Si bien fue el goleador de Colón en la última Superliga y terminó, impensadamente, dándole una mano a Talleres para que clasificara a la Fase 2 de la Copa Libertadores con el gol que le metió a Racing Club en el cierre del torneo, Javier Correa tiene y tendrá su corazón en dos clubes: Instituto, el que le permitió dar el salto al fútbol grande, y Unión Florida, en el que dio sus primeros pasos como jugador.

Ayer, “Javi”, de vacaciones en Córdoba, se llegó hasta el predio La Agustina, esa inagotable cantera formadora de futbolistas para la Gloria y en la que él se fue forjando a partir del “ojo” de Santos Turza.

Allí se juntó con Pablo Álvarez, el coordinador de las inferiores de la Gloria, y juntos dieron una vuelta por el complejo en el que jugó tantos partidos “ de más pibe”.

 

“Javi” nunca de se olvida de esa parte de su historia. Sigue siendo el jugador del humilde barrio de Remedios de Escalada, hijo de un padre pintor que un día se quebró los tobillos laburando. Una circunstancia que lo obligó a salir a trabajar desde pequeño.

La otra parte de su historia es más conocida. A los 9 años fichó para Unión Florida y a los 13 se fue a Instituto gracias a su tío “Pera” , hoy utilero de Instituto, quien lo acercó hasta La Agustina. Después vinieron sus pasos por Ferro, Rosario Central, Olimpia de Paraguay, otra vez Central y Godoy Cruz , hasta recalar en Colón.

Juegue donde juegue, Correa siempre vuelve a La Agustina.
Fuente: Mundo D.

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