Por Darío Fiori
Para realizar un análisis más en profundo hay que observar el pasado y examinar las cosas que se hicieron realmente mal. Desde la llegada de Cristian González, lo único que exigen los hinchas es «ganar como sea». Pero el ganar como sea, ¿Qué implica? El problema no son los rivales, sino el propio Unión. Es como un enfermo, que recayó en decisiones equivocadas y fue hospitalizado nuevamente, por lo que ahora debe escuchar a los médicos y seguir sus instrucciones al pie de la letra para recuperar la salud. Quedan doce puntos en juego. No puede volver a equivocarse, porque el siguiente paso puede ser fulminante y sin vuelta atrás, como el Nacional B con 38 equipos y 36 partidos. Unión necesita actuar con prudencia y pasión. En el torneo anterior, el equipo ocupó la posición 22 de 30.
Pelea el descenso a falta de cuatro fechas del final porque hubo un técnico que no trabajó en armonía con la secretaría técnica. Promocionó jugadores por obligación. No por convencimiento. Los cedió prácticamente sin posibilidad de jugar, mientras que en su lugar trajo jugadores que tampoco juegan, como en el caso de Oscar Piris y Thiago Vecino.
Lucha el descenso porque hubo un entrenador que estuvo trabajando 2 meses sin contrato y nadie explicó por qué. El club no emitió una comunicación oficial al respecto a través de sus canales de comunicación. A principios de este año renunció el síndico suplente ante la ola de malos resultados. Para comenzar a remendar la situación y evitar que el paciente vuelva a desangrarse, tenía que acertar con la medicina y encontrar un entrenador de espaldas al trabajo, que se dedique pura y exclusivamente a sacar puntos. Por eso, se designó a Kily González. Los números indican que desde su primer partido el 30 de junio en Tucumán, sacó 19 de los 48 posibles. Un coeficiente de un 39%. Mismo porcentaje con el que terminó dando un paso al costado Gustavo Munúa y Juan Manuel Azconzabal hace un par de años atrás.
Entre 2018 y 2021 apenas hubo un soplo de aire tibio donde en los últimos cuatro años disputó tres competencias internacionales. Las tormentas volvieron rápidamente y el horizonte vuelve a ser oscuro. Ya no queda margen para el error. Esperamos sinceramente que, finalmente, Unión, que se encuentra en una situación crítica, pueda recuperarse y alcanzar el nivel que merece un club de su envergadura. No hay dudas que el club atraviesa su mayor crisis en 10 años. Pasó una década del último descenso en 2013 y desde ese momento hasta el presente, el Tate nunca estuvo tan mal como ahora. No solo en lo futbolístico, sino en lo institucional. El rumbo directivo y deportivo de Unión se encuentra en una situación de incertidumbre. La sensación es que nadie sabe qué hacer y cual es el camino correcto para enderezar la compleja situación. No queda tiempo para evitar la catástrofe, pero para eso tiene que haber un golpe de timón urgente. Quedan cuatro semanas para que el destino les guiñe el ojo. Ahora, es una carrera difícil. El Infierno es siempre encantador, pero deben tratar de evitar recurrencias dañinas. Consuma con moderación. Y ante la duda, consulten urgentemente el Plan. Si es que hay uno.
A principio de año desarmó la mejor pareja de doble cinco del fútbol argentino (Juan Ignacio Nardoni y Juan Carlos Portillo a Racing y Talleres respectivamente): Ojo, no lo dijo cualquiera, lo dijo Fernando Gago, ex director técnico de Racing y que supo jugar en esa posición en Real Madrid y Boca. Como es costumbre, lo hizo en pesos y cómodas cuotas, con cláusulas que solo entienden quienes estudiaron en el Instituto Balseiro. En pleno torneo, Santiago Mele se fue debido a la ejecución de una cláusula, dejando sin un solo peso al Junior de Barranquilla. Lucas Esquivel, el titular número 3, partió hacia el Atlético Paranaense y fue convocado a la Selección Nacional por Lionel Scaloni.
En el punto medio de las vacaciones de julio, Imanol Machuca no viajó a Buenos Aires y, finalmente, fue vendido a Brasil, liberando así al colombiano Yeison Gordillo, quien, por cierto, reforzó al Vélez de Méndez, un competidor directo en la lucha por evitar el descenso en estas 14 fechas. En el mercado de pases más importante de los últimos años, el único refuerzo de jerarquía fue Nicolás Orsini, y hasta el momento, no ha demostrado estar a la altura de esa expectativa. Si Unión pretende evitar el descenso, tanto en este como en la próxima temporada (arranca a 7 puntos del último que estaría descendiendo por los promedios que sería Colón) necesita traer jugadores de calidad, sin importar cuántos goles marquen o cuánta presión ejerzan en el campo. En la actualidad, el mejor refuerzo de Unión en este mercado de pases es un pibe proveniente de Boca que aún no tiene ni 30 partidos en la Primera División. Sí, así como lo leíste.
