Por Darío Fiori
Perder con Boca en La Bombonera es algo que, en muchos casos, entra dentro de los planes y las expectativas del hincha promedio. La historia reciente del fútbol argentino y la jerarquía de un club como Boca hacen que cualquier derrota en su estadio se vea, en términos generales, como parte del desafío que significa competir en Primera División. Sin embargo, lo que resulta inaceptable para un equipo como Unión es la forma en la que se produce la derrota. Porque ganar, empatar, y perder está dentro de los planes. Con esto no descubro nada nuevo. Pero siempre son importantes las formas, cuando se gana y cuando se pierde. Un 1-0 que se fraguó a partir de un primer tiempo espantoso, plagado de los mismos errores que han venido aquejando al plantel durante toda la temporada, dejando claro que el problema no solo radica en la fortaleza del rival, sino en las falencias propias, y en cómo sigue siendo incapaz de corregirlas.
En los últimos 9 partidos, Unión ganó cuatro, pero claro, perdió 5. Es capaz de pasar del cielo al infierno mismo. Es un equipo ciclotímico. Desconocido, apático y antipático Unión. De visitante, cada vez se supera más, pero para peor. Según los datos de los colegas de SOL Play, en los últimos cuatro partidos de visitantes fueron todas derrotas, pero no solo eso, sino que no marcó un gol. A este equipo le marcan un gol y no tiene capacidad de reacción. El primer tiempo de Unión fue nuevamente calamitoso, tanto desde lo táctico como en lo emocional. A lo largo de los 45 minutos iniciales, el equipo de Santa Fe mostró las mismas carencias que en otras ocasiones: una fragilidad defensiva alarmante, una falta de generación de juego ofensivo y una pasividad que resultó inexplicable en un equipo que, está en puestos de competencias internacionales para el próximo año y en caso de llevarse los tres puntos del Armando J, quedaba a cinco puntos de Vélez, cuando quedan 12 puntos en juego. Las reiteradas pérdidas de balón, la incapacidad de romper la presión de Boca y la nula presencia en los últimos metros contrarios dejaron a Unión a merced de su rival. En este sentido, el equipo evidenció su habitual temor a jugar de visitante, algo que ya se ha convertido en una constante durante la gestión de González. La presión, el contexto y la historia del club rival parecieron ahogar a un Unión que no logró reaccionar a tiempo.

En la previa a este partido, el entrenador dio una conferencia de prensa, dijo: “Nosotros tenemos que intentar plasmar nuestra idea, lo que hemos planificado. Es una gran prueba de carácter para nosotros como equipo. Sé que es un equipo que va a tomar la iniciativa, va a querer empujar, pero estamos preparados para contrarrestar eso e ir a buscar el partido. No vamos a ir a meternos de atrás, ni mucho menos, al contrario. Vamos a intentar jugar con nuestras armas, obvio que tenemos que estar en todos los detalles, pero estoy con mucha confianza de que, como dije recién, vamos a estar a la altura de este gran partido”. ¿Cuál fue la idea? Nuevamente el planteo fue deficiente. Jamás pudo contrarrestar la presión alta de Boca ni generar jugadas de peligro en campo rival. A pesar de contar con 11 días para preparar el partido debido a la doble fecha FIFA, fue incapaz de salir a la cancha con una idea clara y definida. El mediocampo no pudo imponer su ritmo, y los laterales, que suelen ser una vía de salida importante en el 5-3-2 que implementó alguna vez Sebastián Méndez y continuó con Cristian González Perret, fueron neutralizados rápidamente por los extremos de Boca. La desconexión entre las líneas fue evidente, y la falta de reacción en los momentos clave del partido terminó por condenar al elenco de López y Planes.
