Cuánto hay de cierto que el fútbol cada vez nos entretiene menos como juego. Que su maravilloso arte creativo es hoy mayoritariamente ordinario y el talento artesanal se transforma día a día en un producto industrial con menos matices… más bien gris, ante la infinita gama de colores que lo distinguió por sobre el resto de las disciplinas deportivas.
Naturalizamos la extinción del gran talento, mientras ponderamos hasta rendirnos a los pies del “ganar cueste lo que cueste”. Mutaron las prioridades y nos arrasó el negocio. Y así, mueren las formas, se acortan los caminos; al tiempo que se agigantan las teorías esquizofrénicas de los hombres del “laboratorio pelotero” que pusieron la número cinco en un tubo de ensayo y destruyeron la esencia.
Hace algún tiempo presenciamos impávidos la metamorfosis absurda de los wines. Ahora, lo extraño y al mismo tiempo alarmante, es el doloroso ocaso del “enganche”; popularmente conocido como el «10» del equipo, al que también estos fundamentalistas del “fútbol pragmático” están llevando irremediablemente a su morada final.
La velocidad impuso cambios y al mismo tiempo afeó el espectáculo. La presión sobre la pelota es infernal y gambetear es limosna. Los nuevos tiempos impusieron normas, derribaron algunos mitos y, evidentemente devoraron la calidad. Nos hemos acostumbrado a un deporte precario, lleno de «inteligentes» que trabajan los partidos y donde solo importa ganar. Eso de gustar quedó reservado para azarosas ocasiones. Y sin ese “10 de antes” es cada vez más quimérico seducir, gustar, enamorar. Se juega como se vive, no?
Seguramente muchos de ustedes iban a una cancha, picado, potrero y buscaban de entrada quienes tenían la camiseta número “10” para detectar inmediatamente el que mejor jugaba en cada formación. Es que no importaba que no marcara (había ocho compañeros que podían cumplir ese rol) porque su misión era jugar y hacer jugar. Muchas veces “comilón”, egoísta, “pachorriento”; pero era el único que podía ofrecer un repertorio distinto al resto. Maldito sea aquel que pensó la táctica de jugar sin él. ¡No le dejaron lugar al mejor dentro del equipo cuando tenemos la pelota!
Está todo tan contaminado, que a la mezquindad se la confunde con capacidad, y el desprecio por la pelota pasó a ser sagacidad, entonces, para muchos no es necesario contar con un “desequilibrante” que sea capaz de romper con la «siesta tacticista» a la que someten los partidos los amantes del pizarrón. Esos a los que les sobra intensidad y les falta contenido. Le faltan el respeto a la pelota y a nadie se le cae la cara de vergüenza.
Pero por suerte no todo es tan vulgar. En Santa Fe, a los codazos, peleando contra propios (lo mandaron al banco y casi prescinden de él) y extraños; está el bueno de Rodríguez en Colón. Un jugador de otra época, de la mejor época. Cabeza arriba, visión de 180 grados, un guante en el botín, la gambeta precisa, la pegada prodigiosa. Caño, rabona, taco y sobrero. Domínguez es hasta hoy uno de los pocos que le da espacio a la impronta, al talento y al atrevido. Al auténtico “10”. Ese jugador con el GPS incorporado en el cerebro (no en la musculosa) que sabe el destino del balón, incluso antes que este llegue a sus pies.
Son los discontinuos, cadentes, hasta desobedientes y muchas veces aislados. Pero nunca previsibles. Son tan buenos que no sabemos cuándo aparecerán y menos dónde lo harán. Algunos clubes y técnicos han optado por maquillarlos de “doble 5”, o de media punta… estas cosas raras de los tiempos modernos, pero todavía lo conservan. Y ahí anda el Pulga, resistiendo los embates de tanto pragmatismo en la trinchera del barrio Centenario.
Cerca de mi casa, en la jungla de cemento que se fagocitó el potrero, cada vez surgen menos “Pulgas”, menos “distintos” que ya no resisten las tentaciones de muchos eruditos “formadores” que los intentarán transformar y sacrificar, en nombre de la mal entendida “eficacia”.
Señores, entiendan que si a los 36 años ponderamos hasta la exageración a Luis Miguel Rodríguez (goleador en la Copa Maradona, el de conquistas recientes maravillosas, el mejor futbolista de la LPF en febrero); al mismo Carlitos Tevez (hoy el “salvador” de Boca)… seguro es por ahí!!! No sean contradictorios…
Cuánto le queda en Santa Fe? Cuánto le queda de carrera? Cuántos «10» cómo este nos invitan a disfrutar de este bello arte por encima del resultado final? A disfrutarlo, hoy juega el Pulga en Colón.
.
Gustavo Mazzi (especial para Soy Deportes)
⚠ UNITE AL CANAL DE SOY DEPORTES haciendo click aquí y mantente informado‼




Colón
Unión


Comentarios de post