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SOY Deportes » Noticias Deportivas » Unión: un triunfo para seguir soñando con la Copa y terminar lo más alto posible en la LPF

Unión: un triunfo para seguir soñando con la Copa y terminar lo más alto posible en la LPF

9 noviembre, 2024
en Noticias Deportivas
Unión: un triunfo para seguir soñando con la Copa y terminar lo más alto posible en la LPF
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Por Darío Fiori

Un desahogo, un alivio, un festejo merecido. Había que ganar, y ganó. Sin las luces de los mejores días, pero con el nervio y el ánimo de aquellos equipos que pretenden quedar en la historia, Unión se impuso en un partido crucial para las clasificaciones a las copas internacionales, demostrando que, aunque sigue sin desplegar el mejor fútbol, supo aprovechar la ventaja de contar con un hombre más en el campo. La figura del encuentro fue Franco Pardo, quien se destacó tanto en la conducción como en los relevos y asistencias, jugando un papel fundamental en el desarrollo del juego. Además, Cardozo resultó ser clave en la victoria, con intervenciones determinantes en momentos decisivos. Un partido donde la tensión se mantuvo hasta el final: la explosión y el festejo de jugadores e hinchas, una señal del valor de la victoria. Los puños apretados de Kily González reflejan perfectamente lo que significó el triunfo de Unión ante Atlético Tucumán. La hinchada, como siempre, estuvo a la altura, y terminó festejando una victoria ajustada pero muy significativa. El mensaje fue claro: la gente nunca lo va apartar del camino, y en los momentos difíciles, siempre estará más cerca que nunca, apoyando incondicionalmente. Unión no sería el mismo sin el amor y la fidelidad de los miles de hinchas que lo siguen y lo alientan en todo momento. El Tate logró sacar adelante un partido que se presentaba complicado, aprovechando la ventaja numérica y consiguiendo tres puntos claves para sus aspiraciones. Este triunfo dejó a Unión bien posicionado en la tabla, con el sueño intacto de clasificar a la Copa Libertadores. El trámite fue parejo, se definió por detalles, y el marcador final reflejó esa lucha constante: 1 a 0, un resultado que vale oro en el camino hacia la clasificación.

Un viejo dicho popular nos dice que “la visión del árbol no tape al bosque”, como una forma de advertirnos que no debemos quedarnos tan enganchados en un solo detalle que perdamos de vista todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor, pero si le damos vuelta al refrán y lo pensamos desde otra perspectiva, encontramos una mirada distinta que nos permite descubrir otra verdad, porque en el fútbol, cuando nos concentramos tanto en el “bosque” y nos quedamos mirando lo que está pasando en un plano más general, muchas veces nos olvidamos de ver y analizar el “árbol”, y ese árbol en este caso es la cruda realidad de la pobreza futbolística extrema que arrastra Unión, y lo peor de todo es que este problema viene desde hace tiempo, como una sombra que no se va, y mientras la gente sigue distraída viendo lo que pasa en el “bosque” de los números y las posiciones, no se da cuenta de que el equipo sigue sin jugar bien, sin levantar cabeza, y lo más preocupante es que la irregularidad sigue instalada, a pesar de las victorias que se suman aquí y allá, como si todo fuera un espejismo, como si el hecho de ganar de vez en cuando tapara las falencias evidentes que el equipo tiene, y todo esto, desde que comenzó la competencia oficial tras la reanudación de la Copa América, que fue cuando la realidad de Unión comenzó a mostrarse más cruda, con una falta de funcionamiento que parece no tener solución a corto plazo.

