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SOY Deportes » Noticias Deportivas » Unión se quedó sin nafta cuando mas lo necesitaba

Unión se quedó sin nafta cuando mas lo necesitaba

20 octubre, 2024
en Noticias Deportivas
Unión se quedó sin nafta cuando mas lo necesitaba
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Por Darío Fiori

Unión trataba de envalentonarse, sin ideas, pero con el apoyo de su gente intentaba llevarse el partido ante Huracán, aunque no estaba jugando bien. Era el minuto 49 de la segunda mitad. El encuentro terminaba en empate, un resultado que perjudicaba mucho más a Huracán que a Unión. En todo caso, a Unión lo castigaba su sequía de goles, que ya llevaba tres partidos y lo había llevado a sufrir tres derrotas consecutivas cuando estaba en condiciones de pelear arriba. La jugada no parecía tener mucho riesgo; Corvalán intentó despejar el balón y este le dio en la mano. Ramírez no lo advirtió, pero el VAR lo alertó. Ya se había consumido prácticamente todo el tiempo adicionado. Cobró el penal y fue la última jugada del partido. Además, se generó una total injusticia, ya que el empate era mucho para un Huracán ordenado en defensa, con cierta propiedad para tocar la pelota en el medio, pero superado por un Unión impreciso, inoportuno e ineficaz para aprovechar las aproximaciones de peligro y atreverse a ganar el partido.

Al final, daba la impresión de que Huracán no quería más y se conformaba con el empate. Unión no logró encontrar soluciones, y sus argumentos se limitaban al esfuerzo y a un juego que, aunque superior, no se tradujo en resultados. Hasta que en el descuento llegó una jugada en la que Corvalán quiso rechazar el balón, le pegó en la mano, y Wanchope Ábila protestó enérgicamente. El VAR (Nazareno Arasa) convocó a Nicolás Ramírez para que revisara la jugada. Cobró el penal, y Héctor Fértoli se encargó de convertir en la última acción de un partido que debió ser de Unión, que resultó en un empate que perjudicaba más a Huracán y que terminó estableciendo una injusticia absoluta con un penal que llegó desde Ezeiza. Después de varios minutos, Nicolás Ramírez llamó a Héctor Fértoli y le avisó que era la última oportunidad. Pateó y se terminó. Así fue. El ex Racing y Newell’s tuvo el coraje de agarrar ese fierro caliente y abrir el pie al ángulo superior izquierdo para darle un triunfo agónico y ponerlo a tres puntos de Vélez.

El título de esta nota grafica lo que vive Unión en este último tiempo: «se quedó sin nafta cuando más lo necesitaba», porque con poco le ganan los partidos. El presente de Unión es un reflejo de un bajón deportivo que, a medida que avanzan las fechas, se vuelve cada vez más preocupante. Porque el equipo de los últimos 9 puntos, no sumó ninguno, y ante Huracán tenía la gran prueba de fuego para ver si podía dar ese famoso salto de calidad que hace 15 años que anda detrás de sus pasos, sin embargo, volvió a flaquear cuando más lo necesitaba. Los que siguen la actualidad del Club Atlético Unión no sorprende estas tres derrotas. Es un resultado previsible dada la extensión del plantel y la exigencia de un torneo que requiere un nivel de competencia constante y sostenido. Tanto los hinchas, como el cuerpo técnico y los dirigentes se confiaron en el veranito que tuvo Unión en las primeras cinco fechas, donde acumuló 13 puntos sobre 15 posibles. Recordar siempre lo que hicieron en este torneo: 5 partidos, Unión con 87% de los puntos. Receso y mercado de pases más largo de la historia. Vendieron dos titulares, no trajeron ni un refuerzo: 12 partidos y 36%. Lo de hoy ante Huracán fue lo que se viene viendo: llegó al techo.

Desde el inicio de año, se hizo evidente que el plantel carecía de la profundidad necesaria para competir en un torneo tan largo. La situación se agrava aún más al considerar la decepcionante actitud de la dirigencia, especialmente de su presidente Luis Jorge Spahn. En el momento más importante de los últimos tiempos, con Unión peleando el campeonato, y con el condimento de que su eterno rival está en la segunda categoría del fútbol argentino, jamás se animó a ir por más. No solo se trata de la necesidad de nuevos jugadores, sino de una visión más amplia que contemple el fortalecimiento del vínculo con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Mantener relaciones frecuentes y productivas con la AFA es fundamental para estar al tanto de las normativas, cambios en las ligas y potenciales negociaciones que puedan beneficiar al club.

