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SOY Deportes » Selección » Argentina perdió con Paraguay: falló Scaloni en la idea y nunca le pudo encontrar la vuelta al plan de Alfaro

Argentina perdió con Paraguay: falló Scaloni en la idea y nunca le pudo encontrar la vuelta al plan de Alfaro

15 noviembre, 2024
en Selección
Argentina perdió con Paraguay: falló Scaloni en la idea y nunca le pudo encontrar la vuelta al plan de Alfaro

Paraguay's forward #09 Antonio Sanabria celebrates after scoring during the 2026 FIFA World Cup South American qualifiers football match between Paraguay and Argentina at the Ueno Defensores del Chaco stadium in Asuncion on November 14, 2024. (Photo by JOSE BOGADO / AFP)

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Por Darío Fiori

En un lugar común y algo exagerado, se suele afirmar que las eliminatorias son más difíciles que el Mundial, una sentencia que, aunque en principio suene una generalización, se apoya en la dificultad que suponen las topografías, los climas y los estadios distantes, marcados por miles de diferencias. Esta afirmación cobra sentido cuando se observa la actualidad de la selección argentina, históricamente acostumbrada a imponer su jerarquía probada en cualquier rincón del planeta. Sin embargo, en las últimas jornadas, el equipo ha comenzado a dar valor circunstancial a dicho enunciado: la derrota sufrida en Asunción se entrelaza con otra en Barranquilla y un empate en Maturín, resultados obtenidos en sus tres últimas visitas a Sudamérica. La pregunta que surge, entonces, es si el trabajado 2-1 con el que Paraguay celebró frente a su público y en la cara de Lionel Messi debería ser interpretado como una señal de alarma o si, por el contrario, se trata simplemente de un paso en falso, un alto momentáneo en el andar victorioso que este equipo ha aprendido a transitar con regularidad. El hecho de mantenerse en la cima de las posiciones en la clasificatoria puede ser un argumento a favor de no hacer un escándalo de la derrota ante un rival tan combativo, aguerrido y digno de la estirpe reflejada en sus dos centros y dos goles: uno fruto de una jugada animada, casi de dibujos animados (el primero), y otro que bien podría ser parte del repertorio histórico de este equipo (el gol de la victoria).

No obstante, a esta selección argentina, bañada en oro y coronada por recientes triunfos, no le resulta cómodo verse en la posición de derrota tan frecuentemente. No cabe duda de que el mejor estímulo para el equipo de cara al próximo encuentro, programado para el martes en la Bombonera, será el deseo de conseguir una victoria que sirva como cierre simbólico de un año en el que se consagraron bicampeones de América. Necesitan otra imagen que englobe la esencia de estos años irrepetibles: una foto que combine goles y triunfo, los pilares que mejor representan su éxito reciente. De manera similar a lo ocurrido con la derrota frente a Arabia Saudita, cuando se cumplen ya casi dos años de ese episodio, lo vivido en Asunción ha dejado entrever un claro retroceso en el rendimiento futbolístico de la selección argentina. El equipo no supo aprovechar la ventaja de 1-0, y, al verse superado, mostró un nerviosismo que rara vez se había visto en sus jugadores. Es cierto que el árbitro Anderson Daronco cometió un error grave al no expulsar a Alderete en el primer tiempo, una decisión que pudo haber alterado el curso del partido. Sin embargo, un campeón del mundo no puede permitirse quedar mentalmente atrapado en los fallos arbitrales. La selección argentina, independientemente de las circunstancias, debería haber mantenido su concentración y serenidad, virtudes que, lamentablemente, no logró plasmar en un encuentro en el que, más allá de los errores del árbitro, se evidenció una falta de claridad y cohesión en su juego.

En cada una de sus intervenciones públicas, Lionel Scaloni fue claro: el simple hecho de defender la celeste y blanca es motivo suficiente para mantener la motivación. A la Selección le queda solamente el partido con Perú del próximo miércoles en La Bombonera para cerrar un 2024 inolvidable en el que todo avanza a la perfección: un Mundial, dos Copas América, una Finalissima. Pero para esta selección, nada es suficiente. El entusiasmo nunca decae. Todos corren, todos juegan, todos luchan. Messi lidera a un equipo que siempre busca más, que sigue elevando su nivel. En este conjunto, todos son fundamentales, todos cumplen con creces, y todos sienten que son titulares. Para Lionel Scaloni, está claro que ningún puesto está asegurado: ni en la lista para el Mundial, ni en el once inicial. Esto lo demostró en la previa del Mundial de Qatar, cuando Enzo Fernández, con pocos partidos en la selección mayor, desbancó a un histórico como Leandro Paredes. Algo similar ocurrió con Alexis Mac Allister, otra apuesta del entrenador. Así, cada convocatoria será una nueva oportunidad, una final.