Hace tiempo que vengo diciendo que no se debe perder de vista lo que realmente está pasando, que no podemos seguir viviendo de las ilusiones de que todo está bien solo porque el equipo gana algunos partidos, porque como bien decía Alejandro Sanfeliciano en La mente es maravillosa, tal vez lo más importante de la utopía no es necesariamente alcanzarla, sino el hecho de que sirva de guía, de faro, de orientación, porque establecer metas perfectas e ideales, aunque sepamos que son inalcanzables, nos obliga a seguir avanzando, a no conformarnos con lo que tenemos y a mantener la esperanza de que siempre podemos mejorar, y es por eso que, de nuevo, insisto: seamos realistas, pero no dejemos de pedir lo imposible, porque el sueño sigue vivo, y si no fuera por eso, hoy no estaríamos hablando de cómo el equipo, a pesar de su irregularidad y de sus limitaciones evidentes, se encuentra tercero en la tabla y a solo dos puntos de la Copa Libertadores, un lugar que, al menos en teoría, representa el esfuerzo colectivo y la esperanza de alcanzar algo más grande, pero lo cierto es que la gente está mirando solo el árbol y no el bosque, se queda pegada a los errores defensivos, a las falencias que siguen estando ahí partido tras partido, y no logra ver que el problema de fondo no es solo de este equipo, sino de la falta de una idea clara de juego, de una estructura que le permita sostenerse, que le permita tener un rendimiento constante, que lo ponga a la altura de los grandes, porque, como bien señaló Eduardo Domínguez hace unos meses tras un empate sin goles en La Plata, este equipo no fue armado para salir campeón, aunque en su interior cree que tiene las armas para hacerlo, y la realidad es que, pese a sus limitaciones, sigue ganando algunos partidos, pero jamás juega bien, y aunque hoy haya sido un partido de menor a mayor, donde el equipo corrió más que el rival, los problemas siguen estando ahí, latentes, sin poder resolverse.

El Unión de la tarde-noche de hoy no se diferenció demasiado del que decepcionó el semestre pasado, porque, aunque tiene destellos de buen fútbol en algunos momentos, los problemas estructurales siguen anclados en la cancha, donde, más allá de lo que pase fuera de los 90 minutos, lo que realmente importa es que haya un equipo, que haya un conjunto, que haya un compromiso colectivo que permita que el rendimiento se eleve, que permita que el funcionamiento del equipo, más allá de las individualidades, sea lo que marque la diferencia, pero sigue siendo el mismo equipo que pierde soldados cada vez que más lo necesita, como hoy, con Pitton y Paz lesionados y Orsini saliendo con una molestia desde el vestuario, y sin embargo, el “Kily” sigue manteniendo la calma y la esperanza, peleando como un equipo resiliente, que, a pesar de las adversidades, siempre da pelea, aunque a veces muera en la lucha, como pasó en Avellaneda con ese 0-3 que parecía definitivo, pero que, sin embargo, nunca dejó de dar señales de vida, porque siempre hay algo más que este equipo tiene para ofrecer, siempre sale a dejar el corazón en la cancha, por más que no juegue bien, por más que no tenga el plantel que desearía, por más que no siempre pueda dar lo mejor de sí mismo, sigue siendo un equipo digno, un equipo que, por más corto que sea, nunca deja de pelear, porque lo que más caracteriza a este Unión, a pesar de las críticas y de las derrotas, es su capacidad de resurgir, de levantarse, de encontrar la manera de curarse de adentro hacia afuera, sin depender de lo que suceda desde fuera, de lo que hagan los árbitros o de lo que diga la prensa, porque el pueblo tatengue sigue soñando, sigue confiando, sigue creyendo en un equipo que, más allá de las dificultades, nunca deja de luchar por lo imposible.