Es un hecho que todos los jóvenes jugadores representan un potencial a futuro, y «El Torito» Morales no es una excepción. Con el transcurso del tiempo y a medida que acumule goles, podría alcanzar el nivel de jugadores destacados como Cherro, Varallo o Palermo, pero en la actualidad, es simplemente un prometedor talento en desarrollo. Tras los fracasos en los mercado de pases anteriores, había una pequeña luz en el horizonte de que incorporen un delantero centro de calidad. Pero… La realidad indica que parece no haber cambiado respecto a esta cuestión.
Tampoco nos olvidemos que Unión perdió un mes esperando a Cristian Tarragona. Hizo venir a un jugador, Ezequiel Muñoz, que según el club no cumplía con los requisitos clínicos para el fútbol profesional. Durante tres semanas, no logró persuadir al arquero suplente de Sarmiento de Junín, José Devecchi. Esta vez, a diferencia de todas las anteriores, el presidente del Tate rompió una de las pocas relaciones saludables que le quedaban en su agotada y desgastada dirección unipersonal: la lealtad incondicional de sus colegas en la Comisión Directiva. Ahora, más allá de los tres o cuatro que «se inmolan con Luis», el resto no entiende qué hizo en este mercado de invierno el presidente.
El Tate está peleando el descenso porque, además de que ganó poco (es el equipo que menos ganó en el año y el que más empató en la República Argentina), los fallos arbitrales le vienen pitando en contra. Caruso Lombardi en más de una ocasión mencionó que a Unión lo estaban «bombeando», tanto en mayo como hace unos días atrás. Luego de esas declaraciones a Unión no le cobraron un penal más gigante que una casa. Ante Vélez, Rapallini dio la orden, y Leonardo Burián realizó el saque de meta, pero Lautaro Gianetti agarró la pelota con la mano y la devolvió al arquero con el pie. Frente a Boca, Claudio Corvalán se proyectó e hizo una pared con Imanol Machuca, quien lo asistió al lateral izquierdo, y este definió con un tiro fuerte para vencer la resistencia de Sergio Romero. El árbitro Andrés Merlo anuló la acción a instancias de su juez de línea. Asimismo, recibió el llamado del VAR a cargo de Mauro Vigliano y Luis Lobo Medina. En la repetición con las trazas, advirtieron que el hombro del defensor de Unión estaba en posición adelantada. Hace cuatro días, nuevamente contra Boca, Falcón Pérez no expulsó a Miguel Merentiel por un planchazo en el tendón de Aquiles a Nicolás Paz, uno de los pocos jugadores que salvó la ropa en una defensa de Unión que estaba en problemas por todos lados. ¿El resultado? Simplemente una tarjeta amarilla. Hoy, a Unión, no le cobraron un penal clarísimo. Orsini cabeceó dentro del área tras un tiro de esquina desde la derecha, desatando la polémica en el 15 de Abril, donde los jugadores y todos los hinchas reclamaron una mano de Cardona en la jugada. El árbitro Darío Herrera no se dirigió al VAR para revisar la jugada, y el juego continuó de inmediato.
En su esfuerzo por liberar al pueblo chileno del yugo colonial español, el ejército liderado por el General José de San Martín se enfrentó a la célebre Batalla de Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818. Esta batalla fue un evento crucial en la lucha por la independencia de Chile, que tuvo lugar en el marco del período de la Patria Nueva. En este enfrentamiento, las fuerzas patriotas dirigidas por San Martín se enfrentaron a las fuerzas realistas de la ciudad de Talca, resultando en una derrota para los patriotas.
Después de esta derrota, el ejército patriota se encontraba ante dos opciones: 1) rendirse o 2) continuar la lucha. Diecisiete días más tarde, tuvo lugar la Batalla de Maipú, un enfrentamiento armado crucial en el contexto de la Guerra de la Independencia de Chile. Esta batalla se desarrolló el 5 de abril de 1818 en la zona conocida como Cerrillos del Maipo, al oeste de la ciudad de Santiago. En ella, las fuerzas patriotas del Ejército Unido Libertador de Chile, conformadas por tropas de la región rioplatense (la actual Argentina) y chilenas, bajo el liderazgo del general José de San Martín, se enfrentaron al Ejército Real de Chile del Imperio español, dirigido por el general Mariano Osorio. La Batalla de Maipú marcó un hito fundamental en el camino hacia la independencia de Chile.