En el segundo tiempo, al igual que sucedió en el Libertadores de América, logró emparejar un poco el juego, pero el daño ya estaba hecho. La diferencia era un gol, y los jugadores recién comenzaron a recordar cómo es ser intenso y competitivo, como lo demuestra su desempeño en condición de local. Sin embargo, como ha sucedido en otras ocasiones, esa reacción llegó tarde, demasiado tarde para cambiar el curso del partido. Unión dejó pasar otra oportunidad para dar un golpe de efecto en su visita a un grande del fútbol argentino. En Santa Fe la historia tampoco es distinta. Si bien se muestra aguerrido y competitivo, tampoco juega bien, cuando le toca cruzar el Puente Carrero es un espectador más. Anoche fue incapaz de hacerle frente al embiste de un Boca que, sin ser brillante, fue mucho más efectivo y aprovechó las pocas situaciones que tuvo -3 a 2-. Con esta derrota, Kily González regala otro partido de visitante, dejando puntos vitales en el camino. La inconsistencia en el rendimiento fuera de casa sigue siendo un problema estructural que no logra resolverse, y cada partido como visitante parece ser una repetición del anterior, con los mismos errores, la misma falta de claridad y el mismo desconcierto. Esta derrota ante Boca, si bien previsible en cuanto a la dificultad del rival, es una nueva muestra de que Unión no puede permitirse caer en este tipo de partidos sin ofrecer una resistencia más firme.
La reflexión debe ser clara: más allá de la calidad del adversario, lo que preocupa es la incapacidad de Unión de afrontar estos desafíos con la misma intensidad y solidez que demuestra en su estadio. Es un equipo que parece verse completamente distinto cuando sale de su territorio, y esta disparidad de rendimiento pone en riesgo sus aspiraciones para la temporada. El Kily González deberá trabajar para que su equipo pueda ofrecer una versión más equilibrada, más competitiva y, sobre todo, más valiente cuando juegue fuera de casa. La temporada aún tiene mucho por ofrecer, pero si Unión sigue regalando partidos de visitante, será difícil que logre mantenerse en la pelea por los objetivos que se ha planteado.
Nuevamente, la previa fue intensa. Desde el momento que Cristian González admitió que quiere renovar con Unión, la expectativa creció, aunque sabiendo que, antes que nada, deberán cumplirse varios pedidos deportivos para dar un salto de calidad. En la conferencia previa al duelo contra Boca lo volvió a hacer, pero como una especie de ultimátum para el presidente Luis Spahn. En pocas palabras, le volvió a tirar la pelota pensando a futuro. No tanto en torno a la mejora de salario, sino en el contexto, con peticiones que claramente demandarán de un esfuerzo general. Hasta acá, el máximo titular rojiblanco siempre fue partidario de apostar a una administración correcta y no hacer locuras. Para cumplir con los pedidos de Kily, debería romper ese molde.
Tanto es así como en los próximos días podrían darse los primeros movimientos. «Tenemos diálogo continuó con el presidente y sigo intentando ajustar las cosas que le estoy pidiendo. Tenemos que empezar a tomar decisiones en base a cómo va a finalizar el torneo, en cuanto a posibles incorporaciones y otras cuestiones que nos preocupan», tiró el técnico. Se vencen varios contratos a fin de año, de los cuales muchos son complicados por lo económico, como Nicolás Orsini y Gonzalo Morales, con opciones de compra muy altas por parte de Boca para las posibilidades de Unión. Habrá que ver si se pueden generar otras gestiones. Mientras que el préstamo de Simón Rivero era sin opción.
También ir tirando hilos en posibles refuerzos, aunque el resultado final del equipo en la Liga Profesional podría marcar otro escenario también, con la chance concreta de volver a jugar una copa internacional. Más que nada, en aquellos nombres que el técnico dijo que antes «dudaban cuando llamaba Unión y ahora quieren venir». Asimismo, Kily espera otras comodidades de trabajo para potenciar el trabajo profesional y formativo. Algunos de los temas que se esperan tengan un puntapié inicial para jugar al anticipo y ya armar el proyecto de 2025, con la pretemporada y la participación de amistosos. Por eso se vienen días cruciales para tomar decisiones y así ver si se puede complacer al técnico, que le dio la prioridad a Unión, pero con condiciones.
En lo futbolístico, era un duelo clave para las clasificaciones a copas internacionales del año venidero. El día lunes jugaron para los dos, tanto para Boca como Unión. Las derrotas de Godoy Cruz (0-1 vs. Platense) y de Huracán (2-4 vs. Atlético Tucumán), permitieron que el Tatengue, en caso de ganarle a Boca le saque tres puntos en la tabla anual. Si el equipo de González lograba sumar de a tres, iba a quedar posicionado 5º: en una virtual zona de clasificación a la Copa Libertadores 2025 ¿Por qué? Porque se clasifican tres equipos por tabla anual y arriba suyo tiene a Vélez y a Racing; los dos que pueden liberar cupo por ser campeones.
