes o al empate contra San Lorenzo donde dominó la pelota y la geografía, pero es muy difícil para este equipo penetrar las defensas rivales. Claro que el Kily tiene su cuota de responsabilidad como técnico, y la asume en cada conferencia de prensa al reconocer que es el máximo responsable de la situación actual de Unión. También el presidente tiene una mayor cuota de responsabilidad por armar un plantel que no era equipo. Al menos para las pretensiones iniciales de salvar la categoría y luego poder aspirar a los cuartos de final de la Copa de la Liga Profesional, lo que garantiza, en pocos partidos, jugar por un título y un pasaje a la Copa Libertadores de América. Este triunfo trae un poco de paz y tranquilidad.

Las alegrías habían sido no sólo demoradas, sino esquivas. Del análisis de las ocho fechas pudimos sacar conclusiones muy concretas. Unión se siente más cómodo defendiendo que atacando. Aunque el Tate marcó siete goles en ocho partidos, lo cierto es que tres de ellos fueron convertidos en el mismo encuentro. Esos seis goles se marcaron en los primeros cuatro partidos. En realidad, Unión no le había hecho un gol a nadie en los últimos cuatro partidos, pero aparte de eso, generó muy poco. De hecho, el partido en el que tuvieron una chance concreta de gol fue en el Clásico. Sin embargo, ante Godoy Cruz y Platense, casi no inquietó al arquero rival.

Lejos quedó la racha positiva de Gonzalo Morales. El delantero marcó cuatro goles en los primeros tres partidos, pero no convirtió en los últimos cuatro. Frente a Colón, el equipo recuperó el orden y la intensidad que lo caracteriza, pero está claro que aún le falta claridad en ataque. Ese déficit que mostró Unión en los últimos partidos, contrasta con cierta solidez del equipo. En siete partidos marcaron cinco goles. Ninguno le marcó más de un gol y en dos partidos mantuvo el arco invicto, en los empates 0 a 0 con Godoy Cruz y Colón.

Precisamente, la línea de cinco que mantuvo el Kily desde su llegada le dio mayor solidez, pero también le quitó variantes a la hora de generar más juego ofensivo. De esta manera, el Tate es un equipo que compite con disciplina táctica e intensidad, pero que se complica cuando tiene que salir a atacar y buscar el arco rival.

Este festejo desdibuja por dos semanas las diferencias que existen. El teórico ruso Mijaíl Bajtin manifestó que estas «masas abiertas» que somos, son «inestables y efímeras, pero extremadamente poderosas e incisivas»; porque también se forman para derrocar un régimen o linchar a una persona. Así que pensemos mejor en la mezcla: lo que ocurre en esta celebración en la que la gente busca a jugadores que no están allí, mezcla la «masa abierta» con la «masa como anillo al dedo». Se da en los estadios, espacios limitados donde, dice Canetti, las diferencias individuales se diluyen en pos de la unidad común. En estas celebraciones mundiales, el interior es el exterior de gran parte de la ciudad; la ciudad nuestro campo de juego, nuestro potrero tomado por las masas.

Era el choque entre dos equipos que llegaban a esta 8ª Fecha con realidades similares y el objetivo de ganar. Los dos han luchado en este campeonato. Las campañas de ambos son similares: llevan cinco partidos sin ganar. El último -y único- triunfo de Unión fue de visitante y ante Estudiantes, que presentó un equipo con suplentes. Ahora, debían volver a la senda de la victoria para valorar el punto obtenido en el clásico. Y también porque en esta comprimida lucha por evitar el descenso por la tabla acumulada, ganar de a uno no alcanza para tener algo de margen, algo que sí han logrado otros equipos, como Independiente. Es verdad lo que todos dicen: el que gana tres partidos seguidos, «se saca la espina». Ahora bien, ¿Quién puede hacerlo? Independiente, con Tevez, logró cuatro victorias y dos empates. Y allí está, más tranquilo que el resto y a pesar de haber tenido un muy mal comienzo, con un técnico (Zielinski) que fue despedido después del primer partido. Pero al resto del equipo le ha costado, aunque todos suman. Incluso el propio Arsenal, ya condenado a jugar en la B Nacional el año que viene.

En el clásico Unión dejó una imagen más que aceptable, volviendo a ser el equipo que deja todo en la cancha y que faltó a la cita de aquella tarde de lunes para el olvido en Vicente López ante Platense. Eso dejó conforme al Kily, aunque está claro que el único resultado que realmente sirve ahora es ganarle a Sarmiento, que también lleva cinco partidos sin victorias y viene de empatar con Barracas Central de visitante.