A este increíble año de la Selección Argentina, el año del bicampeonato de América y en el que se confirmó que el ciclo de Scaloni continuará, al menos, hasta 2026, le quedan un solo capítulo, aunque la serie «Selección» no está en su temporada más top, 2024 podría ser clave para el futuro. La gloria alcanzada en 2022 es tan significativa que resulta difícil de superar, pero la Scaloneta siempre aspira a más y lo demuestra en cada una de sus actuaciones. El plantel no se duerme en los laureles, siente que hay espacio para más momentos épicos (y con qué soñar para el Mundial 2026), por lo que este partido en Asunción puede ser una excelente plataforma para seguir en ascenso.

Enfrente estuvo Paraguay, dirigida por Gustavo Alfaro, uno de los equipos que más puntos sumó en las Eliminatorias tras la Copa América, con dos empates y tres victorias. La Albirroja, con el sueño de meterse en la próxima Copa del Mundo, sabe que debe pelear cada punto como oro, y así lo hará esta noche. Paraguay intentará imponer el típico juego sudamericano, de mucho roce y corte, mientras que Argentina, con Scaloni al mando, buscará imponer su estilo de toque en el mediocampo para que Messi, con su magia, asista a Julián y Lautaro.

«Paraguay históricamente es una selección aguerrida, intentaremos hacer nuestro juego y, si toca luchar, estamos preparados», aseguró Rodrigo De Paul, uno de los capitanes sin cinta, que llegó a Asunción la noche del miércoles. Este grupo ha demostrado estar preparado para diversas situaciones, pero hay un detalle: después de la Copa América de Estados Unidos, Argentina jugó tres partidos de visitante y no ganó.

Mientras varios equipos hacen cuentas para ver si se clasifican a los seis cupos y medio que entrega Conmebol para el próximo Mundial, la Scaloneta sueña con llegar al objetivo lo antes posible. Nadie duda de que el equipo de Messi estará en 2026, y si bien recién comienza la segunda rueda de las eliminatorias, Argentina está tan bien posicionada que, si cierra 2024 con un triunfo, y se da algunas series de resultados, podría asegurarse un lugar para la cita mundialista con 20 meses de anticipación. En ese marco, para Lionel Messi fue una noche extraña: la organización prohibió que los hinchas paraguayos ingresen al Defensores del Chaco con camisetas de Leo. Ya sin compromisos con el Inter Miami —tras quedar eliminado en cuartos de final de la MLS—, estos dos partidos de la Selección serán los últimos del 2024 para la Pulga, quien desea irse de vacaciones con una sonrisa de Selección.

En la previa de este encuentro, se anticipaba un enfrentamiento de estilos marcadamente distintos, ya que por un lado se encontraba el enfoque conservador y táctico de Gustavo Alfaro, quien logró imprimir un sello inquebrantable a la selección de Paraguay a través de una estructura sólida y un plan táctico orientado a la contención y el equilibrio, mientras que, por otro lado, se destaca el estilo caracterizado por el buen manejo del balón, la tenencia prolongada, los desmarques constantes y la ruptura de espacios, elementos que buscaban imponer un juego más dinámico y fluido, con la intención de desortijar mediante la circulación precisa y el control del ritmo del partido. Claro, estamos hablando de Lionel Scaloni, el DT más exitoso de todos los tiempos.

Un claro retroceso futbolístico

A bordo del 4-2-3-1, la idea de Gustavo Alfaro no mostraba intenciones de presionar tras la pérdida de forma permanente cuando el equipo estaba adelantado en el campo. Esa intención de recuperar la posesión no se desarrollaba de manera colectiva, sino que la responsabilidad de ganar el balón recaía sobre el jugador o los jugadores activos en la presión, mientras que las demás unidades mantenían su posición. En defensa organizada, la estructura que armaba Paraguay en bloque medio estaba conformada por dos líneas: una con cuatro jugadores y dos laterales centralizados, o bajo un 4-1-4-1. Lo que siempre se mantenía como principio fundamental en sus equipos era la corta distancia entre la segunda y la tercera línea, además de la agresividad del doble pivote sobre las recepciones de los mediocampistas interiores rivales.

