SOY Deportes
  • Colón
  • Unión
  • Copa America
  • Off Topics
    • Gaming
    • Tecnología
    • Tendencias
    • Interés General
Sin resultados
Todos los resultados
  • Colón
  • Unión
  • Copa America
  • Off Topics
    • Gaming
    • Tecnología
    • Tendencias
    • Interés General
Sin resultados
Todos los resultados
SOY Deportes
Sin resultados
Todos los resultados

SOY Deportes » Copa America » Rey de América: una más para el cuaderno (16)

Rey de América: una más para el cuaderno (16)

18 julio, 2024
en Copa America
Rey de América: una más para el cuaderno (16)
FacebookTwitterWhatsapp

Por Darío Fiori

Desde 1978, un punto clave en su historia futbolística, Argentina es el equipo que más veces ha ganado la Copa del Mundo (3 veces). También es el que más finales del mundo ha disputado (5, igualando a Alemania). Ha ganado más veces el Mundial Sub 20 que ningún otro país (6 veces). Además, tiene el récord de más medallas doradas olímpicas (2, igualando a Brasil). Ha conquistado la Copa de Campeones CONMEBOL – UEFA en dos ocasiones; La Finalissima es la continuación de la Artemio Franchi. También ha ganado 4 Copas América, solo superado desde 1978 por Brasil. Y, como si fuera poco, le dio al mundo a Diego Armando Maradona y a Lionel Andrés Messi.

Gracias Alejandro Lerner por esta letra. Sin tu ayuda, todo hubiera sido aún más difícil. Me resulta difícil mantenerme en este viaje sin saber realmente a dónde voy. Si es solo de ida o de vuelta, si el vagón es el primero, si regresar es una forma de llegar. Me resulta difícil…, llevar todo este equipaje hace que la subida sea difícil. Esta realidad tirana se ríe a carcajadas, esperando que me canse de buscar. Me resulta difícil explicar los argumentos por los cuales Argentina es nuevamente bicampeona de América. Me resulta difícil contar cómo Argentina se recuperó después del dominio táctico y estratégico de Lorenzo. Me resulta difícil mantenerme enfocado en lo que sucedió en el campo de juego, los incidentes previos y analizar el juego cuando en realidad no sé a dónde voy. Me resulta difícil explicar que Argentina se ha convertido en el país con más bicampeonatos en la Copa América, lográndolo en 4 ocasiones (’27-’29, ’57-’59, ’91-’93 y ’21-’24). Los otros que lo lograron son Uruguay (3), Brasil (2) y Chile (1). Pero esta vez, Argentina puede reírse de esta realidad tirana, porque no se cansó de buscar lo que tanto trabajo y sufrimiento le costó.

La verdad, no creo que al hincha argentino le importe mucho lo que yo piense sobre cómo Argentina le ganó a Colombia la final de la Copa América. Y lo entiendo perfectamente. Pero cuando el hincha albiceleste lea estas líneas, ya habrá pasado la euforia por el título ganado y quizás quiera saber si coincido o no con mi forma de ver la victoria en Miami. Porque anoche Argentina jugó como tal, con un rendimiento parejo tanto en lo colectivo como en lo individual. Solidario, asociado, armónico. Sin grietas desde el medio hacia atrás y como siempre, implacable, contundente, fructífero, desde el medio hacia adelante.

Pero hay una persona que seguramente es el cerebro y el corazón de lo que hoy Argentina está celebrando. Me refiero a Lionel Scaloni, el entrenador que nunca perdió su calma (ni siquiera tuvo momentos en los que la necesitó) y que siempre mantuvo la claridad conceptual de quienes tienen todo planificado al detalle. Con este campeonato, Scaloni se convierte en el director técnico más exitoso en la historia de la albiceleste, aunque probablemente él aún no lo haya asimilado. Es más, casi puedo asegurar que nunca lo hará, porque no es de esos que buscan los reflectores. La humildad es una de sus características principales, y la ha transmitido a su equipo, algo que se pudo ver anoche apenas el árbitro pitó el final del partido. Todos los jugadores, incluso los que no estaban en la lista de convocados, saltaron al campo para unirse a una celebración desconocida para todos. En ese momento, es muy probable que tanto jugadores, cuerpo técnico y dirigentes presentes en San Juan empezaran a sentirse bicampeones de América.

Algún día, llegará. ¿Cómo te imaginás el declive de Lionel Messi? Jorge Valdano escuchó la pregunta y no tardó ni dos segundos en ofrecer una respuesta tan poética como clarividente. “Los genios son reincidentes hasta con un bastón. El físico le irá quitando protagonismo, pero siempre encontrará tiempo y espacio para una nueva maravilla”, argumentó. Y eso está ocurriendo. Anoche quedó en evidencia que Leo no quiere perder ni una partida de cartas con sus hijos. Desde su primer partido ante Paraguay en la cancha de Argentinos Juniors estuvo obsesionado con la Copa América, buscando otro título y prolongando su romance con la selección, que lleva tres años, después de tantos desengaños. Pero también llegó al torneo para ponerse a prueba. A principios de 2024, a alguien de su confianza le planteó por qué la Copa América sería un tubo de ensayo: “Quiero ver si la comodidad que tengo aquí, en la MLS, me alcanza para competir en otro nivel”. Ese «otro nivel» son las selecciones, donde aumenta la agresividad deportiva y desaparece la inocencia, con rivales convertidos en admiradores que hacen fila para una selfie. Messi siempre tuvo claro esto, al igual que nunca consideró jugar en los Juegos Olímpicos de París, para no descuidar su compromiso deportivo/comercial con Inter Miami, y porque sabía que sería imposible asumir dos meses intensos competitivamente.

La Copa América le envió un aviso en el partido contra Chile. Jugó casi todo el partido condicionado. “Me molesta un poco, así que espero que no sea nada grave. En la primera jugada se me puso duro el aductor, no sentí pinchazo ni desgarro, pero me costaba moverme con libertad”, detalló después del encuentro que clasificó a Argentina a los cuartos de final del torneo. El equipo ya está en Miami desde el miércoles y se ha instalado la tranquilidad en el búnker: un primer estudio con un ecógrafo portátil indicó que no hay lesión muscular.

