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SOY Deportes » Noticias Deportivas » Un mazazo a su ilusión: ¿Cuál es el verdadero Unión?

Un mazazo a su ilusión: ¿Cuál es el verdadero Unión?

30 septiembre, 2024
en Noticias Deportivas
Un mazazo a su ilusión: ¿Cuál es el verdadero Unión?
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Por Darío Fiori

En psicología, el autoconcepto es básicamente la imagen que tenemos de nosotros mismos, lo que a menudo llamamos «ser uno mismo». En pocas palabras, es la respuesta a la pregunta: ¿Quién soy yo? Es todo lo que creemos y sentimos sobre nosotros mismos, y se va formando a través de nuestras experiencias en diferentes áreas, como la vida social, el trabajo, la familia, la escuela y hasta nuestra apariencia. Todo esto se basa en cómo nos relacionamos con el mundo, cómo nos valoramos y lo que pensamos que piensan los demás de nosotros. Nuestra autoimagen no es estática; va cambiando a lo largo de nuestra vida. Desde que somos pequeños, aprendemos a interactuar con los demás y a ver la realidad de una manera particular. Las experiencias que tenemos con otras personas y la cultura que nos rodea, además de cómo nos sentimos con nuestras habilidades y los roles que desempeñamos, van moldeando nuestra forma de vernos. Las personas que tienen una buena imagen de sí mismas suelen ser seguras y se sienten capaces en su día a día, además de tener una autoestima saludable. En cambio, quienes tienen un autoconcepto negativo tienden a verse de manera distorsionada, se sienten inseguros y a menudo actúan a la defensiva porque se sienten amenazados, lo que puede llevar a síntomas de ansiedad y depresión.

La manera en que nos vemos a nosotros mismos influye en cómo nos comportamos en la sociedad. A veces notamos que nuestras actitudes, pensamientos y emociones cambian dependiendo de con quién estemos, qué estemos haciendo o dónde estemos. La mayoría de nosotros actúa diferente en el trabajo que con amigos; hay quienes se sienten relajados con ciertas personas, pero se ponen nerviosos con otras. Cuando tenemos que lidiar con dos roles opuestos al mismo tiempo, nos podemos sentir incómodos porque no sabemos bien cómo actuar. Pero todas estas “caras” que mostramos son parte de nuestro autoconcepto, y necesitamos integrarlas para tener una imagen coherente de nosotros mismos. Cada una de estas facetas aparece en situaciones o con personas específicas, lo que nos permite sentirnos cómodos en un rol, aunque sea muy diferente al de otro contexto.

Para mantener esa coherencia en nuestra imagen, a menudo usamos la memoria selectiva; es decir, recordamos lo que se alinea con nuestra autoimagen y “olvidamos” las contradicciones. Así, solemos pensar que nuestras acciones dependen de las circunstancias y no tanto de rasgos fijos de nuestra personalidad. Sin embargo, con los demás es diferente: tendemos a atribuir su comportamiento a su personalidad en vez de a las situaciones que enfrentan, por lo que los vemos como inestables. Construir un autoconcepto sano y positivo es totalmente posible. Nuestra imagen no es fija; cambia con el tiempo según nuestras interacciones y experiencias. A partir de lo que consideramos más importante, podemos crear una autoimagen que sea estable, incluso cuando las cosas cambian. Reflexionar sobre quiénes somos y cómo nos vemos en la vida requiere valentía y esfuerzo. A veces, para profundizar en este proceso de autoconocimiento, es útil contar con la ayuda de un profesional que nos guíe y nos dé las herramientas para alcanzar nuestra mejor versión.

Lo que pasó esta noche en Junín es una alarma, y no cualquier alarma. Si miramos el ciclo de Cristian González en general, nos damos cuenta de que el problema con la nueva racha de Unión sin buenos resultados nos recuerda a cómo empezó todo. Al principio hubo un arranque, luego un desarrollo y un pico alto, pero ahora el equipo está otra vez en esos caminos difíciles de la inestabilidad. Esa cosa del “electrocardiograma” que en la vida real puede mostrar salud, pero en el fútbol es todo lo contrario: no suele haber buenos síntomas en los extremos. Este Unión, que quiere clasificar a la Copa Libertadores por primera vez, lleva tres meses sin ganar de visitante. Perder otro partido contra un rival directo que lucha por no descender es llenarse de dudas otra vez. Y lo raro de la derrota contra Sarmiento no fue solo el resultado. Lo que nadie esperaba es que el 0-1 tuviera repercusiones tan negativas. Y eso se notó en varios aspectos.

