Desde hace ya varios años, institucionalmente, San Lorenzo quedó relegado fuera de la élite del fútbol argentino, y lo que resulta aún más preocupante es que los ciclos de crisis, que parecen no tener fin, se repiten de manera constante y peligrosa en el club de Boedo, lo que genera una sensación de estancamiento y desesperanza entre los hinchas. Los pocos momentos de alivio que se viven en el club, como la clasificación a alguna copa internacional o la aparición de algún juvenil prometedor que, lamentablemente, es transferido rápidamente sin que los hinchas hayan tenido oportunidad de disfrutarlo, o la irrupción de un futbolista extranjero que, con mucho entusiasmo, decide unirse a la aventura de un club sumido en el caos, no son más que parches que no logran tapar la cruda realidad: las épocas de esplendor, aquellos años dorados en los que el club vivió de vueltas olímpicas, grandes nombres que le dieron prestigio y directores técnicos que dejaron una huella imborrable en la historia de la institución, parecen haber quedado muy lejos en el tiempo. Hoy, el Ciclón se encuentra atrapado en un laberinto, enredado en decisiones dirigenciales equivocadas que, lejos de solucionar los problemas, solo han logrado incrementar la deuda del club, una situación que, lamentablemente, también se refleja en el rendimiento del equipo sobre el campo de juego, pues, a pesar de las promesas realizadas por los dirigentes, los resultados de sus gestiones no son más que una acumulación de deudas y frustraciones que parecen no tener fin.
El panorama llegó a un punto crítico, y San Lorenzo se presentó al partido contra Tigre con una deuda pendiente con su plantel. Sin embargo, finalmente, la dirigencia encabezada por Marcelo Moretti logró ponerse al día con los futbolistas. Durante la semana previa al encuentro, los jugadores habían recurrido a Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) para asesorarse respecto a la deuda mantenida con ellos. Tras varias negociaciones, se confirmó que el dinero adeudado fue depositado y que, a partir de ese momento, todos los futbolistas se encuentran al día con sus pagos. En medio de esta situación financiera, se encontraba también la negociación de Santiago Sosa y Agustín Hausch, quienes estaban siendo transferidos a Defensa y Justicia a cambio de 1.7 millones de dólares por el 50% del pase de ambos jugadores. Ese dinero, que será depositado tras llegar a un acuerdo definitivo, estaría destinado, según se detalló, al pago de las deudas contraídas con el plantel, un respiro económico que permitirá, al menos por el momento, calmar las aguas turbulentas que atraviesa el club.

El desconcierto y la frustración no son algo nuevo en San Lorenzo, ya que, a lo largo de los últimos años, han sido varias las gestiones que, con sus desaciertos y despropósitos, han contribuido a profundizar la grave crisis institucional que atraviesa el club, una situación que parece no tener fin y que, por el contrario, se agrava cada vez más. En los últimos 15 años, San Lorenzo ha pasado de una administración a otra, desde los mandatos de Carlos Abdo, Marcelo Tinelli, Matías Lammens y Horacio Arreceygor, hasta llegar a la conducción actual de Marcelo Moretti, quien, en su gestión, ha tenido que enfrentarse a una realidad económica sumamente delicada, con una deuda que asciende a 35 millones de dólares y 57 juicios pendientes. La situación financiera es aún más crítica debido a las múltiples inhibiciones que ha sufrido el club, y que, en noviembre pasado, se vieron reflejadas en la notificación de FIFA, que advirtió que San Lorenzo no podrá incorporar jugadores durante los próximos tres mercados de pases si no salda una deuda de 300.000 dólares, lo que complica aún más su presente y su futuro a corto plazo.
Simultáneamente, la interna política del club sigue siendo un tema espinoso que contribuye a la crisis generalizada, con figuras como Néstor Ortigoza en el centro de la polémica, quien, a pesar de haber sido denunciado por violencia de género, se resiste a renunciar a su cargo de encargado del fútbol profesional, generando más divisiones y conflictos dentro de una estructura ya de por sí fracturada. Este escenario ha llevado a que un grupo de opositores, derrotados en las elecciones de diciembre de 2023, se manifieste públicamente, alertando sobre la grave situación que atraviesa San Lorenzo. En un comunicado titulado «Sin conducción, sin futuro», los opositores expresaron su malestar y preocupación, advirtiendo que el club está al borde de la quiebra, la desaparición o incluso la privatización. Según ellos, la falta de liderazgo, transparencia y respeto tanto al socio como al estatuto del club ha sumido a San Lorenzo en una crisis que afecta todos los aspectos de su funcionamiento, desde lo económico y lo financiero hasta lo institucional y lo deportivo. En este sentido, los opositores acusan a la actual conducción de un supuesto desmanejo financiero que ha provocado un endeudamiento de 14 millones de dólares en tan solo un año, y señalan varias irregularidades graves, como contrataciones sin justificación deportiva, pagos de comisiones cuestionables, incumplimiento de acuerdos contractuales y el abandono de la Ciudad Deportiva y los deportes federados, entre otras.
San Lorenzo agudiza su andar y la orilla está lejos: perdió ante Tigre
El Ciclón comenzó el partido con gran entusiasmo, pero, transcurridos apenas 10 minutos, el equipo visitante tomó el control del balón y fue capaz de generar la mayor cantidad de aproximaciones al área rival. A los 39 minutos, se produjo la lesión de Jhohan Romaña, quien tuvo que abandonar el campo de juego para dar paso a Gastón Campi, aunque en términos generales, la primera mitad fue bastante tranquila y sin demasiadas jugadas destacadas.
En el complemento, que tampoco ofreció muchas emociones en sus primeros minutos, a los 15′, los jugadores del equipo de Miguelo sufrieron una baja importante, ya que Gonzalo Luján cometió una fuerte falta sobre Sebastián Medina y recibió la segunda tarjeta amarilla, lo que le valió la expulsión. Posteriormente, tras revisar la jugada con la ayuda del VAR, el árbitro Luis Lobo Medina decidió modificar su decisión original y transformó la doble amonestación en una tarjeta roja directa. En medio del desconcierto generado por esta situación, el equipo de Victoria aprovechó la superioridad numérica y, a los 27 minutos, se adelantó en el marcador gracias a un gol de Martín Garay, quien recibió una precisa asistencia de Gonzalo Maroni. A partir de ese momento, el conjunto azulgrana no logró generar oportunidades claras para igualar el marcador y el resultado final se mantuvo a favor del elenco de Victoria.
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