Por Darío Fiori
El autor de esta nota se había preguntado cuál era la verdadera identidad de Unión: si el que juega de local, avasallante y arrollador, o el que de visitante no logra ni patear al arco. Tras la derrota contra Central Córdoba, el hincha se fue enfurecido del 15 de Abril, y con razón. Aunque el presente del Tate es positivo, ya que sigue en puestos de copas internacionales y tiene posibilidades matemáticas de pelear por el campeonato, el plantel volvió a mostrar su falta de respuestas ante la chance de dar ese salto de calidad que tanto se busca. «Nos da mucha bronca porque cuando tenemos la posibilidad de dar el salto no lo hacemos. No estuvimos a la altura del partido, al igual que ante Tigre. Nos vamos con una derrota que ojalá no lamentemos al final del torneo. Fue un partido, no hay que echarle la culpa a la cancha. No estuvimos bien, el rival no nos superó, pero se quedó con la victoria. Nos duele no poder dar el salto que estamos buscando», declaró el capitán Claudio Corvalán en zona mixta tras la caída ante el Kiwi. Y tenía razón.
Si había un momento en que el equipo de Cristian González debía demostrar que estaba para pelear la Liga Profesional, era este. Tenía dos partidos accesibles: Sarmiento de Junín en el Eva Perón y Central Córdoba, que venía de ocho partidos sin perder y cuatro victorias consecutivas. Sin embargo, no ganó ninguno y, además, fue involucionando en su juego. En esos 180 minutos, no pateó ni una vez al arco. Los arqueros rivales debieron haberse ido de sus partidos sin siquiera ensuciarse, porque no tuvieron que volar. Cada vez que Unión enfrenta un desafío importante, parece que el camino se vuelve más empinado. El equipo se siente como si luchara contra una corriente que lo empuja hacia atrás.
Un claro ejemplo de la situación fue la paliza 5-1 contra Tigre, uno de los peores partidos del año, y el encuentro con Riestra, donde Ignacio Arce se destacó. Ante Sarmiento, el equipo fue ampliamente superado, y contra Central Córdoba se mostró vacío de fútbol. Es comprensible que los hinchas tatengues se hayan ido del estadio enojados y dolidos, ya que siempre esperan más de su equipo. El entrenador también lo dejó claro: “No fue un buen funcionamiento. Más allá de la actitud y entrega, el rival se replegó bien. No hubo claridad como en el último partido de local. El plantel es corto, pero eso no es excusa; el que juega es porque así lo considero. Hay que levantar la cabeza y trabajar más. No podemos recibir un gol rápido en una jugada intrascendente. No estamos muertos, hay que mejorar lo que hacíamos bien y esforzarse más porque no nos alcanzó. Con Herrera en el segundo gol, creo que hubo una mano previa; le planteé la situación con respeto y nada más”.
El Tate no puede atravesar este momento, porque siempre tiene la obligación de ser competitivo. Este presente debe doler a quienes han visto al club en su mejor forma. Antes del parate por la Copa América, Unión había disputado 5 partidos, logrando el 87% de los puntos. Pero luego vino el receso y un mercado de pases largo, donde vendieron a dos titulares y no trajeron ningún refuerzo. En 12 partidos, solo alcanzaron un 39% de los puntos. Todos los que sienten amor por el CAU se fueron preocupados. Se preguntan cómo se puede salir de esta situación, qué jugadores le pueden cambiar la cara al equipo después de diciembre, y qué ocurriría si tres o cuatro referentes dejan el club en el próximo mercado de pases. También se cuestionan si los pibes soportarán la presión de jugar en un club tan grande en este contexto. Son muchas las dudas que surgieron en la mente de cada hincha tatengue tras esta dolorosa derrota frente a Central Córdoba. Está claro que la dirigencia no puede errar nuevamente. Luis Spahn prometió ir por el oro. Debían tomar decisiones acertadas, y para eso necesitaban a una persona capacitada para armar el plantel. Unión no puede seguir desperdiciando la oportunidad de incorporar un mánager.