Otro tema que no refleja lo que está viviendo el equipo es la actitud del entrenador en la conferencia de prensa después del partido. Su tono y expresión eran muy diferentes a la alegría que mostraba tras la victoria clara contra Godoy Cruz. Ese contraste parece ser parte del ADN de este Unión, y se ve claramente en los resultados y en cómo actúa el cuerpo técnico. No es la primera vez que el equipo baja mucho su rendimiento de visitante. Desde que volvió la Copa América, jugaron bien contra Racing, pero luego se desinflaron: mal contra Belgrano, pésimo con Tigre, regular contra Lanús y hoy. La reciente goleada contra Tigre y el mal partido en la Copa Argentina han dejado a los hinchas preocupados. Este último partido se suma a la lista de los peores de la temporada.

Lo que más salta a la vista es la falta de refuerzos. No se trata solo de sumar jugadores, sino de tener alternativas en el juego. Cuando no hay opciones, se nota. El plan se vuelve predecible, y los rivales ya saben cómo pararlo. En estos partidos, la creatividad es clave, pero el equipo no parece encontrar esas soluciones. Es frustrante ver que, a pesar del esfuerzo de algunos, el conjunto no funciona como debería. Y esto afecta el rendimiento: cuando las cosas se complican, no hay un “plan B”. La irregularidad se ha vuelto un patrón que está minando la confianza del equipo y la de los hinchas. Unión necesita urgentemente replantearse varias cosas. Traer nuevos refuerzos podría darle un aire fresco y permitir que el cuerpo técnico implemente nuevas tácticas. La temporada aún no ha terminado, pero está claro que hay que hacer ajustes si quieren salir de esta situación complicada.

Cada vez que Unión tiene que dar ese salto de calidad, parece que siempre le falta un poco. Como dijo Claudio Corvalán en la conferencia: “quizás nos pesa esta presión, hay varios chicos que nunca estuvieron en esta posición de pelear un campeonato”. Después de un buen partido contra Godoy Cruz, el equipo llegó a Junín y fue un desastre. Perdió, y más allá del resultado, el nivel fue muy bajo. En el primer tiempo, Unión ni se presentó, y en el segundo, aunque intentó un poco más, no logró complicar a un rival que apenas mostró algo, solo tirando centros. Así fue como Elías López terminó anotando, después de que el VAR revisara la jugada por una posible posición adelantada que no se pudo confirmar. Desde los resultados, Unión está por debajo de Tigre y ahora también de Sarmiento. No solo porque perdió, sino porque en el juego, ambos hicieron más méritos y ganaron con ganas. No sorprende que cayeran en Junín, pero fue preocupante la imagen del equipo del Kily González. Perdió contra Sarmiento, que llevaba 8 partidos sin ganar. Les cuesta imponerse ante rivales que cierran espacios. No generaron juego ni patearon al arco, y se dejaron escapar la chance de ser escoltas. Las dudas, el mal juego y la falta de actitud se notaron en la noche de Junín. Nada ha cambiado y la cosa empeora cada vez que cruzan el Puente Carretero. Se ha dicho un montón que no traer refuerzos para esta parte del campeonato puede ser un error, sobre todo si quieren pensar en el futuro. Hay que tener en cuenta el panorama general. Unión no tiene suficientes jugadores ni variantes para afrontar un solo partido. La única razón que queda para justificar competir en un torneo internacional, pensando en una posible clasificación a la Libertadores, es que los jugadores quieran llevarse alguna prima en dólares.