Antes del inicio de la Copa América, Messi y su círculo más cercano tenían una respuesta clara para la siguiente pregunta: ¿estarían en condiciones de aguantar seis partidos en 24 días? No. En la MLS ya había tenido una prueba aproximada: entre abril y mayo había jugado siete partidos seguidos, desde la séptima fecha contra Colorado Rapids hasta la duodécima frente a Montreal Impact, con un partido más entremezclado, el encuentro de vuelta con Monterrey por la Concachampions, en un lapso de 35 días. ¿Qué pasó después? Inmediatamente se perdió el clásico contra Orlando por un golpe en la rodilla, regresó contra DC United, se ausentó nuevamente frente a Vancouver para descansar, y volvió contra Atlanta United y St. Louis City antes de unirse a la selección argentina.

En resumen: si tiene una seguidilla de partidos, lo siente. En marzo también perdió todo el mes por problemas musculares, después de jugar tres partidos en nueve días en febrero. Los datos no son simples estadísticas, sino testimonios. Hace unas semanas, Gerardo Martino, su actual DT en Inter Miami y el único que lo dirigirá con tres camisetas distintas al final de su carrera (Barcelona, selección argentina e Inter Miami), hizo esta confesión: “Hablamos con Messi sobre la importancia de hacer cambios y de lo prudente que es jugar solo 20 minutos cuando el partido ya está definido. A Leo le gusta estar siempre los 90 minutos, en todos los partidos, y a veces se necesita convencerlo, tener charlas con él. Creo que ahora lo entiende”, dijo.

Es cierto: ahora Messi lo entiende. Hay muchos. En la Copa América 2021, para enfrentar el último partido de la fase de grupos contra Bolivia, con la selección ya clasificada a cuartos de final, Scaloni planeaba no ponerlo de titular. Pero cuando se lo comunicó… el DT tuvo que cambiar de planes. Messi maduró en ese sentido. Pero igual, en el club es más fácil manejarlo porque no tiene tanto afecto visceral por esa camiseta. Con la selección argentina es otra historia. “No sé si su corazón le permitirá hacer lo que ya entiende su cabeza”, analizaba en la antesala.

Messi siempre será muy competitivo. Pero ahora sabe que el final es inevitable. Más temprano que tarde, llegará. Para seguir en la selección, lo ideal sería que acepte regular su carga física y no se empecine en jugar todos los minutos. Esa decisión depende exclusivamente de él, Scaloni ya le delegó eso cuando dijo: “Si Messi no me pide salir, yo no lo saco. Eso seguro”. ¿Manda Messi? Por supuesto. Fue una buena señal que el 10 de junio fuera al banco en el amistoso contra Ecuador y solo jugara 34 minutos. Pero frente a Guatemala, cinco días después, no pudo evitarlo y jugó todo el partido. Aunque se sintiera bien, claro está, pero el acumulado de minutos es lo que afecta a un cuerpo de 37 años: suma 304 minutos en los últimos 15 días.

Con este panorama, la alarma que encendió su aductor derecho hace dos noches puede haber sido un guiño del destino: sería necio no tomar esa señal en cuenta. Por eso, este sábado contra Perú no jugará y tendrá un descanso de nueve días entre la molestia muscular y los cuartos de final, que se jugarán presumiblemente el jueves 4 de julio si Argentina gana el Grupo A, como se espera. Si Messi llega al Mundial 2026, alcanzaría otro récord: ser el primer futbolista en la historia en disputar seis Copas del Mundo. Pero él, que está madurando hacia la etapa final de su carrera, aclara: “No me interesa un récord o decir que jugué cinco o seis Mundiales. Nunca le di importancia a los récords. Aunque está bueno tener récords y seguir consiguiendo cosas, no estaré en un Mundial solo por decir ‘estuve en seis Mundiales’. Si se da y estoy bien, perfecto, pero no estaré por estar”. No se engaña ni un minuto.

El ambiente cómodo en la selección es otro factor de protección. Nadie quiere irse de donde se siente bien. Valdano vuelve a aparecer: “Messi sufrió la agresividad de un país muy exigente con sus estrellas, pero la Copa América 2021 fue sanadora y encontró un grupo humano que sabe jugar y relacionarse con un genio. Eso le sacó una sonrisa donde antes había angustia”. En el campo, tiene un respaldo colectivo que disimula cuando sus capacidades físicas disminuyen. Pasó contra Chile: Messi jugó todo el partido por su influencia, no tanto por su rendimiento en la media hora final. Porque los genios son líderes aunque no lo busquen, y Messi ejerce una tremenda influencia en sus compañeros. Esta generación crece bajo su liderazgo y el martes, prácticamente sin él, Argentina demostró ser voraz, furiosa, insoportable. Campeona del mundo.

Messi no tiene apuro porque no tendría sentido apresurarse. En junio de 2026 cumplirá 39 años. ¿Cuántos futbolistas de una selección de elite fueron clave a esa edad en un Mundial? Ninguno, no hay antecedentes. La condición física sería crucial, es obvio. «Además,» revela una fuente cercana en su día a día, «tendría que aceptar que en algunos partidos podría jugar y en otros no. Si acepta ser importante de otra manera, llegará al Mundial.» Messi sacará muchas conclusiones al finalizar esta Copa América, pase lo que pase con Argentina. Además del título, eso es lo que está buscando: una referencia. «Mi gente, mi familia y amigos más cercanos lo tienen muy claro. Y creo que fui claro. Es día a día y depende de cómo me vaya sintiendo», repite.

Recientemente, Rodrigo De Paul compartió una conversación reveladora sobre el futuro con el capitán Lionel Messi. El volante expresó la preocupación de Messi por el día después de su retiro. ¿Cuál fue la respuesta de Messi? «Siempre me dice: ‘Cuando la selección necesite algo, podrás levantar el teléfono y estaré ahí. Siempre seré parte de ustedes. Quizás no en la cancha, pero seré uno más’. Los llamaré todos los días, je», reveló De Paul. Aunque la despedida es inevitable, Messi, sin perder su determinación por ganar otra estrella, llegó a la Copa América atento a todas las señales. En estos días tendrá que lidiar con molestias en el aductor. Lecciones.