Se habla de alguien que esté capacitado, que tenga el conocimiento necesario para no fallar otra vez en el mercado de pases. Se espera que los dirigentes tomen cartas en el asunto y puedan formar una Secretaría Técnica. Por el bien del hincha, por el bien de ellos y, fundamentalmente, por el bien de Unión. Los 90 minutos dejaron al descubierto una realidad cruda. Es un golpe de realidad. Lo más preocupante es que nadie parece darse cuenta de lo profundo del precipicio en el que está cayendo el club. Siempre se puede caer más bajo, parece ser la consigna. Muchos hinchas creen que ya han alcanzado el límite de su asombro, pero partido tras partido ese límite se desdibuja y siguen sorprendidos. En realidad, perder de esta manera tiene poco de sorprendente. Son partidos que los hinchas han experimentado en varias ocasiones en contextos similares. Quedó demostrado que este equipo ha llegado a su techo. Los resultados positivos al inicio ocultaron las carencias que, a lo largo de la temporada, se han vuelto más evidentes. Esa fachada de éxito se ha desmoronado, revelando una falta de profundidad y consistencia en el juego. Era crucial tener un buen arranque para acumular puntos que permitieran afrontar la parte más exigente del torneo sin la presión de los últimos lugares en la tabla. Pero la realidad es que, al no lograrlo, Unión se encuentra en una posición comprometida. La falta de “nafta” en la recta final es palpable, y cada partido se siente como una carga adicional en lugar de una oportunidad. Los jugadores parecen agotados, tanto física como mentalmente. La presión pesa, y las dudas se instalan en el vestuario. Sin esa base sólida de puntos y confianza, la situación se complica. Ahora, cada partido se convierte en una lucha por la supervivencia, y el equipo debe encontrar una forma de revertir esta tendencia antes de que sea demasiado tarde. El reto es claro: reivindicarse y buscar el camino de la recuperación. Pero, por ahora, el eco de ese techo alcanzado resuena, y la afición teme que el descenso no sea solo una posibilidad, sino una realidad inminente.
La reacción brilló por su ausencia. El miedo paraliza. Ni siquiera la suerte está del lado tatengue. No hay razón para creer en una remontada. El contexto es abrumador, desorientador, incluso para el más optimista. Desde hace tiempo se ha pedido una purga y ha llegado de manera contundente. Ahora, muchos observan que la escasez de jugadores está acelerando el proceso de maduración de los juveniles, lo que podría llevar a un desgaste potencial. Unión juega un ajedrez estando constantemente en jaque, incluso con un cuadro que tampoco le ha sido tan hostil. Hay una convicción compartida de que están en una pendiente sin poder vislumbrar dónde termina su camino descendente. Esta visión de la realidad va más allá de los pésimos resultados y la sucesión de frustraciones que se sienten en el estadio, en las columnas de opinión y en los diálogos entre pares. Están atrapados en un sentimiento de pesimismo generalizado que los hace girar en una espiral sin fin, perdidos en la búsqueda de una salida.
Se sabe, o al menos se espera que quienes asumen roles de conducción lo sepan, que el clima institucional resulta de la combinación de intereses, necesidades y expectativas de los miembros de una organización. Lo que ocurre en Unión hoy está a la vista para la mayoría. Mario Bunge, el filósofo argentino recientemente fallecido, decía que: “Una contradicción puede resolverse, una confusión puede ser aclarada, pero lo absurdo es intratable”. Y son estos escenarios en los cuales se están moviendo, los que vienen transitando sin una resolución clara. Frente a esta intemperancia hay una responsabilidad mayor en la conducción: traer calma. Viven en democracia y quieren que se ejerza en las instituciones que eligieron, eso no debe estar en duda y este mandato debe concluir en el tiempo fijado. Se trata de enfocarse en lo que deben abocarse y lo que una paciente, pero cansada “marea roja” les está reclamando: generar una institución posible, promoviendo las condiciones que favorezcan un clima institucional adecuado y que son: responsabilidad, pautas claras, reconocimiento, claridad institucional, accesibilidad al liderazgo, planificación y ejecución. Hay un clima compartido de que están mal y hay intemperancia, pero hay autismo en la conducción al no reconocerlo y diagnosticarlo. Esta combinación no suma, resta y mucho. Cuando disfrutan de los éxitos, se escucha que es el resultado del trabajo conjunto de dirigentes, voluntarios, hinchas, cuerpo técnico y jugadores. Cuando el fracaso se prolonga, también es responsabilidad compartida. Sin eufemismos, en el campo de juego también están los dirigentes junto a los jugadores en cada jugada. Cuando el jugador se siente solo, flaquea. Para cerrar, se recuerda nuevamente a Mario Bunge, que tan bien hace en Argentina al conectar filosofía con organización. Cuando le preguntaron en su última entrevista si Argentina, el gran país que fue, es irrecuperable, él respondió tajante: “No, hay que dejarse de lamentos y empezar desde abajo”.