Lo cierto es que en esos primeros cuarenta y cinco minutos hubo muy pocas cosas para rescatar. Unión cometió el error, que luego corrigió, de cederles la iniciativa. La idea principal era que, dado que se trataba de un partido de alto riesgo para la permanencia, El Tate debía imponerse desde el primer minuto para hacer sentir la presión. La primera situación del partido llegó al minuto de juego, cuando Marinelli se escapó de dos jugadores y remató desde afuera del área, pero Campisi tapó y desvió la pelota al lateral.

Al igual que la semana pasada en Barrio Centenario, Unión buscó mantener la posesión de la pelota de manera ordenada. Había arrancado bien Roldán, con sus toques precisos, mostrando cosas interesantes, aunque le faltaba cambio de ritmo. Discreto fue el partido del oriundo de Villa Mercedes. Se le hizo difícil encontrar claridad con la pelota. En esta primera etapa, Unión tendió a jugar lento, moviendo la pelota de izquierda a derecha para ocupar y desocupar los espacios. Sarmiento, en cambio, esperaba en un bloque medio y presionaba cuando era necesario.

Ante similares esquemas, todo se desarrollaba en el mediocampo. Kily indicaba que el equipo debía ser más ofensivo, avanzar y ser más rápido a la hora de recuperar la pelota. Para neutralizar a Sarmiento, necesitaba más amplitud, ya que estaba compacto en el sector central y aprovechar las corridas de Vera, que no tenía criterio para pasar al ataque y terminar las jugadas de la mejor manera posible o con Zenón, que fue el mejor jugador -una vez más- de Unión. El diferente que se anima a jugar. De hecho había sido el jugador que más duelos había ganado y el que más había gambeteado. Por la izquierda, Luna Diale había arrancado un poco impreciso. Principalmente se centró en la distribución del juego. Procuró aguantar el balón de espaldas, más centrado en la recuperación que en el desequilibrio. Cuando iba a disputar el balón, no conseguía hacerlo con la suficiente determinación.

Corvalán intentó sorprender con un remate de larga distancia al arco de Devecchi, pero éste desvió la pelota al córner. Unión se mostró pasivo en la marca. No ejercieron presión sobre la salida de Sarmiento. Es cierto que el equipo juninense no fue ofensivo, pero permitió que pasara el tiempo y que el partido se jugara según los deseos de Sarmiento: un juego lento, con numerosas faltas y una estrategia para dilatar los tiempos. Había un gran agujero detrás de la línea del mediocampo que Unión no supo aprovechar. Mosqueira se impuso y perdió en este duelo con García. A veces se lo notó acelerado pero con el mismo despliegue y compromiso de siempre. El Tate tuvo más llegada que juego. Les faltó más creatividad para acercarse a José Devecchi. En las oportunidades que probaron con remates de larga distancia, incomodaron al arquero que Unión buscó en este mercado de pases. El «Toro» Morales erró lo que hubiera sido el gol de Unión. Devecchi tomó un rebote tras un remate y, cerca del arco, el delantero la mandó por arriba del travesaño.

Poco atacó Sarmiento, pero cuando lo hizo buscó aprovechar las espaldas de los marcadores centrales que jugaron en línea o el retroceso de Vera en la última línea. Comenzó bien Roldán, aportando dinamismo en el mediocampo, pero se fue apagando con el tiempo. Aunque en el esquema táctico previo al partido la televisión mostraba a Zenón como lateral, en realidad apareció en todo el tercio del campo. Empezó por la izquierda y, con el paso de los minutos, se desplazó a la derecha. Hizo muchas amagues y ganó varios duelos en el primer tiempo. No obstante, Unión no supo crear ocasiones de gol, y las pocas que tuvo no las supo materializar bien.

La segunda parte empezó tan descorazonadora y se volvió tan mediocre que es difícil describirla. Me recuerda a una famosa letra de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que dice: «como cuesta armar un full», y en este caso, parece que a Unión le costó mucho armar algo de fútbol. En los últimos tiempos, ver a Unión es como ver una película repetida, donde todo es previsible y los diálogos son tan familiares que ya nos los sabemos de memoria. El Kily deberá considerar que, jugando de local, es necesario arriesgar un poco más.

Lo de Unión es cada vez más previsible, oscilando entre las ganas de atacar y las notables carencias futbolísticas que tiene este equipo. En tanto, Lavallén hizo modificaciones en el sistema táctico sacando a Marinelli y pasando a un 5-4-1. Por otro lado, casi al mismo tiempo, es difícil entender el cambio que hizo el DT de Unión cuando sacó a Morales para darle lugar a Orsini. Un cambio incomprensible, ya que hasta ese momento, Morales era el jugador que más peligro generaba en ataque y podía causarle problemas a la defensa visitante. La salida de Morales terminó beneficiando a Sarmiento, ya que Unión no generó absolutamente nada en ataque tras ese cambio. Inclusive erró un penal que Nicolás Orsini pateó de manera displicente.