Quienes siguen cada movimiento de Lionel Messi en la cancha, ya sea con la camiseta del Barcelona u otra, podrían coincidir con sus propias palabras recientes: «Dios me eligió a mí». Esos goles de tiro libre perfectos, su huella inconfundible en el Barcelona, no parecen obra solo de un humano. Son divinos, como si vinieran de otro plano para nuestro disfrute aquí. Indiscutible ícono del tercer título mundialista y la Copa América, a sus 37 años Messi reconoce que se acerca el final de su carrera, aunque sorprende al considerarse dotado de un talento sobrenatural, minimizando el esfuerzo diario de entrenamiento, la resiliencia ante las derrotas y la celebración de las victorias. «Dios me eligió a mí, no hice nada para ser el jugador que ya era desde pequeño»

Messi jugó tocado desde octavos hasta la final. Su mejor actuación fue contra Ecuador. Es consciente de que su habilidad sobrehumana y su arma secreta en el botín izquierdo no lo protegen del paso del tiempo. La acumulación de partidos en pocos días es un desafío traicionero, como demostró su experiencia en Miami este año, donde su físico pagó el precio de una seguidilla frenética de encuentros con poco tiempo de recuperación. Era algo previsible: la situación actual era una posibilidad. Todos deben aceptar que este Messi es diferente. No es el mismo de su juventud explosiva ni el de hace año y medio en Qatar. Dejar a un lado el egoísmo y permitirle libertad en sus decisiones implica no exigirle nada a él ni a su cuerpo, aunque sea su exigencia la que lo lleve a forzar sus límites.

El dilema de Messi reside en cómo manejar sus cargas. Sabe que debe dosificar esfuerzos, pero su instinto competitivo lo invita a seguir siendo el protagonista. Todos dejamos de ser inmortales después de los 30, y la rebeldía que antes le permitía jugar todos los minutos ahora se transforma en prudencia y sentido común, aceptando la necesidad de dosificar y prolongar su carrera. Por eso, no especula sobre el futuro ni ofrece falsas ilusiones.

La respuesta más elocuente proviene del equipo en la cancha cuando su líder no está. La ambición del equipo debe complementarse con la de Messi, pero el crecimiento colectivo es clave. Cuanto menos dependa Argentina de Lionel, más fortalecido estará como conjunto. Este funcionamiento es el mejor respaldo en la actualidad. También está la clave en el crecimiento de nombres como «Dibu» Martínez y «Cuti» Romero, quienes gradualmente están asumiendo el legado hacia el futuro. Para Messi, se trata de seguir aprendiendo. Aunque nos cueste aceptarlo, su disfrute como campeón del mundo no lo exime de ser testigo de lo implacable que puede ser el calendario para todos, independientemente del talento. Más expresivo y sensible en sus últimas entrevistas, se muestra más abierto y comunicativo que nunca. Está feliz y se nota.

Aquella noche en Lusail contra Francia le dio paz al no tener cuentas pendientes con sus deseos, pero su gen interior es más fuerte. Aunque en esta versión más limitada, siempre busca un extra al vestir la camiseta albiceleste. Entre el placer de jugar, el miedo a retirarse y la adrenalina de la competencia, reside la fuerza que lo impulsa hoy. El «Ya está» del festejo mundialista es parte del pasado. Hay buenas noticias. Como siempre, Messi va por más.

¿Es el mejor DT de todos los tiempos?

A Lionel Scaloni le preguntaron en varias conferencias de prensa si se sentaba en la mesa de César Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo. Como es tan humilde, obvio que no se sube a ese carro del triunfalismo, pero hay que decir una cosa: su laburo está escribiendo un nuevo capítulo en la historia del fútbol argentino. Sigue marcando su propio camino. Y aunque no busca comparaciones grandilocuentes, su capacidad para manejar un equipo lleno de figuras y pibes con futuro habla por sí sola. Con su estilo tranquilo y práctico, está llevando a la selección por el camino del éxito con humildad y garra.

En 1987, el año que nació el mejor de todos los tiempos, Uruguay lo sacó en semis con un gol de Alzamendi. El equipo de Menotti probó jugadores en la Copa América ’79 y quedó afuera en la fase de grupos con Brasil y Bolivia. Entre las finales de México ’86 e Italia ’90, el equipo de Bilardo no ganó ningún torneo continental en esos cuatro años. Llegaron al cuadrangular final en Brasil ’89, pero perdieron con Uruguay y el local.

Hay ejemplos ganadores. Después de ganar en Corea-Japón, Brasil confirmó su poderío en la Copa América ’04 con ese golazo de Adriano en el último minuto que los llevó a ganar por penales la final contra la Argentina de Bielsa. Francia hizo doblete con el Mundial ’98 y la Euro ’00. España armó su tricampeonato con dos Eurocopas (2008 y 2012) y el Mundial de Sudáfrica ’10. Más allá de este objetivo, el proceso desde Qatar ’22 ya es un éxito en sí mismo. Lionel Scaloni mantuvo la base del campeón vigente desde 2019 y amplió el grupo con muchas opciones nuevas. Las apariciones de Dibu Martínez y Cuti Romero en ’21, y de Julián Álvarez, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister en ’22, se han consolidado con Alejandro Garnacho y Valentín Carboni en esta convocatoria, reforzada por las recuperaciones de Lo Celso, Paredes, Nicolás González y Lautaro Martínez, y las consolidaciones de Lisandro Martínez y Exequiel Palacios.

No hay un once fijo. No existe. Este equipo tiene 16 o 17 jugadores capaces de ser titulares. Según Scaloni, juega el que mejor está para el contexto del próximo partido. Renovación siempre es resultado de la ampliación. Primero hay que sumar y preparar a los nuevos. Ya está ocurriendo. La competencia activa entre Sub-20 y Sub-23 ayudó a este proceso. Los números son claros: Argentina ganó 8 de 9 partidos con la tercera estrella, todos sin recibir goles. Sólo perdió con Uruguay 0-2 en la Bombonera, y volvió con el histórico gol de Otamendi en el Maracaná, la primera derrota de Brasil como local en las eliminatorias mundialistas. Aunque cada partido tiene sus matices, siempre impusimos nuestro juego y condiciones.