El 23 de abril, Luis Spahn declaró con gran determinación: «Vamos por el oro. Nos queda pendiente el logro más importante en lo deportivo». Esta afirmación no solo refleja una ambición por alcanzar la excelencia en el ámbito deportivo, sino que también invita a reflexionar sobre la naturaleza de la verdad y la mentira en el contexto del éxito. En ocasiones, las declaraciones de figuras públicas pueden ser percibidas como promesas o metas. Sin embargo, es importante considerar la autenticidad detrás de esas palabras. Aquí es donde entra en juego el concepto de mitomanía, que se refiere a la tendencia compulsiva a mentir, incluso sin un motivo aparente. Identificar a una persona con mitomanía puede ser un desafío, pero hay ciertas características que pueden señalar esta condición.

Una persona que presenta mitomanía tiende a mentir de manera habitual, y estas mentiras pueden variar en escala y complejidad. Pueden incluir desde pequeñas falsedades cotidianas hasta relatos elaborados que buscan impresionar o manipular a otros. Este comportamiento puede estar motivado por diversas razones, como la búsqueda de atención, la necesidad de construir una imagen personal idealizada o incluso la evasión de la realidad. Otro indicador de mitomanía es la falta de remordimiento. A menudo, estas personas no se sienten culpables por sus engaños y pueden seguir mintiendo, incluso cuando son confrontadas con pruebas de sus falsedades. La inconsistencia en sus relatos también puede ser un signo, ya que sus versiones de los hechos pueden cambiar con frecuencia, dejando a los demás en un estado de confusión.

Luis Spahn: “Vamos en busca del oro que no hemos podido capitalizar”

Es crucial señalar que no todas las personas que mienten de vez en cuando padecen mitomanía. La mentira puede surgir en contextos sociales por diversas razones, como la preservación de sentimientos o el deseo de evitar conflictos. Sin embargo, cuando la mentira se convierte en un patrón recurrente y sistemático, es más probable que se trate de un problema más serio. En el caso de Luis Spahn, su declaración puede ser interpretada de muchas maneras. Por un lado, refleja una clara motivación y una visión ambiciosa; por otro, también puede suscitar preguntas sobre su sinceridad y la realidad detrás de sus palabras. Al final, la línea entre la ambición legítima y la mitomanía puede ser sutil, y depende en gran medida del contexto y la naturaleza de las afirmaciones realizadas.

Hay momentos que se escapan de las manos como si nada, dejando una sensación de vacío y frustración en su estela. Esa oportunidad que se vio pasar, brillante y prometedora, se convirtió en un eco de lo que pudo haber sido, un susurro de sueños no cumplidos y de esperanzas marchitas. Por volver a faltar todo lo que no llegó, se siente un lamento que atraviesa las gradas y se mezcla con el murmullo de la afición, ansiosa por ver a su equipo brillar y luchar con fervor. Sin embargo, la insoportable mediocridad de manual se hace presente, golpeando con la fuerza de un torrente de desencanto. Cuando Luis Jorge Spahn decide que no quiere, el destino de Unión se ve atado a su voluntad, como si el club dependiera de un solo hombre y no de la pasión colectiva de miles de hinchas que sueñan con un futuro mejor. Es en estos momentos que se hace evidente que el Tate no puede avanzar si su dueño muestra desinterés, una apatía que se traduce en decisiones que solo perpetúan la inercia y el estancamiento.