Esta no es la primera vez que el DT toma decisiones de este tipo. También la semana pasada, ante Colón, reemplazó a Morales, que había sido el mejor en ataque, en un cambio que no tuvo mucho sentido. Como en el Clásico, la salida del Toro también provocó una pérdida de protagonismo en el ataque de Unión. No hay duda de que Morales es el delantero más influyente de Unión, y el Kily confía en su capacidad para volver a marcar. Por eso, fue un grave error de González dejar fuera de la cancha a un delantero capaz de decidir un partido en una sola jugada y mantener en cancha a Dómina, quien estuvo errático, y con falta de confianza en algunas decisiones. Esto generó polémica entre los hinchas tatengues.

Con el paso de los minutos, el técnico tampoco acertó con los otros cambios, con la entrada de Tiago Banega. Si bien jugó pocos minutos, no logró imponer su juego y cometió más errores que aciertos. De momento, parece que es uno de los jugadores que más debe mejorar para ganarse a la hinchada. Con la salida de Pardo, que fue el mejor defensor de Unión en ese partido, el equipo cambió su sistema táctico y adoptó una línea de cuatro en el fondo, con Banega y Mosqueira en el sector central y Corvalán como lateral izquierdo.

Finalmente, en un momento en que Unión mostraba más ímpetu que fútbol, un centro desde la izquierda y una mano en el área de un jugador de Sarmiento. Probablemente, algunos hinchas de Unión pensaron que lo mejor que podía pasar era que se suspendiera el descenso por tabla anual, ya que jugando como lo hacía Unión, sin juego, sin goles y sin victorias, era casi un milagro. La persona encargada de patear el penal era Mauro Luna Diale, pero Nicolás Orsini se metió en la conversación, agarró la pelota y se largó. Lo hizo con descuido y falta de potencia.

Pareció que se le caía el mundo encima. A Orsini y a Unión. Tenía la pelota y el campo frente a un rival muy opaco, que se dedicaba exclusivamente a defender y a esperar que pasara el tiempo, jugando con la desesperación de Unión. A los gritos El Kily les pedía que no se apuraran, que hicieran correr la pelota, pero los espacios no aparecían y el tiempo comenzó a convertirse en el segundo rival, además de Sarmiento.

Pero esta vez la película tuvo final feliz, y el que antes había complicado a Unión terminó siendo su salvador. A los 49 minutos, un tiro de esquina desde la izquierda, ejecutado por Kevin Zenón, encontró la cabeza de Orsini, quien remató con precisión y venció al arquero visitante, desatando la alegría en el Estadio 15 de Abril. Hacia mucho tiempo que no se festejaba un gol con tanta pasión, ya que Unión estaba necesitado de una victoria, sobre todo ante un rival directo al que ahora ha superado en la tabla. El triunfo fue merecido, aunque sufrido, no tanto por lo que hizo el rival, sino por sus propias limitaciones. No obstante, al final el destino sonrió y el Tate sumó tres puntos que valen oro de cara al futuro.

Bajo la lupa

Una vez más, demostró su habilidad para mantener el arco seguro. Segunda valla invicta consecutiva. En los dos últimos encuentros, cada vez que fue requerido, respondió de manera correcta. En el primer minuto del partido, Campisi (6) desactivó un bombazo potente de Mainero al despejar la pelota hacia el lado izquierdo. Más tarde, el mismo jugador intentó un cabezazo tras un centro, pero logró desviar la pelota hacia el córner. Su desempeño en el juego aéreo fue sobresaliente. Además, mostró destreza en el control del balón, evitando el juego brusco y optando por jugar en equipo. Asumió riesgos y se animó a participar activamente con sus compañeros.

Vera (4) necesitó más amplitud, ya que estaba muy retenido. No tuvo criterio para pasar al ataque y terminar las jugadas de la mejor manera posible. Poco atacó Sarmiento, pero cuando lo hizo buscó aprovechar las espaldas de los marcadores centrales que jugaron en línea o el retroceso suyo en la última línea.

Durante la semana, se conoció que Paz (6) fue convocado al Sub23 que preside Javier Mascherano. Y no es para menos. Hace un trabajo silencioso muy bueno. Mostrándose preciso a la hora de anticipar y custodiar sin inconvenientes su sector. Pardo (6) le tocó reemplazar a nada más y a nada menos que a Franco Calderón, uno de los mejores jugadores que tiene Unión en cuanto a la defensa y al juego aéreo. Ante Platense había demostrado una media hora, cuarenta y cinco minutos bastante positivos, pero nadie se acuerda de eso, ya que ese día, Unión jugó pésimo. Cruzó con eficacia hacia los laterales, relevando a Vera. Rechazó siempre de cabeza. Buen ubicado. Buen timming para salir a anticipar. No se puso nervioso para salir a tirarla afuera cuando creía que era necesario.