Parafraseando al gran César Luis Menotti, el fútbol tiene cuatro momentos clave: defender, recuperar la pelota, generar juego y definir. Y dentro de todo eso, hay tres principios fundamentales: espacio, tiempo y engaño. Todo lo demás gira alrededor de esas definiciones. Ahora, si un jugador no sabe pensar, no es un buen futbolista. El que llega primero y sabe cómo jugar, está en condiciones de ser un jugador competente, pero de ahí a ser un gran jugador, o simplemente un buen jugador, hay un abismo. Yo te diría que el 95% de los jugadores no saben realmente de fútbol, en serio. Pueden ejecutar, claro, algunos lo hacen bien, pero en cuanto a entender el juego, la cosa cambia. Son pocos los que tienen esa visión global, esa lectura del partido. Hay tres, cuatro, tal vez cinco jugadores que de verdad entienden el fútbol, que saben cuándo la defensa está mal parada, o cuando el equipo rival está desajustado, pero no todos son capaces de eso. La mayoría juega dentro del marco de lo que les dice el entrenador en la semana, pero lo que realmente importa es tener ese ojo clínico para leer el partido mientras se juega. Y sobre lo que se dice de la importancia del técnico, como alguna vez supo decir el Flaco.

En el caso de Unión, los primeros 45 minutos volvió a exhibir los mismos problemas de siempre: la generación de juego. El Tate, que está en plena lucha por la Liga Profesional, sigue atravesando un momento de muchísima incertidumbre, aunque la tabla diga lo contrario. Este equipo que oscila entre una gran actuación y otra para el olvido tiene una falencia clara: generar juego. En estos partidos, donde hay mucho en juego, lo que le hace falta al equipo es ese revulsivo, ese jugador desequilibrante, como lo era Imanol Machuca el año pasado, que por momentos fue el jugador más gambeteador del fútbol argentino. En esta oportunidad, poco o nada se generó en el área rival. Tampoco se había logrado nada importante en Avellaneda, donde la única jugada de peligro fue un tiro desviado de Mauro Pittón. Entre los méritos que puede tener el equipo, muchas veces se apoya demasiado en las individualidades, algo que hoy le falta. Por eso, frente al bajón de algunos futbolistas, lo mejor es apostar a la salida del equipo como conjunto, y no tanto al lucimiento individual. Después, si jugás de local o visitante, la verdad es que poco cambia, más allá de la enorme diferencia en producción que hay entre una cara y otra. Algo que, tarde o temprano, se le debería encontrar una solución. En varias conferencias de prensa, el técnico dejó en claro que su equipo puede dar más, y es lógico que lo diga, porque él sabe mejor que nadie que tiene jugadores con condiciones para cambiar el rumbo de este presente y lograr algo fundamental en el fútbol: ganarle al rival jugando mejor. Y eso es lo que le sigue faltando a Unión.

Después de la derrota contra Independiente, Cristian González movió el tablero con algunas variantes, cambio de nombres mediante, pero lo que imaginó que podría funcionar dentro del juego, a la hora de la verdad, no se tradujo en nada positivo. Volvió a probar con el doble 9, pero la fórmula no dio resultado. Nicolás Orsini (-), que estaba como titular, duró apenas 5 minutos en cancha. El Kily no tuvo más opción que recurrir a una de sus ventanas de cambio por la lesión de Orsini, quien, tras intentar un desmarque para recibir un pase largo, detuvo su carrera de golpe, se desplomó al piso y se llevó las manos a la cabeza, dejando en claro el dolor y la gravedad de la situación. Aunque habrá que esperar los estudios, todo indica que se trata de un desgarro, por lo que se perdería los próximos tres partidos del Tate. Así que, con la lesión de Orsini, entró Jerónimo Dómina, con la intención de darle más velocidad a la transición en los últimos metros, entendiendo que este partido, de ida y vuelta, podía dejarle algunos espacios a Unión en defensa. Y hablando de opciones en ataque, Adrián Balboa (5) tuvo otra actuación de esfuerzo constante, corriendo y peleando cada pelota, pero su relación con el gol sigue siendo un tema pendiente. El delantero, por más que se mata en cada jugada, no logra encontrar la precisión que necesita frente al arco. En una de las pocas jugadas claras que tuvo, remató de cabeza casi sin saltar, lo que restó potencia a su disparo, que terminó pegando en el palo izquierdo. Fue una oportunidad clara que, una vez más, se desperdició.