Los santafesinos hace pocos días perdió dos batallas muy importantes. Ante Boca tenía la oportunidad de demostrar que estaba entero, y a pesar de que no mostró ninguna reacción con los cambios ejecutados, el Tate se volvió de la Boca con las manos vacíos producto de una irresponsabilidad de Calderón. Y hoy tenía la oportunidad de ganarle a un rival calificado que llegó a las semifinales de la Copa Argentina y la Copa Sudamericana como Defensa y Justicia, con toda la jerarquía que despliega en el terreno argentino. Por algo, es el tercer o cuarto equipo que más puntos sumó en la Tabla Anual.
Por el lado de Unión, ¿por qué razón esperar resultados diferentes si actuaron siempre de la misma manera, que obstinación por esperar siempre un milagro que los salve? Un milagro en el fútbol, en la economía y en nuestra incapacidad permanente para parecerse a un equipo. Esa cualidad de marcar que siempre la culpa la tiene otro, sin darnos cuenta que al no hacernos cargo lo único que hipotecamos es nuestro presente y ni qué decir del futuro.
Muchos futbolistas y otros tantos entrenadores han elegido desplegar un arsenal de interferencias sobre la tarea de los colegas y de los árbitros. Después de cada derrota, demasiados intérpretes eligen un protagonismo desaconsejable. ¿Objetivo? Cubrirse en excusas, derivar culpas y despertar tanta incomodidad para, acaso desde el victimismo, conseguir algún beneficio. Enrique Santos Discépolo en el 35′ lo graficó de una manera extraordinaria: «El que no llora no mama… y el que no afana es un gil…»
Como dijo el General Juan Domingo Perón (amado y odiados por los argentinos), la única verdad es la realidad. En esta vida estamos siempre buscando excusas para justificar los errores, las equivocaciones en el día a día u omisiones. Si no reconocemos lo que está mal, es transitar el mismo camino hacia la mediocridad que nos mantiene en punto muerto.
Con este punto, que huele a derrota, quedan 12 puntos en juego. Unión es un equipo que corre, que mete y que se vacía, como le gusta emplear la palabra al técnica, pero ya no alcanza. No alcanza. Tuvo varias claras a su favor, y varias en contra, pero no está preciso en la puntada final. A Unión le faltaron dos cosas para llevarse la victoria en el 15 de Abril. Suerte y jerarquía. Suerte porque hoy generó como nunca había generado desde la llegada del ex técnico de Rosario Central, y jerarquía porque algunos partidos se resuelven con eso. Aunque Unión gane los cuatro partidos que le queden y ratifique la permanencia en Primera, será cuestión de un fruto y una inmensa suerte no de pericia. El rendimiento de algunos jugadores y la lectura del juego son erradas.
Un párrafo aparte merece la dirigencia. Desde el 26 de junio del corriente año, hasta mediados de 2025, tiene la gran oportunidad de demostrar su condición de mando. De evidenciar que finalmente, tanto los hinchas, simpatizantes, dirigentes, jugadores y cuerpo técnico están preparados para dar el famoso «salto de calidad», que alguna vez instaló Leonardo Madelón cuando todavía era director técnico de Unión y no lo había clasificado todavía a ninguna competencia internacional. Ir de mando. Ir de banquina a banquina a cualquier conductor le significa un riesgo, es sencillamente esperar a estrellarse y eso es lo que le está ocurriendo.
La pregunta que nos hacemos todos es: ¿Qué le pasa a Unión? Cambia jugadores y es más de lo mismo. El rosarino intenta cambiar la situación, pero no tiene grandes armas a mano para realizarlo. Mira al banco y sólo encuentra más juventud. Y los pibes, que en cierto grado tienen responsabilidad, son ellos los que salen a defender la roja y blanca, y no puede solucionar ecuaciones.
No se puede negar que el hincha llena fecha tras fecha el 15 de Abril quiere sólo los tres puntos, esos que volvieron a esfumarse en los últimos dos partidos. Pero para magia, los magos. Hoy la gran figura de Unión termina siendo una vez más Kevin Zenón. Este deporte se juega en equipo; no se puede depender siempre de un solo jugador, porque los rivales lo estudiarán rápidamente y les bastará con marcar a esa individualidad, para anular por completo a todo el equipo.