El exentrenador de Boca puso a Andrés Cubas como único volante tapón, con dos interiores: Diego Gómez por el costado derecho y Andrés Bobadilla por el sector izquierdo. Los jugadores encargados de presionar eran ellos dos, mientras que Cubas se encargaba de vigilar a los tres mediocampistas rivales: Enzo Fernández, Rodrigo De Paul y Alexis Mac Allister, con el fin de neutralizar el funcionamiento del juego. En determinados partidos como este, los laterales, tanto Víctor Velázquez como Junior Alonso sostenían la vigilancia sobre la subida de Nahuel Molina y Nicolás Tagliafico por izquierda, manteniendo el duelo si era necesario. No obstante, la prioridad de sus equipos era siempre liberar a estos jugadores de esa tarea, para que pudieran estar pendientes de ser verticales en las transiciones ofensivas. Por momentos, los delanteros Miguel Almirón y Julio Enciso permanecían inactivos cuando el equipo estaba replegado. Esto favorecía el despliegue tras la recuperación del balón, pero a su vez facilitaba la circulación en el inicio del juego del rival.

Mientras tanto, Lionel Scaloni preparó un 4-2-3-1, con Julián Álvarez (4) por la banda izquierda. En una ocasión, un periodista cuestionó al gran Alfio Basile sobre su incapacidad para detener al equipo en la cancha, a lo que el Coco respondió, con su característico humor y sabiduría: «Yo paro al equipo en el pizarrón; el problema es que, no bien el árbitro da el inicio del partido, los jugadores empiezan a moverse». Con esta frase, Basile reflejaba de manera irónica y profunda la complejidad de gestionar un equipo en el campo de juego, donde, a pesar de los planteamientos tácticos previos, el movimiento y la dinámica de los jugadores son impredecibles una vez que el balón comienza a rodar. Al igual que el partido ante Bolivia en el Más Monumental, Lionel Scaloni ubicó a la Araña por el costado izquierdo, asignándole la función de volantear; esta tarea no solo le permitió desequilibrar en el ataque, sino también colaborar en la construcción del juego desde una posición más retrasada, aprovechando su versatilidad y capacidad para asociarse con sus compañeros durante las transiciones ofensivas. Sin embargo, a lo largo del encuentro, se sintió aislado del juego, aunque logró realizar algunas combinaciones con Messi durante la primera etapa. La fluidez fue escasa y su mejor aporte consistió en un pase de tres dedos a Rodrigo De Paul, que lo dejó mano a mano con el arquero rival.

En los primeros compases del partido, Argentina dominó la posesión de la pelota durante 1:36 minutos, marcando una clara diferencia en cuanto a la tenencia inicial. La única vez que Paraguay recuperó el balón fue producto de una imprecisión de Nicolás Tagliafico (3.50) quien, a lo largo de la primera parte, se mostró errático en sus pases y no logró aportar la profundidad esperada por el costado izquierdo. Esta falta de precisión limitó su capacidad para ser una opción viable de salida para el equipo, especialmente en un esquema en el que la lateralidad juega un rol fundamental. Por su parte, el entrenador paraguayo, Gustavo Alfaro, optó por situar a Junior Alonso en el costado izquierdo con el objetivo de evitar que Tagliafico pudiera imponerse en los duelos individuales, una estrategia que evidenció la preocupación por contener las ofensivas argentinas. La actuación de Tagliafico se vio aún más condicionada por una lesión en el hombro que arrastró durante todo el segundo tiempo, lo cual resulta incomprensible, dado que no se entiende por qué Lionel Scaloni no optó por reemplazarlo, considerando la incomodidad que evidenció el lateral.

A pesar de su rendimiento irregular, lo más destacado de la actuación de Tagliafico fue una intervención defensiva clave, en la que bloqueó un remate de tijera de Miguel Almirón dentro del área, utilizando incluso su rostro para evitar el gol. También se destacó en una salida elegante desde el sector del córner, mostrando capacidad para sumarse al ataque pese a sus limitaciones físicas. Sin embargo, el balance general de su actuación estuvo marcado por los altibajos, tanto en lo defensivo como en lo ofensivo, lo que reflejó una jornada compleja para el lateral argentino.