Durante esta Copa hubo 55 secuencias de más de 10 pases esta Copa América, con 11 finalizaciones y dos goles hermosos, los de Lautaro. Ninguna selección hace goles como los de Argentina, ni juega como la nuestra. Fue el equipo que más porcentaje de pelota tuvo en este torneo con un 57,5%. El segundo que más pateó al arco por partido, el que más ocasiones generó con 23 El que menos goles le convirtieron (1 a Ecuador).

¿Por qué Argentina salió campeón?

En los años 60 Juan Carlos Lorenzo dijo: «Si tenés el 1259 tenés el equipo». El número hace referencia a la formación clásica, donde cada cifra correspondía a una posición específica en el campo: el 1 para el arquero, los defensores del 2 al 6, los mediocampistas del 7 al 11, y así sucesivamente. Esta numeración original resalta la importancia de la columna vertebral de cualquier equipo competitivo: un arquero sólido, un zaguero central dominante, un volante de contención inteligente y un delantero goleador. Los tiempos han cambiado y los números en las camisetas también, pero el concepto del 1259 sigue vigente. Es la base sobre la cual se construye un equipo capaz de competir al más alto nivel. Incluso hoy, con la presencia de superestrellas como Messi, Cristiano Ronaldo o Neymar, que elevan las capacidades de cualquier equipo, la estructura fundamental del 1259 sigue siendo crucial para consolidar un juego colectivo efectivo. Juan Carlos Lorenzo lo entendió perfectamente cuando afirmó que la columna vertebral es esencial para organizar un equipo que aspire a ser protagonista. Un arquero con personalidad, un defensor central fuerte y con carácter, un mediocampista recuperador y distribuidor, y un delantero que convierta son pilares inamovibles en cualquier táctica o sistema.

Argentina es campeón, porque tiene al ¿mejor arquero argentino de todos los tiempos? Emiliano Martínez (8) sigue escribiendo su nombre en la historia grande de la Selección Argentina. Esta vez, además de sus increíbles actuaciones en la Copa América 2021 y el Mundial de Qatar 2022, agregó dos penales atajados en los cuartos de final de esta edición del torneo continental ante Ecuador. Su historia comenzó hace casi tres décadas en Mar del Plata, donde aprendió a atajar usando colchones y arcos hechos con buzos.

Fue catalogado por la organización como el mejor arquero de la Copa América. Otra vez mantiene la valla invicta. Tiene más títulos (4) que derrotas en la Selección (2). En el primer tiempo Colombia recuperó rápido, era un equipo con transiciones rápidas. Proponía el golpe por golpe. Era vertical. No necesitaba tantos pases para encarar el arco. Contuvo un disparo de Lucho Díaz que culminó en las manos. De una pérdida de Leo en la mitad de la cancha, recuperó rápido Colombia, que posicionaba hombres en ataque se la cedieron a Lerma que le pegó desde muy lejos y la pelota la sacó Dibu al córner. Muy seguro para descolgar los centros y muy inteligente para manejar los tiempos.

Argentina es campeón porque tiene un 2 como Cristian Romero (8) que volvió a exhibir su característica seguridad y firmeza en el partido, desempeñándose como una muralla en la defensa argentina. Desde el inicio, demostró su dominio tanto en el juego aéreo como en el terreno, anulando eficazmente a los delanteros colombianos. Su presencia transmitió confianza al equipo en momentos críticos, especialmente al interceptar avances rivales tras desatenciones en el medio y la defensa. A minutos del final, destacó al bloquear un peligroso disparo de Luis Díaz, mostrando su capacidad para intervenir decisivamente en situaciones clave del encuentro. A pesar de su actuación impecable, cometió un único error al salir fuera de tiempo, dejando a Borja en posición de mano a mano. Sin embargo, el oportuno corte de Lisandro Martínez evitó que esta situación se convirtiera en una tragedia futbolística para Argentina.

Argentina es campeón porque tiene un 5 como Enzo Fernández (6,5). Se posicionó como el número 5 del equipo con la misión de neutralizar los movimientos de James Rodríguez. Argentina no podía permitir que el talentoso volante de Banfield recibiera cómodamente. Tanto Enzo como De Paul debieron vigilarlo constantemente. A pesar de que James simulaba desinterés por el juego, encontró su zona y empezó a hacer daño, lo cual representó una mala noticia para Argentina. Su juego se volvió indetectable. La mejora en el segundo tiempo involucró tanto a Enzo como a Alexis. Los demás jugadores se engancharon después, pero todo comenzó en ese mediocampo. Celebramos cada acción, pero lamentablemente, estaba en posición adelantada. A los 31 minutos del segundo tiempo, Enzo condujo la pelota y Tagliafico se movió por detrás, pero desde una posición adelantada, lo cual invalidó la jugada. Hubo un centro atrás para Nico González, quien llegó bien y definió, pero también estaba en posición adelantada. Y Argentina salió campeón porque tiene un 9 como Lautaro Martínez (7,5), que termina siendo determinante. No había ingresado bien. Estaba a contramano de lo que pedía las jugadas. En el segundo tiempo no llegó a conectar una buena bocha de Di María en el segundo tiempo del complementario pero un ratito después quedó mano a mano y convirtió el gol que le dio otro título a la Selección.

Un primer tiempo que pasó de todo

Después de los disturbios, hubo un partido de fútbol. ¿Cómo jugó Argentina? Fue un partido chivo, ya que tuvo dificultades para adaptarse a la presión impuesta por el equipo colombiano. El plan estratégico de Néstor Lorenzo funcionó a la perfección: utilizaron pelotazos para superar las líneas defensivas y aprovecharon la posición de James Rodríguez, quien encontró espacios detrás de Rodrigo De Paul y Enzo Fernández en el mediocampo argentino. Esto permitió a Colombia dominar los primeros minutos, generando algunas oportunidades de gol con tiros desde fuera del área por parte de Luis Díaz y un par de cabezazos en el área, todos controlados por Dibu Martínez.