Unión venía de vivir una de sus mejores presentaciones futbolísticas desde la llegada de Cristian González, en su partido número 50 al frente del plantel. Contra Godoy Cruz, empezó perdiendo, pero dio vuelta el resultado con una gran demostración de fútbol y carácter, logrando un triunfo que llenó de ilusión al hincha rojiblanco. Sin embargo, esas virtudes no aparecieron ante Sarmiento de Junín, que le planteó un esquema similar y logró anular su juego, impidiendo que mostrara la intensidad, el desequilibrio y la contundencia que caracterizan al Unión de González. Lo curioso es que, en pocas fechas, Unión repitió lo que pasó hace un par de partidos, cuando tuvo un nivel alto ante Argentinos en el 15 de Abril, pero en la fecha siguiente, cuando debía demostrar su capacidad para ser puntero, sufrió una paliza a manos de Tigre, otro equipo que pelea por no descender. Así, en los vestuarios de Sarmiento, hubo bronca, desazón y desconcierto por lo que mostró Unión, lo que lleva a preguntarse por qué le cuesta tanto en los momentos decisivos para aspirar a grandes objetivos. Si lograba los tres puntos, se ponía a un partido del líder Vélez, que este martes se enfrenta a Rosario Central en el Gigante de Arroyito, acercándose también a los puestos de clasificación a la Libertadores 2025, donde no hay margen de error.

Aunque resulta difícil identificar las razones, una de las claves podría estar en lo que mencionó Corvalán: hay jugadores que no están acostumbrados a pelear por objetivos mayores, y que evidentemente es «más difícil» luchar en la parte alta que en la baja, como se suele escuchar cuando los equipos santafesinos se encuentran en la parte baja de la tabla. Otra posible razón es la falta de jerarquía en el banco de suplentes para cambiar la historia cuando se complica, ya que los cambios en este partido no estuvieron a la altura, a diferencia de lo que sucedió contra Godoy Cruz. También se debe considerar el planteo de González, quien, sabiendo lo que iba a proponer Sarmiento, apostó por la misma estrategia, pensando más en su propio juego que en el del rival, lo cual a veces funciona, pero en esta ocasión terminó en un inesperado fracaso. Por eso, la gente explotó. No solo por el gol de Meli a los 8 minutos o por las decisiones polémicas del árbitro Darío Herrera. La reacción del público se debió a que ya había vivido situaciones similares mil veces, como un maldito déjà vu sin fin. Unión está por encima de todo. Lo más importante siempre es el club. Los hinchas están cansados de escuchar palabras vacías y de ser tomados el pelo, esas frases que se dicen para quedar bien y que muchos compran sin cuestionar. En este contexto, nadie se salva; cada uno juega para sus propios intereses y a nadie le importa realmente Unión. En 2024, todos cuidan su propia espalda, ya sean los que están en el club o los que aspiran a estar, esperando con ansias su oportunidad. No hay excepciones; todos tienen su cuota de responsabilidad, y nadie se preocupa genuinamente por el bienestar del club.
Recientemente, se supo que Unión quería que Kily González continuara, quien recibió una oferta verbal para extender su contrato hasta diciembre del próximo año. Actualmente, no tiene cláusula de salida, y será el entrenador quien defina su futuro al final del campeonato. Desde una perspectiva crítica, se podría argumentar que un técnico con un 31% de efectividad en sus partidos (16 de 52), que quedó afuera de la Copa de la Liga y de la Copa Argentina, y que no logró ganar a rivales de menor jerarquía, debería ser reemplazado. Como aspecto a mejorar, se señala que solo hizo debutar a un jugador joven, Lionel Verde, en Godoy Cruz a principios de año. Sin embargo, también hay puntos positivos: logró establecer una identidad de juego clara y se nota la buena conexión con el plantel, sin olvidar la buena campaña que se está llevando a cabo. Esto podría ser crucial para clasificar a alguna competencia internacional, aunque, con el plantel actual, esa posibilidad parece dudosa.
