En Victoria ya se plantó la ilusión. Y motivos no faltan. En el estreno del Torneo Apertura, Tigre, que mantuvo una base sólida del 2025 —año en el que compitió hasta los playoffs— y sumó refuerzos interesantes, dejó una imagen alentadora ante el debutante Estudiantes de Río Cuarto, que volvió a la Primera División tras más de cuatro décadas fuera de la elite.
El Matador tuvo un primer tiempo irregular, con dificultades para la creación colectiva y poco desequilibrio individual. Sin embargo, lo mejor llegó en el arranque del complemento, cuando el equipo ajustó piezas, fue más agresivo y le alcanzó para encaminar el triunfo con autoridad.
En ese tramo fue clave Jabes Saralegui, quien se quedó en el club por pedido expreso del entrenador. El volante se hizo cargo de la pelota, rompió líneas y empujó a la visita contra su arco. El dominio se tradujo en el 1 a 0, tras un rebote que Alan Barrionuevo capturó en el área como un 9 de oficio, luego de una floja respuesta de Bacchia a un tiro libre de Elías Cabrera.
Con la ventaja, Tigre se soltó. Encontró espacios, empezó a tocar con mayor fluidez y sacó rédito del buen pie de sus volantes. Así, promediando el segundo tiempo, llegó el 2 a 0 por medio de Jalil Elías, tras una gran combinación colectiva que terminó de sentenciar el partido.
Estudiantes de Río Cuarto también tuvo lo suyo, sobre todo en la primera parte. Superado el nerviosismo lógico del debut en Primera, generó chances claras en los pies de Alanís y Talpone, pero allí apareció Felipe Zenobio, figura clave, para ponerse la capa de héroe y sostener el arco en cero.
Fue apenas el primer paso, pero Tigre empezó el 2026 con el pie derecho. Con una base conocida, refuerzos que suman y un DT que sabe lo que quiere, en Victoria la ilusión ya empezó a tomar forma.
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