Escribe: Gustavo Mazzi

Argentina quedó entre paréntesis. El apático empate  1 a 1 ante Islandia lo dejó flotando en la angustia de saber que perdió parte del control de su destino, pero que además, ni su conductor pudo esta vez encontrar el rumo y hasta falló en el momento menos pensado. Por tal motivo el fútbol nacional dejó en crisis las grandes expectativas.

El elenco de Sampaoli confirmó esa esencia de equipo desconcertante, capaz de infundir temor aún ante un rival de menor jerarquía, y no poder  despejar viejas intrigas. No tan distinto a lo que vimos en el tramo final de las eliminatorias que nos depositaron en Rusia. Defendemos como podemos, atacamos con demasiados preámbulos… Y si además el mejor queda absorbido por la marca y su propia confusión, el equipo juega en un debut mundalista, como en casa contra Perú o Venezuela.  Nada nuevo, porque nada cambió pese a la promesa de trabajo previo a la cita continental. Quedamos prisioneros de una idea obsoleta. Que nos salve Lionel y esta vez no pudo (como en Ecuador).

Desajustes en todas las líneas, recorridos incompletos y coberturas apenas parciales se cuentan en el debe de los nuestros. Mucha improvisación, escasa sorpresa y repeticiones inconducentes en posesión, fueron parte de los defectos de un elenco sin ideas y con poca rebeldía. Faltaron hábitos y sobraron errores de ejecución… hasta en el penal mal pateado por Messi.

Nunca un rival atrincherado es excusa para no poder superar a un conjunto contrario, que ejecutó su plan con tanto amarretismo, como disciplina y solvencia. Sus armas.

Siento que Argentina es hoy una selección preparada para lo normal pero no para lo extraordinario, y para aspirar a ser protagonista del Mundial, les aseguro que deberá apelar a lo que hace ya un tiempo no le vemos: compromiso, variantes, solidez… más equilibrio futbolístico y fundamentalmente emocional.

Se viene otra situación límite para una generación de futbolistas entregados a una permanente adversidad vistiendo esta camiseta. Es cierto que el torneo recién comienza, pero la película asoma tan repetida que ya nos aflige. Será que de la ilusión al destierro puede haber sólo un suspiro.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here