Unión tiene un dueño al que poco le importa la esencia del club, los colores que se llevan en el corazón y la historia que se construyó a lo largo de los años. Este desapego se siente en cada partido, en cada derrota que parece más un reflejo de la falta de ambición que de la falta de talento en el campo. La pasión de los hinchas, su lealtad y sus sueños se ven constantemente traicionados por una gestión que parece olvidar que detrás de cada resultado hay un mar de emociones, un cúmulo de ilusiones que, al ser ignoradas, dejan un vacío profundo y doloroso. Unión necesita un cambio, un despertar que permita a Unión renacer y recuperar la esencia que alguna vez lo hizo grande. La búsqueda de una nueva oportunidad se vuelve crucial, no solo para los que llevan la camiseta con orgullo, sino también para aquellos que han estado dispuestos a darlo todo por el club, esperando ver reflejados sus sacrificios en el juego. En la lucha por reivindicar un legado, se alza la voz de quienes creen que la mediocridad no es una opción, que el amor por la camiseta debe ser más fuerte que cualquier desánimo. Así, el clamor por una nueva etapa se hace eco en cada rincón del estadio, en cada rincón del alma de los hinchas, deseosos de que la próxima oportunidad no se les escape de las manos, que sea el momento de volver a soñar con la grandeza que, a pesar de todo, sigue viva en sus corazones. La esperanza de un cambio, de un Unión que vuelva a brillar, es el faro que guía a todos aquellos que, aún en la adversidad, se niegan a rendirse.

El Unión del Kily, habla por sí solo

El Unión del Kily habla por sí solo. No transmite, no entusiasma. Son pocas las ocasiones en que invita a levantarse de la butaca o del sillón, dependiendo de dónde estés mirando el partido, amigo hincha tatengue. Aunque, sí, muchas veces es mejor ni mirar, para no lastimar la vista ni dañar ese corazón que espera otra cosa de un equipo grande del interior. La ambición de proponer en cada partido ya no está, y queda la sensación de que hay 11 jugadores parados dentro de la cancha sin tener claro qué hacer, dependiendo más de las individualidades que de cualquier otra cosa. Más allá de un buen o mal resultado, no se vio en casi un año y medio desde que está en Santa Fe. Pero todo eso ya lo sabemos. Incluso lo tiene claro el técnico y todos en el Mundo Tatengue, aunque en las conferencias prefiera no hacer autocrítica y siempre busque excusas en otro lado. Quizá por eso cuesta tanto corregir los problemas que se ven desde un inicio. Tampoco parece ser una cuestión de nombres, porque ayer jugaron los mismos que en la goleada ante Argentinos Juniors o en el triunfo arrollador ante Godoy Cruz, pero esta vez enfrente estaba Huracán. Un equipo que, a veces, puede jugar bien, mal o regular, pero que tiene jerarquía en todos los sectores y sabe a qué quiere jugar. Ahí está la gran diferencia: cuando enfrente hay un buen equipo, a las individualidades les cuesta más, porque no hay un funcionamiento que lo potencie.

El hincha debe estar pensando que la derrota ante Huracán, en el último minuto, no es solo un dolor por perder tres puntos ni por quedar afuera de la Liga Profesional a nueve fechas del final. No es solo seguir bajando en la tabla anual. Todo esto es un papelón que duele, pero lo que lastima más es ver a un entrenador que se traiciona por sus propios caprichos. Se aferra a decisiones inexplicables y, en un partido clave, el Unión del Kily salió a la cancha con una alineación que, si te la cuento, te deja con la boca abierta. Todo por un DT que no se da cuenta de que el paladar del hincha cambió y que los objetivos son otros. Hay que ser protagonistas, jugar bien y siempre proponer. Pero en lo que fue una final —porque eso fue el partido contra Huracán— casi no hubo situaciones de gol. Solo una en el segundo tiempo: un cabezazo de Franco Pardo que dio en el travesaño. Y, si se quiere sumar, el remate de Joaquín Mosqueira que le quemó las manos a Galíndez. Muy poco para un equipo que quiere ser protagonista y que alguna vez soñó con clasificar a la Copa Libertadores.

Cristian González, por capricho u otras cuestiones, decidió mantenerse firme en lo que hasta ahora fue el partido más importante del segundo semestre. En el fútbol, como en la vida, todo pasa y se explica por los estados de ánimo. Todo se potencia detrás de esos indicadores. Cuando juegan a favor, todo se resuelve y se alinea convenientemente, como por arte de magia. Y cuando se oponen, retroceden y actúan como crueles conspiradores ante cualquier intento. La derrota ante Huracán fue un retroceso significativo, con pinta de oportunidad desaprovechada y sabor a amarga derrota, que expuso con extrema crudeza que este Unión sigue siendo muy frágil y que cualquier inconveniente, cualquier obstáculo de cualquier calibre y condición, derrumba todos sus intentos.