Grandes 20 minutos de Boca
Si algo caracterizó al destacado Racing de Fernando Gago fue la función ofensiva de sus laterales, quienes se erigieron como lanzas en ataque. Con Iván Pillud y Eugenio Mena situados a la altura de los mediocampistas, el director técnico lograba incorporarlos como alternativas ofensivas, permitiendo la creación de situaciones de superioridad numérica por las bandas. Estos, junto a los extremos de turno y los internos de cada lado, conformaban un triángulo de circulación, lo que facilitaba las triangulaciones y los movimientos fluidos. Esta disposición táctica, orientada a generar situaciones de gol de manera constante, refleja la esencia del sistema ofensivo de Gago, centrado en el ataque posicional mediante triangulaciones por las bandas y el juego interno, facilitado por dos mediocampistas con buena técnica y capacidad para distribuir desde el centro del campo.
Otro aspecto que el técnico no negociaba durante su trayectoria como entrenador era la presión alta. Su estrategia consistía en recuperar el balón rápidamente en campo rival y atacar de forma directa, por lo que la disposición táctica y la correcta ubicación de los jugadores eran cruciales para su esquema. La presión tras pérdida, una de las armas más importantes en su estilo de juego, es un aspecto que seguramente implementará en su ciclo en Boca Juniors.
En cuanto a la defensa, las pocas veces que Unión lograba recuperar el balón, se evidenciaba que la línea defensiva solía estar posicionada en la mitad del campo, sin importar quiénes fueran los zagueros. Marcos Rojo y Nicolás Figal, junto al doble cinco compuesto por Tomás Belmonte y Guillermo Fernández, fueron los encargados de equilibrar las subidas constantes e incluso simultáneas de los laterales, evitando así que los movimientos ofensivos de los rivales desbordaran la defensa.
En la Reserva, a Exequiel Zeballos se le solicitó lo mismo que en sus etapas anteriores en divisiones inferiores y en la Selección Nacional: que encare, que pierda el miedo y arriesgue para poder romper líneas defensivas. Así lo resumió en una entrevista realizada hace algunos años por el sitio oficial de la AFA. Zeballos, quien también tuvo un destacado paso por las selecciones juveniles argentinas, integrando los planteles Sub 15 y Sub 17, se caracteriza por su velocidad y gambeta, habilidades que no son comunes en el fútbol argentino. Además, su valentía para encarar y su capacidad de rematar con potencia lo convierten en un jugador de gran potencial ofensivo. Para ilustrarlo de mejor manera: su estilo de juego puede compararse al de Ricardo Centurión.
La esperanza de Unión duró muy poco, ya que a los 3 minutos ya se encontraba abajo en el marcador, y la fórmula que utilizó Boca para conseguir el gol fue exactamente la misma que había insinuado a lo largo de los primeros minutos: el equipo xeneize generó una superioridad numérica por el costado izquierdo, donde Lautaro Blanco logró filtrarse con gran rapidez, cerrándose luego el “Changuito” Zeballos con un cambio de ritmo que le permitió deshacerse de Vargas y Pardo, para luego realizar un centro pinchado al segundo palo, donde Milton Giménez, quien había reemplazado a Edinson Cavani por una decisión táctica del entrenador, aprovechó para ganarle la posición a Nicolás Paz y así marcar el 1-0, demostrando que por el momento, dicha elección táctica estaba dando sus frutos.

