Después de 35 años de gobierno de Julio Grondona en la AFA volvía a haber elecciones en la entidad madre del fútbol argentino, pero quedaron sin efecto por una maniobra desleal.
Con 75 votantes la votación terminó igualada en 38. Eso sucedió justamente un día como hoy pero de 2015, reflejando un papelón mundial sin precedentes en una elección para presidente.
Fue una jornada particular la de aquel día. Como nunca, la AFA quedaba expuesta cómo un banquete para dos bandos dirigenciales bien opuestos: Los de Luis Segura y los de Marcelo Tinelli.
Los bandos estaban claros. Del lado de Segura, ex presidente de Argentinos que había dejado al club con una deuda de casi 100 millones de pesos, estaban su hijo Luis Fernando, Daniel Angelici, Damián Dupiellet, Claudio Tapia (ascenso) y Pablo Toviggino (interior) sus compañeros del Ascenso y del Interior y a último momento se sumó Hugo Moyano.
El confiaba en los 42 votos de los asambleístas. Segura fue durante años apañado por Grondona y poco y nada hizo desde su lugar de dirigente por el fútbol argentino, algo que quedo en evidencia tras el fallecimiento de Don Julio y tenía a Segura en estado de tensión y paranoia permanente.
Del lado de Tinelli se encolumnaron: Rodolfo D’Onofrio, Eduardo Spinosa (ex presidente de Banfield y por entonces tesorero de AFA), Julito Grondona, Juan Sebastian Verón, Gabriel Mariotto, Javier Marin (abogado de peso y conocedor del ascenso), Víctor Blanco y Matías Lammens.
Bajo un sofocante calor, dirigentes de todo el país se acercaron al predio de AFA en Ezeiza, para formar parte de lo que debía ser un hecho histórico. Pero todo terminó mal.
Entre los 75 votantes estaban los representantes de los 30 clubes de Primera, 12 de lo que sería la segunda, 12 de tercera, seis de cuarta, cinco de quinta y diez de ligas de provincias. El rumor era que Segura “defendía” a los clubes modestos y Tinelli, a los grandes y a la profesionalización del espectáculo, pero toda esa especulación cayó bajo tierra a la hora de los sufragios.
Una vez terminada la votación y mientras se contaban los votos el rumor de la vergüenza se convertía en realidad y demostraba, una vez más, que el aparato dirigencial no estaba preparado aún para ser domado por otro: la votación resultaba igualada en 38 votos.
Fue entonces cuando comenzaron los rostros de preocupación. Había un voto de más. El resultado no tenía lógica. Nadie fue capaz de darse cuenta de que en un sobre alguno metió dos papeles iguales y que por lo tanto había una que sobraba. Nadie fue capaz de identificar cuál de los candidatos se había beneficiado con ese voto doble y nulo.
Lo que vino después es historia conocida. La Superliga se quedó con los derechos de lo que era la Primera División del fútbol argentino y Claudio «Chiqui» Tapia se erigió cómo el presidente de AFA.
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Fuente: Depo
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