Lo que pasó el viernes fue solo un calmante que tapó un dolor que sigue ahí, sin una solución clara. Todos nos emocionamos con la mística del club, pero la realidad es que Unión no está para pensar en grandes lujos cuando ni siquiera puede cubrir lo básico. Unión no puede querer multiplicar si no sabe sumar o restar. Cuando parece que no se puede caer más, el equipo se hunde en un pozo del que no se ve salida. Quedar afuera de las competiciones internacionales solo será un lamento para los más exigentes. Unión tiene que hacer malabares con su complicado presente económico e institucional. Torneos como este obligan a repensar los objetivos para el próximo campeonato. Unión no tiene ni un botiquín de primeros auxilios para atender la urgencia. No hay respuestas en los titulares ni en los suplentes. En el fútbol, uno puede ganar, perder o empatar; eso es parte del juego. Pero lo que realmente duele es perder con apatía y con un nivel tan bajo. Esa es la frustración que sentimos los hinchas de Unión en el último partido. Terminar sin haber pateado al arco es un claro síntoma de que algo no está funcionando.

Es difícil aceptar que el equipo no muestra ganas ni ambición. Cuando los jugadores no se lanzan al ataque ni intentan crear jugadas, es un problema más profundo. La falta de remates no es solo una estadística, es un aviso de que el equipo no tiene ideas y, lo peor, no parece tener la motivación para cambiar. En partidos así, donde nada sale, es cuando más se necesita ese espíritu de lucha. Pero lo que vimos fue una falta de reacción que deja mucho que desear. Se necesita a un Unión que pelee cada balón, busque el arco rival y no se rinda, sin importar el resultado. La apatía es el peor enemigo en el fútbol. No se trata solo de perder; hay que mostrar que se está en la cancha y que se lucha por cada punto. Es hora de que el equipo se despierte y recupere esa esencia que lo caracteriza. Si quieren salir de esta racha negativa, tienen que dejar de lado la apatía y volver a pelear por el escudo. Ya no importa si el rival es “accesible” o no, el Tate demostró que puede perder con cualquiera, casi sin que el rival haga mucho esfuerzo. El auto boicot seguirá si siguen jugando quienes deshonran la camiseta con su falta de compromiso, especialmente aquellos que recibieron grandes sumas por sus traspasos. En medio de esta irregularidad, el plantel tiene que levantarse y salir a ganar el domingo, de la manera que sea. El triunfo es prioritario para salir del pozo y escapar de la oscuridad.

Un primer tiempo de terror

Lo que iba a ser un nuevo partido para Unión, con la oportunidad de ponerse como escolta de Vélez en la Liga Profesional, terminó siendo un encuentro lleno de condimentos que atrajeron la atención de todos. Todo esto después de que Diego Martínez renunciara como DT de Boca tras la derrota ante Belgrano, lo que hizo que los rumores sobre posibles candidatos empezaran a sonar. Y el Kily, que hoy dirige a Unión en Junín contra Sarmiento, es uno de los nombres que suenan fuerte en La Bombonera. Sin embargo, el partido también tiene un trasfondo doloroso para él, ya que perdió a su mamá el viernes. El comienzo del partido fue especial para el Kily. Su equipo mostró apoyo con una bandera que decía: «Fuerza Kily, Unión te abraza». El entrenador, que atraviesa un fin de semana complicado por el fallecimiento de su madre, Raquel, tuvo un momento emotivo al abrazarse con Israel Damonte antes del pitido inicial.

Pero claro, la atención está también en lo que pasará con el Kily en las próximas horas. Con la salida de Diego Martínez de Boca, su nombre empezó a sonar rápidamente en redes y dentro del club. La conexión del Kily con Boca, donde jugó entre 1995 y 1996, y su buen trabajo en Unión desde que llegó, lo ponen en la mira. Logró salvar al equipo del descenso y armó un plantel competitivo que ha sido protagonista en la Copa de la Liga y la Liga Profesional, además de estar en zona de clasificación a la Sudamericana. Con el apoyo de Juan Román Riquelme, su posible llegada a Boca se ha hablado mucho, aunque desde el club entienden que no sería fácil sacarlo de Unión. Por eso, Fernando Ortiz, Fernando Gago y Guillermo Barros Schelotto son los principales candidatos para asumir el cargo.