El equipo necesita templar su espíritu y construir un fundamento de acción mucho más confiable. Hoy, cualquier viento lo desmorona, y así es imposible generar una respuesta o un crecimiento sustentable. Nada bueno se puede levantar desde la duda o desde las inseguridades. Por eso, hay que blindar y endurecer este aspecto para no seguir caminando expuestos a lo que dictan los caprichos del destino en cada paso, en cada partido. Este conjunto todavía marcha entregado a ese factor y nunca queda bien parado. Siempre la suerte y las cosechas importantes de puntos se van del lado del rival. Siempre las oportunidades son ajenas. Y esos golpes lo dejan aturdido y desorientado, obligado a retroceder para intentar un nuevo movimiento de avance.

Comenzó mejor Huracán, pero terminó con buenas sensaciones Unión

El desarrollo de los primeros cuarenta y cinco minutos fue de menor a mayor. Huracán fue el que inició tomando la iniciativa, siempre con pelotazos largos a las espaldas de los dos marcadores de punta del Tate. Al comienzo, el planteo que propuso Frank Darío Kudelka con el 5-3-2 fue inteligente; un sistema espejo muy ofensivo que se basa en la creación de superioridades numéricas en el mediocampo y en la capacidad de los jugadores de banda para atacar y defender. Este sistema generalmente utiliza dos delanteros: un delantero centro y un segundo delantero, aunque algunos equipos pueden optar por usar solo un delantero centro. Los cinco mediocampistas suelen estar compuestos por tres mediocampistas centrales y dos jugadores de banda, aunque también se puede utilizar un solo jugador de banda y un cuarto mediocampista central.

En todo momento fue una lucha táctica y física, en la que los entrenadores disputaron un duelo ajedrecístico. El dueño de casa terminó mejor la primera etapa. El equipo de Santa Fe buscó hacer ancha la cancha mediante la proyección de Lautaro Vargas (4), quien alternó momentos de buena actuación con otros en los que su desempeño fue deficiente. Durante algunos pasajes de la primera etapa, logró proyectarse por el costado derecho, mostrando destellos de calidad, aunque no consiguió concretar sus centros con finalizaciones efectivas. Sin embargo, cuando Huracán tomó nota de su movilidad, decidió marcarlo de cerca, colocando a un hombre encima para limitar su capacidad de ataque y evitar que se lanzara con demasiado criterio. En el segundo tiempo, su enfoque cambió, ya que optó por clausurar su sector defensivo, lo que resultó en que casi no se mostrara como opción de pase para sus compañeros. Por la banda izquierda, Bruno Pittón (5) buscó ser profundo sin descuidar su espalda ante los posibles avances de Souto por ese mismo costado. Sin embargo, no fue tan punzante como en otras ocasiones. A pesar de ello, logró generar la primera situación clara del partido, apareciendo por sorpresa como si fuese un falso 9. Su disparo, que se dirigió hacia el cuerpo de Hernán Galíndez, fue detenido con habilidad por el arquero del Globo, quien se destacó como la gran figura del encuentro.

Huracán no se desesperó; la pelota y el dominio fueron del Globo, que tenía buena circulación de juego. Unión corría detrás de ella, no presionaba y esperaba en un bloque medio. El elenco de Parque Patricios buscaba presionar alto la salida que tenía Unión. Al Tate le costaba tener la pelota y darle un buen destino para poder encontrar los espacios. Durante los primeros 20 o 25 minutos, Unión tuvo muchas imprecisiones en el manejo del balón, sobre todo con Mosqueira, quien era el eje principal de la mitad de la cancha. El Globo se plantó en terreno adversario, buscando llegar con varios jugadores al área defendida por Thiago Cardozo.

A los 10 minutos, una de las grandes polémicas de la noche santafesina surgió con la salida por el costado izquierdo de Thiago Cardozo. Se la cedió a Franco Pardo, quien eligió un pelotazo largo para encontrar a Adrián Balboa. Fernando Tobio, de espaldas a la jugada, le metió un manotazo que lo derribó en la puerta del área. No obstante, Nicolás Ramírez, uno de los mejores árbitros de la Liga Profesional de Fútbol, decidió no cobrar la pena máxima.