El partido
Desde que se sentó en el banco de suplentes en la derrota ante Atlético Tucumán el 30 de junio de 2023 hasta la fecha (4 de octubre de 2024), el entrenador ha dirigido 52 partidos. Uno de los déficits que enfrenta es su incapacidad para adaptarse a los planteos tácticos de entrenadores considerados inferiores, como Sebastián Dóminguez, Cristian Fabbiani y Omar de Felippe. En el fútbol, como en la vida, todo está relacionado con los estados de ánimo; cuando el entorno es favorable, todo parece fluir, mientras que cuando se presentan dificultades, el equipo retrocede y se convierte en un obstáculo para cualquier iniciativa. Lo de Unión fue un rendimiento muy pobre, con la pelota jugó un mal partido, y además de eso, fue impotente, no tuvo claridad, no tuvo situaciones (otra vez). ¿Cómo puede ser que un equipo que tenga aspiraciones a salir campeón no patee bajo los tres palos en dos partidos consecutivos? Esto demuestra la anemia ofensiva que atrae el equipo, y que muchas veces se vio maquillada por los buenos resultados. Cuando la pelota dejó de pegar en el palo y entrar, el equipo le dio un golpe de realidad a los más de 25 mil simpatizantes que nuevamente llenaron el 15 de Abril en una jornada laboral.
Tácticamente fue brillante lo de Central Córdoba. Muy buen planteado. Lo sorprendió De Felippe al Kily González. Los jugadores interpretaron y disputó un gran partido. Porque tuvo orden, porque no pasó sobresaltos, porque pegó en los momentos importantes, y porque defendió el resultado con uñas y dientes. Fue práctico y utilitario. El Ferroviario sabía que venía a la cancha de Unión a que el partido se inclinara frente al arco de Ingolotti, y así fue. El partido se inclinó más para su propio arco. Y Central Córdoba lo sabía a eso. Frente a eso, tenía que tener concentración, seguridad, orden, simple y práctico. Todo eso reunió para llevarse un gran triunfo para ilusionarse con la permanencia. ¿Y Unión? No tuvo respuestas en ningún momento. Buscó monopolizar la tenencia de la pelota con transiciones rápidas de defensa a ataque, mientras que Central Córdoba, optó por un juego más pausado, frenando el ritmo y esperando el momento preciso para golpear. El objetivo era mover la pelota hacia el campo rival lo más rápido posible, generando oportunidades de gol antes de que la defensa contraria tenga tiempo de reacomodarse. Este enfoque no solo busca dominar el partido, sino que también refleja una filosofía de juego audaz, bien al estilo de la hinchada.
Por otro lado, Central Córdoba planteó un juego completamente distinto. Su estrategia se basa en construir desde el fondo, dándole prioridad a la pausa y la deliberación. Este equipo frena el ritmo del partido, buscando desarticular la intensidad de Unión y utilizando la espera como herramienta táctica. Al ralentizar el juego, no solo intenta desactivar el ímpetu del rival, sino que también busca crear espacios y oportunidades en los momentos más inesperados. Aunque este enfoque pueda parecer conservador, le permite analizar la situación con más calma y aprovechar los errores del adversario.
Sin embargo, cuando nadie lo esperaba, apareció el zurdazo de Meli a los 8 minutos, que enmudeció el 15 de Abril y puso el 1-0 a favor de un Central Córdoba que casi no había pasado la mitad de la cancha en Santa Fe. La polémica que encendió el debate fue que, al momento del remate de Meli, un jugador visitante (Florentín) estaba saliendo tarde del offside, quedando enganchado. La pregunta que quedó en el aire es por qué el VAR, desde Ezeiza, donde estaba Andrés Gariano junto a Pablo Echavarría como asistente, no llamó a Darío Herrera para que revisara la jugada y determinara si había interferencia de Florentín en el arco de Unión al momento del remate de Meli. Según lo que evaluaron en el VAR, en coincidencia con la decisión de Herrera en el campo, consideraron que en todo momento el arquero uruguayo Cardozo pudo ver con claridad la trayectoria del balón y que la posición adelantada del ex jugador de Vélez, ahora en Central Córdoba, no le tapó la visión. Por lo tanto, no aplicaba un llamado del VAR ni una revisión por parte del juez principal.