Ahora, ¿Cuál es el verdadero Unión? ¿El que juega con intensidad de local o el que no puede dar dos pases seguidos de visitante? En los primeros 45 minutos, Unión tuvo muchas dificultades para generar juego. El único recurso ofensivo fue trasladar unos metros con pelota dominada, a través de Franco Pardo, los volantes ofensivos bien obstaculizados y un pelotazo a la nada misma, sin un plan claro, como si intentara ganar el partido sin saber cómo. Tanto el DT como los miles de hinchas del Tate mediante el televisor o cualquier plataforma que hay para seguir los partidos del CAU nadie entendía qué era lo que quería plasmar adentro de la cancha. Para el que no sigue la actualidad de ninguno de los dos, habrá pensado que Sarmiento era el equipo que está luchando el campeonato, y un pasaporte a la siguiente edición de la Copa Libertadores, y que Unión es el que está luchando por no descender. El Kiwi fue muy superior en lo físico y en lo futbolístico. Con el tiempo, Unión dejó muchos espacios en las bandas, un problema que parece no tener solución. Careció de ritmo y profundidad, y el mediocampo era lento. No presionó a los lanzadores de Sarmiento y defendió mal. Si Sarmiento hubiera sido un poco más inteligente, podría haber marcado antes del descanso. El análisis no podía ignorar las falencias del equipo del Kily. La lentitud en el juego era preocupante; parecía que Unión cargaba un peso extra, cometiendo errores en pases simples que terminaban mal. El partido contra Sarmiento fue solo una continuación de lo que Unión ha mostrado en sus visitas. Hubo momentos en que Sarmiento manejó la pelota a su antojo.

Sarmiento comenzó asumiendo la iniciativa, acumulando mucha gente en la mitad de la cancha y saliendo a golpear de entrada. Desde el comienzo del partido, quedó claro que el elenco juninense había diseñado un plan específico para neutralizar a los volantes de buen pie. Unión estuvo muy errático en los pases y no podía cruzar la mitad de la cancha. La presión alta que ejercía Sarmiento era intensa. En todo momento, a Unión le costó amigarse con la tenencia de la pelota. Todo lo que hacía el elenco de Israel Damonte era a través del sector izquierdo. Sarmiento tuvo muchas facilidades cada vez que atacó por la banda derecha. Tanto Bruno Pittón (3) como Corvalán no encontraron solución para contener las trepadas de Gho. Unión no traccionó casi nunca en ataque, salvo por una esporádica subida por la banda izquierda y un centro atrás para la definición mordida de Corvalán. En el segundo tiempo, fue reemplazado. El proceso de evolución que buscó Unión todavía está lejos de concretarse. Es cierto que tuvo momentos en los que pareció que la cosa comenzaba a funcionar, pero la irregularidad volvió a hacerse presente en este equipo. Se trata de un proceso que da algunos pasitos hacia adelante y otros hacia atrás, y así la búsqueda de los objetivos se torna cada vez más compleja, porque los tiempos se acortan y, en la medida en que no logre esa consolidación, la cuesta será cada vez más empinada.

Le costó tener juego asociado. Unión confundió intensidad con apuro. Se lo notaba pasado de revoluciones, lo que lo llevaba a cometer muchos errores no forzados. A bordo del 4-2-3-1, Nicolás Gaitán era el encargado de generar juego a través de las espaldas de los volantes centrales que disponía el Tate. Todas las segundas pelotas eran propiedad de Sarmiento. Mauro Pittón (3), que venía de ser uno de los puntos altos la semana pasada en la victoria de Godoy Cruz, le costó imponer presencia en la mitad de la cancha, sin quites ni recuperación. No le dio juego y siempre corrió detrás de los volantes de Sarmiento, quedando en inferioridad numérica. Su desempeño fue el mismo que ante Tigre, lo que genera ciertas dudas. Unión mostró lentitud en el traslado de la pelota; todo fue lento y predecible. Jugó entre los centrales, sin cambios de ritmo ni sorpresas. Enzo Roldán (2) fue muy impreciso y tuvo que retroceder hasta la línea de los centrales para lateralizar el juego hacia los costados. A medida que avanzó el torneo, uno de los aspectos más preocupantes del desempeño de Unión fue su escaso volumen de juego, evidenciado durante los primeros treinta minutos del partido. En este lapso, el equipo no logró generar ninguna ocasión clara frente a Lucas Acosta, el arquero rival. Esta falta de capacidad ofensiva planteó interrogantes sobre la efectividad del planteamiento táctico y la capacidad del equipo para crear peligro. De una pérdida de Roldán en la mitad de la cancha nació una jugada clave, nuevamente por el costado derecho; la defensa quedó abierta y el disparo de Morales se fue por línea de fondo.