Unión tuvo muchas imprecisiones en el manejo de la pelota, sobre todo con Joaquín Mosqueira (5), quien fue de menos a más. Esta vez partió como volante por la derecha, no tan posicional. En el segundo tiempo, se posicionó como «8» para darle más dinámica. Cargó la barra de potencia, sacudió la modorra y su remate fue bien tapado por Galíndez, quien reaccionó de manera efectiva para evitar que el balón se convirtiera en gol. Luego, avisó con un leve cabezazo que también atrapó Galíndez. Como nos tiene acostumbrados el Unión de Kily González, es un equipo que resignó la tenencia de la pelota. Buscó simplificar las cosas a través del juego directo, saltando líneas. Huracán dejó dos jugadores para tapar la salida que tenía el Tate, lo que obligó a Thiago Cardozo a apelar al juego largo, aunque sus pases no fueron del todo precisos. Durante la primera etapa, Unión fue un equipo que tuvo buen criterio, con jugadores de alta jerarquía en todos los aspectos. Federico Fattori fue el encargado de administrar todo el juego; por sus pies pasaron los mejores ataques del elenco de Parque Patricios.

Si bien era cierto que Huracán dominaba territorialmente el partido, el Tate no sufría defensivamente. Miguel Torrén (6) volvió a sumar minutos después de muchísimo tiempo, lo que marcó un regreso importante para él y para el equipo. Durante los primeros 20 o 25 minutos, tuvo algunas dificultades para cerrar espacios a sus espaldas, ya que Huracán buscaba lanzar constantemente hacia Lautaro Vargas, Pardo y su persona, lo que generaba cierta inquietud en la defensa. Sin embargo, a medida que transcurrieron los minutos, logró acomodarse mejor en el campo, ajustando su posicionamiento y lectura del juego, lo que le permitió desempeñarse de manera más sólida y no sufrir defensivamente, manteniendo el control en su zona y aportando estabilidad al equipo.

Unión seguía sin ser preciso en las salidas. Huracán movía la pelota de izquierda a derecha e insistía con los envíos largos hacia las espaldas de Franco Pardo (9), quien nuevamente fue la gran figura del Tate. Pardo es uno de los mejores jugadores de Unión, destacándose por su regularidad y siendo figura del equipo en casi todos los partidos, además de ser una gratísima revelación en este 2024. Un estudio realizado por la Liga Profesional lo considera uno de los mejores «pasadores de pelota» del fútbol argentino. El primero en este ranking es Paulo Díaz, el defensor chileno de River, mientras que el ex All Boys se destaca con 775 pases y una efectividad del 79,6 %. Aunque se esperaría que estos números provengan de un volante creativo, Pardo juega como líbero, lo que magnifica su figura. El segundo en la lista es Santiago Sosa, de Racing, y el tercero es Kevin Álvarez, de Central Córdoba de Santiago del Estero. Siempre dio salida limpia desde abajo; es imbatible tanto en el juego aéreo como en el suelo. Corta, juega y sale limpio siempre. Sin dudas, es una de las figuras del Tate desde hace tiempo. En el complemento, protagonizó un doble quite en campo rival que levantó al público. Por momentos, buscó romper líneas en la mitad de la cancha y, sobre el final del partido, terminó jugando como un delantero más, con la idea de asegurar los tres puntos en la capital santafesina. Tuvo un cabezazo que impactó en el travesaño.

El Globo dominaba el juego con una posesión sólida y un buen control del balón, pero le faltaba profundidad en sus ataques, lo que impedía que convierta su dominio en goles. Unión, por su parte, intentaba sorprender a su rival con jugadas rápidas y contragolpes, aunque hasta ese momento no había logrado ser efectivo en sus intentos, lo que les dificulta generar verdaderas oportunidades de peligro. Llegando casi a la media hora de juego, comenzó a aparecer el desequilibrio y el despliegue de Simón Rivero (4). Intentó destacar en algunas acciones de la primera etapa, pero luego fue perdiendo preponderancia y, en la segunda, casi no apareció. No se lograba percibir a qué quería jugar Unión. Por momentos, buscaba sorprender con pelotazos largos en busca de sus dos centrodelanteros, e intentó avanzar a las espaldas de Fattori, pero nunca terminaba de armarse. Es un equipo de llegadas que equilibró las acciones del encuentro, pero en ningún momento fue capaz de dominar el partido.

