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Rosario Central volvió al triunfo y festejó en Arroyito

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Venció 2-1 a Estudiantes. El equipo del Patón Bauza llevaba ocho partidos sin ganar.

En la Copa Argentina, esa obsesión que se le resiste hace cuatro años, Central ya está en la final. Espera por el ganador del cruce entre Gimnasia y River. En la Superliga, un torneo descuidado, que los rosarinos padecen más de lo que disfrutan -acumulaban ocho sin ganar-, volvió la ansiada sonrisa: se desahogó con un justo triunfo frente a Estudiantes.

Central juega de regular para mal, sí. El Patón Bauza todavía no pudo plasmar su sello en el equipo, también. ¿Pero quién le quita la ilusión a esos 30 mil hinchas que cantan y bailan en el Gigante de Arroyito de poder lograr la Copa Argentina, sacarse la espina de tres finales perdidas y volver a dar una vuelta después de 23 años? Nadie, está más que claro. En el camino a un partido que ya desvela a media ciudad, se cruzó Estudiantes por el torneo doméstico, certamen que no pueden descuidar por un promedio que con el correr de las fechas es cada vez más magro.

No fue muy distinto el rendimiento de Central al de otros partidos. Poca posesión, muchas imprecisiones al cruzar la mitad de la cancha y nulas sociedades en ataque. Pero, al menos, en el primer tiempo, ajustó las tuercas de mitad de cancha para atrás. Entonces casi no sufrió. Cuando Estudiantes pisó el área con Peligro, el árbitro Echevarría no vio un clarísimo penal de Alfonso Parot a Lucas Albertengo.

La otra virtud de los rosarinos fue la eficacia. Facturó ni bien logró escalar por alguna de las bandas. Gonzalo Bettini desbordó por derecha, mandó un centro rasante al punto del penal y Fernando Zampedri, un 9 que no suele perdonar en ese sector de la cancha, empujó la pelota al gol. El ex Atlético de Tucumán volvió a formar dupla con Marco Ruben, quien ayer retomó al equipo titular tras una larga ausencia por lesión. El tándem, promisorio por nombres, sigue, por el momento, sin funcionar. Cada uno juega a lo suyo. Se miran poco. Y se asocian menos.

En el complemento, con el hombre de más (expulsado Iván Gómez), Central se amigó con la pelota, la hizo circular -sobre todo desde los pies de Leandro Gil-, lateralizó el juego, pero no tuvo profundidad. Dejó, entonces, el partido abierto, a merced de lo impredecible del fútbol. Claro que Estudiantes ayudó muy poco para ese hipotético empate. Los de Benítez, que venían en levantada y con seis partidos sin conocer la derrota, dieron varios pasos atrás en Rosario. Sin juego y con poca actitud.

Cuando fue profundo e incisivo, cuando le agregó agresividad al “toqueteo”, Central liquidó el partido: desborde de Carrizo, centro perfecto de Parto y cabezazo goleador de Washington Camacho.

Fuente: Clarín

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