Después de aquel cuarto de hora inicial frenético, lleno de intensidad y protagonismo, marcado por una voracidad inusitada, cuando el equipo parecía sufrir un síndrome de abstinencia de pelota y no soportaba verla en posesión del rival, el vendaval se calmó, y no volvió a soplar ni una brisa, nada. A esa altura, la hinchada, ya acostumbrada a entretenerse por sí misma, sin que nada la motivara, cantó durante todo el partido, alternando entre momentos de aliento al equipo y otros de carga a River. Desde la cancha, en tanto, no llegaba nada. Hubo un par de chances aisladas —insólita la que perdió Janson—, eso sí, pero nada más. Boca no volvió a desequilibrar ni se desequilibró. Sin hacer nada, podría haber anotado algún gol más, pero por no hacer nada, también podría haber recibido uno.¿Qué se puede rescatar? En este tiempo en que las apuestas están bajo la lupa, es justo reconocer que el técnico tuvo un ojo clínico y acertó en su planteamiento. Apenas tres minutos necesitó Zeballos, junto con Giménez, para darle la razón. Al final de la noche, esa jugada terminó siendo la del partido. Y es que suele ocurrir que los buenos, muchas veces, son perjudicados precisamente por su condición de buenos. Un claro ejemplo de esto en Boca es Zeballos, quien puede jugar por cualquiera de las dos bandas, aunque su preferencia recae en la izquierda. Sin embargo, Aguirre es un hombre de izquierda, y para aprovechar al máximo su mejor versión, el Chango suele ser relegado a la banda opuesta. Esta vez, por razones que escapan al entendimiento, Gago prescindió del ex Newell’s y le dio la libertad de jugar en su banda predilecta. Inmediatamente, el santiagueño respondió con una doble gambeta, un desborde preciso y un hermoso centro pinchado a lo Guillermo, que culminó con la aparición de Giménez, quien, al más puro estilo de Palermo, se encargó de colocar el balón en el fondo de la red para el 1-0. Fue un gol típico del Boca de Bianchi: tan sencillo, tan previsible, pero a la vez tan inevitable.A bordo del 4-3-3, Guillermo Fernández se ubicó por delante de Belmonte y a la izquierda de Miramón. Centralizó el juego con precisión, avanzó y distribuyó bien. Por la derecha, Kevin Zenón, en algunos pasajes del partido, encontró sociedad con Barinaga, aunque estuvo errático con la pelota, su principal fortaleza.
¿Por qué decimos que la esperanza de Unión duró muy poco? Porque antes del gol, había decidido a salir a presionar de manera intensa, especialmente Adrián Balboa (5). Sin la pelota, se mostró audaz al presionar intensamente, asumiendo la responsabilidad de incomodar a Nicolás Figal, el defensor encargado de iniciar la salida desde el fondo de Boca. Pasaban los minutos y Unión no reaccionaba. Acumulaba defensores, pero no lograba detener a los volantes y a los delanteros de Boca, quien se lo llevaba por delante. Era un verdadero vendaval. Unión no lograba ni siquiera recuperar la pelota. Perdía muy fácil el balón. Todas las segundas jugadas eran propiedad de Boca. En el juego aéreo, siempre se imponía Milton Giménez, y el encargado de marcarlo era Nicolás Paz (3). Un Nicolás Paz que supo ser un titular indiscutido en defensa y que terminó de ser una decepción. A pesar de las oportunidades que ha recibido, no logró jamás consolidarse en un puesto fijo dentro del once inicial.
Durante la primera etapa, Unión nunca le pudo encontrar una solución al costado izquierdo. Boca marcaba la diferencia por esa vía, dónde, si no era Lautaro Blanco con sus proyecciones, era Exequiel Zeballos, quien se imponía en el mano a mano, constantemente desbordando y generando peligro. No contaba con los relevos de Franco Pardo (5). La actuación del ex All Boys fue discreta. No cometió errores graves, pero su rendimiento estuvo lejos de lo que se esperaba de un jugador con su experiencia y liderazgo dentro de un bloque defensivo. Si bien cumplió con su labor sin mayores sobresaltos, no logró ser ese caudillo que en otras ocasiones marca la diferencia, tanto en el orden defensivo como en la conducción del juego desde el fondo. A lo largo del partido, intentó darle esa salida, como es habitual en su juego, buscando desdoblarse y ofrecerse como opción de pase para el pase en las transiciones.
