Por Darío Gabriel Fiori
La emoción es real. Están los 26 jugadores agitando sus camisetas y cantando. Está el cuerpo técnico. Están los casi 40.000 hinchas argentinos que estaban en el estadio. Están los 47 millones de argentinos que acudieron desde todo el país. Están los miles de inmigrantes que visten la camiseta de Messi en todo Qatar. El abrazo es de todos con todos. Del suplente que todavía no jugó ni un minuto con el mejor jugador del mundo. De Scaloni buscando a su familia en la platea para saludarlos a la distancia. De ese hincha que lleva la camiseta de Colón con otro que lleva la de Unión. Un abrazo porque se convirtió en uno de los cuatro mejores del mundo, no sólo con el fútbol.
Los argentinos van y vienen por las calles de Soug Waqif. Están los que sacaron todo el paquete de la primera ronda y volvieron a Ezeiza, con esa adrenalina única que da vivir un Mundial en vivo y en directo. Están los que llegaron para el partido contra Polonia, que todavía tienen voz, que se ilusionan con tantos “muchachos, ahora nos volvimos a ilusionar”. Y están aquellos a los que el bolsillo, o la locura, les dio la guita suficiente para apostar por estar allí todo el Mundial. Ahí están, los protagonistas de las calles, del metro, de los restaurantes y de los centros comerciales. Son los que generan un aliento increíble para un equipo que jugará las semifinales de la Copa del Mundo ante Croacia, que en el primer turno, eliminó a Brasil desde los doce pasos. La obligación de estar entre los mejores cuatro es toda de la Scaloneta.
Desde el minuto cero, Argentina contó con una ventaja sobre su rival, aparte de la jerarquía que podía imponer sus nombres propios, encabezados por el capitán Messi. Y es que llevan tres partidos jugando finales. Tras el duro e inesperado traspié ante Arabia Saudita, pusieron contra las cuerdas a la Selección, en un nuevo formato de Mundial, con una esperada victoria anticipada. Así, vencieron a México en los octavos de final en un partido de alta tensión dentro y fuera. Luego, en octavos, despacharon a Polonia, con una actuación que ilusionó, para enterrar dudas. Y ganaron con sufrimiento a Australia en un partido en el que hasta el minuto 70 ganaban sin sobresaltos ni preocupaciones, pero el corte providencial de Lisandro Martínez y la atajada de Emiliano Martínez ante el disparo de Koul los devolvieron a tierra.
En el otro lado del cuadro, ninguno de las selecciones de hoy se expuso a una situación apretada. Inglaterra empezó goleando y empató el segundo partido, por lo que sólo tuvo que preocuparse en octavos. Francia lo hizo tan sencillo que las victorias en los dos primeros partidos le dieron la tranquilidad que Argentina nunca tuvo. Portugal siguió un camino similar (victorias en los dos primeros partidos contra Ghana y Uruguay) y Marruecos no salió con el cuello en la soga antes del partido contra España en octavos.
Para todos ellos, el Mundial empezó de verdad en octavos, porque antes ninguno de los siete equipos que, junto con Argentina, siguen vivos en Qatar 2022, tenía que ganar para seguir con vida. Argentina tiene mucha experiencia en este sentido, porque al contrario de lo que se pensaba sobre una transición tranquila, al final no sucedió y todo se transformó en un estado de alerta permanente.
Regresando sobre el tema de las emociones, es estremecedor ver y sentir en casi todas partes, en casi todo el mundo, hablar de la selección, de Messi. Sabiendo que en muchos colegios daban la opción de salir una hora antes, por el partido. Se entiende y se respeta que a muchos argentinos el Mundial les importe un carajo, están en todo su derecho, pero está claro que la mayoría, de distintas generaciones, sobre todo los que aún no lo vieron campeón del mundo, están prendidos. Y quizás con una expectativa desmedida, que en su propio país los hace vivir al extremo. Los hace vivir al extremo. En parte porque hay un equipo que ilusiona y en parte por el contexto social del país. Porque, desgraciadamente, la gente espera del fútbol más de lo que realmente puede darnos, esa alegría o satisfacción que no llega desde otros lugares, y que nos hace olvidar nuestros problemas cotidianos durante 90 minutos.
Por eso, como sólo hay un campeón del mundo y es muy difícil serlo, porque todos los equipos (de mayor o menor jerarquía buscan la gloria eterna), sería bueno disfrutar del día a día, del paso a paso, y no sólo esperar la zanahoria (la Copa), que se puede conseguir. «No tenemos la presión de ser campeones del mundo», ha esbozado con lógica Scaloni, aunque algunos lo interpreten como abrir el paraguas y dejar de estar a la defensiva.
Es el momento de evaluar cada actuación. De ser conscientes de que Leo es nuestro y querido en todas partes. De hacer de cada partido un punto de encuentro, en Qatar, aquí o en cualquier parte del mundo). Soñamos a lo grande, por supuesto, pero hay que sentir un Mundial. Y tenemos que sentirlo más allá de la final.