Ante este panorama, Lionel Scaloni realizó dos ajustes tácticos en los primeros 30 minutos del encuentro. Argentina inicialmente había comenzado con una línea de cuatro mediocampistas, incluyendo a Ángel Di María en la derecha, Alexis Mac Allister en la izquierda, y Rodrigo De Paul y Enzo Fernández como internos. Sin embargo, el buen inicio de Colombia llevó a Lionel Scaloni a modificar la posición de Ángel Di María al extremo izquierdo y a Rodrigo De Paul al lado opuesto, mientras Enzo Fernández y Alexis Mac Allister se ubicaron en el centro del campo. Esta reorganización proporcionó mayor solidez a la selección argentina, que gradualmente equilibró el juego y comenzó a nivelar las acciones. Posteriormente, Alexis Mac Allister fue reubicado en el medio campo para neutralizar la influencia de James Rodríguez. Esta serie de ajustes tácticos permitió que Argentina recuperara el control del partido y comenzara a competir de manera más efectiva contra el equipo colombiano.

Ahora que Argentina aprendió a quererlo, Fideo cerró su historia con la Selección con broche de oro. Resistió críticas, burlas, lesiones y sesiones de terapia. Hasta que la noche de redención en Río de Janeiro iluminó al hombre del álbum perfecto. El coleccionista de la Copa América 2021, la Finalissima de 2022, el eterno Qatar 2022, el Mundial Sub 20 de Canadá 2007 y los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Un currículum albiceleste apenas igualado por un tal… Lionel Messi. Extrañarlo será inevitable… cuando aún queda un acto final. Buscará retirarse campeón, para burlarse de todos los demonios. ¿Cuántos se despidieron con un título? Nadie. Ninguno dentro del selecto club de los futbolistas más representativos en la historia de la selección. Fideo (8,5) volvió a mostrar por qué es uno de los mejores jugadores de Argentina en la cancha. Parado en la banda izquierda, fue una amenaza constante en los metros finales. Su habilidad para desbordar y llegar al fondo para luego servir el balón fue clave. En una de esas jugadas, encontró a Messi con un pase preciso, dejando al capitán argentino a punto de marcar con un remate potente. En el segundo tiempo, siguió brillando. Participó en una excelente jugada colectiva que terminó en un fuerte disparo suyo, obligando a Vargas a una estirada espectacular para desviar al córner. Sin embargo, cuando cambió al lado derecho, su impacto fue algo menor comparado con su desempeño anterior. No solo mostró su habilidad técnica y capacidad para desequilibrar por la banda izquierda, sino también su versatilidad al adaptarse a diferentes roles en el campo. Fue una pieza fundamental en la ofensiva argentina, destacándose tanto por su creatividad individual como por su contribución al juego colectivo del equipo.

Enzo Fernández (6,5) se desempeñó como el volante neurálgico del equipo, ocupando el rol de número 5 con la tarea específica de neutralizar los movimientos de James Rodríguez. Argentina se propuso no permitir que el talentoso mediocampista de Banfield recibiera la pelota con comodidad. Tanto Enzo como De Paul estuvieron encargados de vigilarlo constantemente. A pesar de que James aparentaba desinterés por momentos, encontró espacios y comenzó a causar estragos, lo cual representó un contratiempo para Argentina. Su influencia en el juego se volvió imperceptible. La mejora en el rendimiento en la segunda mitad involucró tanto a Enzo como a Alexis, siendo el mediocampo el epicentro de la reacción. Se celebró cada acción, pero lamentablemente, hubo una ocasión. En tanto que Alexis Mac Allister (6,5) inició el partido como interno izquierdo, una posición que ya había desempeñado en las semifinales. Sin embargo, mostró poca complementación con Fernández y no retrocedió con frecuencia para colaborar en defensa. En las jugadas de pelota parada, se proyectó hacia el área rival pero frecuentemente quedó lejos de la acción. Al llegar a la media hora de juego, Scaloni realizó otro cambio táctico que resultó positivo tanto en defensa como en ataque para Argentina. El ex Boca pasó a ocupar la zona de 8 lo que obligó a James Rodríguez a desplazarse hacia otras zonas del campo. Este ajuste táctico fue crucial para reorganizar el equipo y limitar la influencia de James en el partido. Armó una buena combinación con Messi en la primera etapa.

La estrategia adoptada por Colombia consistió en que Córdoba, el centrodelantero, siguiera de cerca a Nicolás Tagliafico (7,5) durante el partido. No obstante Enfrentó un desafío considerable contra Colombia, quienes lograron neutralizar el juego de posesión característico de Argentina. Fue un partido donde tuvo que trabajar arduamente, especialmente conteniendo los ataques por su lado, especialmente los desplazamientos de Richard Ríos, quien buscaba constantemente penetrar por esa franja y llegar hasta el fondo de la cancha. Este enfoque defensivo limitó sus oportunidades para mostrarse como opción de salida por la izquierda durante gran parte del encuentro. Su primera incursión significativa en ataque se produjo cerca del final del primer tiempo, lo cual provocó una falta que resultó en la amonestación de Arias. En la segunda mitad, al igual que Montiel, se animó más y comenzó a contribuir en el circuito de ataque argentino. Aunque su labor defensiva fue intensa y vital para contener las embestidas colombianas, logró encontrar momentos para involucrarse en las jugadas ofensivas, buscando opciones para desequilibrar desde su posición en el campo.

Argentina buscaba tomar la iniciativa atacando por los costados, encontrando espacios por las bandas defendidas por Santiago Arias y Johan Mojica. Esto permitía a los argentinos desplegar su juego ofensivo con Gonzalo Montiel (7,5) que comenzó el partido con una señal clara de su potencial, realizando una buena escapada por la banda derecha desde los primeros minutos. Emiliano Martínez lanzó un pase largo, Montiel hizo un centro atrás, pero Julián no logró conectarlo correctamente. Colombia, mientras estuvo en el campo, le permitió dominar el costado derecho a Montiel, quien se convirtió en un verdadero tractor por esa zona del campo, destacando su velocidad y habilidad. Sin embargo, enfrentó dificultades al no poder concretar algunas jugadas importantes. Con el paso de los minutos, ganó confianza y se convirtió en una salida frecuente para su equipo. Justo cuando estaba en su mejor momento personal, lamentablemente tuvo que abandonar el campo debido a una lesión

La estrategia inicial de Scaloni parecía efectiva, ya que Argentina lograba superar la primera línea de presión colombiana y circular la pelota de izquierda a derecha con relativa facilidad. Argentina seguía manteniendo la característica de circular la pelota de izquierda a derecha, como lo había hecho a lo largo de toda la Copa. Enfrente, Colombia intentaba presionar alto, buscando dificultar la salida limpia desde el fondo argentino. Hasta el momento, Argentina estaba sorteando con éxito esta presión intensa por parte de los colombianos, encontrando espacios y moviéndose con rapidez para evitar los intentos de interceptación.

