El fútbol argentino, tan pasional y tan impredecible, sigue siendo un desastre cuando se trata de arbitrajes, y el partido entre San Martín de San Juan y All Boys es el último ejemplo de cómo el ascenso está completamente desquiciado. En este tipo de encuentros, los árbitros no solo se limitan a hacer su trabajo; se convierten en los protagonistas de la película, y no precisamente por sus buenas decisiones. Son los que marcan la diferencia, pero no en el buen sentido: sus fallos generan más bronca que otra cosa. Lo peor de todo es que las decisiones arbitrales terminan pesando más que el propio juego, y la sensación de injusticia que deja cada partido se lleva todo lo demás, especialmente la credibilidad del fútbol.
El arbitraje, que debería ser la base para garantizar que se cumplan las reglas y se preserve la equidad en la cancha, en vez de eso se transforma en un desastre constante, en el centro de todos los cuestionamientos. A medida que el fútbol argentino sigue siendo un hervidero de emociones, cada vez es más común ver cómo una mala decisión arbitral, en lugar de ser aceptada con respeto, provoca críticas, escándalos y, en el caso del partido entre San Martín de San Juan y All Boys, hasta se convierte en una verdadera batalla campal. En este partido, el árbitro se llevó todos los flashes, pero no por haber hecho bien su trabajo, sino por el revoltijo de expulsiones y errores que terminaron por oscurecer lo que debería haber sido un espectáculo futbolístico.
Este tipo de situaciones no son nuevas, y se repiten una y otra vez en el ascenso, donde los árbitros parecen ser más parte del show que los propios jugadores. A pesar de que se siguen haciendo esfuerzos por mejorar el nivel de los árbitros, la realidad es que los errores siguen siendo una constante. Y ahí es donde aparece la contradicción más grande: por un lado, aceptamos que los árbitros son humanos y que pueden equivocarse, pero por el otro, nos exigen que las decisiones sean justas, rápidas y sin margen de error. Este tira y afloje entre la tolerancia a los fallos y la exigencia de justicia es lo que hace que cada partido quede marcado, muchas veces, más por la polémica arbitral que por el propio desarrollo del juego.
Lo más indignante, además, son las declaraciones de los dirigentes, como las de la AFA, que siguen insistiendo en que tenemos a los «mejores árbitros del mundo», cuando la realidad es que la calidad de los árbitros está lejos de ser la que nos venden. El discurso institucional no se condice con lo que vive el hincha en la cancha: el árbitro sigue siendo una figura controvertida, que genera desconfianza y bronca entre los que realmente sufren y disfrutan el fútbol: los hinchas. Y eso, evidentemente, afecta la credibilidad de las competiciones.
San Martín de San Juan avanzó a las semifinales: eliminó a All Boys, que terminó con 8 jugadores
En el caso de San Martín de San Juan y All Boys, el partido se transformó en un verdadero escándalo, con decisiones que indignaron a todos los involucrados. El Albo arrancó bien, ganando 2-0 con goles de Franco Toloza y Tomás Assennato, y estaba a un paso de la clasificación. Pero en un abrir y cerrar de ojos, San Martín reaccionó, con un golazo de Maximiliano Casa que dejó a todos con la boca abierta y devolvió la esperanza a los sanjuaninos. Sin embargo, el gol fue precedido por una jugada polémica, una mano clara de Casa que el árbitro no vio, o que decidió pasar por alto. Y a partir de ahí, la historia se descontroló: se armó una pelea entre los jugadores, y el árbitro decidió expulsar a Toloza, dejando a All Boys con uno menos.
Con el partido más caliente que nunca, All Boys no se dio por vencido y siguió buscando el gol que le diera la clasificación, pero las expulsiones siguieron llegando. El árbitro, Fabricio Llobet, vio roja para Juan Salas, quien, para muchos, fue injustamente echado, y luego también sacó la amarilla para Jonathan Ferrari, que terminó expulsado por una patada fuerte, dejando al equipo con solo ocho jugadores.
San Martín, por su parte, aprovechó la ventaja numérica, pero no lo tuvo fácil. El partido, con un All Boys ya reducido a ocho, se hizo complicado para el Verdinegro, que recién pudo cerrar el encuentro con un contragolpe letal entre Santiago López García y Maximiliano Casa, quien definió a placer para asegurar el empate 2-2 y la clasificación de su equipo a semifinales. Sin embargo, el desenlace estuvo lejos de ser tranquilo. Los jugadores de All Boys, furiosos por la polémica arbitral, encararon al árbitro en el final del partido, desatándose una serie de incidentes, insultos y algunos golpes, que obligaron a la intervención de la policía.
Así, San Martín de San Juan logró el pase a las semifinales del reducido de la Primera Nacional, pero lo hizo en medio de un clima de caos y escándalo que dejó una vez más en evidencia lo mal que está el arbitraje en el fútbol argentino. El fútbol del ascenso, lejos de ser un espectáculo deportivo, sigue siendo un campo de batalla donde lo único que no cambia es la sensación de que todo está viciado, donde los árbitros, más que decidir el curso del partido, lo terminan alterando de forma definitiva. ¿Hasta cuándo va a seguir pasando esto? ¿Hasta cuándo el fútbol argentino va a ser un circo en el que la justicia deportiva brilla por su ausencia? Mientras tanto, los hinchas siguen esperando que algún día el fútbol vuelva a ser solo fútbol.
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