En los primeros 10 minutos, Sarmiento hizo todos los méritos suficientes para abrir el marcador. El centro de Joaquín Gho por el costado izquierdo fue preciso; el envío bajo encontró a Nicolás Gaitán, quien se desprendió de la marca y llegó en posición de nueve. Sin embargo, al intentar impactar de zurda, no logró conectar bien. El elenco del kiwi jugó con el cuchillo entre los dientes, trabando en cada jugada y siempre imponiéndose en los duelos individuales. Fue un verdadero vendaval lo de Sarmiento en los primeros quince minutos, desbordando a Unión por todos lados. El equipo local no pudo tener la pelota; el sector izquierdo no tuvo contención porque Simón Rivero (3) nunca retrocedió. Estuvo lejos de su mejor nivel. Jamás pudo desnivelar en el mano a mano ni desdoblarse de la marca, lo que limitó su capacidad para darle dinámica y cambios de ritmo al juego. Pasó totalmente desapercibido en la mitad de la cancha, ya que Unión equivocó los caminos. Siempre se sacó de encima la pelota y apostó al juego directo, cuando lo que menos debería hacer es depender de los delanteros que tiene en la cancha. Tenía que conectar más con sus compañeros. Su mejor aporte fue que tomó la iniciativa y disparó desde la medialuna del área, pero su remate se fue desviado, lejos del palo derecho.

La falta de llegadas al área rival era preocupante. En estos primeros minutos, Unión se notó con mucha dificultad para conectar jugadas y llegar al ataque. En vez de tener un ritmo ofensivo que les permitiera controlar el juego, parece que dependen de que el rival se equivoque para generar alguna situación de gol. Esta dependencia no solo frena su creatividad, sino que también muestra que falta confianza para armar el juego. La única vez que se acercaron al área de Sarmiento fue gracias a errores de la defensa rival. Basar las oportunidades en los fallos del otro es un enfoque arriesgado. Aunque los partidos a veces se deciden por errores, un equipo que quiere aspirar a más debería poder crear su propio juego y generar ocasiones con buena circulación de balón y un posicionamiento inteligente.

La falta de un juego sólido se debe a varias cosas, como la desconexión entre líneas y la ausencia de ideas ofensivas. Los jugadores parecen desorganizados y sin un plan claro, lo que se traduce en movimientos predecibles y poco efectivos. La falta de movilidad y los pases imprecisos también complican cualquier intento de avanzar hacia el área rival. Hubo momentos en el partido que generaron un poco de ilusión, pero otros que volvieron a encender las alarmas. El entrenador mencionó: «La charla de hoy nos va a servir, no podemos darnos el lujo de jugar así. El viernes vamos a ver otro Unión, estoy seguro. Me da bronca porque sé lo que puede dar este equipo, el vestuario está mal, pero ya pasó». También agregó: «El fútbol son momentos. No podemos quedarnos con lo que hicimos ante Godoy Cruz. No hay excusas, ni la cancha seca ni el rival. Fue uno de los peores partidos desde que estoy dirigiendo Unión, pero esto continúa». Si el entrenador ve el problema, es porque realmente existe y todos lo notan. Algunos jugadores estuvieron en un nivel muy bajo. Unión juega con tres o cuatro marchas menos de lo que el partido requiere. Y de una pérdida de Roldán en la mitad de la cancha, nació otra jugada clave: otra vez por el costado derecho, la defensa quedó abierta, y el disparo de Morales se fue por línea de fondo.