Unión sintió el impacto. Ya no tenía la misma intensidad que antes. No podía tener la pelota. Se la sacaba de encima, era impreciso en los pases. Por otro lado, Central Córdoba ganó en confianza, le jugaba de igual a igual, buscando presionar alto. Preocupación absoluta, una imagen desfigurada de un equipo con poca rebeldía, sin luces, sumergido en la impotencia y peligrosamente acostumbrado a perder esta clase de partidos. Así hubiera empatado sobre el final, el concepto no variaba.
El equipo volvió a dejar una imagen muy pobre, similar al encuentro del domingo pasado en Junín. Prácticamente no generó peligro, y estuvo inseguros en defensa.Algunos medios se preguntan si el árbitro influyó en el resultado, y si el primer gol fue realmente válido. El problema es que terminamos hablando siempre del árbitro, en todos los partidos. Si de verdad fue así, tomemos en cuenta entonces que, si te dejás robar sistemáticamente, en parte sos responsable, porque no tenés peso en AFA, y no hacés respetar al club. Los responsables son los mismos que tuvieron disponible un mercado de pases durante 100 días, y no trajeron ningún refuerzo, en un plantel que, además de bajones individuales de rendimientos, ahora también suma lesionados, y suspendidos por tarjetas amarillas.Más allá de cualquier conjetura, para mí Unión jugó mal, y Central Córdoba es el justo ganador de la noche. Perdió bien ante el penúltimo de la tabla. Estaba todo dicho.
La ausencia de espacios y las pocas luces de los dos, hizo que el partido se llenara de imprecisiones y de un juego poco atractivo desde el comienzo. Central Córdoba intentó desactivar cada avance del Tate por el costado izquierdo, con Bruno Pittón (4). Unión buscó mover la pelota de izquierda a derecha, pero no logró tener profundidad por las bandas. Al igual que Lautaro Vargas, tampoco se pudo proyectar en ataque con criterio. Estuvo impreciso a la hora de los pases. De la única manera que el Tate podía tener alguna aproximación era a través de los centros cruzados, sobre todo desde la banda derecha. Avisó con un cabezazo que se fue por encima del travesaño. A continuación de esa jugada, tuvo que pedir el cambio por una molestia física en el isquiotibial.
Unión intentó poner la pelota contra el piso, pero con escasa agresividad ofensiva. Actualmente el más capacitado, con mayor visión de juego, es Simón Rivero (5). Se nota que entiende el desarrollo de las acciones y demuestra con un toque que limpia jugadas. Pero resulta imposible que inicie la jugada, identifique la zona más propicia y luego la culmine (para eso juega de 9). Por lo tanto, Kily González debía trabajar para logar un funcionamiento aceitado que supla la falta de un “enganche” y permita ilusionar con un Unión fiel a su historia. Audaz, protagonista y con el toque como premisa de cualquier sistema. Cerca de la media hora de juego, Unión hizo un ajuste táctico y pasó a Simón Rivero al costado derecho. Este cambio resultó positivo, ya que él es el encargado de hacer jugar al equipo, marcando diagonales y realizando pases cruzados. Sin embargo, todavía le costaba generar presencia ofensiva a los delanteros de Unión. Era el único que aprueba en este primer tiempo, ya que junta gente, es desequilibrante, atrevido y siempre va hacia adelante.
Al igual que hace casi una semana en Junín, Unión caía en una impotencia generalizada. Muchos pelotazos sin sentido, salvo Rivero, no había uno que ponga la pelota y haga jugar al equipo. Mauro Pittón (4) comenzó bien, ganando siempre las segundas pelotas, imponiendo presencia en ese sector central tan neurálgico, sin embargo, cuando Central Córdoba achicó espacios, no le pudo encontrar la vuelta y le costó darle volumen de juego. Mientras tanto, Enzo Roldán (4) aportó mayor movilidad, algunas gambetas cortas, trató de entenderse bien con su compañero en la mitad de la cancha, pero fue otros de los que con el correr de los minutos decayó su nivel. El Tate tenía buenas intenciones, siempre con la misma fórmula de siempre, que era salteando líneas. Central Córdoba dejaba un espacio a espaldas de los dos volantes centrales. Lo único que generó en ataque, fue con Gonzalo Morales, que tuvo la misión de reemplazar a Nicolas Orsini debido a una molestia muscular. No gravitó en ataque. Apenas un remate de volea que se fue por encima del travesaño. Eso fue todo.