A las 10 de la noche en Qatar, finalmente se desveló la incógnita y la historia de Rodrigo de Paul acabó siendo una fake news. No es casualidad que Scaloni haya salido con «los tapones de punta» y haya acusado de brindar información calificada a los medios de comunicación acreditados en la conferencia de prensa del día de ayer, que podría beneficiar al rival, en este caso Países Bajos. Desgraciadamente, acabó metiéndose con quién no debía, porque el periodista está para informar. El supuesto “enemigo” está dentro y no se atreve a revelarlo.
Lisandro partió como un tercer central. Di María no estaba para jugar y eso pesó en el once. Scaloni optó por un jugador que ha jugado mucho tiempo en Holanda.
Por constante, Louis Van Gaal utilizó una formación 3-4-1-2 para este Mundial. Se convirtió en un 5-2-3 cuando tuvo que defender. Tuvo como lateral a Dumfries como atacante adiciones en la banda derecha. Pero Daley Blind, en la izquierda, es otro perfil. Es más volante, de toque corto y con menos recorrido y retorno por la banda. En la mitad de la cancha, el doble cinco con De Jong, el director de la orquesta, y De Roon, encargado de los relevos y de meterse entre los centrales cuando sea necesario. Gakpo estuvo un poco más suelto delante de ellos, y en la delantera Bergwijn y Weghorst fueron dos atacantes que intentaron profundizar. Nada de extremos como en otra época para el veterano de 71 años.
No es un equipo demasiado interesado en tener la posesión de la pelota, porque se apoya en la solidez y el buen primer pase que aportó Van Dijk en el bloque defensivo, en la calidad técnica de casi todos para jugar rápido y evitar la presión rival, la verticalidad para atacar por dentro con Dumfries dando amplitud por la banda derecha. Un equipo práctico y pragmático, lejos del romanticismo.
¿Cuál era la idea? Combinar muy bien por banda con secuencias de alta velocidad siendo profundo para llegar bien al fondo y centrar hacia atrás, un ataque más viejo que el libro de la Constitución Argentina. También buscó atacar por centro a partir de pases entre líneas y apoyos con los pases a un solo toque y que suelen terminar en remates de afuera del área. Intentó juntarse y combinar el centro del campo en dirección al arco. Resolvió todo a un toque.
Una de las virtudes de este equipo es que cuando atrajo a la Argentina para presionar, lo atacó de forma directa usando los espacios. Lo hizo desde el juego corto, llevando a Argentina hacia un costado, para luego romper con un pase segunda o tercera línea vertical.
Últimamente, Argentina pasó de ser un equipo que genere muchas situaciones de gol, a ser contundente. Obviamente, que el partido se jugó con el “cuchillo entre los dientes”. En los primeros cuarenta y cinco minutos, si Argentina se fue ganando fue por una genialidad de Messi, que comenzó bastante activo, asociándose muchas veces con De Paul, lo que provocó que la línea de Holanda se centre en acudir a su marca, abriendo huecos por los costados. El 10 llegó a recibir detrás de la mitad de la cancha, para tener contacto con la pelota, debido a eso, el encargado de la primera línea de presión fue Julián Álvarez.
Pasó por todas las facetas en lo que puede ofrecer un partido, dominio de pelota sin ser profundo, en otro apostando por la verticalidad, jugando a la segunda pelota, con envíos largos de Lisandro Martínez, en otros, optó por las subidas de Molina por el costado derecho. Por ese sector, generó la única situación de peligro, que fue gol.
Holanda tuvo la capacidad para madurar los partidos y de terminar llevándolos a su plan de juego. Por momentos le sustrajo la pelota, se mantuvo seguro en el boque defensivo, ofreció un partido muy friccionado en la mitad de la cancha. El error que cometió frecuentemente es donde recuperaba, perdía muy fácilmente la pelota, lo que posicionaba hombres argentinos para el ataque directo.
Como bien mencionamos anteriormente, Argentina volcó su ataque por el perfil derecho. En la distribución se lo vio seguro a Enzo Fernández para el traslado y el toque seguro, y las proyecciones de Nahuel Molina que lentamente empezó a transformarse en una amenaza. Y de esa manera nació la apertura del marcador en un primer tiempo muy difícil, la gambeta de Messi inventó un pase en donde los 80.000 espectadores del Lusail no lo vio venir, pase entre líneas a espalda de los centrales, Molina quedó mano a mano ante Noppert y 1-0. Con este esquema, queda claro la importancia de tener laterales que reciban por delante de la línea de la pelota para que Messi pueda brindar su magia.
En el complemento, el semblante no cambió. Holanda se adueñó de la pelota, la hizo circular, pero no generó peligro ni encontró los espacios. El cerrojo defensivo del elenco de Scaloni había sido muy bueno. Holanda necesitaba que Frenkie de Jong empiece a hacer conducciones en las que rompa líneas para romper la estructura defensiva argentina, aunque Argentina la iba a pasar mal si defendía en su zona todo el tiempo restante.