Lo mejor que le podía pasar a Unión era que terminara el primer tiempo. Desde el arranque, la lentitud en las transiciones era evidente. Cada vez que recuperaban la pelota, parecía que tenían que pensarlo dos veces antes de moverse. Esto les costaba un montón, y como resultado, el arco de Lucas Acosta se sentía a años luz. Era como si estuvieran atrapados en su propio campo; cada vez que intentaban avanzar, terminaban retrocediendo. Y hablando de retroceder, era frustrante ver cómo todos los pases iban para atrás. En lugar de arriesgarse a avanzar y generar un poco de peligro, preferían jugar a lo seguro y devolvían el balón a los defensores. Esto no solo ponía de mal humor a los hinchas, sino que también le daba tiempo a la defensa rival para organizarse. Así, cada intento de ataque se sentía más como un paseo que como una verdadera amenaza. Además, parecía que dependía de que el rival cometiera un error para generar alguna oportunidad. En vez de ser proactivos y buscar el juego, esperaban a que Sarmiento fallara. Esto era sostenible; un equipo que quiere competir de verdad necesita crear sus propias oportunidades. Apostar a que el otro se equivoque es un camino arriesgado. Y, por si fuera poco, Unión no parecía encontrar la brújula en la cancha. Los jugadores se veían perdidos y desconectados. Faltaba esa chispa, esa conexión que es esencial para armar juego. Se notaba que les faltaba generar juego; no había una idea clara de cómo avanzar ni de cómo crear peligro. Se sentía como si no supieran qué hacer con la pelota, y eso se traducía en un juego predecible y poco efectivo.

Adelantó líneas en el segundo tiempo, pero no alcanzó

Sorpresivamente, Kily González no hizo cambios para el segundo tiempo, que empezó de la peor manera para Unión. Nicolás Orsini (4) tuvo que salir por una lesión muscular apenas comenzó la etapa complementaria. En su tiempo en cancha, no aportó en ataque y estuvo lejos del gol. Su reemplazo, Gonzalo Morales, también luchó y perdió casi siempre ante los defensores de Sarmiento, con solo una jugada que terminó en un remate de Rivero, pero sin más. Adrián Balboa hizo un trabajo físico notable, jugando siempre de espaldas, pero la realidad es que anda lejos del gol. La dinámica del partido no cambió. El único que se salvaba del aplazo general era Franco Pardo (6), quien dio la cara por el equipo. La pelota pasó por él durante el 80% del primer tiempo, lo que puso de manifiesto la falta de variantes en el mediocampo. Que el marcador central sea quien más toque la pelota y sea la salida del equipo es un signo de alarma. Siempre intentó romper líneas con pases precisos, estuvo sólido en el juego aéreo y no fue superado en duelos individuales. Sin duda, fue el mejor de Unión en esta preocupante actuación en Junín.

Los marcadores de punta no pudieron proyectarse con criterio. Lautaro Vargas (4) tuvo un flojo partido como marcador de punta derecho. Estuvo mucho más pendiente de contener las subidas de Arismendi y los desbordes de García. Casi no proyectó en ataque durante todo el partido. Tuvo algo de ímpetu en el segundo tiempo para llegar al fondo y generó una aproximación clara que terminó con un zurdazo a las manos de Lucas Acosta. Al final del partido, perdió una pelota en la mitad de la cancha; Burgoa se la anticipó y abrió la cancha para la llegada de Lisandro López, quien llegó exigido y no pudo alcanzar la posición de remate. Al igual que sus compañeros, Juan Ludeña (4) tuvo falencias a la hora de salir jugando, ya que Sarmiento presionaba bien alto. No logró afianzarse en el terreno de juego. Casi todos los pases fueron hacia atrás, lo que evidenció cierta inseguridad en su juego. No encontró un buen final de jugadas.

A diferencia de lo que fue el primer tiempo, Unión lo emparejó al trámite, tuvo un poco más de ritmo el partido, pero claro, seguía sin tener claridad en sus avances. El 2024 empezó fuerte en el fútbol argentino, y no hay entrenador que se sienta a salvo de las presiones. Despidieron a 24 de los 28 entrenadores en el fútbol argentino. Todos los entrenadores sienten la carga de las exigencias: pelear por ser campeones, clasificarse a copas internacionales o evitar el descenso. Israel Damonte regresó hace poco a Sarmiento, después de un paso breve y complicado por Colón de Santa Fe, donde no pudo evitar que el equipo se viera amenazado por el descenso. En Junín, había dejado buenas impresiones en su primera etapa, pero tras un par de resultados positivos, el equipo decayó y la situación explotó después de la derrota 0-1 ante Platense. Fue la cuarta caída consecutiva, y el equipo terminó con 9 jugadores por la expulsión de Sergio Quiroga y la lesión de Agustín Molina.