Colombia se destacaba por su capacidad de recuperación rápida y transiciones velozmente ejecutadas. Era un equipo que proponía un juego de golpe por golpe, mostrándose vertical en su estilo de juego. No necesitaba realizar tantos pases para encarar el arco rival, buscando siempre ser directo y efectivo en sus acciones ofensivas. Argentina debía estar atenta a no dejar de marcar a James Rodríguez; tanto Enzo Fernández como Rodrigo De Paul tenían la responsabilidad de vigilarlo contantemente. El colombiano era flexible sin la pelota, y por momento, Argentina jugaba en un 4-4-2 con bloque medio, con Messi y Julián Álvarez como delanteros. Sin embargo, a veces Di María se metía entre los centrales para seguir a Mojica y formar una línea de cinco defensores.

Colombia logró neutralizar lo que Argentina hace mejor, que es mantener la posesión del balón, atacando continuamente las espaldas de Tagliafico. Argentina intenta jugar pases desde la salida por abajo, pero los colombianos presionan y recuperan el balón. El equipo de Scaloni se reorganiza rápidamente, mientras que su rival no logra resolver la situación. A pesar del resultado, Colombia fue la selección que mejor fútbol mostró en la Copa América de Estados Unidos. Para entender la sensación que es Colombia, basta con observar a sus dos máximas figuras: James Rodríguez y Luis Díaz. James, el creativo con una zurda prodigiosa; Luis Díaz, el extremo que combinó velocidad y potencia. Así, la Tricolor se caracteriza por su peligrosidad en las jugadas de pelota parada y su juego vertical, sin dudas sus principales fortalezas.

James Rodríguez, conocido por su dominio en las jugadas detenidas, es un jugador que sigue marcando la diferencia, aunque ya no impone su ritmo como antes, a pesar de no ser tan veterano (32 años). Colombia juega ahora con más agresividad que paciencia, gracias al resto del equipo dirigido por Lorenzo, especialmente comandado por Luis Díaz. Jugadores como Jhon Arias y Jhon Córdoba, con características similares a las de Luis Díaz, también aportaron tanto como referencia de área como por las bandas. Además, los centrocampistas Richard Ríos y Jefferson Lerma destacan por su físico más que por su pausa. Incluso los laterales Daniel Muñoz y Jhon Mojica, este último reemplazando a Daniel Muñoz en la final debido a una expulsión, se suman constantemente al ataque.

Entonces, ¿Cómo se las arregla James entre tanto ritmo? Su habilidad para golpear el balón marcó la diferencia en esa primera etapa, aunque en esta Copa América ha priorizado el trabajo en equipo por encima de su rendimiento individual, a pesar de un semestre difícil en San Pablo. La frescura y condición atlética de los colombianos permite a Lorenzo presionar alto desde la salida del rival, estrategia utilizada contra Brasil y Uruguay, y que probablemente repitan ante Argentina.. Desde lo táctico, Néstor Lorenzo propuso un 4-2-3-1 con James flotando detrás de Luis Díaz.

Argentina buscaba bajarle un poco el ritmo al partido para no querer jugarle de manera tan agresiva o de ida y vuelta. Buscaba controlar el juego a través de la posesión del balón y tal vez ralentizar el ritmo de juego para tener más control sobre las acciones. Había una intensa presión sobre los dos volantes centrales argentinos. Rodrigo de Paul (7) tuvo una primera etapa complicada por la intensa presión sobre los volantes de buen pie de Colombia. No le permitieron recibir cómodamente y le costó encontrar su dinámica habitual. Además, le costaba cambiar el ritmo del juego. Pero en el segundo tiempo, mejoró notablemente. Empezó a combinar por la derecha con Ángel Di María y buscar opciones de ataque desde esa banda. En una jugada clave, le pasó el balón al ex Rosario Central quien metió un centro atrás que Nicolás González, ubicado como un 9, anticipó a todos y sorprendió a Camilo Vargas con un remate imparable.

A los 20′ Argentina edificó la mejor jugada colectiva hasta ese momento. Como en las mejores épocas en el Barcelona, entre Jordi Alba y Messi. Esta vez el que se vistió de Jordi fue Ángel Di María, que buscó el centró atrás, Leo quedó solo libre de marca en la puerta del área, y el remate mordido que encontró el guardameta cafetera. En la fase defensiva, se observó una táctica clara por parte de los colombianos para dificultar la salida de Argentina, dejando a cuatro jugadores para cerrar los espacios. Sin embargo, cuando la salida no era cómoda, Argentina optaba por jugar la segunda pelota.

Argentina enfrentó dos problemas recurrentes durante el partido. En primer lugar, tuvo dificultades para resolver la marca de James Rodríguez, quien continuamente encontraba espacios detrás del doble pivote argentino. Esto permitió a James recibir y distribuir el juego con libertad, generando problemas en la defensa albiceleste. En segundo lugar, Argentina se vio superada numéricamente en la espalda de Tagliafico por las incursiones de Arias y Ríos por el costado derecho colombiano. Esta superioridad numérica complicó la labor defensiva de Argentina, dejando vulnerabilidades que Colombia intentó explotar durante el partido.