Daba la sensación de que Boca estaba jugando a un ritmo superior, con una marcha o incluso dos por delante de Unión. El equipo de Fernando Gago recuperaba rápidamente la pelota, siempre ofreciendo opciones de pase y controlando el juego. Por el contrario, Unión parecía ser un mero espectador en este partido, corriendo constantemente detrás de la pelota sin poder sostener el control ni generar jugadas de peligro. El Tate no lograba hacerse con el control del balón y se limitaba a despejarlo constantemente, sintiendo dificultades para encontrar equilibrio en el mediocampo. En la previa, el Kily González había mencionado que este partido debía jugarse con carácter, pero, lamentablemente, eso no se reflejó en el campo. No hubo ningún jugador que asuma la responsabilidad de tomar la pelota y proponer algo diferente. En varios momentos, el dominio de Boca fue absoluto, incluso cuando el partido estaba 1-0. La diferencia en el juego era tan evidente que no se había visto en los anteriores cinco o seis partidos de Fernando Gago. Lo ahogaba a Unión, lo asfixiaba, lo tenía contra las cuerdas, como si fuera un boxeador tratando de agarrar de la cintura a su contrincante. Por momentos fue un baile. Porque dominaba la pelota, el territorio y desplegaba un juego asociado impresionante, con toques de primera, tacos y gambetas. Era una superioridad técnica y táctica abrumadora.
Simón Rivero (4) estuvo errático. En un contexto donde Unión está acostumbrado a que gran parte de su juego pase por él, anoche Rivero no estuvo a la altura de las expectativas y no logró aportar en la elaboración. Se mostró lento, con problemas de posicionamiento y perfilado en varias jugadas, lo que resultó en errores constantes en los pases y en situaciones donde fue anticipado varias veces por los rivales. No pudo asumir la responsabilidad de ser el motor de la generación de juego desde la mitad de la cancha hacia adelante, ya que se vio obligado a retroceder demasiado para poder participar en la creación de jugadas.

Durante todo el partido, su posicionamiento y estilo de juego lo llevaron a cumplir un rol que, más que el de un mediocampista ofensivo, se asemejó al de un lateral derecho improvisado, porque su ubicación en el campo y la dinámica del equipo lo obligaban a cubrir zonas defensivas más profundas de lo que le corresponde. A pesar de estos inconvenientes, el ex jugador de Boca Predio intentó hacerse con la pelota y, con su habilidad, trató de superar la marca de dos o tres jugadores de Boca, pero la superioridad individual de los rivales siempre terminó prevaleciendo, cerrándole los espacios y sin dejarle avanzar con claridad. A esto se sumó otro problema estructural: los volantes de Unión no lo acompañaron en las transiciones ofensivas, ya que no supieron leer el juego ni ofrecerse como opciones claras para recibir el balón, lo que evidenció la falta de coordinación y compenetración entre los jugadores, reflejando una incapacidad general para ejecutar las intenciones tácticas del entrenador.
En un primer tiempo de dominio absoluto de Boca, Joaquín Mosqueira (3) no logró imponerse en la mitad de la cancha, viéndose superado en todo momento por la intensidad y precisión del equipo rival. A lo largo de la primera mitad, perdió todos los duelos individuales en los que estuvo involucrado, y no encontró la manera de contrarrestar el control de Tomás Belmonte y Pol Fernández, quienes dominaron el mediocampo de Boca, dictando el ritmo del partido y desbordando constantemente a la línea media de Unión. La falta de respuesta ante la presión rival evidenció la desconexión y fragilidad del mediocampo de Unión, donde el rosarino no pudo asumir el rol de equilibrio ni aportar a la distribución del juego. Además, su rendimiento estuvo marcado por una falta de precisión, que, sumada a su agresividad, lo llevó a recibir la quinta tarjeta amarilla, lo que lo dejará fuera del próximo partido contra Talleres, una baja importante para el equipo.
Por izquierda, Mauro Pittón (3) fue una sombra. Fue prácticamente inexistente en un partido donde el fútbol de Unión brilló por su ausencia. La única forma en donde logró acumular pases fue a través de los laterales, repitiendo el mismo patrón de juego que se había visto en otros encuentros: intentar abrir la cancha mediante los desplazamientos por las bandas. Estuvo lejos de ser un factor clave en la elaboración del juego. No logró imponerse en el mediocampo ni aportar claridad en la circulación del balón. Aunque experimentó una ligera mejoría en el trámite del partido, sobre todo porque el asedio de Boca, que fue tan intenso en los primeros 20 minutos, disminuyó, Unión seguía careciendo de profundidad, de ideas claras y de situaciones de riesgo que pudieran inquietar al rival. El mediocampista no logró ser el motor de ese cambio necesario, quedando relegado en el funcionamiento general del equipo.