Lo cierto es que el panorama futbolístico de Unión no cambió demasiado, ni siquiera con dos centrodelanteros en cancha. El equipo de Santa Fe fue perdiendo la esperanza a medida que avanzaba el partido, y la imagen del juego se desdibujaba cada vez más. Si bien el gol que se logró vino de una jugada en movimiento y no de pelota parada, algo que siempre se agradece, igualmente la producción fue muy limitada para aspirar a algo más que un empate. La propuesta del partido quedó clara desde el primer silbido de Facundo Tello, que, por cierto, tuvo una floja actuación. Atlético Tucumán asumió el control del juego mediante la posesión de la pelota, buscando generar a partir del dominio, mientras que Unión adoptó una postura más reservada, esperando al rival con un bloque medio bien ordenado, sin presionar, sino a la espera de alguna oportunidad para robar la pelota y salir al contragolpe. Algo que se notó mucho en los primeros minutos fue que, aunque Atlético Tucumán tenía la pelota, no podía avanzar con claridad, le costaba generar peligro. Unión, por su parte, no encontraba la pelota y cuando la recuperaba, la transición era demasiado lenta y sin profundidad. Es cierto que el calor en la capital de la provincia (unos 32 grados al inicio del partido) no ayudó, pero el equipo de Facundo Sava no se metió completamente atrás. Lo que nadie esperaba era que el Colorado optara por jugar con una línea de 3, con Bebe Acosta actuando como un tercer central.

En los primeros 15 minutos, el Decano dominaba la posesión, pero no lograba hacerle daño a Unión. El dueño de casa no podía encontrar la pelota y, cuando la recuperaba, apostaba a ser directo, vertical, sin buscar acumular demasiados pases. En ese tramo, el Kily, con el inamovible 5-3-2, intentó estirar la cancha con los laterales. Lautaro Vargas (4), como siempre, alternó buenos y malos momentos, y Facundo Salva, atento a eso, ubicó a Juan Infante encima para frenar las subidas del ex lateral de Defensa y Justicia, que esta semana se enteró que volverá a ser convocado por Javier Mascherano. Uno de sus pocos desbordes generó la primera aproximación de peligro del partido, con un centro atrás que Mateo del Blanco disparó por encima del travesaño. Ya en el segundo tiempo, Unión aprovechó algunos espacios que dejó Atlético Tucumán, pero la falta de precisión en las definiciones fue notoria. No encontró nunca bien posicionados a los centrodelanteros, o los centros iban mal ejecutados, desviados, perdiéndose todas las oportunidades de convertir. Así, con pocas ideas claras y mucho esfuerzo sin recompensa, el equipo de Kily González sieguía sin encontrar su rumbo en el juego, y el gol seguía siendo una asignatura pendiente.

Después de un dominio pausado de Atlético Tucumán, el partido se fue tornando cada vez más desordenado y desprolijo, sin poder encontrarle la vuelta a la fluidez del juego. A Unión le costaba un mundo poder juntar dos pases seguidos en el medio, y se veía obligado a despejar constantemente, mandando la pelota más por los aires que por el suelo, lo que dificultaba cualquier intento de construcción ofensiva. La pérdida de balón era casi inmediata, porque el Decano, aunque no se mostraba completamente dominante, lograba distribuir el balón con mayor claridad y precisión, lo que le permitió tener una transición más fluida y un mayor control sobre lo que pasaba en el campo. Dentro de un partido muy pobre en cuanto a fútbol, Simón Rivero (5) fue la única luz de esperanza para Unión. En el primer tiempo, le faltó asociarse un poco más con los volantes, lo que provocó que el equipo se sintiera muy solo a la hora de generar juego. El Tate dependió en gran parte de sus quiebres de cintura, sus gambetas y sus cambios de ritmo. Cuando el exvolante oriundo del Predio Boca no entró en juego, el equipo lo sufrió porque se vio obligado a despejar y tirar pelotazos largos, algo que no siempre fue efectivo. En el segundo tiempo se animó un poco más a agarrar la pelota, pero las ideas fueron escasas y poco claras. En cuanto a Joaquín Mosqueira (6), el volante central cumplió un buen papel. Atlético Tucumán nunca logró encontrarle la vuelta para marcarlo. Mosqueira, en varias ocasiones, rompió líneas y trató de asistir a los delanteros. Una de esas jugadas, tras una buena maniobra colectiva, terminó en los pies de Jerónimo Dómina, quien, al quedar frente al arco, remató desviado, pero fue una clara ocasión perdida. Mosqueira se mostró muy activo a lo largo del partido, recuperando balones, lateralizando y, en algunos momentos, incluso se animó a llegar al área rival, demostrando un buen despliegue físico.