Fue la mejor media hora de Unión desde que Kily González asumió como director técnico. El equipo salió decidido a tomar la iniciativa y respondió al mensaje de la tribuna que pedía «cueste lo que cueste, esta tarde tenemos que ganar». En los primeros diez minutos, Unión tuvo tres aproximaciones y presionó constantemente a Defensa y Justicia, que se veía acorralado y tenía dificultades para cruzar la línea de medio campo. El de Goya comenzó muy activo por la izquierda, mientras que Morales mostraba iniciativa en el ataque, atrayendo a defensores rivales. Con el transcurso del tiempo, Defensa y Justicia se fue asentando en el campo de Unión, equilibrando el juego. A pesar de que Unión bajó un poco la intensidad del inicio, las oportunidades más claras seguían siendo para Unión. Un disparo de Morales, tras una buena atajada del Beto impactó en el travesaño.
¿Qué cambiante que es el fútbol, no? Porque hace poco menos de 98 horas, yo le preguntaba al Kily González por este medio ¿por qué sacó a Enzo Roldán? Ya que había sido indispensable para la estructura del mediocampo del equipo rojiblanco. Las pocas veces que no le tocó participar, su ausencia se sintió enormemente, ya que no hay un jugador de esas características en la pirámide. Había aportado en la creación de juego y participar en la jugada que llevó al empate parcial 1-1. Sin embargo, hoy estuvo lejos de ser ese jugador con mucha dinámica. Trasladó muchas veces el balón, lo que permitía que no la largue en tiempo y forma, y por eso perdió un par de pelotas comprometidas en la mitad de la cancha.
Desde la época de Munúa, Unión viene enfrentando dificultades para capitalizar en goles todas las oportunidades que genera. Es sorprendente la mala fortuna que acompaña al Toro Morales a la hora de definir. Como mencioné anteriormente, actualmente es el delantero más destacado del equipo rojiblanco. No obstante, el impresionante inicio disminuyó, y en la actualidad posee dificultades para marcar, ya que han pasado seis partidos sin que celebre un gol. Zenón llevó a cabo un excelente contraataque, mostrando su habilidad en el uno contra uno y ganando los duelos contra la marca de Trpicchio. Sin embargo, la definición de zurda por parte del exdelantero de Boca se elevó por encima del travesaño con gran intensidad.
Desde el minuto 27 al 29, Unión vivió sus dos minutos más difíciles en todo el partido. En primer lugar, hubo una fuerte protesta por una posible expulsión en la mitad de la cancha tras una falta provocada a Zenón. Luego, Moyano realizó una destacada atajada para desviar el remate de Bogarín a un córner, y después, Uvita Fernández, conocido hincha de Unión, estrelló la pelota en el travesaño con un toque de gran precisión. El arquero mendocino observó ansiosamente el balón, rezando para que no ingresara bajo los tres palos.
A Unión todavía le faltaba esa pizca de claridad que había estado ausente durante un tiempo. Avanzó bien en los primeros tres cuartos del campo, pero allí tomó decisiones equivocadas. A pesar de ser muy insistente, le faltaba ese toque final en la definición. Si bien Unión estaba enfocado en el ataque, también continuó mostrando vulnerabilidades en defensa. Es cierto que Defensa y Justicia quizás tuvo un desempeño un poco menos destacado, pero en algunos momentos logró controlar a Unión, que carecía de pausa en su juego y se focalizaba en la verticalidad. Esto, a su vez, dejaba espacios en su bloque defensivo desde la mitad del campo hacia atrás.
Antes del comienzo del segundo tiempo, ingresó Tiago Banega por Enzo Roldán. Tras el partido se conoció que el oriundo de Villa Mercedes que viene jugando con el menisco interno prácticamente roto. Con la entrada del ex Arsenal y Patronato, se posicionó de volante por derecha. Mostró cierta mejoría a medida que avanzó el partido, pero en los primeros minutos, su desempeño con el balón fue notablemente inconsistente, teniendo un impacto limitado en el juego.