Boca, con su estilo de juego característico, invitaba a Unión a acerarse a su área mediante un toque seguro y preciso, manejando la pelota con calma y paciencia con el objetivo de desgastar a Unión, buscando constantemente el momento adecuado en el que, debido a la presión y al movimiento constante, se abrían espacios. En ese contexto, el único que estuvo a la altura en la defensa fue Miguel Torren (5). Más asentado. Tuvo una participación algo más tranquila en la noche de ayer, ya que, aunque no fue requerido con frecuencia, estuvo atento y seguro en las pocas ocasiones en las que debió intervenir, lo que le permitió transmitir una sólida presencia defensiva. De esta manera, tiene la oportunidad de seguir demostrando su valía y consolidarse como una pieza fundamental dentro del recambio defensivo que el director técnico necesita para afrontar futuros compromisos.
Unión no lograba encontrar un juego asociado. Ni siquiera conseguía hilvanar dos o tres pases consecutivos. La razón de esto radicaba en la enorme presión alta que planteó Boca, tan intensa y constante que, en la mayoría de las ocasiones, la posesión terminaba en un error no forzado por parte del equipo tatengue. Este se veía incapaz de romper esa presión. Lo mejor que le podía pasar a Unión era estar perdiendo solamente por la mínima diferencia. Mateo Del Blanco (5) tuvo un desempeño regular. Cumplió de manera aceptable en la segunda mitad, donde, al mostrar mayor confianza con la pelota en los pies y sumarse más al ataque, logró desprenderse de las limitaciones defensivas que lo habían afectado anteriormente. Sin embargo, no fue exigido en demasía, ya que Boca generó pocas llegadas por su sector. En el primer tiempo, se mostró menos activo en sus proyecciones ofensivas, principalmente porque Unión no lo buscó lo suficiente como para aprovechar su potencial en ataque. No logró formar una buena sociedad con Mauro Pittón. Durante toda la primera mitad, el Kily dio indicaciones claras para que su equipo priorizara el ataque por el costado izquierdo, una zona en la que insistían que el chico se involucre más, dado su perfil ofensivo y su capacidad para desequilibrar en ataque.

Unión era un verdadero manojo de nervios. Comenzaba a acumular tarjetas amarillas de manera preocupante y llegaba tarde a cada dividida. Los lectores de SOY Deportes están acostumbrados a señalar las falencias que presenta el equipo tatengue bajo la dirección de Kily González, y este partido no fue la excepción. Si bien es cierto que, desde el punto de vista de la tabla de posiciones, el equipo está realizando una destacada campaña, cabe recordar que es el único club del fútbol argentino, o al menos de la Primera División, que estuvo inhibido durante cinco meses y no realizó incorporaciones. A pesar de este contexto, resulta agotador repetir constantemente el mismo mensaje.
En lo que respecta al desarrollo del partido, cada balón que se enviaba al área rival parecía tener una alta probabilidad de convertirse en gol. Un claro ejemplo de esto ocurrió a los 3 minutos del primer tiempo, cuando el primer tanto se concretó tras un remate que terminó incrustándose en la valla de Thiago Cardozo. Posteriormente, en la segunda ocasión en que Boca Juniors logró poner la pelota en el área, nuevamente estuvo cerca de convertir. Un gran centro de Pol Fernández, un cabezazo de Belmonte y una destacada intervención del arquero uruguayo del equipo tatengue evitaron lo que parecía ser otro gol en contra.
Durante todo el primer tiempo, Unión no logró encontrar espacios frente a un Boca bien aceitado, fresco y con una clara disposición para presionar desde el primer minuto. Los extremos, Exequiel Zeballos por izquierda y Kevin Zenón por derecha, ejercieron una presión asfixiante sobre los laterales de Unión, lo que imposibilitaba que estos desarrollaran su juego con fluidez y creatividad. Esto escaseó las opciones de ataque y anuló la posibilidad de generar jugadas de peligro. De hecho, el Tate ni siquiera tuvo un solo tiro al arco ni un córner.