Argentina logró liberar a sus laterales cuando disponía del dominio territorial y posicional de la pelota, especialmente con Nahuel Molina (4), quien, sin embargo, no logró generar la amplitud y profundidad esperada. Si bien apareció esporádicamente por el costado derecho, su incursión fue más ocasional que constante, sin llegar a ser una amenaza permanente. El entrenador Gustavo Alfaro, con astucia táctica, propuso un plan que, en determinados momentos, resultó eficaz para neutralizar los avances argentinos. Tanto Víctor Velázquez como Junior Alonso, en el lateral izquierdo y derecho, respectivamente, se encargaron de mantener la vigilancia sobre las subidas de Molina y Nicolás Tagliafico, impidiendo que ambos pudieran desplegarse con libertad. En caso de ser necesario, estos defensores mantenían el duelo personal, limitando las posibilidades de los laterales argentinos. Sin embargo, la prioridad del planteamiento táctico de Alfaro era liberar a los laterales de esa carga defensiva, con el fin de permitirles estar más concentrados en las transiciones ofensivas, manteniendo su verticalidad en los momentos de recuperación del balón. De hecho, durante ciertos pasajes del partido, los delanteros Miguel Almirón y Julio Enciso permanecían inactivos cuando el equipo paraguayo se replegaba, lo que favorecía el despliegue de los paraguayos tras la recuperación, pero a su vez, dejaba espacio para que la circulación del balón en la salida rival fuera menos efectiva.

Por su parte, Argentina logró generar algunas llegadas, aunque de manera esporádica. Un ejemplo de ello fue el ataque por la banda derecha, donde Nahuel Molina se destacó al llegar hasta el fondo, enviando un centro atrás que, al llegar a Lionel Messi, terminó en un remate defectuoso, por encima del travesaño. En ese momento, se pudo intuir que el árbitro, Anderson Daronco, podría haber sancionado un tiro de esquina, ya que la pelota parecía haber sido tocada por un defensor paraguayo antes de salir, pero no hubo revisión ni corrección por parte del árbitro.

Poco después, en una jugada en la que Argentina trataba de recuperar el balón, Miguel Almirón logró ganar la posición a Molina, avanzando varios metros con la pelota dominada. Cuando se disponía a rematar, Cuti Romero intervino de manera clave, bloqueando su disparo y evitando el peligro. Durante esos momentos, la selección argentina se mostró incómoda. Además de los problemas en la circulación del balón y los errores en la salida, se percibía que el planteo táctico de Alfaro había logrado neutralizar parcialmente el juego argentino, impidiendo que la albiceleste pudiera imponer su estilo. A este escenario se sumaba la creciente tensión generada por el arbitraje de Daronco, que no solo añadía incertidumbre en las decisiones, sino que también parecía distraer a los jugadores de su enfoque principal en el juego, afectando su concentración en los momentos más críticos del partido.

Como se anticipaba en la previa, Paraguay se dispuso a esperar a Argentina con las líneas bien juntas, agrupadas en un bloque compacto de entre 15 y 20 metros, desde la mitad de cancha hacia atrás. Este planteamiento táctico buscaba neutralizar la capacidad ofensiva argentina, cerrando los espacios y dificultando la circulación del balón, con el objetivo de frustrar cualquier intento de avance vertical. De este modo, el equipo de Gustavo Alfaro se replegaba en su propio campo, priorizando la defensa sólida y buscando bloquear las opciones de pase hacia los hombres más adelantados, en especial a Lionel Messi, quien se ve más limitado cuando no tiene espacios para maniobrar. Al mantener las líneas tan juntas, Paraguay también buscaba minimizar los riesgos de contragolpe, sin renunciar por completo a la posibilidad de alguna ofensiva aislada, a través de la velocidad de sus jugadores en transición.

Anderson Daronco, el árbitro de las polémicas

El árbitro encargado de dirigir el choque ante la Albirroja fue un viejo conocido, el brasileño Anderson Daronco. Considerado como «el árbitro más fuerte del mundo» debido a su imponente físico, Daronco estuvo acompañado por sus compatriotas Bruno Pires y Rafael Alves, quienes se desempeñaron como asistentes uno y dos, respectivamente. Rafael Klein actuó como cuarto árbitro, mientras que el VAR estuvo a cargo de Rodolpho Toski, con Rodrigo Nunes como AVAR. Daronco ya había dirigido a la selección argentina en tres ocasiones previas. En dos de ellas, Argentina logró victorias: primero por 3-1 ante Ecuador en 2017, en el partido donde Lionel Messi anotó un hat-trick para asegurar la clasificación al Mundial de Rusia 2018, y luego por 2-1 frente a Chile en Calama en 2022. En su tercer encuentro con la Albiceleste, el resultado fue un empate sin goles ante Paraguay en Asunción en 2021.

El árbitro brasileño es recordado por varias polémicas relacionadas con el fútbol argentino. Fue el encargado de dirigir el partido de ida entre Racing y River por los octavos de final de la Copa Libertadores 2018, donde protagonizó dos situaciones controvertidas: un gol anulado a Gustavo Bou para La Academia y una tarjeta amarilla mal sancionada a Exequiel Palacios, que fue corregida por el VAR, ya que la amonestación correspondía a Leonardo Ponzio, quien luego fue expulsado por doble amonestación. Además, Daronco dirigió la vuelta de cuartos de final entre River e Independiente, un encuentro recordado por una falta de Javier Pinola sobre Martín Benítez dentro del área, que parecía claro penal para el Rojo, pero que el árbitro brasileño no sancionó.