El complemento comenzó de la misma forma que se desarrolló en la primera parte. Con dos equipos con un solo objetivo: con la mirada en el arco rival. Por tercer mano a mano, el Toro Morales, quedó mano a mano con Enrique Bologna, y otra vez, reventó el travesaño. Increíble que el partido continuara 0 a 0 en Santa Fe. Una máxima futbolera, de esas que se escuchaban desde la infancia, relataba que mantener la misma forma y no variarla de acuerdo con los momentos del partido era una virtud importante. Que los grandes equipos que eran aquellos que jugaban del mismo modo con independencia de los pasajes del encuentro y de las variantes que introdujera el rival. Así, pasaron de generación en generación alineaciones memorables que siempre surgen con sólo disparar el botón de la memoria. La Máquina de River de 1942 con Juan Carlos Muñoz, José Manuel
Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau, o los Carasucias de la selección en el Sudamericano de 1957, con Omar Corbatta, Humberto Maschio, Antonio Angelillo, Enrique Omar Sívori y Osvaldo Cruz. O los cinco fantásticos de Huracán, en 1973, con René Houseman, Miguel Brindisi, Roque Avallay, Carlos Babington y Omar Larrosa. O Independiente 84, Argentinos 85 y River 86, que podían recitarse casi sin tomar aire.
Ya no ocurre. Ni una cuestión ni la otra: ni se pueden recitar de memoria las formaciones ni hay grandes equipos. ¿O van de la mano? Una cadena de factores conspira contra este desarrollo. La vorágine de los resultados redujo la tolerancia casi a su mínima expresión. La impaciencia no perdona ningún traspié, entonces los proyectos de trabajo no cuentan con la complicidad del tiempo. Y, se sabe, no puede aparecer ningún gran equipo en un puñado de partidos. Como, también, es muy difícil construir un conjunto que quede en el recuerdo colectivo si resulta imposible retener a los mejores valores porque son tentados por los millonarios mercados de Europa.
La inestabilidad derrumba a cualquier elenco que sueñe con hacer historia. Las urgencias pueden devorarse técnicos, mantener en jaque a otros o buscar transferencias salvadoras, aunque el “producto” apenas tenga 18 o 19 años. Sin un proyecto, una planificación o un horizonte -incluso, aunque haya que sortear algunos contratiempos- no aparecerá un equipo inolvidable.
¿A dónde voy con esto? Que el entrenador en conferencia de prensa reconoció que el equipo es muy corto: «Tengo 3-4 jugadores que se infiltran para jugar y para entrenador; se infiltran en el entretiempo». Si algo le faltaba a Unión era que Francisco Gerometta, el lateral derecho que había reemplazado a Federico Vera para el partido de hoy debido a una molestia física (todo parece indicar que sería un desgarro) tuvo que pedir el cambio antes de los quince minutos de la parte final. Tati se tocó el posterior, y automáticamente se desplomó en la cancha. Con muchas lágrimas en los ojos. Su reemplazando fue Mateo del Blanco de gran segundo tiempo. Entró a jugar de lateral izquierdo y tuvo un par de proyecciones interesantes, gambeteando, dejando a dos o tres jugadores en el piso desparramados.
Por otra parte, Julio Vaccari realizó la primera modificación del partido. Lo mandó a Castellani para generar un poco de volumen de juego. De esta manera, prescindió de un volante central para adelantar un poco sus líneas. En cambio, el Kily González también decidió refrescar todo el frente de ataque, con la entrada de Nicolás Orsini, por sobre Morales, la moneda corriente que realiza el entrenador en todos los partidos.
Al igual de lo que sucedió hace un par de días en la cancha de Boca, Unión volvió a tener deficiencias en las pelotas detenidas. Hace rato que Unión no marca bien en el juego aéreo. El centro desde la derecha, el frentazo de Togni, Moyano con todo el sol de frente metió una atajada fenomenal para salvar el arco rojiblanco. A falta de media hora para el final, ingresó Orsini por Morales, que se retiró con aplausos desde los cuatro costados a pesar de no estar preciso con la definición. A excepción del partido ante Sarmiento que le tocó marcar sobre el final, es un delantero sin movilidad que no participa del juego y que está muy lejos del gol. Una a favor es que la pelota no le llega, o no le dejan mano a mano como para definir, como si le ocurre al Toro.
Sobre el final, ingresó Daniel Juárez por Jerónimo Dómina. Muy pocos minutos en cancha para el Pajarito. De esta manera, Unión pasó a jugar 4-4-2 con Juárez por el costado izquierdo, mientras que Zenón compartió dupla de ataque con Nicolás Orsini. El silencio de la parcialidad rojiblanca dejó en clara la incertidumbre que se vive a tan solo cuatro fechas del final. En otros tiempos, Unión se hubiese ido aplaudido, por la entrega que estos chicos dejaron todo en el campo de juego. El entrenador dijo que «somos una reserva mejorada», lo cierto es que hoy Unión no pudo superar a Defensa y dejó pasar la oportunidad de ganar como local. Era clave quedarse con todo. Fue un empate con gusto a poco, y por eso la gente se fue masticando bronca.
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