Un aspecto para destacar de Unión fue la paciencia que mostró en el partido. El equipo no se desesperó ante las dificultades que le planteó el Ferroviario. Cuando se encontró con un bloque defensivo sólido, optó por tomarse su tiempo y no forzar jugadas. Mantuvieron la calma y buscaron oportunidades de manera ordenada, sin apurarse. Cuando la presión del rival complicaba el avance, Unión buscaba alternativas en la construcción del juego. En lugar de ir a lo loco hacia adelante, movían la pelota de un lado a otro, jugando a un toque y asegurando la posesión. Este estilo, aunque a veces parecía carecer de profundidad, reflejaba una estrategia pensada para desgastar al oponente y crear espacios.
Además, la transición entre defensa y ataque fue otro punto fuerte del equipo. Al mantener la posesión, no solo evitaban riesgos, sino que también iban desgastando la energía del rival. En un partido donde la intensidad es clave, jugar con tranquilidad podía abrir brechas en la defensa contraria y generar oportunidades más claras en el futuro. Así, la paciencia se convirtió en una herramienta estratégica que, aunque no siempre daba resultados inmediatos, tenía el potencial de inclinar la balanza a favor de Unión. Sin embargo, con el correr de los minutos, la línea de 5 defensores de Central Córdoba era un muro impenetrable. Defensivamente quedaba 5-4-1 con Varaldo como única punta. Durante gran parte de ese primer tiempo, Omar de Felippe le pidió a Godoy que acompañara la presión y que no se involucre como un volante por la izquierda ante la salida limpia del Tate. El ex DT de Independiente fue inteligente. Le puso a Meli y a Godoy para evitar las subidas de Lautaro Vargas (3). Tuvo un rendimiento decepcionante en su papel de marcador de punta derecho. A pesar de su reciente citación al Sub20 de Javier Mascherano, no logró destacarse en este partido. En el primer gol, debió haber cerrado mejor a Meli, quien abrió el marcador con el 1-0. En ataque, no pudo superar a Abascia y no gozó de la misma libertad que en encuentros anteriores para proyectarse hacia adelante. Además, estuvo impreciso en sus pases. En defensa, cada vez que Central Córdoba lo enfrentó, encontró espacios a sus espaldas, lo que evidenció sus dificultades en esa área. Su actuación no cumplió con las expectativas esperadas.
A los 22 minutos, Central Córdoba no necesitó tener tanto tiempo la pelota para generarle situaciones al Tatengue. Thiago Cardozo impidió en dos ocasiones el segundo de Central Córdoba. Defensivamente Unión daba indicios que no la pasaba bien. Nicolás Paz (3) recuperó su lugar como titular tras dos partidos de suspensión por acumulación de tarjetas amarillas, pero su desempeño ha mostrado un claro descenso. Anteriormente, era un jugador regular y silencioso en el bloque defensivo, pero en este encuentro volvió a evidenciar problemas de sincronización al enfrentar a los volantes de Central Córdoba. Fue amonestado al inicio del segundo tiempo, lo que complicó aún más su actuación. A lo largo del partido, se mostró reacio a avanzar con el balón, optando casi siempre por jugar hacia atrás, lo que generó impaciencia entre los aficionados de Atlético. Su falta de agresividad en el juego resultó en una actuación por debajo de lo esperado.
Sin ser descollante como en otros partidos, nuevamente Franco Pardo (5) fue el mejor defensor que tuvo el Tate. No porque haya tenido errores significativos que aportaron a la derrota de Unión, sino que estuvo lejos de su mejor nivel. Ganó siempre en los duelos mano a mano cuando se enfrentó al único punta de Central Córdoba. Estuvo sólido en el juego aéreo. Fue amonestado por una falla de Mateo del Blanco, que quiso jugar hacia atrás, quedó a destiempo de la jugada y cortó con falta y un tiro libre posterior a la visita. Desde que se habló de su posible renovación de contrato, hace varios partidos que Claudio Corvalán (3) viene jugando mal. Ya venía de un mal desempeño ante Sarmiento de Junín, en donde no pudo cerrar a espaldas de Bruno Pittón. Ante Central Córdoba, tuvo la responsabilidad en el primer gol de Central Córdoba, ya que cubrió mal contra el córner, que derivó en el 0-1. En el segundo tiempo, se animó a armar un tándem por izquierda, pero no tuvo la claridad ni la lucidez para desbordar por ese sector.