Por el costado izquierdo, Mauro Pittón (4) comenzó el partido de manera activa, recuperando varias pelotas y colaborando constantemente con los zagueros centrales, lo que le permitió al equipo mantener un equilibrio defensivo. Sin embargo, a medida que avanzaba el partido, su capacidad para influir en el juego ofensivo fue limitada. A pesar de su gran despliegue físico, cuando Pittón tenía la pelota, no lograba asociarse con claridad ni generar jugadas peligrosas, lo que impidió que tuviera una influencia real en la transición hacia el ataque. Unión, en definitiva, era puro empuje, puro corazón, pero le costaba muchísimo encontrar una idea clara cuando tenía que recuperar la pelota y darle un destino certero. Se entregaba con ganas en cada jugada, pero el juego en sí ofreció poco y fue muy confuso. La falta de fluidez y la escasa asociación entre los jugadores hacían que el equipo se viera constantemente desordenado. Los espacios eran mínimos y la ausencia de juego colectivo impedía que Unión pudiera salir con claridad desde el fondo. En ataque, el equipo fue muy limitado, y eso dificultaba cualquier intento de generar peligro en el arco de Tomás Durso. Las mejores jugadas de Unión llegaron, por lejos, por el costado izquierdo. Ahí, Claudio Corvalán (6), a pesar de ser marcador central, mostró sus orígenes de lateral y, en varias oportunidades, se soltó para sumarse al ataque. Las subidas de Mateo del Blanco por ese sector también le permitieron a Unión ganar duelos individuales contra Moisés Brandán, lo que generó algo de peligro. En una de esas jugadas, Corvalán llegó hasta la medialuna del área, y cuando estaba listo para rematar, fue bloqueado por Bajamich. Sin embargo, a pesar de esa jugada, Corvalán tuvo un buen cierre en el segundo tiempo, mostrando seguridad y determinación en su rendimiento defensivo. Unión intentó, pero le faltó claridad, y aunque hubo momentos de empuje y algunas individualidades que intentaron generar algo de peligro, el equipo no logró encontrar un juego colectivo que le permitiera ser una verdadera amenaza para Atlético Tucumán. El empate se hacía inevitable por la falta de ideas y de fluidez en todas sus líneas.

Tuvieron que pasar 24 minutos para que se produjera una situación clara de riesgo, y esa oportunidad llegó luego de una jugada de Claudio Corvalán, que terminó en un tiro de esquina a favor de Unión. En esa acción, Adrián Balboa, casi detenido y sin saltar, conectó de cabeza y la pelota pegó en el caño derecho de Tomás Durso, un disparo que, si bien no terminó en gol, marcó un punto de inflexión para el equipo visitante. A partir de ahí, Atlético Tucumán comenzó a presionar con más intensidad, intentando complicar a Unión con juego directo, buscando constantemente las espaldas de los dos marcadores centrales. Aunque el Decano dominó territorial y posicionalmente durante buena parte del primer tiempo, no logró generar situaciones claras de gol, mientras que el equipo local, a pesar de algunos ajustes defensivos, seguía dejando espacios que Atlético Tucumán intentaba aprovechar. Y si bien en Santa Fe no hubo gritos de gol, en gran parte fue gracias a los palos, que jugaron un papel fundamental en ambas áreas: así como los palos salvaron a Atlético Tucumán de ir perdiendo 0-1, también se puede decir que fueron salvadores para Unión. En ese sentido, fue clave la actuación de Thiago Cardozo (7), quien, como ya había ocurrido tres días antes en la sufrida victoria ante Independiente, se mostró fundamental para mantener el arco en cero. En una jugada clave, Mateo Coronel, quien volvió a ser el encargado de la ejecución, optó por disparar al palo izquierdo de Cardozo, en lugar del derecho, donde se encontraba el arquero tatengue, quien con un reflejo impresionante voló hacia ese lado y logró desviar el fuerte remate, que terminó pegando en el palo y yéndose por la línea de fondo. En el córner siguiente, Nicolás Castro tuvo otra oportunidad con un remate de volea, pero su disparo se fue desviado y no generó mayor peligro para el arquero rival.

