Escribe: Gustavo Mazzi

La siempre traumática  suba del dólar, el enfriamiento de la economía y hasta el maldito calor en el agobiante verano santafesino, esta vez importan muy poco para un sector de nuestra población. Es que por un rato, habrá gente con las mismas o más dificultades que el resto a los que no les interesará,  ni el doloroso ajuste, ni las paritarias, ni la tan temida inflación. Para “ellos”, hay un motivo relevante que nuevamente los abstrae de la realidad como ocurrió antes, o tal vez como siempre, y los invitará a imaginar, ilusionarse y hasta añorar un futuro mejor, en un contexto distinto (ya no tan desconocido); pero sí lejos de los avatares de la vida cotidiana.

Colón juega en Venezuela señores. Y volver al ruedo internacional significaotro momento fundante para el club de los eternos soñadores. Es otra vez el principio de un nuevo capítulo dorado y con la rojinegra siempre como protagonista.

El debut en la Copa Sudamericana 2018 será este martes, un hilo conductor que se entrelazará con los mojones dispersos de su rica historia de partidos jugados fuera de la frontera. Son de esos cotejos que trascienden los 90 minutos y hasta el mismo resultado atravesando décadas, para incrustarse en el pecho del hincha que mañana dirá: “Mi equipo jugó por los puntos en Perú, Paraguay, Chile, Uruguay y también en Venezuela”

Otra vez la entidad del sur de la ciudad desprende orgullo y demuestra que no vive sin protagonismo. Exige máximas expectativas. Colón representa la grandeza del fútbol del interior en su estado más deseado: jugando una Copa, y por ende, la lucha está planteada en términos de fuego y acero. Nadie rehusará en Barinas semejante desafío. Público, dirigentes y jugadores se deben fundir en idéntica actitud para no quedarse con los “laureles que supieron conseguir”. La institución de la lucha constante participa y se compromete acorde a las circunstancias y va por más, ante el ignoto Zamora.

Se termina una prolongada procesión de pies arrastrados e ilusiones golpeadas, de santos que no escucharon las plegarias y de rostros resignados. El dramaturgo austríaco Arthur Schnitzler sostuvo que “estar preparados es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida”. Es otra vez la hora, Colón. La hora de codearte con rivales diferentes, extranjeros y en el marco de un certamen distinto.  Se necesita, se exige talento, esfuerzo, altruismo y por sobre todas las cosas, compromiso.  Sus hinchas lo expresan mejor: “Sangre, garra y calidad. Colón viejo nomás!”

Hay otra vez, como en cada duelo que disputa el Sabalero, un entorno engullidor y volcánico, exigente por naturaleza, pero jactancioso de sí mismo. Porque el club del barrio Centenario es nuevamente capaz de convertir un simple partido en un “pedazo de leyenda”.

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