En primera instancia, el árbitro Daronco no convalidó el gol. Sin embargo, Rodolpho Toski, quien estaba a cargo del VAR, revisó minuciosamente la secuencia y, tras casi cinco minutos de análisis, convalidó el gol con total acierto, ya que la posición en la que se encontraban los jugadores no constituía un fuera de juego. Esto se debe a que las extremidades superiores, como las manos o los brazos, no se toman en cuenta para determinar una posición antirreglamentaria, dado que no son partes del cuerpo con las que un jugador pueda jugar el balón de manera válida. Solo se consideran, a efectos de la regla, las partes del cuerpo que permiten una acción legal sobre el balón, es decir, las piernas, la cabeza y el torso. En la repetición se puede observar que el defensor, con un toque con el taco, habilita al jugador argentino, y lo único que se visualiza en las líneas marcadas es que las manos del jugador se encontraban en una posición adelantada, pero esto no es suficiente para considerarlo en fuera de juego, ya que, según la normativa, las manos no intervienen en tal determinación. Por otro lado, además de la relevancia del gol marcado, Lautaro Martínez alcanzó los 31 goles con la camiseta de la selección argentina, cifra con la que empató en la sexta posición de la tabla histórica de goleadores con Gonzalo Higuaín. Ahora, su próximo objetivo es superar a Diego Armando Maradona, quien ostenta 32 goles, aunque, como era de esperar, el líder absoluto de esta clasificación es Lionel Andrés Messi, con un impresionante total de 110 tantos. En la primera llegada profunda —la única que tuvo Argentina en todo el partido—, se adelantó en el marcador.

Enzo Fernández (5.5) fue activo para ocupar los espacios, quitar y elaborar con De Paul. Recuperó una pelota en salida, alto. Lautaro Martínez (6) fue el encargado de abrir el marcador a los 11 minutos del primer tiempo, cuando controló con el pie derecho y remató cruzado al palo izquierdo del arquero Roberto Fernández. Tras una revisión del VAR, el gol fue validado para el Toro. Sin embargo, más allá de esta anotación, no logró moverse con libertad por todo el frente de ataque. La defensa paraguaya, bien plantada con sus zagueros, logró neutralizar cada uno de sus movimientos, limitando su participación en el resto del partido.

Rodrigo de Paul (7) se posicionó por delante de los dos centrales argentinos. Fue precisamente mediante este tipo de movimientos y circulación rápida del balón que llegó la primera aproximación clara del partido, con el ex jugador de Racing ubicado por el costado derecho, quien envió un centro peligroso al área que, lamentablemente, ninguno de los tres delanteros de la Scaloneta logró capitalizar, dejando escapar una oportunidad importante. Raspó, cubrió bien los espacios. Mostró un gran despliegue físico y una notable capacidad de recuperación en los primeros minutos. El Motrocito se erigió como el mejor jugador del elenco argentino de mitad de cancha hacia adelante, siendo clave tanto en la presión defensiva como en la distribución del balón. Paraguay, por su parte, trataba de cerrar todas las puertas posibles, concentrándose en evitar que los jugadores argentinos se filtraran entre sus líneas defensivas, con la clara intención de neutralizar el juego ofensivo de la Albiceleste.

Si bien era cierto que la selección argentina se caracteriza por darle un buen destino al balón y pregonar el buen juego, destacándose en la estética en la tenencia de la pelota, en los primeros minutos del partido mostró cierta erraticidad en la entrega de los pases, lo que permitió que el equipo rival, en este caso Paraguay, pudiera ejercer una presión más efectiva. Por su parte, Alfaro intentó liberar a los laterales paraguayos con la intención de proponer duelos individuales y desequilibrar por los costados, buscando explotar los espacios generados por las subidas de sus carrileros.

A pesar de estos esfuerzos, Argentina nunca logró reorganizarse defensivamente de manera adecuada. Previamente, había descuidado las marcas, lo que permitió un disparo peligroso de Almirón que fue bloqueado por Julián Álvarez. Paraguay, por su parte, no merecía estar en desventaja, ya que, con sus propias armas, había intentado jugarle de igual a igual a la selección argentina. Sin embargo, la albiceleste mostró cierta vulnerabilidad, particularmente en las pelotas paradas, donde no exhibió la solidez defensiva esperada. Un ejemplo claro de esta fragilidad se dio cuando Gustavo Gómez, con un cabezazo en el área chica, estrelló el balón contra el travesaño. La jugada continuó y, tras una proyección por el costado izquierdo de Velázquez, quien se infiltró sin ser seguido por Tagliafico, Sanabria aprovechó la ocasión y, de manera espectacular, marcó un golazo de chilena en el borde del área, dejando a la defensa argentina mal parada y sorprendida.