Además, se observaba una desconexión alarmante entre la defensa y el mediocampo del equipo tatengue, lo cual agravaba aún más la situación. Esa falta de cohesión entre las líneas impedía que Unión saliera jugando con claridad, siendo constantemente presionado por la intensidad de la marca boquense. Si el conjunto dirigido por Kily González pudiera mantener un poco más la posesión del balón, no solo ganaría tiempo y espacio para reorganizarse, sino que también podría contrarrestar de manera más efectiva el frenético y característico estilo de juego que implementan los equipos de Fernando Gago, conocidos por su capacidad de presionar de manera constante y mantener un ritmo acelerado en todas las fases del juego.
El segundo tiempo lo equilibró, pero no mejoró
Para los segundos cuarenta y cinco minutos, se caía de maduro que Fernando Gago no iba a realizar cambios, porque Boca fue un violín. Jugó tan bien que ni siquiera necesitaba retocar el equipo. Lo que si llamó la atención fue que Unión no haya agregado un volante más en la mitad de la cancha, o si bien, romper la línea de 5 y poner a un jugador que le de algo de fútbol, que muestre algo distinto. Dicho esto, Boca salió al campo algo adormecido, mostrando una versión más pasiva en comparación con la intensidad de la primera etapa. Si bien Unión seguía sin generar aproximaciones claras, se podía notar una leve mejora en su actitud, similar a lo sucedido en el partido ante Independiente en el Libertadores de América, donde el Tate intentó adelantar líneas y presionar un poco más arriba. Se agrupó unos 10 metros más adelante en el terreno, buscando tomar el control y acortar distancias.
Unión lograba ganar algunos metros, especialmente gracias a los laterales al punto del penal. Sin embargo, la falta de precisión seguía siendo un problema persistente, lo que impedía que esas acciones generaban situaciones de peligro real. A pesar de este intento de avance, el partido no se terminaba de estructurar. Se mantenía desordenado y lejos de alcanzar el nivel superlativo que mostró el dueño de casa en la primera mitad. La desconexión entre las líneas seguía siendo evidente, y la falta de claridad en los últimos metros complicaba aún más la posibilidad de concretar jugadas de ataque efectivas.
Nunca terminó de arrancar Boca en el segundo tiempo. No logró dominar el juego, ni presionar con intensidad, ni elaborar jugadas colectiva. No ganaba un solo duelo y, en general se mostraba completamente atípico. Se relajó después del gol de Zeballos. Así todo, con este nivel de pasividad sorprendente, Unión tampoco generaba peligro. Era un partido sin ritmo ni fluidez. A los 12 minutos, la primera modificación en el Xeneize no tardó en llegar: Juan Barinaga tuvo que pedir el cambio debido a una molestia muscular. Su salida obligó a que ingresara Jabes Saralegui, un volante derecho que ocupó el puesto de lateral, dada la ausencia de Luis Advíncula, quien fue convocado para la selección de Perú. De hecho, el lateral boquense fue titular ayer en la derrota 1-0 ante Argentina, lo que dejó a su equipo sin una de sus piezas clave en esa posición.. Un par de minutos después, el Kily González se vio obligado a realizar las dos primeras modificaciones, ambas por puestos. Uno de ellos fue Enzo Roldán por Mauro Pittón. Pero no hay caso. El oriundo de Villa Mercedes sin lograr aprovechar las oportunidades que se le presentan cuando ingresa desde el banco. En esta ocasión, no pudo hacerse con el control del balón ni asumir el rol de conductor que el equipo necesita. Errático. Tuvo un mal control en la mitad de la cancha, lo que permitió a Boca generar una aproximación peligrosa con Janson, quien, aprovechando el error, sacó un disparo que fue bien controlado por Cardozo.
En esa misma ventana de cambios entró Gonzalo Morales por un Jerónimo Dómina que, a lo largo del partido, se lo vio muy metido, corriendo como loco por todo el frente de ataque, pero, a pesar del laburo que hizo, nunca logró encontrar una chance clara para meterla. Estuvo completamente borrado por Nicolás Figal, que tuvo una noche impecable. El defensor de Boca ganó todo por arriba y por abajo, anulando cualquier intento del delantero por generar peligro. El pibe del IPEI se chocó una y otra vez con la solidez de Figal, que estuvo firme como una pared y no dejó pasar ni el viento. Por más que mostró ganas y dinamismo, no logró conectarse con sus compañeros. Su juego quedó limitado a estar presente, pero sin llegar a desequilibrar o aportar algo distinto en ataque. Encima, en la última línea, Marcos Rojo también estuvo a la altura. El capitán se plantó con mucha seguridad, demostrando que está entero desde lo físico y dejando atrás los fantasmas de las lesiones. Fue una noche redonda para los defensores de Boca, que no le dieron ni un respiro al delantero rival.