Llegando a la media hora de juego, hubo otro cambio táctico. Ajustó en defensa y en ataque, ya que Alexis Mac Allister fue el famoso «8» y obligaba a James a moverse a otro lugar. De una pérdida de Messi en la mitad de la cancha, recuperó rápido Colombia, quien posicionaba hombres en ataque, se la cedieron a Lerma que le pegó desde muy lejos y la pelota la sacó Dibu al córner. Hasta que llegó el momento crítico, en el que varios -me incluyo- nos agarramos la cabeza. El capitán combinó con Mac Allister, entró al área, pero se le fue larga y terminó pateando desde casi afuera de la cancha. Después de la jugada, se dobló el tobillo derecho y quedó muy sentido. Todos los corazones argentinos se detuvieron por un instante. Al 10 lo frenó su propio cuerpo, que todavía se está adaptando al calendario y ritmo europeos. Su ajuste incompleto a las condiciones diferentes de la MLS (fechas, entrenamientos, viajes, dinámica) se refleja en las lesiones y molestias que lo han afectado en los últimos siete meses. Pero sigue siendo la rutina de lo extraordinario. Siempre nos deja al menos tres o cuatro intervenciones para el asombro. Además de disfrutarlo, su impacto en el juego global también se puede medir: en dos partidos, participó en 17 jugadas que terminaron en remate al arco: 7 tiros propios, 7 asistencias a compañeros (como la asistencia para el gol de Lautaro contra Canadá o el pase que dejó a Nico González ante Chile) y 3 pases clave como el pase delicado a Alexis antes del 1-0 de Julián contra Canadá. Ya no tiene la velocidad de antes. Se nota en las carreras largas con pelota dominada. Nadie le puede ganar la carrera al padre tiempo. Ni siquiera el mejor de la historia.

Lionel Messi (5) tuvo una copa intermitente. Al igual que todo el equipo, se mostró estático, realizó un par de gambetas y algunos toques, pero dejó la sensación de haber contribuido poco. Tuvo una oportunidad clara después de un desborde de NicolásTagliafico, pero su primer remate fue mordido y el segundo se desvió en Julián Álvarez, terminando en las manos de Camilo Vargas. Además, perdió una pelota peligrosa que fue desactivada por Cuti Romero. Luego, preocupó a todos con una lesión en el tobillo derecho, que lo condicionó durante el partido. El viaje a Miami le jugó una mala pasada físicamente, y ya no es el mismo en términos de resistencia. Lamentablemente, su Copa América fue muy accidentada: sufrió molestias ante Chile, se dobló el tobillo en la primera mitad de la final y finalmente se desgarró, lo que resultó en su salida del campo. Es doloroso ver a Messi en esta situación, especialmente siendo el jugador que más finales ha disputado en la historia. Tuvo que dejar su lugar a Nico González, y Argentina terminó jugando con un esquema 4-5-1. A pesar de todos estos desafíos, merecía irse a dormir como campeón. Es indiscutiblemente el jugador más exitoso en la historia del fútbol, y su contribución a lo largo de su carrera sigue siendo legendaria. Argentina se vio afectada por la lesión de Messi. Lo mejor que le podía suceder al equipo argentino era que llegara el descanso para realizar algunos ajustes tácticos. El equipo estaba estirado en el campo, con Dibu queriendo iniciar rápidamente, pero Colombia ejercía una presión alta considerable.

Después de un primer tiempo muy peleado, que terminó empatado sin goles entre Argentina y Colombia, la final de la Copa América tuvo un espectáculo que dio mucho de qué hablar durante el entretiempo. Al mejor estilo de los grandes eventos deportivos en Estados Unidos, Shakira fue la encargada de hacer bailar a las miles de personas presentes en el Hard Rock Stadium de Miami. Antes de la aparición de la cantante colombiana, quien se presentó ante el público fue Michael Buffer. El legendario presentador de las más famosas veladas de boxeo gritó su clásico «¡Let’s get ready to rumble!», frase que repite al inicio de los combates que presenta y que significa «¡Prepárense para pelear!».

Después de esta emocionante introducción, Shakira subió al escenario junto a más de una decena de bailarines y cantó Hips Don’t Lie, uno de sus últimos éxitos. El show de la artista pop duró alrededor de 10 minutos, pero el espectáculo completo durante el descanso antes del inicio del segundo tiempo fue de 24 minutos, incluyendo el montaje y desmontaje del escenario. Además de «Hips Don’t Lie», Shakira interpretó otros éxitos como «Será, será», «Te felicito» y «Puntería».

Segundo tiempo

Colombia seguía siendo más en el juego, pero por suerte de Argentina no lograba capitalizar las chances creadas. El centro de James Rodriguez, Córdoba la peinó hacia atrás, Tagliafico se había cerrado y el disparo que se marchó por el poste derecho del Dibu. Cuando Argentina combinaba pases, era muy interesante. Apretaba arriba. Julián Álvarez (6) se destacó por su atención en la marca y su presión constante durante el partido. Más enfocado en estas tareas defensivas, se dedicó a perturbar la salida del rival en lugar de buscar finalizar jugadas. Aunque en el inicio del encuentro tuvo una oportunidad clara, no logró definir correctamente. El delantero no encontró muchas ocasiones concretas para rematar al arco con posibilidades reales de convertir. Habilitó a Alexis, pero el volante no llegó a quedar mano a mano.

Argentina sufría mucho en el juego aéreo y necesitaba ajustar las marcas. Scaloni no lucía tan tranquilo como en el primer tiempo. Hubo un córner desde la derecha. Jhon Córdoba la metió en el área y Davinson Sánchez no pudo cabecear hacia abajo. La pelota se fue por encima del travesaño en una llegada peligrosa. El elenco argentino mostraba rapidez en los retrocesos y energía constante. En cada zona del campo buscaba siempre estar en superioridad numérica, con una mentalidad de 2 contra 1. Di María empezó a hacer la diferencia por el costado izquierdo, combinando una jugada por el centro y otra en diagonal. Por primera vez en el partido se volvió desequilibrante. Un disparo de «Fideo» que iba en descenso puso a prueba al arquero de Colombia y mandó la pelota al córner. Esta mejora de Argentina se debe a la conducción de Enzo y Alexis. Los demás jugadores se enganchan después, pero todo parte de ese mediocampo.

Lo de Nico González (7) fue espectacular. Si bien fue muy criticado antes y durante de la Copa América, le tocó la misión más difícil que es reemplazar a Leo. Entró bárbaro. Refrescó el ataque argentino con su velocidad. Ganó mucho de arriba, armó jugadas de peligro y hasta convirtió, incluso, pero fue anulado por offside de Tagliafico. Su ingreso resultó ser el más determinante. Todos los peligros que tuvo Argentina en el segundo tiempo vinieron del hombre de la Fiorentina. Di María, desplazándose por la derecha, le puso un centro al segundo palo; el cabezazo estuvo a punto de llegar para Julián y pasó besando el poste izquierdo. Argentina estuvo cerca de marcar a dos minutos del final. Mientras tanto, Lorenzo realizó su primer cambio: entró Borré y salió Córdoba, quien había sido neutralizado eficazmente por los dos zagueros centrales.