Paraguay defendía en línea, y en su afán por mantenerse sólido en defensa, dejaba algunos espacios que Argentina intentó aprovechar. Tanto Molina como Julián Álvarez, quien no gravitó tanto como volante por la izquierda, intentaron marcar la diagonal hacia las espaldas de los defensores rivales, buscando generar desequilibrio y penetrar en las zonas más peligrosas del campo. La selección argentina, en su afán por romper la defensa paraguaya, llegó varias veces por el costado derecho, con combinaciones rápidas y desbordes, pero no logró conseguir la profundidad necesaria para finalizar las jugadas de manera efectiva. A pesar de las intenciones y los esfuerzos en esa zona, la defensa de Paraguay logró mantenerse firme, evitando que la albiceleste lograra concretar sus aproximaciones en el último tercio del campo.

A diferencia de otros partidos, Argentina alternaba entre toques cortos y precisos, con envíos largos, conscientes de que Paraguay adelantaba sus líneas. Lionel Messi (6) luchó en el campo, pero no logró imponer su juego ante el Paraguay de Alfaro. Comenzó jugando por la derecha, pero con el paso de los minutos se retrasó, e incluso en ciertos momentos terminó actuando como doble cinco junto a Rodrigo De Paul. Consciente de la necesidad de involucrarse más en el juego, Messi descendió hasta la mitad de la cancha en busca de espacios donde poder recibir el balón. En este proceso, los volantes argentinos se desmarcaban constantemente, buscando los huecos que dejaba la estructura defensiva paraguaya, lo que les permitía intentar generar jugadas que pudieran romper la rigidez del bloque rival. Todo esto se complementaba con cambios de ritmo, impulsados por toques cortos, que buscaban desordenar al equipo contrario.

Tuvo una aproximación clara que se fue por encima del travesaño. A los 32 minutos, Argentina intentaba encontrar pases de emboquillada en el último tercio del campo para romper la línea defensiva paraguaya. El equipo tocó por el centro y el balón llegó a Messi, quien, con su característico toque sutil, pinchó la pelota de manera perfecta para Julián Álvarez, quien quedaba en una situación inmejorable para enfrentar al arquero rival. Sin embargo, Julián no logró controlar bien el balón, que se le escapó largo, perdiéndose así una clara oportunidad de gol. Cada vez que el equipo de Scaloni lograba asociarse de esta manera, llegaba con claridad al área rival, pero en esta ocasión no pudieron concretar.

Lionel Scaloni rápidamente tomó nota de la situación. Observó que Omar Alderete ya había sido amonestado, por lo que Messi, quien se movía constantemente por el centro buscando espacios, se posicionó por la derecha con la intención de imponerse en el mano a mano y provocar una nueva amonestación, o incluso una expulsión, del defensor paraguayo. Todo el equipo argentino pidió la expulsión de Alderete tras una falta sobre Messi, pero el árbitro Darónco, con una floja actuación, ignoró las protestas y dejó pasar una clara oportunidad para sancionar al defensor guaraní. En el segundo tiempo, Messi intentó un remate que pasó muy cerca del segundo palo del arquero paraguayo, Roberto Fernández. Sin embargo, antes de llegar a su destino, el balón pegó en un defensor paraguayo, quien desvió ligeramente el disparo, lo que hizo que la pelota tomara un rumbo incierto. Argentina, aunque con más empuje que organización, seguía presionando, pero sin lograr concretar las oportunidades que generaba.

Continuaban los errores no forzados

Por otro lado, la selección argentina seguía cometiendo errores en la salida del balón. Nahuel Molina intentó controlar un pase desde el costado derecho, pero Miguel Almirón le ganó la posición, recorrió varios metros con la pelota dominada y, cuando se disponía a rematar, Cuti Romero (5) bloqueó el remate. En esta ocasión, no fue el líder defensivo de la selección argentina que solemos ver en cada partido. Si bien no cometió errores graves, es cierto que fue el defensor más constante dentro de un bloque defensivo en el que ninguno de sus compañeros logró superar los cuatro puntos en cuanto a rendimiento. Romero tuvo que abandonar el campo al finalizar el primer tiempo en el encuentro que la selección argentina disputó ante Paraguay por las Eliminatorias Sudamericanas. Según explicó el periodista Gastón Edul durante la transmisión de TyC Sports, su salida se debió a «cuestiones físicas», lo que generó preocupación en el cuerpo técnico y encendió las alarmas.