Resulta inentendible que un jugador como el Toro no tenga minutos de titular en el once inicial. Cada vez que entra desde el banco, deja claro que es capaz de generar peligro y, al menos, de dar esperanzas a su equipo en los últimos metros. En su primera intervención en el partido, mostró su calidad con un pase sutil de tres dedos a Balboa, quien desbordó por la derecha, centró atrás y el ex Boca con un buen intento, abrió el pie derecho. La pelota se desvió en un defensor de Boca y se fue hacia el arco, pero finalmente la jugada fue anulada por offside. A pesar de esa jugada que casi termina en gol, después de ese momento, Morales no logró imponerse con claridad en los duelos frente a los defensores rivales. A pesar de su arranque prometedor, los centrales de Boca lograron ajustarse y neutralizar sus intentos, dejándolo menos involucrado en el desarrollo ofensivo en los minutos posteriores.
Por su parte, a Gago no le gustó en absoluto lo que vio de su equipo en el segundo tiempo. Consciente de la falta de reacción y la pasividad de sus jugadores, decidió refrescar todo el ataque con los ingresos de Edinson Cavani y Luis Vázquez, buscando aportar más dinamismo y presencia ofensiva. Por momentos, el partido se tornaba ordinario, marcado por una constante lucha en el mediocampo, con mucha fricción y un constante juego de segundas pelotas. Ninguno de los dos lograba imponer su estilo de juego. Pese a ese atisbo de reacción del equipo de Santa Fe, Unión no logró incomodar en ningún momentos. Por eso, el Kily entendió que necesitaba un revulsivo, alguien fresco capaz de darle desequilibrio. Entró Lionel Verde por Simón Rivero. Contra Atlético Tucumán había ingresado muy bien dando fluidez al equipo en el manejo del balón. En esta ocasión y en un contexto desfavorable no pudo imponer sus condiciones.
Recién a falta de quince minutos para el final, el DT Tatengue rompió la línea de 5, y pasó a jugar con el 4-3-3 con la entrada de Lucas Gamba por Nicolás Paz y Patricio Tanda por Mosqueira. El ex capitán de Racing es uno de los jugadores que seguramente no será tenido en cuenta. La decisión sobre su futuro dependerá del rendimiento que estos jugadores muestren en los partidos restantes. En función de ello, Kily González podría decidir brindarles una nueva oportunidad y solicitar a la dirigencia que negocien con Racing para asegurar su continuidad. En este contexto, el posible acceso a un torneo internacional cobra relevancia, ya que exigirá contar con un plantel más amplio. Incluso, es probable que el entrenador Gustavo Costas no los tenga en cuenta, dado que su conocimiento de ellos podría ser limitado. En este sentido, la situación del volante central parece estar cerca de un desenlace, aunque todavía existe la posibilidad de que su situación cambie dependiendo de los próximos acontecimientos. Entró e hizo todo mal. Perdió la pelota en la primera que tocó y le dio un tiro libre a Boca, fue amonestado y tocó el balón dos veces con la mano.
A los 39′, lo tuvo para liquidar Boca. Pésimo retroceso de Unión, Lautaro Blanco -uno de los puntos altos que tuvo Boca-, le dio un centro perfecto a Janson, quien le pegó de manera defectuosa y se perdió el 2-0. Los editores de video tenía algo bueno que mostrar del Tatengue en los últimos minutos finales. Un centro de Lautaro Vargas y el disparo de volea que pasó cerca del caño derecho. Y los 47′, se volvió a salvar el Xeneize. Mal despeje de Rojo que termina en el pie de Gamba pero termina definiendo desviado. Lamentablemente, Unión se acordó tarde de atacar. Con 20 minutos, a Boca le alcanzó para llevarse un triunfo fundamental para volver a ilusionarse con la Copa.
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