La primera parte del libreto la cumplía Unión, que consistía en no pasar sobresaltos ante Huracán, que buscaba ganar en Santa Fe para presionar a Vélez, tras el empate ante River en el Monumental. Sin embargo, aunque le robó la pelota, cuando tenía que llegar hasta la medialuna, se nublaba. Unión logró recuperar la posesión de un Huracán que había empezado bien, dominando el juego con un buen manejo del balón. A medida que avanzaba el encuentro, Huracán se fue desinflando y perdió el control, lo que permitió que Unión se hiciera dueño de la situación.

A pesar de este cambio de momento, Unión se encontró con un problema: aunque había recuperado la pelota, le faltaba sorpresa en sus ataques. Sus intentos de contragolpe y las jugadas rápidas no lograban desconcertar a una defensa rival que se mantenía firme y organizada. Muy poco de Adrián Balboa (3). Comienza a ser inadmisible que siga siendo titular. Se le puede mencionar como aspecto positivo que busca presionar y descender para buscar al volante, así como también que muestra un gran desgaste físico a la hora de atacar. Sin embargo, es un 9 y lo que realmente tiene que hacer, que es marcar goles, no lo está logrando. Le rebotan todas las pelotas, es lento y lo anticipan con mucha facilidad. Tuvo apenas una aproximación a los 44 minutos del segundo tiempo, cuando realizó un tiro de media distancia que fue controlado sin problemas por el arquero. A Nicolás Orsini (5) le faltó mayor movilidad y peso ofensivo. Tuvo dos cabezazos dentro del área, pero no mostró precisión en los metros finales. La cámara de la televisión lo enfocó con un rostro de preocupación, ya que las cosas no le están saliendo como él esperaba.

Triunfo agónico de Huracán para darle pelea a Vélez

Huracán, al igual que en el primer tiempo, volvió a hacer uso de la tenencia de la pelota, sintiéndose cómodo con ella; sin embargo, le costó progresar en ataque, ya que Unión achicó muy bien los espacios. El Globo hacía circular el balón de izquierda a derecha, pero casi siempre intentaba finalizar en los pies del arquero, lo que limitaba sus opciones ofensivas. Por esta razón, Kudelka le pidió a su equipo más velocidad en el juego, con la intención de poder romper ese cerrojo defensivo que presentaba la línea de cinco de Unión. La falta de dinamismo se convirtió en un obstáculo, impidiendo que Huracán pudiera generar las oportunidades necesarias para poner en aprietos a su rival.

Huracán tuvo la pelota durante más de un minuto y medio, pero, como habíamos anticipado en la primera etapa, Unión no necesitó tener tanto tiempo la posesión para generar situaciones de riesgo. Mosqueira cargó la barra de potencia, sacudió la modorra y su remate fue bien tapado por Galíndez, quien reaccionó de manera efectiva para evitar que el balón se convirtiera en gol. Desde el minuto 8 hasta el 13, Unión había hecho méritos para abrir el marcador. Sin embargo, careció de eficacia. A la salida de un tiro de esquina por el costado izquierdo, Franco Pardo se elevó y la pelota pegó en el travesaño. En la siguiente jugada, Joaquín Mosqueira volvió a cabecear, pero Hernán Galíndez atrapó la bocha; cabe destacar que en la previa hubo un saludo muy amistoso con Cristian González, recordando que compartieron vestuarios en aquel Rosario Central de 2010-2011.

¿Qué pasó en el minuto 13? Huracán encontró la pelota que tanto había buscado a lo largo del partido. Por primera vez, Unión defendió en línea. El uruguayo Thiago Cardozo (5) tuvo una noche relativamente tranquila, ya que, aunque Huracán dominó territorialmente la posición del balón, nunca lo inquietó, más allá de un remate de Cabral a los 14 minutos del segundo tiempo desde el costado izquierdo. El ex arquero de Peñarol le metió un manotazo para mandarla al tiro de esquina. En el penal, eligió el palo derecho, mientras que el remate de Hernán Fértoli fue al ángulo superior izquierdo.