Mientras Van Gaal recurrió a la altura de Luuk de Jong para fijar centrales y tener una referencia en los centros y ganar mayor peso ofensivo en busca de ir por el empate, Lionel Scaloni no dudó y refrescó la mitad de la cancha con el ingreso de Leandro Paredes, frente a la salida de Rodrigo de Paul que sintió el esfuerzo físico. Se fue aplaudido por la gente que le reconoció el esfuerzo, pese a no estar 100%.
En un momento importante del partido, Marcos Acuña, que no tuvo demasiada partipación en ataque, creció notablemente su nivel pasando por la línea de la pelota, le ganó el duelo a Timber. Sintio el toque y se dejó caer. El español Mateu Lahoz cobró la pena máxima y Leo Messi de corta carrera, lo dejó parado a Noppert, que en la semana brindó declaraciones polémicas afirmando que le podía atajar un penal.
De esta manera, igualaba el récord de 10 goles de Gabriel Omar Batistuta en Copas del Mundo. A quince minutos del final, Argentina acariciaba las semifinales de la Copa del Mundo.
Primero hay que saber sufrir. Después amar, después partir, manifiesta en uno de los tangos de Roberto Polaco Goyeneche en «Naranjo en flor». En el momento que Lionel Scaloni había introducido una doble variante defensiva con los ingresos de Pezzella y Tagliafico, un golpe de cabeza contundente de Wout Weghorst acortó distancias frente a los argentinos.
Con dos “9” de área, Holanda cargó con centros al área. A pocos menos de cinco minutos para el desenlace y con el marcador en contra, Van Gaal no asumió más riesgos. No mandó más al área a sus centrales, manteniendo a Weghorst y a Luuk de Jong como referencias
Zafó Paredes de la expulsión, porque provocó el enojo en el combinado neerlandés. Se tiró a ras de suelo y lo cazó a Aké, continuando la jugada con un pelotazo hacia el banco tulipán como gesto de disconformidad.
Faltaban 10 segundos. Literal. Era cuestión de defender como sea el tiro libre ofensivo a favor de Países Bajos. Argentina se había replegado demasiado, no se defendió con la pelota como lo ha hecho en varias ocasiones y en el décimo minuto de adición (un tanto polémico por todos), Pezzela cometió una falta de atrás, Koopmeiners sorprendió con un pase en corto tratándose de una jugada de elaboratorio hacia el centro, pivoteó Weghortz frente a la marca de Enzo Fernández y finalizó con un toque al palo izquierdo. 2 a 2 y nos íbamos al tiempo suplementario.
Era cuestión de ver como reaccionaba el grupo ante este golpe anímico tremendo. Físicamente también necesitaba respuestas. Scaloni fue cerrando el partido y se quedó sin piezas vitales. Como el caso de Cristian Romero.
Argentina no encontraba el pase del medio hacia adelante. Intentó rebajar pulsaciones al partido con tenencia. No buscó la profundidad ni acelerar el juego. Eso es lo que tuvo que hacer los minutos finales para asegurarse el partido. Apareció los nervios, los medios. Casi ningún jugador intentó mostrarse para ser receptor. Ante la igualdad agónica, Holanda volvió a su guión conservador: dos líneas de cuatro con Weghorst y Luuk de Jong atacando sin demasiado afán la salida del balón.
Al término del primer cuarto de hora, Ni Argentina ni Países Bajos tomaron riesgos. En esos 15 minutos, Argentina trató de reponerse del mazazo con el control de balón frente a un combinado neerlandés que priorizó recuperar el aliento tras el esfuerzo realizado para obtener el empate.
La segunda etapa fue todo lo contrario. Scaloni refrescó el carril derecho con Montiel, ingresando en el lugar que dejó Molina. Quedó una ventana más y en ese mismo momento, el entrenador lo llamó a Di María para el 1v1 y fue lo mejor de Argentina. Todos los avances que provocó, todo lo que no hizo gran parte del segundo tiempo después del gol de Messi adaptando una postura netamente defensiva, lo hizo faltando ocho minutos intentando no estirar la definición dsde los doce pasos.
1) Enzo Fernández se inventó una jugada de la nada con la que terminó encontrando al delantero del Inter que estrelló su disparo contra el pecho de Van Dijk. 2) cabezazo de Pezzela al primer palo. 3) Lautaro Martínez se generó un hueco con el que armó un potente disparo que despejó Noppert hacia un costado. 4) Messi intentó con un remate raso. 5) casi gol olímpico de Di María que se fue cerrando y despejó con los puños el arquero neerlandés. Y 6) La última, como siempre, fue de Argentina, en los pies de Enzo Fernández al palo derecho.
El penal convertido por Lautaro Martínez y las dos atajadas del Dibu Martínez en los dos primeros lanzamientos les dieron el pasaporte a las semifinales de la Copa del Mundo. Sacó fuerzas de flaqueza para dar continuidad al sueño de la tercera estrella. Sufrió más de la cuenta pese a tener una ventaja de dos goles a favor
Argentina llegó a Qatar con el objetivo de disputar 7 partidos. Van 6. Con sus dudas, certezas, virtudes, defectos, y el mejor de todos, Messi, claro está. Un grupo unido al que, cuando le falta fútbol como el día de hoy, le sobra personalidad. El próximo rival será Croacia el martes a las 16 horas.
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