El Ferroviario nunca se apartó de su libreto. Seguía jugando como si el partido siguiera 0 a 0. Hubo varias veces que la mitad de la cancha quedó bastante desbalanceada en Unión para salir jugando de contra y le dio la posibilidad de replegarse rápidamente a los volantes y a los defensores de Unión. Si uno observaba las estadísticas y no estaba mirando el partido, pensaba que Unión era avasallante, que se lo estaba llevando por encima, pero eso nunca ocurrió. Nunca le pudo encontrar la vuelta a la línea de 5 y 4 volantes de Central Córdoba. Iban 36 minutos del primer tiempo, y Unión ya mostraba los primeros síntomas que se repite en los partidos en los cuales las cosas no le están saliendo, y es que se repite en centros cruzados para que termine en las manos del arquero, en este caso Ingolotti. El partido era decididamente malo. Unión quería, pero no podía. Central Córdoba se aferraba al 0-1 con uñas y dientes. Otra pálida imagen de Adrián Balboa (3). A esta altura ya es inexplicable que siga siendo titular. No ganó un solo duelo aéreo entre los centrales de Central Córdoba, cayó un par de veces en posición adelantada. No había argumentos para un mejor puntaje. Solo actitud para chocar, para estar de espaldas al arco. Estuvo fuera de sintonía con sus compañeros y desconcentrado en varios ataques donde le cobraron fuera de juego.

Segundo tiempo
Se vivió un momento increíble este viernes en el partido entre Unión y Central Córdoba en Santa Fe. Ambos equipos salieron a la cancha con indumentarias tan parecidas que era fácil confundirse. El Tatengue vistió su camiseta titular a rayas verticales rojas y blancas, con pantalones y medias rojas, mientras que el Ferroviario optó por una casaca alternativa roja, en lugar de su tradicional blanco y negro, y usó shorts y medias blancas. Desde lejos, parecía que todos estaban de rojo, lo que complicaba la vista para los espectadores y los jugadores. Gracias a las gestiones de último momento, el equipo local pudo salir a jugar el segundo tiempo con su camiseta alternativa azul, eliminando así la confusión. Aunque mantuvieron los pantalones y medias rojas de su equitación original.
En el segundo tiempo, Unión intentó adelantar líneas, tratando de asumir la iniciativa, con la novedad que Roldán se había ubicado por el costado izquierdo. Como en toda la primera etapa, a Central Córdoba le costaba hacer pie en el sector central, se replegaba cada vez más y no tenía recuperación en el uso de la tenencia de la pelota. A los 13 minutos, el Kily hizo dos modificaciones. Una fue táctica. Mateo del Blanco pasó a jugar de carrilero por izquierda. Roldán se mantuvo en esa posición, pero la novedad es que entró Jerónimo Dómina (3) por Nicolás Paz a jugar con un 4-3-3 con Dómina como lateral izquierdo. El chico del IPEI no entró bien en el partido. Desde su primera intervención, se notó la falta de conexión con el resto del equipo. Su primera acción fue una falta en ataque, un error que no hizo más que aumentar la frustración entre los aficionados y sus compañeros. A eso le siguió un tiro libre que se perdió en las gradas, un momento que dejó a la hinchada boquiabierta, como si el tiempo se hubiera detenido por un instante ante tal desacierto. El siguiente intento fue un pase que terminó en los pies de un jugador de Central Córdoba, otorgando un lateral al rival en un momento en que Unión necesitaba desesperadamente recuperar la posesión. Este cúmulo de errores evidenció un rendimiento que va en declive. Cada acción errónea se siente como un paso más hacia el abismo, y el equipo parece no encontrar la manera de levantarse.