La historia había cambiado. Unión le había cedido la iniciativa a un Huracán que volvió a crecer en confianza y que intentaba lastimar por las bandas. Lo había emparejado sin necesidad de modificar aspectos tácticos para darle un buen juego. A los 22 minutos, Frank Darío Kudelka realizó el primer cambio: se retiró Souto, el lateral derecho, quien había mejorado su rendimiento en este segundo tiempo, y su lugar fue ocupado por Hernán de la Fuente. De esta manera, el ex DT de Unión mantuvo la línea de 5. Poco después, el Kily González quemó dos cambios de una vez: afuera Orsini, adentro Morales; también entró Del Blanco y salió Bruno Pittón, quien pasó a jugar como lateral volante por el costado izquierdo.

Los cambios nunca terminaron de acomodarse en el partido. Mateo Del Blanco (4) entró por Bruno Pittón y se ubicó como lateral volante por el costado izquierdo, mostrando disposición para sumarse al ataque. Por momentos, se animó a desbordar por esa banda, intentando generar situaciones de peligro, pero sus centros carecieron de buena dirección, lo que limitó su efectividad en ofensiva. Este es un aspecto que debe mejorar, ya que, ante la urgencia de conseguir un resultado positivo, parece recaer siempre en los mismos errores, generando frustración tanto en él como en sus compañeros.

Por su parte, Gonzalo Morales (4) cada vez que suma minutos lo hace desde el banco de suplentes, y esta vez no tuvo ninguna situación clara para convertir. Su rendimiento depende en gran medida de que los volantes de buen pie logren ponerlo cara a cara con el arquero; cuando eso no sucede, se convierte en un delantero con poca gravitación en los metros finales y, por momentos, pasa desapercibido en el juego, lo que dificulta su capacidad para influir en el resultado. El punto de inflexión llegó a los 31 minutos del segundo tiempo, cuando Frank Darío Kudelka se la jugaba por completo, buscando ganar el partido. Ingresaron Hernán Fértoli para darle más juego al mediocampo y Wanchope Ábila para aumentar el peso ofensivo, ya que el Globo no había atacado en todo el segundo tiempo. Mientras tanto, el Kily toma nota y realiza cambios posición por posición: afuera Vargas por Gerometta, y Roldán por Rivero, quien no tuvo un buen partido.

Francisco Gerometta (-) estuvo apenas 13 minutos en la cancha, reemplazando a Lautaro Vargas. Durante ese corto tiempo, no tuvo demasiados espacios para soltarse y proyectarse con criterio, lo que lo llevó a optar por clausurar su sector defensivo. Sin embargo, al final del partido, la gente se enojó con él, ya que, en lugar de intentar progresar con el balón dominado, prefirió realizar un pase hacia atrás, generando frustración entre los aficionados que esperaban una mayor iniciativa. Enzo Roldán (-) buscó clarificar el juego hacia los costados, pero no aportó mucho más en términos ofensivos. En el poco tiempo que estuvo en cancha, fabricó algunas faltas, interrumpiendo el ritmo del juego y sin ayudar a su equipo a generar situaciones de peligro. Por último, Lucas Gamba (-) entró a los 45 minutos y su única contribución fue generar dos infracciones por el costado izquierdo.

Es cierto que goles son amores y que poco importa la forma en la que se logren, pero desmenuzar el análisis puede otorgar detalles particulares. Este Unión de Cristian González, que está lejos de mantener un nivel parejo en cuanto a funcionamiento y resultados, cuenta con una enorme defecto, que es que, con poco, le terminan ganando los partidos. Ante Sarmiento una pérdida de Lionel Verde en el medio. Recibió de espaldas, generó un lateral que se ejecutó rápido. El centro desde la izquierda fue clave; Thiago Cardozo amagó con salir, y Elías López apareció por detrás de los defensores para conectar un centro al corazón del área, poniendo a Sarmiento 1-0. Después de una revisión de cuatro minutos, Andrés Merlos ratificó la decisión del VAR. Frente a Central Córdoba, y cuando nadie lo esperaba, apareció el zurdazo de Meli a los 8 minutos, que enmudeció el 15 de Abril y puso el 1-0 a favor de un Central Córdoba que casi no había pasado la mitad de la cancha en Santa Fe. La polémica que encendió el debate fue que, al momento del remate de Meli, un jugador visitante (Florentín) estaba saliendo tarde del offside, quedando enganchado. La pregunta que quedó en el aire es por qué el VAR, desde Ezeiza, donde estaba Andrés Gariano junto a Pablo Echavarría como asistente, no llamó a Darío Herrera para que revisara la jugada y determinara si había interferencia de Florentín en el arco de Unión al momento del remate de Meli. Según lo que evaluaron en el VAR, en coincidencia con la decisión de Herrera en el campo, consideraron que en todo momento el arquero uruguayo Cardozo pudo ver con claridad la trayectoria del balón y que la posición adelantada del ex jugador de Vélez, ahora en Central Córdoba, no le tapó la visión. Por lo tanto, no aplicaba un llamado del VAR ni una revisión por parte del juez principal.