Por otra parte, Corvalán (7) intentó sorprender con un remate de larga distancia al arco de Devecchi, pero éste desvió la pelota al córner. Generó el córner, tocando y pasando que derivó en el 1-0 final. A pesar de que la estrategia táctica antes del partido presentaba a Zenón (7) como un lateral en la televisión, en realidad desplegó su juego en una amplia área del campo. Comenzó en la zona izquierda y, con el transcurso del tiempo, se movió hacia la derecha. El progreso de Unión dependió en gran medida de sus acciones. Durante la primera mitad, ganó numerosos enfrentamientos y destacó especialmente en las jugadas de mucha gambeta. Además, en el cuarto minuto de tiempo añadido, entregó un centro impecable a Orsini.

Igual que en la semana anterior en Barrio Centenario, Unión buscó mantener el control del balón de forma organizada. Roldán (4) comenzó de manera prometedora, con pases precisos que mostraron aspectos interesantes, aunque le faltaba variar su ritmo de juego. El desempeño del jugador originario de Villa Mercedes fue bastante discreto, ya que le costó encontrar oportunidades claras con la pelota. Durante esta primera mitad, Unión optó por un enfoque más pausado, moviendo la pelota de un lado a otro para ocupar y liberar espacios. En contraste, Sarmiento se mantuvo en un bloque medio y aplicó presión cuando fue necesario.

En la mitad de la cancha, Mosqueira (6) probó al arco tras un tiro de esquina, pero Mainero despejó. En el rebote, el volante de Unión centró al área de nuevo, pero Devecchi se quedó con la pelota. Ganó varios duelos en el sector central ante jugadores de muy buen pie.

Luna Diale (5) había arrancado un poco impreciso. Principalmente se centró en la distribución del juego. Procuró aguantar el balón de espaldas, más centrado en la recuperación que en el desequilibrio. Cuando iba a disputar el balón, no conseguía hacerlo con la suficiente determinación. Disparó de media distancia en la jugada que Morales falló abajo del arco. Dilapidó una aproximación desde la medialuna del área tras un rebote, pero tiró la pelota por arriba del travesaño.

Arriba, lejos quedó la racha positiva de Morales (4). El delantero marcó cuatro goles en los primeros tres partidos, pero no convirtió en los últimos cuatro. Es díficil entender el cambio que hizo el DT de Unión cuando lo sacó para darle lugar a Orsini. Un cambio incomprensible, ya que hasta ese momento, Morales era el jugador que más peligro generaba en ataque y podía causarle problemas a la defensa visitante. La salida terminó beneficiando a Sarmiento, ya que Unión no generó absolutamente nada en ataque tras ese cambio. Inclusive erró un penal que Nicolás Orsini pateó de manera displicente. No obstante, en la primera etapa, erró un gol que era más fácil hacerlo que errarlo. Devecchi dio rebote tras un remate y, abajo del arco, el delantero la tiró por arriba del travesaño.

En cambio, lejos quedó el partido ante Estudiantes cuando Dómina (3), por presionar constantemente generó un gol de la nada. Hoy no presionó a nadie en todo el partido y además, estuvo en cancha los 90 minutos. Con el ingreso de Orsini, se volcó del centro a la izquierda. Bajó el nivel, lo cual suele ocurrir en jóvenes que alcanzan un nivel alto rápidamente. También pasa porque dejó de ser sorpresa, ya lo conocen y lo marcan distinto. No pateó al arco.

El Kily entendió que necesitaba refrescar todo el frente de ataque. Por eso lo mandó a Orsini (6). El héroe y el villano de la tarde del domingo santafesino. Se hizo cargo de un penal que pateó de manera displicente, al palo izquierdo de Devecchi. Se tomó revancha con un cabezazo estupendo para darle el triunfo al equipo. Primer gol con la camiseta tatengue.

Tiago Banega (-) se ubicó como doble cinco al lado de Mosquiera. Errático en los pases. Alternó buenas con malas. Mateo Del Blanco (-) disputó 9 minutos. Los últimos minutos, Unión cambió el sistema táctico para jugar con un 4-4-2. Lo volcó unos 20 metros más adelante a jugar por el andarivel izquierdo. Preciso en la entrega de la pelota.

La idea de González fue apostar a salir de contra golpe. Reconoció que no encontró la manera de atacar correctamente. Luego del penal, cambió el sistema táctico. Pasó a jugar con dos líneas de 4, intentando generar por afuera.

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