Antes, se retiró Montiel por una molestia física. Cabe destacar que en la previa de este encuentro tuvo un golpe en el tobillo. Su reemplazante fue Nahuel Molina (7). Quien escribe esta nota lo criticó en varias oportunidades porque dejaba ciertas libertades en su banda. Le tocó reemplazar a Montiel y la verdad que fue impasable con el tándem Carrascal y Borja. Colombia estaba llevando a Argentina hacia su propio terreno mediante faltas. Estaba generando peligro principalmente con jugadas de pelota parada. Siempre un jugador colombiano terminaba ganando en el juego aéreo, pero hasta ahora no habían logrado la precisión necesaria en sus remates. En una de las últimas jugadas, Nico González no le dio bien tras un córner y la mandó por arriba del travesaño. Antes, Di María robó en una mala salida de Mojica , pero no pudo resolver bien.

Primer tiempo extra

Para encarar el tiempo extra, Lorenzo envió a la cancha a Juanfer Quintero. James Rodríguez, quien había sido clave en la primera mitad pero pasó desapercibido en la segunda, fue el sustituido. Quintero se ubicó como enganche, enfrentando la marca de Enzo Fernández. Scaloni tomó nota y ajustó tácticamente: Di María se desplazó como centrodelantero mientras Julián se involucraba más en la zona de mediocampo para aumentar la creatividad. Argentina volvió a triangular por el costado derecho: De Paul le cedió el balón a Di María, cuyo centro desde la línea de fondo fue anticipado por Nico González como delantero, pero Camilo Vargas atrapó una pelota increíble. Argentina continuaba presionando, pero no lograba romper el empate sin goles.

Scaloni hizo cambios tácticos y agotó las variantes disponibles. Refrescó la mitad de la cancha con la entrada de Leandro Paredes (8), quien se posicionó para controlar y dominar el mediocampo. Mostró recuperación, distribución y cruces cruciales. ¿Faltaba algo más? Realizó una barrida magnífica para iniciar la jugada del gol, aunque Lautaro Martínez (7.5) no había comenzado bien tras ingresar. Estaba desajustado respecto a lo que requerían las jugadas. En el segundo tiempo, no logró conectar bien un pase de Di María, pero poco después quedó mano a mano y marcó el gol que aseguró otro título para la Selección. Giovanni Lo Celso (6.5) reemplazó a Enzo Fernández y trató de ser el conductor del equipo mientras estuvo en el campo, a pesar de perder varias pelotas. Sin embargo, logró una asistencia maravillosa para que Lautaro anotara el gol decisivo. Con una marcha menos, Argentina seguía siendo el que más proponía. Dejaba la vida, se jugaba con el cuchillo entre los dientes. Todos metían, todos ponían. Argentina era esa Selección que nunca te iba a dejar a gamba. 

Segundo tiempo extra

Néstor Lorenzo mandó toda la carne al asador. Sabía que tenía 15 minutos para hacer historia y transformarse en uno de los mejores técnicos colombianos. Estaba más entera físicamente que Argentina. Jorge Carrascal, Miguel Borja y Matheus Uribe en busca de su segunda Copa América. Ahora, la selección cafetera jugaba con dos 9. El partido era de ida y vuelta. Lo tuvo Di María con un centro desde la derecha y Lautaro no llegó a empujarla. Pero a continuación, Carrascal le puso un pase pinchado con cara externa, Romero salió a destiempo, lo dejó mano a mano a Borja, pero el corte providencial de Lisandro Martínez (8) trajo a la memoria la intervención de Mascherano a Robbén en el Mundial de 2014. Demostró una vez más su calidad indiscutible en el campo. Proveniente de Defensa y Justicia y Newells, su desempeño fue impecable durante todo el partido. Tanto en los cruces como en los anticipos, se mostró extraordinariamente sólido, manteniendo la calma y la precisión en cada jugada. Licha leyó perfectamente la jugada y actuó con rapidez y determinación, evitando una situación de peligro inminente. Su experiencia y habilidad en la defensa fueron fundamentales para asegurar la solidez del equipo en momentos críticos del partido, sin dudas, se destacó como un baluarte en la línea defensiva, consolidando su reputación como uno de los mejores en su posición.

Hasta que llegó el gol del campeonato. Gran recuperación de Leandro Paredes, primero para robar, luego para recuperar. Giovanni Lo Celso lo habilitó y Lautaro, el de los goles importantes, fue a buscar el espacio, quedó mano a mano y le rompió las manos a Vargas. A los 115, bajo una ovación extraordinaria y con lágrimas en los ojos, Di María le puso punto final a este ciclo maravilloso con la Selección. Entró Otamendi para armar línea de 5.  Desde ese momento, el partido se convirtió en un caos. Hubo peleas, discusiones y hasta un homenaje en pleno campo a Ángel Di María, quien se retiró entre abrazos y ovaciones. Fue una noche llena de lágrimas. Las de frustración del mejor de todos y las de emoción de un compañero que dijo adiós para siempre. Argentina, en un contexto difícil y complicado, demostró por qué es el campeón indiscutible. Cuando las cosas se ponían difíciles, apareció la selección más exitosa de todos los tiempos. ¡Salud!

⚠ UNITE AL CANAL DE SOY DEPORTES haciendo click aquí y mantente informado‼

Comentarios de post

Más noticias recientes

  • Madelón 25/26: objetivos primarios cumplidos, pero…
  • Resultados y goleadores de la 6ta fecha de Futsal local
  • LSF: Todo lo que dejó la 9na fecha del Ascenso
  • Encuesta: El hincha opina sobre la continuidad de Madelón
  • Franco Colapinto larga 10mo en el GP de Canadá

© 2023 SOY Deportes. Developed by vStudios.

Sin resultados
Todos los resultados
  • Colón
  • Unión
  • Copa America
  • Off Topics
    • Gaming
    • Tecnología
    • Tendencias
    • Interés General

© 2023 SOY Deportes. Developed by vStudios.