El defensor no regresó para jugar la segunda mitad, y Lionel Scaloni decidió que su lugar fuera ocupado por Leonardo Balerdi. La posible lesión de «Cuti» Romero representa un serio inconveniente para el entrenador argentino, quien ya había sufrido las bajas de Germán Pezzella y Lisandro Martínez en esta convocatoria. Para suplir la ausencia de Martínez, Scaloni había convocado de manera urgente a Facundo Medina. Lo cierto es que Romero llegó a esta Fecha FIFA con algunas dificultades físicas, ya que menos de dos semanas antes había sufrido una lesión ligamentaria en el dedo gordo de su pie derecho. En cuanto a su desempeño en la primera parte del encuentro, se destacó en su labor defensiva, logrando neutralizar de manera eficaz las incursiones de Miguel Almirón, quien en un par de ocasiones mostró su velocidad, pero no consiguió superar al zaguero del Tottenham.

Argentina debía ajustar varias cuestiones, especialmente en el posicionamiento de algunos jugadores, si quería superar a un Paraguay que, en ese momento, mostraba una intensidad mayor, corriendo más y presionando bien alto. En ciertos pasajes, la selección argentina fue superada por la presión rival, que generó algunos errores no forzados. Sobre los 43 minutos de la primera etapa, una buena combinación entre Lautaro Martínez y Messi dio lugar a una jugada peligrosa. El capitán, tras una pared con Julián Álvarez, abrió para el delantero del Manchester City, quien le devolvió de primera el balón. Messi, sin embargo, no quedó en una posición cómoda para definir, y su remate se vio desviado por la intervención de Gustavo Gómez. Tras el rebote, Julián Álvarez intentó pegarle sin ángulo, pero su disparo fue directo a las manos del arquero paraguayo Roberto Fernández. La oportunidad se esfumó, y la primera mitad concluyó con Argentina sin lograr concretar en el marcador.

En el segundo tiempo, Argentina encontró la horma de su zapato

Peor imposible el segundo tiempo para Argentina. Scaloni realizó la primera modificación de la jornada, un cambio directo de puesto, con el ingreso de Leonardo Balerdi (3) por Cuti Romero, quien había llegado con lo justo a este partido debido a una molestia muscular. Sin embargo, en la primera pelota que tocó el exdefensor de Boca y Borussia Dortmund, cometió una falta en el borde del área, generando una nueva situación de peligro para su equipo.

Argentina, que ya había sufrido en varias ocasiones durante la noche con las pelotas paradas, volvió a ser castigada por esta vía. Omar Alderete, quien debió haber sido expulsado en la primera mitad por una falta sobre Messi, apareció por el costado izquierdo, ejecutando un golpe de cabeza que descolocó completamente a Emiliano Martínez, quien no pudo evitar que la pelota se alojara en el fondo de su arco. Argentina, que no lograba encontrar su mejor versión, vio cómo el marcador se les daba vuelta de nuevo, recordando la última vez que un resultado les fue volteado, cuando perdieron ante Arabia Saudita en el debut de la Copa del Mundo en noviembre de 2022. Un golpe duro para el equipo de Scaloni, que debía empezar de nuevo.

Con el resultado a su favor, Paraguay comenzó a ganar confianza, y su hinchada no tardó en hacer sentir su apoyo, entonando el clásico «¡Olé, olé, olé!» cada vez que aseguraban la tenencia de la pelota. Mientras tanto, Argentina se mostraba un manojo de nervios, sin poder encontrar soluciones a las dificultades que le planteaba el equipo guaraní. Cada vez que la selección argentina recuperaba la pelota, seguía siendo imprecisa, sin poder conectar con fluidez y sin lograr dominar el ritmo del partido, que desde el primer minuto se les había complicado de manera considerable. Paraguay, por su parte, nunca escatimó en esfuerzo físico y, como es característico en su estilo de juego, no dudó en utilizar la pierna dura para frenar a los jugadores argentinos, especialmente en el mediocampo.

