Hay hechos que no aceptan quedar encerrados en una fecha. Persisten en la memoria colectiva, en la forma en que una ciudad se reconoce a sí misma.
El 29 de abril de 2003 no es solo un recuerdo en Santa Fe. Es una marca que atraviesa generaciones. La inundación no fue únicamente un acontecimiento.
Fue un punto de quiebre que expuso lo más frágil… y también lo más fuerte. En medio de la incertidumbre, cuando todo parecía desbordado, emergió lo esencial. La presencia. La solidaridad. El acompañamiento.
El Club Atlético Colón no fue ajeno a ese momento. Fue parte. Parte de una comunidad que no se define solo en lo que celebra, sino también en cómo atraviesa lo que duele.
Cada gesto, cada ayuda, cada forma de estar, construyó algo que permanece más allá del tiempo. Porque hay experiencias que no se explican, se incorporan. Y desde ahí, se transforman en identidad.
Hay miradas que no alcanzan a comprender lo que significan estos hechos. Y en eso también se ve la diferencia entre recordar… y simplemente hablar.
La memoria no es un anclaje en el pasado. Es una decisión del presente. Una forma de entender qué nos une y qué elegimos sostener.
Cuando una comunidad recuerda, también se reconoce. Cuando una comunidad se reconoce, también se fortalece.
Que no quede reducido a un recuerdo. Que permanezca como conciencia. Que permanezca como identidad.
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