“Necesito jugadores convencidos de estar en Sarmiento. Si tenés jugadores convencidos, no necesitás tanta calidad o jerarquía. Acá no está Messi; los demás son soldados. El que quiera estar, que esté. El que no, tiene libertad para irse”. Damonte enfatizó la necesidad de cambiar las cosas: “Quiero buena energía. Quiero hacer un cambio importante. A mí me gusta que los equipos me representen de otra manera”. Al referirse al torneo que acaba de finalizar, no ocultó su alivio: “Estoy feliz de que se haya terminado este campeonato”. Una de las áreas más críticas para reforzar es la delantera, ya que el equipo anotó apenas 9 goles en 14 partidos, siendo Lisandro López su goleador, con solo dos tantos a los 47 años. En el ambiente, Damonte es visto como un DT defensivo. Néstor Gorosito, en una previa de un partido entre Sarmiento y Gimnasia, lo criticó por su estilo de juego, sugiriendo que su equipo se tiraría al suelo y haría tiempo. Damonte respondió a estas declaraciones, defendiendo su trayectoria y su enfoque en el trabajo y el respeto.

Tras un difícil paso por Colón, donde enfrentó el descenso, el tiempo es un lujo que el fútbol no concede. El dueño de casa estaba ante la necesidad de romper una racha de 8 partidos sin ganar. Por eso, este DT que es catalogado como defensivo, hizo un cambio ofensivo. Mandó a la cancha a Lisandro López por Morales. Mientras tanto, el Kily no se quedó atrás. Salió Bruno Pittón por Lucas Gamba (-). A diferencia de otros partidos, ingresó mostrando movilidad para asociarse en ataque. Buscó por el sector izquierdo tratando de generar peligro. Mientras tanto, Lionel Verde (-) por Enzo Roldán. El pibe de 18 años venía de marcar un golazo ante Godoy Cruz. En este partido le costó hacer pie y con pocos espacios no pudo soltar pases filtrados. Perdió varias pelotas sensibles en el sector central. De esta manera, Unión rompió la línea de 5 y volvió a apostar al 4-3-3, algo que viene sucediendo en estos últimos partidos, sobre todo en los segundos tiempos .Un par de minutos después, Damonte mandó a la cancha a Valentín Burgoa para darle mayor volumen de juego ante Gaitán, que fue de menor a mayor.

La intensidad de Unión duró apenas unos minutos. Aunque comenzó bien, Sarmiento rápidamente desactivó su emparejamiento y las ganas de atacar. Unión, como durante gran parte de la tarde, optó por el juego largo, buscando a sus delanteros, que no lograron conectarse y fueron bien controlados por los centrales de Sarmiento. El partido dio un giro tras una pérdida de Lionel Verde en el medio. Recibió de espaldas, generó un lateral que se ejecutó rápido. El centro desde la izquierda fue clave; Thiago Cardozo amagó con salir, y Elías López apareció por detrás de los defensores para conectar un centro al corazón del área, poniendo a Sarmiento 1-0. Después de una revisión de cuatro minutos, Andrés Merlos ratificó la decisión del VAR. También hubo polémica en el área de Sarmiento cuando un remate pegó en la mano de Insaurralde, pero ni Merlos ni el VAR revisaron esa jugada que pudo haber sido penal. Fue una tarde difícil para Unión, que no logró encontrar su ritmo y se vio superado por un Sarmiento que supo aprovechar sus oportunidades.

Al ratito, Mateo del Blanco y Jerónimo Dómina ingresaron al campo, pero tuvieron pocos minutos de impacto. El joven del IPEI entró cuando el equipo ya perdía y, en varias ocasiones, intentó desbordar con jugadas individuales sin éxito. Lo mismo ocurrió con Dómina; en un contexto donde Unión intentaba atacar como podía, su aporte fue escaso. En su primera intervención, cometió falta y le dio un tiro libre a Sarmiento, justo antes del final. Sarmiento casi liquida el partido con un cabezazo de Burgoa, pero Thiago Cardozo se lució con un manotazo salvador. Unión pagó caro su errática actuación y estuvo lejos de la versión que había hecho vibrar a su gente en el 15 de Abril. Ni siquiera pudo empatar, a pesar del empuje final, y la chilena de Corvalán se fue por encima del travesaño. Perdió ante un rival lleno de limitaciones, y aunque no fue un baile como contra Tigre, la sensación final fue muy parecida.

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