Ante este escenario, Scaloni optó por realizar variantes en busca de una reacción. Salió Alexis Mac Allister por Alejandro Garnacho (4). El Colorado estuvo muy por debajo de su nivel habitual, casi sin intervenir en el juego. Apenas tocó la pelota y se mostró errático en los pases. En ningún momento logró involucrarse en la creación de juego ni cumplió su rol de enlace. A medida que avanzaba el partido, fue de más a menos, y su rendimiento decayó notablemente cuando Messi comenzó a moverse cerca de él. Su presencia en el campo fue mínima, lo que motivó que Scaloni lo sacara del campo de juego. Su mejor aporte se produjo en una jugada en la que, tras un gran desmarque, envió un centro atrás buscando a sus compañeros. Sin embargo, ninguno de los delanteros argentinos logró conectar con el balón y empujarlo al fondo de la red, mientras que el defensor paraguayo Gustavo Gómez, con un notable esfuerzo, despejó el balón justo a tiempo, evitando lo que parecía un gol cantado. Esta jugada, aunque desafortunada para el equipo argentino, ilustró la buena dinámica y el juego colectivo que caracteriza al equipo de Scaloni, que sigue demostrando su capacidad para generar situaciones de peligro y crear jugadas con un fútbol estructurado y fluido.

Por izquierda se ubicó Alejandro Garnacho. El volante del Manchester United trató de cubrir el sector ofensivo como defensivo junto al lateral. Sin embargo, no logró superar a Velázquez en los mano a mano, quien lo contuvo con experiencia y físico, y no pudo generar jugadas significativas. Aún se encuentra lejos de alcanzar el nivel que Scaloni espera de él. Mientras tanto, el DT siguió retocando el equipo buscando una reacción que nunca llegó. Entró Leandro Paredes (-), el hombre que durante esta semana se rumoreó que podría ser refuerzo de Boca para el Mundial de Clubes 2025, no pudo distribuir el juego y aportar remates desde media distancia. No consiguió cumplir con esas expectativas y su presencia en el campo fue discreta. Jamás pudo generar ese pase filtrado que Argentina había carecido a lo largo de toda la noche. El otro cambio que realizó fue la entrada de Gonzalo Montiel (-) por Nahuel Molina, con la finalidad de aportar profundidad y desequilibrio en la banda derecha. A pesar de ello, Argentina casi nunca logró atacar por las bandas, más allá de alguna incursión aislada por sorpresa de Molina, quien había sido uno de los pocos jugadores que intentó desbordar por ese sector. La falta de claridad en los ataques por los costados se sumaba a la falta de fluidez general del juego de la Albiceleste.

Argentina iba en busca del empate con más ímpetu que buen juego. La selección intentaba reaccionar, pero sin lograr encontrar claridad en sus movimientos. En una de las jugadas más prometedoras, Lionel Messi realizó un remate que se fue muy cerca del segundo palo de Roberto Fernández, el arquero paraguayo. Sin embargo, antes de llegar a destino, el balón pegó en un defensor guaraní, quien desvió ligeramente el disparo, lo que hizo que la pelota tomara un rumbo incierto. Argentina, aunque con más ganas que organización, seguía presionando, pero sin conseguir concretar las oportunidades que generaba. Si hay algo para destacar en esta derrota, fue el ingreso de Valentín Castellanos (-). A falta de cuatro minutos para el final, Scaloni agotó las variantes. Agregó un delantero más. En la primera que tuvo, Taty tuvo el empate, le ganó la marca a Ángel Romero, y era cuestión de acertarle al arco. Su cabezazo se fue por encima del travesaño. Recibió dos pelotas al área y, con sendos cabezazos, generó dos situaciones de peligro. Cumplió con su cometido y mostró actitud en su participación.

A esa altura de la noche, reclamar lucidez para encontrar el camino hasta el empate resultaba una pretensión irreal, casi tan fuera de lugar como intentar hallar una camiseta de Messi entre los hinchas locales, en un contexto marcado por la enérgica y absurda prohibición impuesta por la dirigencia paraguaya. ¿Qué hay de malo en admirar al rival? ¿Qué sentido tiene negar al otro, cuando el respeto mutuo enriquece cualquier competición? Lejos de esas reflexiones metafísicas, Argentina y su capitán, Lionel Messi, se lanzaron con energía a la ofensiva, buscando una rendija en la defensa local para filtrar un pase que pudiera devolver el marcador a foja cero. Sin embargo, por más que intentaron, no hubo manera. Y, de repente, la que muchos consideran la mejor selección del mundo se vio nuevamente reflejada en el espejo de la derrota, una sensación tan incómoda como poco habitual, que contrasta con la imagen de invencibilidad que había logrado cultivar en los últimos años.

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Tags: ArgentinaEliminatoriasGustavo AlfaroLionel ScaloniNoticias DestacadasParaguay

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  • Colapinto hizo la mejor clasificación del año y terminó 8vo en Miami
  • En el 15 de abril: Unión se juega el pase a 8vos ante Talleres
  • Colón quiere volver al triunfo en su visita a Los Andes

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