En los minutos finales, poco sucedía. Cuando el equipo de Frank Kudelka parecía resignarse a perder una nueva oportunidad de reducir distancias con Vélez, que había empatado ante River en el Monumental el viernes, Claudio Corvalán cometió una mano insólita y Nicolás Ramírez sancionó penal. ¿Cómo fue la jugada? Federico Fattori robó en la mitad de la cancha, condujo unos metros con la pelota dominada, abrió hacia su izquierda para Héctor Fértoli, vio pasar a Ramón Darío Ábila, quien estaba completamente habilitado. El centro impactó en el exjugador de Quilmes y Arsenal. Sin embargo, la jugada continuó con una sucesión de pases del Tate; Mosqueira abrió la cancha por el costado derecho con la subida de Francisco Gerometta, el centro y el golpe de cabeza de Gonzalo Morales se fueron muy por encima. Automáticamente, Nicolás Ramírez se llevó la mano al oído; lo llamaron desde Ezeiza para revisar la jugada y convalidó la pena máxima. La reacción del Kily fue explosiva, protestando ante el cuarto árbitro. Héctor Fértoli ejecutó el penal con fuerza, asegurando tres puntos para el Globo, que ahora se sitúa en una buena posición. El empate era justo, ya que ninguno de los equipos había hecho mérito para más que un punto, pero así es el fútbol. El 0-0 habría sido un resultado aceptable en el 15 de abril, pero las sorpresas son parte del juego.

¡El Globo ganó y no le pierde pisada al puntero! @CAHuracan le ganó 1 a 0 a @clubaunion con gol de Fértoli por la #fecha18 del #TorneoBetano 2024 🏆pic.twitter.com/M0dPfll0jn

— Liga Profesional de Fútbol (@LigaAFA) October 20, 2024

A segundos del final, Claudio Corvalán (2), quien había tenido dificultades en el lateral izquierdo y se mostró errático en sus pases, intentó despejar un centro con una pirueta mientras era marcado por un atento Wanchope Ábila. En la acción, el central y capitán de Unión tocó el balón con la mano en lugar de con el pie, lo que permitió que Thiago Cardozo recogiera el balón e intentara iniciar un contraataque. Wanchope rápidamente pidió el penal a Ramírez. La repetición fue clara: Corvalán no había tocado el balón con la mano. De hecho, si no hubiera sido por su mano, Ábila habría tenido una oportunidad clara para definir. Por eso, el VAR intervino, y Ramírez no tardó en decidir sancionar el penal, algo que resultó completamente justo. A Héctor Fertoli poco le importaron las protestas de los jugadores de Unión; tomó la pelota y, con determinación, marcó el 1-0 para su equipo. Ahora, el Globo se acerca a Vélez, estando a solo tres puntos. Mientras tanto, Unión sigue atravesando una crisis que le impide recuperar el nivel que mostró al inicio del campeonato. La evaluación no debe centrarse solo en el arbitraje; Unión no encuentra soluciones. Y eso es preocupante. Con el aliento de la gente y con las ganas ya no alcanza. Si bien la estadística dirá que Unión se quedó sin gol, también es cierto que se fue quedando sin juego, sin variantes, sin ideas. Va más allá de los nombres y del dibujo táctico. Tres encuentros, cero goles, cero victorias. Así, poco a poco, el equipo se va desinflando en el campeonato actual y también pierde acciones de cara a la Copa Sudamericana 2025.

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Tags: Huracánliga profesionalUnión

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