En el segundo tiempo, tras la expulsión de Ferrari, Atlético Tucumán resignó el ataque, aunque de todos modos aún logró bloquear un disparo al cuerpo de Cardozo, a pesar de que el remate provenía de una posición adelantada. En varias ocasiones, cuando Unión recuperaba la pelota, varios jugadores se resbalaron en el campo, lo que les impidió aprovechar los momentos de transición en los que podrían haber generado más peligro. Además, la distancia entre el arco de Tomás Durso y el momento en que el Tate recuperaba la posesión dificultaba la generación de jugadas ofensivas claras. Mientras tanto, Atlético Tucumán, con un hombre menos, adelantaba sus líneas, lo que hacía que el partido se jugara mucho más cerca del área de Cardozo, presionando constantemente y minimizando los espacios para el equipo local. Durante la primera etapa, Unión se caracterizó por ser un equipo de llegadas rápidas y directas, más que por su juego asociado y elaborado. La propuesta ofensiva del equipo de Kily González no dependió tanto de la tenencia de la pelota o la construcción paciente de jugadas, sino de aprovechar los espacios mediante transiciones veloces y de generar peligro en situaciones puntuales. Consciente de esta fortaleza, Atlético Tucumán ajustó las marcas en la mitad de la cancha, cerró los espacios y obligó a los volantes de Unión a asociarse o avanzar con mayor claridad, neutralizando así muchas de las intenciones ofensivas del Tate.

Desde hace varias fechas, la defensa de Unión, que había sido lo mejor del equipo en el inicio de la temporada, mostró señales de alarma debido a las distracciones defensivas en los últimos partidos, y en este encuentro no fue la excepción. A pesar de contar con una línea de cinco, la defensa del Tate sigue siendo vulnerable a los balones largos, que, aunque simples en su ejecución, conseguían su cometido de desestabilizar la estructura defensiva. La fragilidad defensiva de Unión quedó expuesta una vez más, ya que, a pesar de estar bien estructurados, los jugadores no lograron contener a los rivales, permitiendo que el Decano ingresara al área con facilidad y generando múltiples ocasiones claras de gol. Cada pelota que ingresaba al área de Unión parecía convertirse en una oportunidad de gol para Atlético Tucumán, que aprovechó esta vulnerabilidad para crear constantes situaciones de peligro. En los minutos finales del primer tiempo, Atlético Tucumán se mostró mucho más sólido y terminó esa etapa con un claro dominio del juego, ya que, desde el comienzo del encuentro, fue el equipo superior en actitud y dinámica, siendo las jugadas más peligrosas las que generó el conjunto tucumano, que supo aprovechar las debilidades del Tatengue para crear constantes amenazas. En una falta cometida por Mateo del Blanco a la entrada del área, Coronel volvió a tomar la responsabilidad del tiro libre y, nuevamente, intentó disparar al palo izquierdo de Cardozo, quien con una gran intervención desvió el remate, que terminó pegando en el palo y cruzando la línea de fondo. Finalmente, en el córner posterior, Nicolás Castro tuvo otra oportunidad de volea, pero su disparo se fue desviado, cruzando la línea de fondo sin generar mayores problemas para el arquero rival.