Omar de Felippe reaccionó y metió la primera modificación: sacó a Varaldo y mandó a Favio Cabral al campo, buscando darle un poco más de frescura al equipo y la capacidad de aguantar el balón. Hasta ese momento, Unión dominaba la posesión, pero no lograba hacer daño; era un equipo muy inofensivo. El Kily González intentaba sumar más gente en ataque, pero se olvidaba de que necesitaba reforzar la mitad de la cancha para abastecer a los delanteros. Salió Morales, que tuvo un partido flojo, y en su lugar entró Gamba. Pero Gamba llegó en un contexto complicado y necesitaba espacio para brillar; generó un tiro libre cerca del área, pero no mucho más. La sensación era que Unión podría jugar toda una semana que no le iba a patear al arco, ni mucho menos convertirle un gol a Central Córdoba. El dueño de casa estaba atrapado en un laberinto defensivo, donde cada intento chocaba con la solidez del rival. Sin embargo, en el segundo tiempo, los últimos quince minutos mostraron una preocupante tendencia: el ferroviario empezó a encontrar espacios que antes no tenían. Mientras Unión luchaba por desenredar su juego, Central Córdoba, más confiado, se movía con libertad. Cada ataque del visitante se sentía cada vez más amenazante. La precisión que les había faltado al principio ahora se hacía presente, y con cada avance, la preocupación crecía entre los hinchas locales.

Los pibes de Central Córdoba, más confiados que nunca, se metieron en la cabeza de Unión. Cada pase y cada movimiento eran oportunidades clarísimas para convertir. En esos últimos 25 metros, mostraban una contundencia que, si seguía así, podía sellar el partido. Unión, por su parte, no encontraba la vuelta. Se veía más la lucha de cada uno por su lado, y aunque eso tiene su valor, no lograban hacer un juego en conjunto que generara verdadero peligro. La pasión y las ganas estaban, pero el fútbol se les había evaporado. Cada ataque era un intento fallido, con poca precisión y conexión. Los pases eran imprecisos, las decisiones apuradas, y cuando lograban acercarse al área rival, la última jugada se desvanecía en un maremoto de falta de definición. El equipo parecía atrapado en un ciclo de frustraciones, y la gente empezaba a perder la fe en que alguna chispa pudiera encender el juego.
Mientras tanto, Central Córdoba aprovechaba todo, mostrando orden y capitalizando cualquier error que dejaba Unión. La diferencia era clara: uno jugaba con claridad y el otro se aferraba a las ganas sin concretar nada. Esa falta de claridad les estaba costando caro y el reloj corría. Si Unión no encontraba su ritmo, la victoria se les iba de las manos, y el partido quedaría como un recordatorio de lo que podría haber sido. La última modificación del Kily fue meter a un volante para romper líneas y darle más dinamismo al mediocampo; por eso metió a Tanda y sacó a Enzo Roldán.
Era una crónica de una muerte anunciada. Desde el arranque del segundo tiempo se notó que Central Córdoba tenía el control y era solo cuestión de tiempo para que se viera su superioridad. Con cada minuto que pasaba, los visitantes se sentían más cómodos. Apenas empezaba el segundo tiempo y De Felippe movió las piezas, metiendo a Ángulo por la izquierda. El pibe, con su velocidad, se mandó hasta el fondo, desbordando la defensa de Unión. En una jugada digna de un manual, aguantó la pelota de espaldas y esperó el momento justo. Con un toque preciso, limpió el balón hacia la derecha, donde estaba Palavecino, listo para rematar. Y el bombazo se fue directo al ángulo, inalcanzable para Thiago Cardozo. No hubo nada que hacer; fue un golpe devastador para Unión. En ese instante, el juvenil se largó a llorar, la emoción de haber marcado en un partido tan clave lo desbordó, mientras sus compañeros celebraban el 2-0 que prácticamente sentenciaba el encuentro.
Una derrota impensada y un golpe durísimo para las ambiciones del equipo, que quería seguir peleando arriba. Perdieron dos partidos que, a priori, tenían que ganar, y esa responsabilidad les pesó. Unión sintió la falta de Nicolás Orsini, pero más allá de eso, jugaron mal. No tuvieron frescura, cayeron en la trampa del rival y no lograron imponer su juego. Se sabe que Unión depende del colectivo, no de individualidades, y cuando juega mal, por lo general, pierde. Así de simple.
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