En el segundo tiempo aprovechó el hombre de más

Antes de que comenzara el segundo tiempo, Facundo Sava movió el tablero con varias modificaciones tácticas. Ajustó la defensa y realizó la primera variante: Orihuela ingresó por Sánchez, lo que le permitió liberar a Bebe Acosta y adelantarlo al mediocampo, con la intención de darle más dinámica y fútbol al equipo. Sin embargo, el desarrollo del segundo tiempo no mostró grandes diferencias respecto a lo que se había visto en los primeros 45 minutos, ya que continuaron los mismos problemas defensivos y la falta de coherencia colectiva. Miguel Torren (3) fue otra de las modificaciones que implementó el técnico, reemplazando a Nicolás Paz, quien estaba suspendido por la expulsión sufrida ante Independiente en Avellaneda. Al igual que el resto de la defensa, Torren no logró mostrar seguridad en ningún momento. Se ubicó como líbero, trató de controlar la pelota, pero fue anticipado varias veces por los atacantes rivales. Afortunadamente, los delanteros de Atlético Tucumán, si bien contaban con algunos espacios, carecieron de velocidad en los metros finales y no pudieron definir con claridad frente a Thiago Cardozo.

El partido siguió muy disputado, con mucha pierna fuerte y una constante lucha por las segundas pelotas. Ambos equipos se entregaron al máximo en cada pelota, pero sin mucha claridad en el juego. Unión, de mitad de cancha hacia adelante, mostró muy poco, y lo poco que generaba pasaba por la magia de Simón Rivero, quien con su pierna izquierda era, de lejos, la única fuente de creatividad de un equipo que padecía una alarmante falta de volumen de juego. Esto hizo que el Tate estuviera muy dependiente de las individualidades y del talento de Rivero para intentar quebrar la muralla rival. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones y las ganas de los jugadores, esto no fue suficiente para contrarrestar las enormes deficiencias colectivas del equipo.

A los 10 minutos del segundo tiempo, el desarrollo del partido dio un giro inesperado cuando Atlético Tucumán, que hasta ese momento había sido el equipo más equilibrado y que mejor estaba manejando el ritmo del encuentro, se quedó con un jugador menos tras la expulsión de Ferrari. En la primera mitad, el defensor tucumano había visto una amarilla por llegar tarde en la marca a Balboa, y poco después cometió una falta más grave, dejando la pierna arriba y tocando a Dómina con la plancha por el costado izquierdo, lo que terminó costándole la tarjeta roja. Con esta ventaja numérica, Sava decidió realizar otro cambio táctico: ingresó De los Santos en lugar de Bajamich, buscando reorganizar el bloque defensivo y darle mayor solidez al equipo ante la situación favorable.

A pesar de quedarse con un hombre menos, Atlético Tucumán no perdió la compostura, y estuvo cerca de sufrir una sanción disciplinaria aún más dura cuando Bebe Acosta, en una jugada confusa, le propinó un codazo a Mateo del Blanco en la altura de la nuca. La acción, claramente violenta y peligrosa, merecía la roja directa, pero el árbitro, inexplicablemente, decidió no sancionar a Acosta. Es posible que la experiencia del jugador, sumada a su nombre y renombre, haya influido en la decisión del árbitro, quien prefirió no sancionar la acción de forma tan drástica. A veces, el apellido de ciertos jugadores parece generar una especie de «protección» que, en este caso, dejó una sensación de injusticia sobre la cancha. Pese de la expulsión de Ferrari, el partido siguió siendo muy peleado y con escasa claridad, especialmente para Unión, que no podía aprovechar su superioridad numérica. Los ajustes tácticos de Sava no lograron cambiar el rumbo del partido, que siguió con más de lo mismo: errores defensivos, falta de ideas y dependencia de las individualidades. La esperanza se desvaneció a medida que pasaban los minutos, y el equipo se alejó aún más de poder lograr el objetivo de sumar de a tres en este complicado encuentro.

La tarea de Facundo Tello fue flojísima, y eso es algo que no se puede pasar por alto, considerando que se trata de un árbitro con experiencia internacional, ya que estuvo presente en la Eurocopa de este año y también había representado al arbitraje argentino en la Copa Mundial de la FIFA 2022 en Qatar, donde participó en tres partidos: el Suiza-Camerún, correspondiente al Grupo G, el Corea del Sur-Portugal en el Grupo H, y el Marruecos-Portugal en cuartos de final, siempre acompañado por sus asistentes Chade y Brailovsky, quienes, en conjunto, trabajaron para mantener la precisión en las decisiones arbitrales en esos encuentros de altísimo nivel. Sin embargo, en este partido, Tello jamás le dio continuidad al juego, y la sensación que quedó fue que, en un encuentro donde el buen fútbol brillaba por su ausencia, el árbitro se dedicó más a interrumpir el flujo del juego por cualquier mínimo contacto, favoreciendo que las jugadas no pudieran desarrollarse con fluidez, lo que generó la impresión de que el equipo que cometiera menos errores o el que tuviera la suerte de acertar en alguna jugada aislada era el que más posibilidades tenía de quedarse con los tres puntos, una situación que, sin duda, empañó el desarrollo del encuentro.

El chiquilín, el pibe del IPEI Jerónimo Dómina (7) fue el que finalmente terminó marcando la diferencia. Reemplazó a Nicolás Orsini y aportó frescura, dinamismo y movilidad en los últimos metros, lo que permitió a Unión generar más opciones ofensivas en el tramo final. Dómina aprovechó los espacios en el costado izquierdo, donde se mostró incisivo, sabiendo cuándo acelerar el ritmo y cuándo cuidarse para evitar la reacción de Atlético Tucumán. En una de sus intervenciones más destacadas, ejecutó un gran cabezazo que descolocó a Tomás Durso, desatando la algarabía en el público tatengue y dejando claro su aporte decisivo en el partido.

Pero si bien Dómina se llevó todos los flashes por su gol, la gran figura de la jornada fue Franco Pardo (8), quien estuvo a la altura de los momentos decisivos. Tras una actuación algo dubitativa ante Independiente, donde cometió errores puntuales, Pardo mostró una vez más su capacidad para asumir la responsabilidad en los momentos clave del encuentro. No solo se mostró sólido en defensa, sino que además asumió el rol de líder y motor del equipo. Su despliegue físico, relevos y capacidad de conducción fueron fundamentales, ya que jugó como un líbero con la habilidad de cortar, distribuir el balón y desbordar como un mediocampista central. En una de sus intervenciones más destacadas, asistió a Dómina con un centro quirúrgico a la cabeza, lo que terminó siendo el gol de la victoria para Unión, y con ello el equipo alcanzó la tercera posición en la Liga Profesional, aferrándose a la esperanza de seguir peleando por un lugar en la Copa Libertadores, el gran objetivo de la temporada. Los minutos finales del partido fueron de pura ansiedad para Atlético Tucumán, que, pese a la expulsión de Ferrari, no pudo generar demasiadas situaciones de peligro. Unión, por su parte, se sostuvo en su esfuerzo y logró una victoria que, aunque trabajada y sufrida, fue totalmente justa. El equipo de Sava supo sobreponerse a un primer tiempo flojo, en el que no logró mostrar su mejor versión, pero con un segundo tiempo más ordenado y firme, supo cerrar el partido y alcanzar los tres puntos, consolidándose en la tercera posición de la tabla, con la vista puesta en los objetivos de la temporada: clasificar a la Copa Sudamericana y seguir soñando con la Copa Libertadores.

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Tags: Atlético Tucumánliga profesionalUnión

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